La Cruz de Piedra

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Cuando el Sargento Contreras recibió el aviso de que se había producido un incendio en la casa de un amigo, estaba lejos de suponer que aquel suceso ocasional le obligaría a una investigación compleja en la que se mezclaban hechos ocurridos en 1307 con intrigas y conspiraciones arrastradas durante siglos hasta nuestros días.

Tampoco Ignacio tuvo consciencia de las alarmas que disparó al descubrir casualmente la carta manuscrita de Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple, en la Abadia de Cluny.

La novela le permitirá acompañar a Lorenzo y a Ignacio en sus investigaciones, y le desvelará claves que solo el lector puede conocer.

La trama incluye una ficción sobre la Orden Templaria, pero no es un libro de “templarios”. Se citan, sí, algunos hechos históricos, pero arranca desde una fabulación que nunca sucedió. O eso creo.

Lorenzo Contreras sí que existe. Es cualquiera de los responsables anónimos de la Guardia Civil que trabajan por nuestra seguridad.

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Una aclaración:

En la novela “la cruz de piedra” figura como ilustrador de la portada Ramón Vicent Pascual cuando su nombre es Vicent Ramón Pascual. Quiero aclarar que es un error mío y no de la editorial, porque esa fue la información que les proporcioné. Espero que se corrija en futuras ediciones.

Ha llegado lo que tenía que llegar. El Estado y los independentistas catalanes, un matrimonio que no se sostiene.

Leo en una nota de Europa Press, que “el presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha reiterado este sábado que Cataluña debe decidir “o república catalana o monarquía española”, después de que el pleno del Parlament aprobara el viernes una resolución de JxCat, ERC y la CUP que declara Catalunya republicana y sin rey.”

¡Acabáramos! Esa especie de matrimonio de conveniencia que hemos soportado tantos años y que hemos intentado que funcionara no tiene ninguna solución. Y llegados a este punto, lo mejor, como en todos los casos de convivencia imposible, es que cada uno se vaya por su lado.

Pero no me refiero, ni mucho menos, a que Cataluña y el resto de España se repartan el ajuar y vaya cada uno a su propia casa. “No es eso, no es eso” como decía Ortega y Gasset en una situación parecida de confusión política. El Estado se queda dónde está y Quim Torra y todos los parlamentarios catalanes separatistas se van a donde quieran ir. Incluso se pueden quedar en Cataluña si lo desean. Y, por supuesto, sin ajuar.

Una de pedagogía elemental que el gobierno actual juega a ignorar. O al menos se hace el loco.

La Constitución española establece la existencia de las Comunidades Autónomas a las que se delega una parte de las funciones del Estado:

Definición de “delegar” en el diccionario de la RAR: Dar la jurisdicción que tiene por su dignidad u oficio a otra, para que haga sus veces o para conferirle su representación.

No se trata, de ninguna manera, de una cesión:

“Ceder”, según el mismo diccionario es: Dar, transferir o traspasar a alguien una cosa, acción o derecho”.

Es cierto que en el lenguaje político actual se habla de “transferencias”, término que puede provocar una cierta confusión muy al estilo de los políticos, pero si alguien tiene dudas de qué estamos hablando, puede consultar los puntos 1, 2 y 3 del artículo 150 de la Constitución que, en resumen, dicen que las autonomías son una representación del Estado en las competencias que el gobierno tenga a bien delegar y, en ningún caso, pueden apoderarse de competencias que no les corresponden.

Y como garantía de protección ante posibles excesos e incumplimientos, está el famoso artículo 155 que, en definitiva, dice que si una autonomía incumple el pacto se le pueden retirar parte o la totalidad de sus competencias hasta que se resuelva el conflicto.

Por poner un ejemplo entendible, el administrador de una propiedad o de una comunidad tiene delegados algunos de los derechos u obligaciones del propietario, pero en ningún caso puede autoproclamarse propietario de lo administrado, ni tampoco dictar normas para las que no está autorizado o que sean contrarias a la ley.

Pues bien: ya metidos en harina, mi opinión es que todos los cargos autonómicos, desde los presidentes hasta los congresistas, pasando por otros cargos de responsabilidad, consiguen dichos cargos tras unas elecciones que puede convocar la propia autonomía según lo previsto en sus competencias, pero los cargos adquiridos suponen una representación de la comunidad en primer lugar y del Estado en segundo, en su ámbito de actuación.  Y por tanto tienen el deber ineludible de cumplir y hacer cumplir la Constitución, único marco de actuación de todo este proceso

Es cierto que la permisividad del último gobierno, el anterior solo autorizó la coletilla de “por imperativo legal”, ha permitido que se escuchen fórmulas de toma de posesión que rayan en lo ridículo y lo pueril, pero en el fondo tampoco importa demasiado.

Uno es congresista o cargo autonómico según lo establecido por la Constitución y las leyes españolas  y no por decisión propia ni tampoco, como se dice tan frecuentemente, “porque lo han decidido los ciudadanos”. Naturalmente que sí, pero dentro de un contexto claro e inequívoco. Tú eres lo que seas porque el Estado ha autorizado que lo seas. Y punto pelota

Es un argumento tan falso, también aceptado de forma inexplicable por los gobiernos, de que los impuestos los pagan las autonomías. Ni de coña. Los impuestos los pagamos de forma individual cada uno de los ciudadanos, residamos donde residamos y las autonomías son, en todo caso, beneficiarios directos de parte de esos impuestos.

Volviendo al muy honorable señor Torra y a sus amigos independentistas, no hay ninguna duda de que son españoles. Han nacido en España y tienen la ciudadanía, porque de no ser así no hubieran podido ocupar el puesto que ocupan.

Podrían haberse declarado apátridas y no presentarse y no lo han hecho, por lo que desde un punto de vista legal  son españoles. Tampoco podrían haberse declarado de nacionalidad catalana porque no existe esa nación. Ya lo intentaron con el rollo de los DNI catalanes que no pasaron de ser un mero adorno, porque si tenían que realizar algún trámite oficial o cruzar fronteras no les servía para nada.

Y no hay mejor prueba que el hecho de que cuando les cita un juez, catalán o de la Audiencia Nacional, acuden a la convocatoria como los primeros. Y que cuando alguno intenta soltar sus rollos, como ocurrió en el juicio por el famoso referéndum, el Magistrado que residía la audiencia les cortaba la palabra y les recordaba que no estaban allí para soltar peroratas, sino para contestar a preguntas.

Y se tenían que callar. Recuerdo que en una de las sesiones, las vi casi todas, un listo dijo que estaba allí “por imperativo legal” y el juez le cortó con una contestación lógica e inteligente: “y yo, y todos los que estamos aquí”

Y entramos en lo que ya pasa a ser especulaciones mías. El Tribunal de la Rota de la Iglesia declara que un matrimonio canónigo es nulo cuando no se cumplen o no se cumplieron las condiciones para declararlo completo según la doctrina de la iglesia: Tienen que ir libres, no coaccionados, deben tener intención de tener hijos y no ir al matrimonio con algún otro tipo de reserva mental o moral que lo condicione.

Pues aquí deberá ser exactamente lo mismo: si los que juraron el cargo lo hicieron en falso o tenían reservas sobre respetar y hacer respetar la Constitución,  nunca “consumaron” el cargo. Es decir, desde el punto de vista Constitucional nunca fueron ni presidentes, ni parlamentarios. Aunque hayan ejercido durante años, como ocurre con los citados matrimonios cuando, pasado un tiempo, uno de los conyugues se entera de que el otro nunca quiso tener hijos.

Y como decía al principio: “llegados a este punto, lo mejor, como en todos los casos de convivencia imposible, es que cada uno se vaya por su lado”.

¿Qué haría yo si estuviera en el puesto de Presidente del Gobierno? Les haría la gran pregunta: ¿Tuvieron reservas? Es posible que digan que sí, que no, que si el pueblo catalán y otras zarandajas por el estilo, pero es una pregunta cerrada que solo se puede contestar con un sí o con un no.

