Los únicos culpables son los terroristas:

Otra masacre terrorista, esta vez en Barcelona, y, como es habitual, aparecen multitud de comentarios en televisión, prensa y radio que pontifican sobre la naturaleza de los asesinos y, como novedad, algunos responsabilizan al President Puigdemont y a sus políticas secesionistas de unos hechos tan lamentables.

No creo que haya nadie que esté más en desacuerdo que yo con las nefastas decisiones de los últimos gobiernos de la Generalitat, ni más convencido de que el “procés” no puede salir adelante, pero, y precisamente por eso, hay que separar el grano de la paja.

No estoy capacitado para juzgar si la policía catalana cometió o no errores, como tampoco lo estoy para saber si los cometieron las fuerzas de seguridad en el 11M, o Scotland Yard en los ataques en Gran Bretaña.

Es cierto que cuando ocurren estas cosas siempre tenemos la sensación de que “se podría haber hecho algo más”, pero es lo que pensamos siempre que sufrimos una adversidad, incluso cuando se trata de temas personales: “podría haberle dicho cuanto le quería”, “tenía que haberle atendido mejor”, “si no le hubiera…”, pensamos cuando muere un ser querido.

En todos estos casos tratamos de buscar alguna responsabilidad, propia o ajena, como si las cosas no fueran mucho más sencillas. Por reducción al absurdo, las personas mueren porque a todos nos llega la hora, y esas supuestas responsabilidades son infinitamente inferiores, en valor, a las cosas buenas que han ocurrido y se han compartido con las personas durante el tiempo de su vida, o a las buenas actuaciones de las fuerzas de orden público.

Lo cual no implica que no sea imprescindible un análisis profesional de lo que se ha hecho bien y se ha hecho mal, en un ejercicio obligado de mejora de procedimientos exigido en las normas de calidad, para aprender de los errores y mejorar los procesos estándar de las fuerzas del orden. Las famosas “lessons learned”, “lecciones aprendidas”, que tanto valoran las empresas líderes en los mercados.

Pero estos ejercicios se hace a posteriori, cuando los ponentes se han liberado de las presiones, prejuicios, filias y fobias que generan los momentos de la confusión o del error, y de los consejos de los muy doctos tertulianos españoles.

Y en el caso del terrorismo, y sin la más mínima duda, los únicos responsables son los terroristas que ponen la bomba, disparan la pistola, apuñalan, o atropellan a los viandantes.

Y que ningún posible fallo policíaco, ni decisión política pueden desviar la condena de los hechos hacia las instituciones que, con mayor o menor acierto, trabajan para proteger a la ciudadanía y, en casi todos los casos, lo hace de forma muy eficaz.

Ni tampoco acusar al colectivo musulmán, la primera y gran víctima de los asesinos radicales, simplificando los asesinatos como crímenes por motivos religiosos.

Es cierto que el Corán tiene textos duros contra los “infieles” como la Sura 2 190-195: “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsados”, pero no es menos cierto que nosotros también tenemos nuestros “ojo por ojo, diente por diente” o similares, y no vamos por ahí aplicando la literalidad de la frase (del Antiguo Testamento y revocada por Jesucristo) vengándonos de los que nos han ofendido.

Porque los asesinos no lo son porque sean musulmanes, sino porque son fanáticos. Que musulmanes pacíficos de buena fe hay millones en España. No olvidemos que el IRA era un movimiento católico irlandés que mataba indiscriminadamente a quien se pusiera por delante, y que, en los primeros tiempos, ETA fue muy bien vista por algunos sectores de la iglesia vasca. Y nadie del resto del mundo definió estos crímenes como “de cristianos”.

La otra moda es acusar a estos musulmanes pacíficos de no colaborar con las fuerzas del orden. Deberían hacerlo y a ello les animo, pero precisamente nosotros, los españoles, no podemos acusarlos de complicidad. ¿Acaso eran cómplices los vascos que no denunciaban a los etarras? Cobardes sí, pero una cobardía entendible porque ellos conocían a los etarras, pero los etarras los conocían a ellos. Y “ellos” tenían familias.

Si alguien sigue acusando a los musulmanes de complicidad, que lean “Patria”. Quizás vean las cosas de otra manera.

En cuando al Sr. Puigdemont, no hay que darle tregua en sus pretensiones separatistas, pero, por favor, no mezclemos las churras con la merinas.

Es una villanía.

2 comentarios en “Los únicos culpables son los terroristas:

  1. Estoy de acuerdo contigo. De todos modos, en este caso creo que las asociaciones de musulmanes en España se han pronunciado bastante unánimemente contra los atentados. Efectivamente, ellos tienen mucho que perder.

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