Y si se atreven a decir que no por cobardía, es un hecho incuestionable que el día de ayer el Parlamento Catalán aprobó, en sesión plenaria, que  “que declaraba a Catalunya republicana y sin rey·

Blanco y en botella. Se declaran nulos los nombramientos y se convocan elecciones en Cataluña. En mi opinión, sin fundamento jurídico, podría decidirlo el propio gobierno, pero si tienen algún “miedo escénico” o dudas legales, siempre puede recurrir al Tribunal Constitucional.

Lo que no se puede admitir más, ni un solo día, ni con reyes de comportamiento impropios en lo personal, ni con ninguna otra ceremonia de la confusión, es tener como representantes del Estado a los que no reconocen al Estado. Ni un día más. Todo esto es y ha sido un fraude de ley inaceptable.

Otra cosa es que hubieran manifestado su intención de avanzar hacia un estado republicano  para que les concediera no sé qué forma autonómica. Eso sería legal. Pero lo que ha dicho no es eso. Han dicho que se manifiestan república y que no reconocen al Rey de su nación, que es España.

Podría ocurrir que convocadas elecciones los elegidos sigan en sus trece, pero para eso está el seguro del 155.

Y que conste que no pretendo, ni de lejos, ni crear conflictos, ni atacar a Cataluña como autonomía ni nada que se parezca. Es una gran región, ahora autonomía, que tiene todos los encantos de su historia, la real, de su cultura, de sus paisajes y de todo lo que puede hacer grande a una región. Pero también tiene locos fanáticos que están destrozando una parte de sus valores y consiguiendo que el resto de los españoles se formen una imagen falsa de lo que es Cataluña y los catalanes.

Tampoco quiero que se declare ilegal la Autonomía porque pueden y deben tenerla. Solo pretendo que se recupere la democracia y la legalidad real, tanto tiempo desaparecida en Cataluña por los tejemanejes de personajes chantajistas y corruptos, como Jordi Pujol y su entorno, o por descerebrados como los que actualmente controlan, aunque cada vez menos, las voluntades de los catalanes con mentiras y milongas.

Así que, mis muy queridos parlamentarios catalanes, devuelvan al Estado español esas acreditaciones que no les corresponden porque las obtuvieron con engaños.

Que así sea.

Querido presidente:

Le escribo esta carta para informarle de como van las cosas por la España que usted preside ya que estando aislado como está, es posible que no esté al día de las cosas que están pasando.

En cuanto al CODIV19, las infecciones están subiendo y ya casi alcanzamos los peores niveles del mes de mayo. Afortunadamente hay menos fallecimientos, posiblemente porque la edad promedio de los infectados ha bajado notablemente, pero nadie asegura que no volvamos a lamentar muertes en residencias y lugares de alto riesgo.

Ayer la consejera de sanidad del País Vasco declaró que ya estamos en una segunda fase de la pandemia, pero no se preocupe: Fernando Aragón, su “hombre comité de expertos” nos ha vuelto a tranquilizar diciendo que no hay para tanto.

No tengo idea de porque los vascos dicen lo que dicen, pero seguro que hay dinero o petición de nuevas transferencias en juego. Que nunca dan puntada sin hilo.

Pero mientras, no se olvide  de advertir a su equipo de marketing de que utilice el hecho objetivo: “Pedro Sánchez consigue que el porcentaje de fallecidos sobre infectados descienda drásticamente”.

La oposición sigue tan cerril como siempre y sin acceder a “arrimar el hombro” para sacar el país adelante. Ellos preguntan que en que cosas tienen que arrimar el hombro, pero en el fondo todos sabemos que solo son argucias para no colaborar. Cosas de la derecha insolidaria que lo único que quiere es oponerse a todo para derribar al gobierno.

Su vicepresidente, el señor Iglesias, sigue por ahí denunciando el hecho de que no le hayan informado de la salida de España del Rey emérito. Ya le han dicho varias veces que el gobierno no puede impedir ni forzar su salida porque Juan Carlos es un ciudadano libre y puede ir a donde quiera y cuando quiera, pero para mí que no se lo cree.

Por cierto, cuando le preguntan por “lo suyo” se molesta mucho y lamenta que se pierda el tiempo en esas cosas cuando hay asuntos tan importantes como la corrupción del emérito.

Una novedad estética es que se ha recogido la coleta porque dice que sus hijos le tiran del pelo y otra más importante es que ha anunciado que los jóvenes conseguirán que España sea una república. Lo entiendo, porque los jóvenes, muchos de ellos, ni saben muy bien que es una república ni imaginan que este cambio es más importante que celebrar un botellón en la playa en una noche de verano. Que será divertido.

No puede decir que “serán los mayores” porque, aunque muchos sean republicanos, la mayoría sí que tienen una memoria histórica real, no la que solo sirve para cambiar nombres de calles, también para no repetir errores y saben los pros, los contras y lo absurdo que es plantear asuntos como este en los tiempos que corren.

Así que ¡a por los jóvenes! Que, al fin y  al cabo son el futuro. Aunque antes, repito, habrá que explicarles cual es nuestra forma de Estado actual y que es lo que van  a pedir. Tenga en cuenta que buena parte de los jóvenes de hoy pasan de estas cosas porque las consideran “un rollo”.

Leo en un titular de hoy mismo que su vicepresidente está tan enfadado que “amenaza a Sánchez con romper el pacto sobre la Monarquía y agitar la república”. Lo que demuestra lo mentiroso que son los periodistas, al menos los que han publicado esta noticia y que no te puedes fiar de nadie.

Es imposible que haya existido un pacto de este tipo porque Iglesias no ha dejado de hablar de la necesidad de proclamar la república en ningún momento. En algunos casos de forma muy disimulada y sutil, pero si uno es muy inteligente y sabe leer entre líneas, puede adivinar sus “aficiones”

Por ejemplo cuando le preguntaron sobre el tema en la rueda de prensa después de un consejo de ministros y contestó que si hablara como Podemos diría que está a favor de la república, pero que como estaba en  el gobierno no podía manifestarse

Hilando fino es muy posible que quisiera decir que Pablo Iglesias es partidario de la república, pero no el vicepresidente. O al menos eso entendí. Claro que puedo estar equivocado porque ahora hay muchos cargos públicos bipolares que diferencian claramente lo que dice la persona de lo que dice el cargo. Es un poco confuso para mentes como la mía, pero será porque soy mayor.  

Y cuando Pablo Iglesias habla con sus hijos: ¿tiene que aclararles cada vez si lo hace en condición de padre, de vicepresidente del gobierno o como presidente de Podemos? Yo para mí que se van a hacer un lío.

Y, francamente creo que es el momento de que dé el paso. No con “twittes” ni “facebukes” ni con chorradas de ese tipo, que así no se ganan repúblicas. Nada de amagar. Una propuesta parlamentaria en toda regla pidiendo el cambio de forma de Estado y, como decía mi querido Joaquín Prat ¡a jugar!

Pero no sufra, señor presidente, porque me temo que “no hay”. Son gente de mucho ruido pero de muy poca formalidad

Me dicen que Europa está muy preocupada por sus planes futuros. No preguntan si el Señor Iglesias continuará en el gobierno porque la Comunidad Europea no puede interferir en la composición de los gobiernos nacionales, pero sí quieren conocer cuál será su política inmediata, que medidas tomará para asegurar que el dinero que le darán a  fondo perdido se destinará a lo que está previsto y que garantías ofrece de que devolverá el prestado a bajo interés. Es decir, no le preguntan si es de noche, pero quieren saber si el sol ya se ha puesto.

Es que son unos cotillas y unos entrometidos. Lo que antes se llamaba unos “metomentodo”.

Pero continúe tranquilo su descanso porque la factoría Redondo está revisando los monólogos de Mario Moreno, Cantinflas, para ver como les puede hablar mucho sin decir nada. Como sabe es el manual de cabecera de siempre, el que enmarca sus actuaciones, aunque hay un cierto temor a que los presidentes de otras naciones, los muy bordes, ni le entiendan ni quieran arrimar el hombro. Pero tranquilo. Ya pensaremos en como cruzaremos el rio cuando lleguemos a él.

La economía sigue en caída libre. Sé que usted dijo que eso era pasado, pero las bolsas, los bancos y los depositarios de las deudas de las empresas y de los particulares como si no se lo creyeran. Lo práctico sería el conocido “confísquese” de algunas de ellas porque se lo merecen, pero todo esto ha llegado demasiado pronto y no les ha dado tiempo a nacionalizarlas. Un adelanto tan lamentable como la caída del muro de Berlín, que pilló a contrapié al gobierno de la UURRSS.

Hay más parados, pero tampoco sufra por ello. Muchos tienen seguro de desempleo, pero si no pueden llegar a fin de mes, ahí está Cáritas y otras ONG’s para ayudarles. Preguntamos en Servicios Sociales, pero parece que no andan muy sobrados de fondos.

Y una buena noticia, que todo no ha de ser negativo: entre los puestos de trabajo que se han perdido no hay ningún político. Más bien han crecido en cantidad porque se han nombrado nuevos subsecretarios y asesores de toda clase y condición.

Y luego otro tema que  quieren endosarle: cada vez hay más confusión sobre cómo controlar el despliegue de la infección porque nadie sabe muy bien lo que debe hacer. El gobierno dijo en su día que son la autonomías las que deben tomar las medidas necesarias, pero a estas alturas ya se han dado cuenta de que ni la guardia Civil, ni la Policía, ni las fuerzas armadas, dependen de ellos. Ni siquiera las policías municipales que, cómo su nombre indica, son de los ayuntamientos. Y siendo así, como es, ¿Cómo pueden darles órdenes sobre qué hacer con los que entran en pateras, por ejemplo, o como pueden hacer cumplir sus propias decisiones?

El asunto ha llegado a tal punto que incluso la justicia ordinaria está poniendo trabas a las decisiones de los gobiernos autonómicos con el pretexto, ¡siempre queriendo hacerse notar!, de que exceden sus competencias. Y ahí el gran dilema: Si las autonomías no tienen competencias para según qué cosas, el gobierno está tan desaparecido como la asistencia primaria y los especialistas de la Seguridad Social (¡perdón!, ha sido un lapsus) ¿Quién resuelve el conflicto? Siento agobiarle con estas cosas, pero no quiero que se entere por terceros porque la prensa canalla tiende a exagerar las cosas y  le pueden amargar el día.

Mi sugerencia es que anuncie la creación de muchos “comités de expertos”: de inmigración ilegal, competencias de autonomías, represión a la ciudadanía, ocio y botellón, etc. Luego no hace falta que nombre a nadie, pero queda que no veas.

Y también me han dicho, no sé si será verdad, que cuando vuelva de Lanzarote irá a pasar unos días a la finca de Las Marismillas, en el Parque de Doñana. Hace bien, que las vacaciones suelen ser adictivas y hay que evitar la depresión post vacacional. Y no hay nada mejor que dejarlas por etapas,  como hacen los buceadores con botellas de oxígeno cuando vuelven a la superficie haciendo paradas para no sufrir embolias. En su caso no es a la superficie, claro, sino a sus obligaciones como presidente.

Y no sufra porque no hay nada que  no pueda esperar unos días más y la nación sobrevivirá.

Hay muchos otros temas, pero creo que es suficiente por hoy. Espero que esté disfrutando del magnífico palacio de La Mareta que un Rey,  Hussein de Jordania regaló a otro rey, Juan Carlos I, es decir que era de su propiedad particular y que Felipe VI cedió a Patrimonio. No me extraña que Podemos esté cada vez más cabreados con usted con tanto tratar con reyes, pero  ya sabe cómo son esos chicos.

Y le pido perdón. En un comentario anterior dije que se olvide de que es Pedro Sánchez, el triunfador, y que recuerde que es el presidente del gobierno español.

Fue un momento de debilidad por mi parte porque entiendo que es muy duro haber llegado a donde está para renunciar a la Moncloa, al Falcon y al poder que ha acumulado como consecuencia de la maldita pandemia.

Un afectuoso saludo

José Luis Martínez Angel.

P.D.  Un amigo que ha leído esta carta me dice que no debo ser sarcástico con mi presidente. No me explico el comentario porque está escrita sin doblez, es la de un ciudadano agradecido a su presidente de gobierno. Los hay mal pensados

Tenían razón. La presencia del Rey no era necesaria en Yuso.

Siento tener que decir que, efectivamente, la presencia del Rey no era necesaria porque ni se estaba negociando ningún pacto de Estado ni siquiera un pacto de andar por casa. Lo de ayer fue otro montaje de la “factoría Redondo”, esta vez llevado a nivel de superproducción: exteriores inmejorables, interiores exquisitos y puesta en escena muy cuidada.

Yo, inocente de mí, creía que viniendo de Europa y habiendo conocido la realidad de un pacto, el presidente de la nación convocaba a los presidentes autonómicos con la mejor voluntad de compartir decisiones sobre cómo resolver, o al menos mitigar, los grandes problemas de la nación con la ayuda de los fondos obtenidos de la Comunidad.

Pero otra vez me la ha dado con queso y probablemente a muchos ilusos como yo. Lo de ayer en el monasterio de Yuso se limitó a un discurso del presidente, eso no podía faltar, a escuchar dos minutos a cada presidente y a anunciar con toda solemnidad que “él” iba a “liderar” el reparto de los fondos. Como no podía ser menos porque esa es una de las misiones sagradas de los líderes, de los caudillos: saber lo que conviene a “su pueblo” mucho mejor que “su” propio pueblo.

Naturalmente echo mano del sarcasmo pero ¿Qué otra cosa me queda?

Sé que puede hacerlo, que es legítimo, pero en una España descentralizada no debe hacerlo. Tampoco se puede forzar el consenso porque en la situación en la que nos encontramos es sencillamente imposible dado el extremo egoísmo de algunas autonomías, especialmente Cataluña y el País vasco, pero se podría buscar fórmulas alternativas. Convocar una reunión de consejeros de hacienda autonómicos y forzarles a que acuerden un reparto con cuatro quintas partes de los presentes, por poner un ejemplo.

Algo parecido a lo que está previsto para el reparto de la cuota parte correspondiente a las autonomías en los presupuesto del Estado. Está previsto pero tampoco se hace pese a las propuestas de muchos, porque resulta más “operativo” para el gobierno, desde el punto de vista de negociar prebendas con cada uno a cambio de apoyos, por supuesto.

El muy conocido “tingado de la antigua farsa” de “los intereses creados”  de Don Jacinto Benavente, aunque él no utilizara la frase para enmarcar la actuación de los políticos que nos gobiernan.

Y para mayor humillación, reunión prologada por el chantaje del muy chantajista Urkullu que, para mayor escarnio, afirmó que él había acudido porque le habían dado lo que quería y que el País Vasco no tenía nada que ver con el resto de autonomías presentes.

Y nuestro presidente, cada vez más peligroso por lo falsario, afirmó con toda solemnidad que el desastre económico y la brutal caída del PIB al 18,50 % que se anunció ayer “eran pasado” porque ya estamos en el futuro.

Afirmación que tranquilizó, sin duda, a los parados a los que tienen que cerrar negocios o a los que no les llega para subsistir en el cada día.

¿Cómo es posible que mantenga esa postura grotesca e irracional, semejante impostura, siendo presidente del país que es líder, eso sí, en todos los índices negativos de la Comunidad Europea?

En lugar de irse de vacaciones, señor presidente, aproveche este mes para cerrarse una semana con los líderes de la oposición en cualquier rincón perdido de nuestra hermosa España, lejos del mundanal ruido y acuerden como salir de este socavón en el que estamos metidos.

Y olvide de una maldita vez las palabras huecas y las frases prefabricadas, o pasará a la historia como el presidente más dañino de los conocidos, no porque Usted haya creado los problemas, pero si porque no hizo nada por solucionarlos porque estaba demasiado ocupado en “lo suyo”, mantenerse en el poder a toda costa, desgraciadamente asesorado por un grupo de marketing que ha demostrado su gran eficacia a la hora de conseguir los resultados para los que los contrató.

Olvídese de una vez de que es Pedro Sánchez, el nacido para triunfar, y empiece a pensar que es el presidente del gobierno de España. Y que tiene una enorme responsabilidad

¡Hágalo, por favor!

Nuevas crónicas de “Fabulandia”. De como los congresistas hacen el gran esfuerzo de tomarse vacaciones

Nueva sesión en el congreso y nueva ocasión de comprobar la enorme brecha que separa a los políticos de los ciudadanos. Políticos triunfantes elegidos por ciudadanos dolientes. Y, con perdón, los únicos responsables de lo que está ocurriendo. Me refiero a los ciudadanos, naturalmente.

Es una evidencia que Sánchez apenas tiene ocasiones de demostrar algo positivo como presidente de un gobierno elegido para gestionar el país y mejorar la vida de los ciudadanos, pero no importa. Para eso está la “factoría Redondo” que realmente se está ganando el sueldo.

Ayer sí. Ayer había que aprobar los acuerdos de la Comunidad y hubo pleno en la bancada socialista, incluido algún que otro senador, para recibir como se merece a su amado líder. Como no podía ser menos en vista de los grandes éxitos que está cosechando. Incluso llegó a decir en un momento de su intervención que España ha tenido un papel decisivo para conseguir los acuerdos. Y mira por donde, ahí no mentía, porque si no hubiera dado el “sí” no se podrían  haber cerrado, luego, efectivamente, su firma fue decisiva.

Exactamente igual que la de cada uno de los otros 26 jefes de gobierno.

Pero esto afecta a la firma del acuerdo y no a la negociación, en la que estuvo muy discreto, casi desaparecido, confiando en la buena gestión de las mujeres conservadoras de la Comunidad. Y eso, lo digo en serio, sí que fue un acierto.

Y si faltaba algo para completar el día, VOX anunció una moción de censura  para el mes de septiembre. ¿Por qué  para el mes de septiembre y no ahora?, le preguntó un sonriente Sánchez que se mostraba exultante sabiendo cuanto le va a beneficiar esta iniciativa.

No le respondieron, pero yo se lo puedo aclarar. En septiembre se habrá evidenciado mucho más que ahora la gravísima situación en la que nos encontramos: habrá más paro, la economía estará destrozada y es muy posible que la pandemia nos haya machacado otra vez porque, como ha ocurrido en los últimos dos meses, nadie habrá aprendido de lo sucedido y nos volverá a pillar sin la suficiente preparación y con una estrategia tan confusa como la actual. Otra vez nos atacará “por sorpresa”.

Y VOX tendrá una ocasión de oro, según su forma de pensar, para demostrar que está ahí y que si confiaran en ellos España sería diferente. Serían los salvadores. Con lo que ganará unos pocos votos de forma temporal, perjudicará al PP porque es de donde saldrán los votos y conseguirá que hasta los que critican a Sánchez desde el socialismo hagan piña con él.

Porque entre unos y otros no tendrán ninguna duda sobre a quién apoyar.

Y luego, muy poco después, Abascal hará lo que hizo “el valentón” del verso de Cervantes:

“Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.”

Es decir, España quedará un poco más ingobernable a cambio de nada. De absolutamente nada. Incluso perdiendo algunos avances.

¡Bien pensado, señores de VOX! Han conseguido que “El Gran Circo Parlamento” añada una segunda pista y mejore el espectáculo.

Muy a mi pesar tengo que escribir este comentario usando lo mejor de mí cinismo y de mí hastío, porque estas escenas tan sumamente ridículas de personas mayores fingiendo éxitos que nunca han existido, semejante atrezo, tanta ficción, no son explicables desde lo racional. No podría hacerlo desde una columna de periódico si yo fuera columnista, por ejemplo, porque sencillamente los que tendrían que leerla con atención la ignorarían.

Porque mentir, tergiversar o ignorar la realidad es el pan nuestro de cada día en la política española. Y pongo algunos ejemplos muy sencillos:

Ya he comentado que la bancada socialista apareció a rebosar, contraviniendo el acuerdo de la Mesa del Congreso que marcaba las distancias mínimas entre asientos ocupados y establecía el aforo en un máximo del 50 %. Cuando el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, interpeló a la presidenta sobre esta situación, la señora Batet dijo con todo el aplomo del mundo que no había ningún punto en el reglamento de la cámara que permitiera limitar el número de asistentes.

Naturalmente que no. Tampoco hay en nuestras leyes un punto donde se diga que los ciudadanos debemos confinarnos, pero sí dice que hay estados excepcionales, como el de alarma o el propio de excepción que permiten al gobierno decretar las medidas que estime oportunas para salvaguardar la salud o la seguridad de los españoles

Claro que no dicen nada los reglamentos, señora Batet, pero los acuerdos de la Mesa son pactos que siempre, siempre, han cumplido los partidos políticos. Es un asunto de honor que no afecta a libertad alguna porque se acuerda por votación y por mayoría. Con el agravante de que en la actualidad, la mayoría de la Mesa corresponde a los partidos de la izquierda. Los propios incumplidores en este caso.

Otro ejemplo. Nuestro presidente y otros miembros del gobierno afirmaron que las decisiones sobre medidas sanitarias eran las recomendadas por “un comité de expertos” que les asesoraba y de los que no daban nombres para protegerlos de la presión mediática. Y ahora se ha sabido por una nota del Defensor del Pueblo que:”El comité de expertos que, supuestamente, decidía sobre la desescalada en España nunca llegó a formarse.”

Según ha confesado el propio Salvador Illa, ministro de sanidad, los expertos eran sus funcionarios colaboradores, especialmente Fernando Simón, por lo que, estando bajo la autoridad del propio ministro, que es un político en ejercicio, es inevitable suponer que parte de las opiniones y de las decisiones tenían un cierto contenido político.

Y no son hechos de menor importancia. Que un presidente de gobierno mienta o que el parlamento incumpla pactos es grave. Muy grave. Por los hechos en sí y por lo que tienen de punta del iceberg. Porque si se les pilla en mentiras de este tipo ¿Qué no estarán haciendo sin que lo sepamos?

En un comentario anterior expresaba mi temor de que cualquier día veamos desfilar al presidente por los pasillos del parlamento encabezando una fila de congresistas afines cantando con fervor: “The roof, the roof, the roof is on fire!! Follow the lider, lider, lider, follow the líder…” En la última sesión casi lo hacen. Ahora, señor presidente y señores congresistas, a descansar que se lo han ganado a pulso con tanto trabajo. Descanse mientras media España no sabe cómo solucionará el mañana de su familia o de su negocio o si le atacará o no el COVID19 y como le atacará.

Y cuando vuelvan, morenos y con las pilas cargadas, pueden comenzar el curso con los líderes políticos entrando el parlamento agitando sus canotier y cantando, como Bugs Bunny y el Pato Lucas:

La función Va a empezar
A reír, a cantar
Ya no habrán más penas en el corazón
Al fin todos a gozar


La función Va a empezar
Ya llego la diversión
Artistas a triunfar
Hacer al mundo feliz.

¡País este!

El acuerdo de Europa y otros comentarios

Se terminaron las negociaciones y como era de esperar porque forma parte de las reglas de juego de la comunidad, se ha llegado a un acuerdo por consenso, lo que quiere decir, como le avanzaba a un amigo, que a todos les parecerá mal. Acuerdo que es el fruto de una negociación dura, muy dura, pero obligada inexorablemente a llegar a acuerdos. Para que todos lo entendamos las normas de la comunidad se parecen a las del Vaticano cuando tienen que elegir Papas. El fin es diferente, pero el procedimiento el mismo; estar confinados hasta que se consiga el humo blanco. En el Vaticano siempre de tirón y en la Comunidad puede aplazarse a una segunda convocatoria si se alarga demasiado el acuerdo, pero el objetivo único es alcanzarlo.

Son las condiciones que impuso en su día la propia Comunidad y ni me imagino lo que ocurriría sin ese condicionante y los acuerdos se tomaran por mayorías simples o cualificadas. Y esa es una de las razones por las que soy un europeísta convencido.

Hay acuerdo y ha llegado el momento de que cada cual, los presidentes de gobierno, expliquen a sus ciudadanos el contenido de los pactos (no olvidemos que este tipo de acuerdos deben ser aprobados por todos los parlamentos de las naciones de la Comunidad)  y, como es habitual en estos casos, a otra cosa mariposa.

Solo que en esta ocasión hay alguna variante que conviene aclarar

La parte destinada a ayudas, “a fondo perdido”, estarán sujetas a un destino finalistas del dinero y el control de dicha utilización no corresponderá a la comisión, como hasta ahora, sino a todas y cada una de las naciones, que pueden denunciar y conseguir el cese de las ayudas si comprueban que no se cumple lo pactado.

En el caso español este control echa por tierra todos los planes de Podemos que quería dedicar una parte del dinero a temas sociales según su propio concepto, muy venezolano, de lo que se entiende por “social”.

La gran pregunta es: Después de tantos años de gobiernos prácticamente omnipotentes en España ¿por qué estamos en el grupo de los débiles, los que necesitan ayuda para subsistir?

No espero respuestas de la clase política, responsables últimos de esta situación, pero voy a aventurar algunas teorías:

Hace años que, salvo algún breve amago de recuperar la normalidad de lo que son gobiernos democráticos, los partidos políticos españoles  de todos los signos han ido derivando desde el interés general que contenía el espíritu de la Transición, hacia los intereses de partido. Incluso en algunos casos al interés personal. Y a este fin han dedicado todo su ingenio y todas sus energías. Y también los gobiernos, naturalmente.

Es una explicación muy simple y drástica, pero en un análisis en blanco y negro, sin grises, es la pura realidad.

En el tardo franquismo y la transición teníamos industrias muy potentes de construcción naval que empezaron a ser poco competitivas por una serie de razones asociadas a la globalización y a la falta de actualización de los procesos productivos y no se hizo nada para actualizarlas, por lo que fueron muriendo hasta casi desaparecer.

A nuestros grandes hornos les pasó exactamente lo mismo. Y también a la minería, especialmente la del carbón cuando se empezó a constatar los perjuicios que estaba causando. Pero no se buscaron alternativas, no se crearon industrias y lo que fueron grandes cuencas mineras en toda España, que eran muchas, se dejaron morir y se convirtieron en páramos y sembradero de desempleo y desesperación. Cuando todas ellas tenían algo muy importante: comunicación ferroviaria para sacar mercancías a los puertos más cercanos.

Y así con tantas otras industrias. ¿Y porque?

Puede haber muchas explicaciones, pero una de ellas, supongo que la más probable, es que España descubrió el milagro del turismo y todo el mundo, especialmente los políticos,  se subieron al carro de lo fácil y abandonaron toda intención de complicarse la vida. Poca inversión, mucho “nombre” internacional, comisiones, visitas de famosos. Y no es que hicieran mal en apoyar este sector que no deja de ser otro tipo de industria, es que ni siquiera han sabido controlar y dictar normas que garantizaran la calidad de los servicios turísticos, la profesionalidad de los empleados del sector y un determinado control de los precios.

Y en cuanto al capital privado, ¿por qué iban a complicarse la vida “peleando” con una plantilla de empleados, con los ayuntamientos y con inspecciones de todo tipo si obtenían mucho más beneficio con la construcción de urbanizaciones y con las especulación del suelo?

Y todo el mundo se apuntó al invento y junto a establecimientos de prestigio, no me refiero a los de alto estanding,  surgieron chiringuitos de todo tipo por toda la faz de nuestra geografía. Y así empezó otro de los grandes fraudes de nuestro tiempo: los autónomos, lo que debería ser una forma de generar nuevas iniciativas, pero que por la falta de interés de los políticos no se ha impulsado y apoyado como es menester y muchos de ellos han acabado como falsos empresarios cuando en su mayoría apenas pasan de un autoempleo medianamente digno.

Y cuando digo “falsos empresarios” no niego que lo sean, pero en la realidad del cada día, de este título tienen todas las desventajas y pocos beneficios.

¿Quién ha tenido la culpa? Todos a partir de la transición, porque durante la dictadura, curiosamente y sin que quiera hacer comparaciones maliciosas, las empresas incluidas en el INI se espabilaron mucho y surgieron gran cantidad de nuevos negocios y grandes factorías tipo Pegaso, por la que yo pasaba cada día camino de mi puesto de trabajo en el aeropuerto de Barajas.

Luego, en mi opinión, la razón simplificada de que en este momento tengamos que pedir ayudas porque no podemos soportar nuestros gastos, no es otra que la ceguera, la imprevisión y la ineficacia de nuestros gobiernos. Los mismos, en sentido metafórico porque todos son culpables, que ahora presumen de haber encontrado soluciones.

Y empleo un símil muy histórico: Los mismos gobiernos que provocan las guerras son los que luego presumen de haber conseguido la paz. ¡Que cinismo!

“Pero las cosas no se quedaron allí, porque el ingente poder que cedimos a la clase política española durante la Transición no se ha mantenido estable, sino que se ha ido multiplicando, durante los cuarenta años de democracia, con una serie de prácticas a través de las cuales los políticos españoles (independientemente de su estatus, posición, nivel y orientación política) han extendido sus tentáculos por todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad: el poder de los gobernantes se ha extendido en horizontal, asumiendo cada vez más competencias y copando incluso las áreas de control político; y también en vertical, desde los centros de poder social más altos a los más bajos. La progresiva politización de nuestra sociedad se ha hecho a golpe de legislación y prácticas legales (como la sobrerregulación económica) pero también ilegales (como la contratación pública opaca e incluso corrupta) y otras que no se sabe si son legales o ilegales, pero desde luego son poco éticas (como la influencia política indebida en la Administración)”

De nuevo “devuélveme el poder”, de Miriam González Durántez)

Es decir: desde un determinado momento, los políticos españoles entraron en una vorágine de acaparar poder e influencia y en eso estaban. ¿Cómo iban a pensar en el largo plazo?

Vorágine similar a la que sufrió la ciudadanía en los tiempos del “destape”, donde no había guion que no exigiera desnudos o sexo más o menos explícito.

Y con todas estas cosas, lamentablemente, tiramos por la borda parte de lo hecho y rompimos muchos de los puentes que nos llevaban a un progreso estable y sostenido. Se han hecho cosas, claro que sí, pero más por la iniciativa privada que por apoyos y planes gubernamentales. Y la prueba es que lo que mejor funciona en España, con mucho, son las grandes empresas familiares.

¿Ha sido una vergüenza pedir ayudas? No, porque no podemos subsistir. No solo por los errores pasados sino también por las catástrofes actuales.

¿Tenemos que aceptar condiciones de control? Naturalmente que sí. No tendremos más remedio porque los países que aportan los fondos son los que han hecho sus deberes y tienen derecho a exigir finalidad en las inversiones. Entre otras cosas porque tienen que explicárselo a sus ciudadanos en cada uno de los parlamentos europeos.

¿Esta situación va a provocar una ruptura de las alianzas de Pedro Sánchez? No creo, porque su principal valedor es Podemos y esta marca, gracias a los cambio de orientación y de posición de sus máximos dirigentes se ha convertido de facto en un “Podemos con lo que nos echen” y tragarán lo que haga falta para no salir del gobierno, que sería tanto como desaparecer del mapa político.

Podemos nos perjudicará y mucho, pero en la convivencia, porque tratarán de mantener una apariencia de honestidad política desenterrando todos los tópicos conocidos: La monarquía, la represión franquista, los peligros de la ultra derecha, las supuestas amenazas contra la igualdad, las mujeres, los  homosexuales, etc.

Pero es lo que hay.

Lo que sí que obligará a una reflexión seria, muy seria, es al propio presidente, que tiene por delante la aprobación de unos presupuestos generales que mirará con lupa la Comunidad Europea, sabiendo como sabe que la gran novedad de este acuerdo es que si cualquier país europea averigua que el dinero recibido se dedica a otros fines, tiene derecho a convocar al resto de presidentes y pedir y seguramente obtener, una cancelación de las ayudas.

Es posible que en estas circunstancias el presidente Sánchez, que lo estará pasando muy mal en lo personal ponga la  cara que ponga, se vea obligado a reconsiderar sus objetivos políticos y personales.

Y Pedro Sánchez, al que critico frecuentemente porque toma decisiones que no me gustan, no es responsable de lo que está ocurriendo. Solo es “uno más”

Y, ¡que quieren!, pese a lo que se va a propagar por todas las esquinas, me siento muy seguro perteneciendo a la Comunidad Europea. Nuestro último bastión.

Si no vas a mejorar el silencio, permanece callado

La confusa situación del país. Éramos pocos y parió la abuela.

Como se dice en España cuando una cosa que está mal empeora, “éramos pocos y parió la abuela”. Y me refiero a que solo nos faltaba el descalabro previsible en las negociaciones sobre los fondos europeos.

Situación que me anima a reflexionar sobre el “totum revolutum” al que nos ha conducido nuestra muy inteligente clase política.

Porque en España, creo que deliberadamente, se confunde todo: el gobierno con el Estado, que es buena una cierta dependencia de la Justicia con el gobierno, que las Instituciones del Estado que son, como su nombre indica, “propiedad” del estado, están ahí para atender necesidades de cada gobierno, todas, y por tanto se les puede dar una cierta utilización política, que los medios de comunicación o de información estatales están al servicio del gobierno, no de los ciudadanos y que los dirigentes políticos son eso, “dirigentes”, “líderes” a los que seguir y no representantes de los españoles  a los que hemos votado para que gestionen bien el país durante un periodo de tiempo, mejoren las prestaciones y ayuden a una mejor convivencia. En definitiva: para que lo dejen mejor que lo encontraron.

Y últimamente toma cuerpo el querer confundir la Forma de Estado, Monarquía Parlamentaria, con la persona del Rey.

Cuando lo cierto es que las lamentables informaciones sobre las malas artes financieras de Juan Carlos I, sobre las que ya opiné largo y tendido, no afectan para nada a la Monarquía, que está representada en cada momento por el Rey “en activo” y no por su familia o ex familia.

Y digo representada, que no es lo mismo que depositada. No es su propiedad aunque sea hereditaria. A la monarquía, por ejemplo,  no la puede derrocar un Rey, como tampoco podría derrocar la República uno de sus presidentes, porque todos los estados tienen mecanismos constitucionales para asegurar la conveniencia de estos cambio si llegara el caso.

Mecanismos que protegen a las naciones de que este tipo de decisiones están respaldadas por la gran mayoría de la ciudadanía y no por un calentón o por las malas artes de un determinado gobierno. O de un determinado responsable del Estado, sea Rey o Presidente de la República.

Pero a falta de poder desenterrar de nuevo a Franco, la izquierda interesada en socavar nuestra forma de Estado o de lanzar nubes de humo para encubrir sus fallos y los separatistas, siempre a lo suyo, harán lo que sea necesario para sacar tajada de los muy probables delitos monetarios cometidos por el Rey Emérito ayudado por la supuesta amante (según dicen), la más cara y menos agradecida de la historia de España. Y puede que de Europa.

Y ayer tuve que escuchar al vicepresidente de una autonomía española, representante del Estado español, decir que la familia Borbón, en la cual incluye al Rey actual, es una “banda criminal”. Y lo hizo sin que el gobierno levantara una pestaña para defenderle sabiendo como sabe, que la Casa Real no puede hacerlo. Tiene inmunidad, claro que sí, pero la otra cara de la moneda es que no puede entrar en litigio con nadie y es el gobierno de turno el que debe defenderla. Como al resto de poderes del Estado

Seguramente el susodicho vicepresidente habla sabiendo muy bien lo que es una banda criminal porque de hecho pertenece a una de ellas. Es miembro de un partido que ha robado a Cataluña, y por ende a España, por mano del que sin duda sería uno de sus mentores, el nada respetable Jordi Pujol ayudado por toda su familia y tropecientos más desde el gobierno catalán, desde el Palau y desde cualquier organismo al que pudieran meter mano. Han cambiado de nombre pero son los mismos perros con distintos collares.

Y  para más abundamiento, seguro que ha alentado, sino promovido, un delito de sedición contra su nación.

Pero, como somos un pueblo adormecido, todos callados. A todos nos parece bien. ¡Respetemos la libertad de expresión!

Y una puntualización para los “aprovechategui” que hablan mucho y leen poco: varios de los presidentes de la República Francesa, que hicieron cosas muy meritorias, también tuvieron su lado oscuro y fueron investigados por asuntos turbios, diamantes y otros asuntos incluidos. Tenían inmunidad, por lo que se les investigó cuando se pudo. Y algunos de ellos sufrieron algún tipo de condena.

Ninguno de estos escándalos gustó al pueblo francés. Ni mucho menos. Y se vertieron ríos de tinta con las informaciones. Pero a ninguno de ellos se le ocurrió cuestionar la República como la forma de Estado más conveniente para su país. Ni tampoco los británicos han atacado a la Monarquía pese a los numerosísimos escándalos y corruptelas de la familia real.

Todos ellos supieron separar a las personas y sus circunstancias de los estamentos. Porque si no fuera así, habría que consultar en Google que forma de estado tiene cada país europeo. Y hacerlo casi cada día.

Pero, naturalmente, España es diferente y nosotros, los españoles, los que más sabemos. Antes solo era de toros. Ahora es de futbol y últimamente también de leyes sin necesidad de ser abogados o de temas constitucionales sin haber leído la Constitución. O de juzgar hechos que no hemos presenciado.

Y abundan los convencidos de que “lo que diga mi partido, mi emisora de radio, o mi cadena de televisión” es la verdad verdadera y los otros son fascistas (hace tiempo que no se usa esta palabra) fachas, ultraderecha, pipi y caca.

Y “¡viva el Beti m’an que pierda!”.

Alguien, algún día, parará este dislate y recordará que a los jóvenes hay que darles formación  sobre las esencias de la política y la democracia y también en economía.

Y así se preguntarán, como yo, como es posible que siendo una de las naciones que más recursos económicos emplea en educación, sanidad y servicios sociales por habitante, esté a la cola en resultados cuando se nos compara con el resto de países.

Hoy he escuchado a nuestro presidente diciendo en un telediario que su gran herramienta en Bruselas es el “diálogo”. Y solo le ha bastado pedir a los otros líderes, como hace en España con la oposición, que tienen que “arrimar el hombro”. Pero acabará pidiéndolo literalmente. Seguro.

Son sus mejores argumentos. Solo que su interpretación es ligeramente egocentrista.

Ya he contado en otra ocasión, que en un viaje a Londres vi un cartelito de los que se ponen sobre las mesas de trabajo que decía “be flexible, do things my way” (se flexible, haz las cosas a mi manera).

Lo planté en la mesa de mi despacho y aseguro que no todos entendieron la ironía de la frase.

¿No tendrá Pedro Sánchez ese mismo cartel en la mesa de su despacho?

Elecciones gallegas y vascas y las conclusiones que ha sacado un ignorante como yo.

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones en estas dos comunidades y los datos de resultados y participación me sugieren algunas ideas.

En primer lugar soy un convencido de que los resultados electorales de las comunidades apenas son extrapolables  porque concurren circunstancias que no tienen nada que ver con las nacionales. Creo que tienen más parecido con las municipales de grandes ciudades porque coinciden en que son entornos relativamente pequeños y porque, a diferencia de las nacionales, los votantes conocen casi personalmente a los candidatos y a gran parte de los componentes de las listas.

Por lo que las votaciones se basan mucho más en la confianza en los cabezas de lista y en su comportamiento en legislaturas anteriores que en promesas futuras. Y ambos, Feijoó y Urkullo “llegan” bien al electorado.

Otra de las características de estas elecciones es la baja participación. Muy especialmente estas últimas hasta el punto que el País Vasco han alcanzado un mínimo histórico. No puedo saber las verdaderas razones, aunque es muy probable que en este caso haya influido la amenaza del COVID19, pero seguro que hay otros factores.

Puede ser un exceso de confianza de parte del electorado de las dos comunidades, aunque  me atrevería a aventurar que en el caso del País Vasco siguen influyendo factores añadidos, como puedes ser un cierto temor histórico a “significarse” si se vota a partidos no nacionalistas y también un cierto desconcierto del electorado. Un no saber a quién votar.

Abstención que, digan lo que digan los perdedores que siempre se presentan como víctimas, favorece a los partidos con mucha tradición o a los radicales. No creo que nadie del PNV deje de votar y tengo la seguridad de que tampoco lo ha hecho un solo miembro o simpatizante de EH Bildu, incluidos muchos ex votantes del casi desaparecido Podemos  que habrán optado por apoyar a esta formación pro etarra.

Pero hay muchas otras lecturas:

Una de ellas es que el blanqueo continuado del gobierno  a partidos como EH Bildu ha favorecido su gran aumento de votos. El intento del gobierno central de conseguir apoyos para sus iniciativas a nivel nacional y para mantener a Sánchez como presidente ha hecho que partidos nacionalistas, especialmente los herederos de ETA, aparezcan como “reconvertidos” y hasta Otegui ha sido presentado como un “hombre de paz”.  

El mensaje era muy sencillo: EH Bildu y el resto de nacionalistas o antisistema “buenos” porque se estaban redimiendo. El PP y resto de la oposición “malos y perversos”  porque seguían siendo franquistas, corruptos y un peligro para las libertades.

Y han insistido tanto que han conseguido dirigir el voto a esa formación. Porque el PSOE apenas ha ganado en votos en ambas comunidades pese a ser el partido del gobierno de España. Los votos no han sido para el “blanqueador”, sino para el “blanqueado”.

La otra es la nueva posición de Podemos, consecuencia de la prepotencia de Pablo Iglesias, que ha laminado a todos los disidentes del partido,  a sus escándalos político-sexuales,  a su evidente cambio de estatus social y a sus muchos conflictos judiciales.

Y esto sí que es extrapolable porque Podemos es un partido con muy pocas referencias regionales, dependían de las “mareas” y los que les votan lo hacen mirando a su cúpula nacional. Parece muy probable que Podemos pierda gran parte de su electorado en las próximas elecciones generales y por eso harán lo que puedan, cederán lo que se necesite y apoyarán lo que haga falta a Sánchez para que el gobierno no se vea en la necesidad de convocarlas.

Le va en ello la supervivencia del partido y, sobre todo, el futuro político y personal de Pablo Iglesias. Futuro que es una verdadera incógnita porque está en una situación sumamente indeseable por inestable: tiene más poder que nunca ha tenido, pero el menor respaldo en votos de su historia de “renovador” de la política.

Es muy probable que Sánchez trate de mantenerlo porque lo necesita, pero no parece que tenga ninguna posibilidad de conseguir ayuda y comprensión en Europa llevando este lastre en la mochila. Veremos.

Y en cuanto a los blanqueos de los “imblanqueables”, las elecciones en Cataluña no se harán esperar. ¿Qué pasará con el PSC y ERC? Es probable que ocurra lo que en el País Vasco. Que el blanqueado resulte triunfador y el blanqueador no gane ni votos ni escaños. ERC gana, PSC pierde.

Mención aparte merece la ascensión insospechada del Bloque  Nacionalista Galego,  “el Galegista”. Mucho tiene que ver la imagen personal de Ana Belén Pontón y su discurso moderado, tan diferente al que mantenía en su día José Manuel Beiras. Puede que este partido, que defiende temas sociales bastante generales y un avance en las competencias de la autonomía, haya capturado una buena parte de los votantes moderados de Podemos que, como ha ocurrido en el País Vasco, no han ido a aparar al Partido Socialista.

Podríamos decir que es un discurso parecido al de Convergencia hace quince o veinte años, pero no hay que olvidar que los partidos nacionalistas españoles  nos han complicado mucho la convivencia. Con muy pocas excepciones, como la de la desaparecida Unión Valenciana de  González Lizondo, que nunca defendió un nacionalismo valenciano rupturista o excluyente.

Y la última impresión es que el triunfo personal de Feijoó obligará a una reflexión profunda en las estrategias del PP. Es cierto, repito, que los resultados autonómicos no son extrapolables a nivel nacional, pero también lo es que el talante y la forma de hacer política del renovado presidente es un ejemplo a imitar. Un modelo muy a lo Rajoy, al que le sobró, sin duda, el exceso de confianza en su equipo colaborador que al final resultó que buscaban más sus intereses personales que los del partido.

Todo ellos, los grandes patriotas y fieles al PP, menos Casado, desaparecidos “en sus cosas”.

Desmontando lo que “dicen que van a hacer” 2.- El gobierno calamar y los supuesto cambios constitucionales

Reconozco que soy injusto porque no tenemos un gobierno calamar, sino a una parte de miembros del gobierno especialmente expertos en lanzar chorros de tinta negra para enmascarar sus vergüenzas cuando se ven amenazados.

Lo ha sido y lo es el presidente cuando desenterraba a Franco cada dos por tres y lo sigue siendo en cada sesión parlamentaria cuando ejerce de oposición de la oposición y no contesta a una sola pregunta. Ni una. Su muletilla es casi un “como se atreve a…” o “lo que tienen que hacer es arrimar el hombro”  y san “seacabó”.

Pero el gran maestro del “esto no es lo que parece”, el gran mago del engaño y la manipulación es nuestro querido vicepresidente iglesias. Sánchez, “el superviviente” ha peleado, pactado, trampeado y todo lo que se quiera para acabar con todos los puristas que le apearon del PSOE, pero también trabajó muy duramente recorriendo cada delegación para conseguir adeptos. Se lo “curró”

Nuestro macho alfa no. Nuestro brillante vicepresidente es una especie de personaje de ficción, inventado, sin más bagaje que el haber actuado como comunista universitario y haber colaborado asesorando a gobiernos sudamericanos sumidos hoy en el desorden y la miseria. Asesorando con la palabra, como acostumbra, y cobrando en buenos dólares.

Es pura imagen y presencia en pantalla, medio en el que se maneja especialmente bien. Muy brillantemente diría yo. Y que tiene, hay que reconocerlo, una “labia” capaz de engatusar al más escéptico. Que hasta a notarios conocidos míos llegó a engatusar.

Y no es por lo que dice que, o no es nada, o son mentiras y medias verdades, sino por como lo dice. Con esa pose estudiada de avanzar media parte del torso en el atril, fruncir las cejas y poner cara de verdad absoluta. Pose de manual de estilo de cualquier libro sobre lenguaje corporal.

Iglesias ha enterrado sin honores a la mayoría de su antigua vieja guardia, ha sobrevivido a cambios personales, a escándalos sexuales, a frases machistas e irrespetuosas sobre la mujer presentándose al mismo tiempo como gran feminista, y a un montón de líos y componendas de todo tipo. Y ahí está él, tan “pito”, como diría mi abuela María y actuando como si fuera él el que tiene la razón.

Como digo: un prestidigitador  de muy alto nivel. Ni nuestro entrañable Juan Tamariz, que me hizo subir al escenario en una de sus actuaciones y me tomó el pelo todo lo que quiso.

Y siempre sale de apuros distrayendo la atención evocando casos ajenos, siempre “muy importantes”, mucho más que sus pequeños “pecadillos”, o pretendiendo abanderar grandes causas. Como la de conseguir la tercera república española

Ahora ambos se sienten amenazados. El presidente por su futuro inmediato en la Comunidad Europea a la que tiene que acudir, ahora sí, sin disfraces ni más mascarillas que las que impone el terrible COVID19. Iglesias por sus problemas legales con la famosa tarjeta de móvil, entre otros, que ha retenido, según sus argumentos de paladín del siglo XXI,  para proteger a una “pobre mujer” de 25 años y por sus mentiras a la judicatura.

Y, héteme aquí, que para estos líos no será suficiente con desenterrar a más “represaliados del franquismo”, como anunció la nuestra vicepresidenta y a Franco ya lo tienen en su nuevo emplazamiento.

Pero el lamentable caso del Rey emérito les ha brindado un puente de plata. A ambos.

No han actuado con la misma intensidad, pero si en la misma dirección: El lema de la pancarta virtual de Sánchez dice “la monarquía es algo a controlar, hay que limitar sus privilegios”. Por cierto, al presidente del gobierno no, porque le basta con declarar “secreto de estado” cualquiera de sus correrías en Falcon, sus gastos desconocidos o sus extrañas negociaciones con el que se ponga a mano.

La de Pablo Iglesias es mucho más rotunda y ambiciosa: “hay que cambiar la forma de estado y declarar la tercera República”, que será nuestra tierra de leche y miel según anuncia el vicepresidente.

La monarquía es una “situación que genera alarma” afirma Iglesias y no se lo puedo negar porque desconozco el dato de “cuantos son sus cuantos” ni cuales son sus fuentes, pero de lo que estoy seguro, totalmente seguro, absolutamente seguro, es que el número de españoles alarmados por nuestra forma de Estado es mínimo, casi insignificante, si lo pudiéramos comparar con la alarma que genera tenerle a él como vicepresidente de una nación moderna y democrática, sumida en una profunda crisis y que tiene que negociar condicione de ayuda con la Comunidad Europea.

Pero ambos tienen una cose en común: su cinismo. El primero por decir que va a proponer una reforma de la Constitución que elimine la inviolabilidad del Rey y el segundo por decir que va a proponer un referéndum para cambiar la forma del Estado.

En ambos casos mienten como bellacos porque saben que cambiar determinados artículos de la Constitución requiere un mecanismo muy complejo que fijaron sus redactores. Y no lo hicieron para que fuera intocable, sino para evitar que personajes de poco juicio o con extraños intereses destruyeran la forma de Estado y nuestra convivencia por uno o varios platos de lentejas.

Es decir, se aseguraron de que si se hacían cambios constitucionales fuera la gran mayoría de los españoles, y no el gobierno de turno quien lo decidiera.

Y este mecanismo es:

Artículo 168

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Es decir: que para cambiar la forma de estado en el Título preliminar, donde se define la forma de Estado, o el Título II, que enmarca las obligaciones y garantías de la Corona, se debe:

  • Aprobar por mayoría de dos tercios de cada Cámara
  • Disolver las cortes
  • Convocar elecciones
  • Que las Cámaras recién elegidas ratifiquen la propuesta de cambio y preparen el nuevo texto.
  • Que se convoque un referéndum para su ratificación.

¿A qué viene pues ese intento de engañar a la ciudadanía de Pedro Sánchez cuando dice que va a proponer suprimir la inviolabilidad del Rey como si fuera algo de rutina, como cambiar el nombre de una calle?

¿A qué viene la prepotencia de Iglesias cuando dice que va a proponer un referéndum para cambiar el modelo de Estado como si las convocatorias del referéndum lo pudieran aprobar directamente las Cámaras sin más trámites?

Ambos saben muy bien que esas cosas solo ocurren en estados bananeros en los que se saltan las leyes y las constituciones cuando les viene en gana a sus presidentes, pero España, mal que les pese, es una nación en la que los gobiernos están sujetos al dominio de la ley y sus posibilidades de decretar leyes son, exactamente, las que les marca la Constitución.

Y que los gobiernos, salvo estados de guerra, de alarma, de excepción o de sitio, deben someter sus decisiones a la aprobación de las Cámaras. La excepción la regula el artículo 86 que acepta como legal el “decreto ley”, por el que los gobiernos pueden dictar disposiciones que posteriormente deberán aprobar las Cámaras.

Procedimiento del que han abusado todos los gobiernos para tomar decisiones por la via del atajo y muy especialmente el actual que, en algunos casos, ha aprovechado el estado de alarma decretado con motivo de la pandemia para tomar decisiones políticas o publicar nombramientos que nada tenían que ver con la salud de los españoles.

Lo que demuestra un intento continuado de los políticos que nos gobiernan o nos han gobernado para buscar rendijas legales que les permitan tomar decisiones de dudosa oportunidad y para su beneficio personal o político.

¿Y cómo queda todo esto? Pues muy mal. Es cierto que ni el presidente ni el vicepresidente pueden hacer “lo que dicen que van a hacer”, pero mientras, siembran falsas expectativas en los menos y alarma en los más. Naturalmente ni TVE, controlada por la muy puro independiente Rosa María Mateo ni los medios afines van a decir lo que estoy diciendo yo. Solo lo hará la oposición, los medios de comunicación independientes y los periodistas libres, que quedan muchos y que, posiblemente por eso, están en el punto de mira del poder.

Y cuatro románticos como yo que nos creemos en la obligación moral de ser didácticos exponiendo a nuestros seguidores cual es nuestra forma de Estado y cuales son nuestras garantías constitucionales y en denunciar las trampas y miserias de algunos políticos, sean de la ideología que sean.

A los que se les ve el plumero por mucha tinta que lancen para camuflarse.

Ya ha ocurrido en otros tiempos y otros lugares: ¡Quememos libros, derribemos estatuas!

Por mucho que parezca que no es así, la humanidad está rebajando los niveles de cultura a una velocidad muy alarmante. Tenemos más “conocimiento”, eso sí, y somos capaces de hacer aterrizar a un mini satélite en una roca que viaja a una velocidad endiablada y a muchos miles de kilómetros de la tierra. Y seremos capaces de descubrir una vacuna contra el COVID19 en tiempo record, pero  es muy posible que muchos de los que son capaces de conseguir estas maravillas de la tecnología no sepan contestar a preguntas elementales sobre la historia de la humanidad o sobre conceptos básicos de lo que antes se consideraba como “humanismo” que en su segunda acepción, la RAE define como:

Movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos xiv y xv que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras redescubrió y estudió”.

Que perdemos cultura es un hecho, esa cultura que define la RAE como:

  1. Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.
  2. Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc…

Y, a eso me refiero. Hemos conseguido enormes avance en lo específico, pero hemos perdido muchísimo en lo genérico y eso, en mi opinión en malo, muy malo. Ya no se estudia filosofía y se pasa de puntillas por la historia, sino se imparte tergiversada y manipulada, como ocurre con la ética y otras materias que deberían ser soporte del conocimiento. No hay tiempo para todo y “hay que priorizar”.

La falta de cultura debilita muchísimo a las personas porque la ignorancia las pone en manos de dictadores fanáticos, como fue Hitler, o de líderes populistas de causas sin fundamento.

Y viene a cuento de lo que está pasando en los Estados Unido y no solo allí, que comenzó con una protesta contra la brutalidad de un policía, no muy desconocida por esos lares, que se agravó con el hecho de que la víctima fuera de raza negra y que, como tercera derivada, despertó el movimiento antirracista en esa gran nación. Protesta, muy especialmente, centrada en la discriminación racial de los negros, más formal que legal en este momento, pero que continúa siendo un problema evidente.

Y siguiendo la estela de las primeras manifestaciones, grupos de personas de allí y del resto del mundo se han dedicado a derribar estatuas de personajes históricos partiendo, supongo, del principio de que todos “los de antes” eran racistas o esclavistas.

Teoría que lo mismo sirve para un roto que para un descosido y que iguala a personas como Fray Junípero Serra, gran defensor de los muy masacrados indígenas americanos, prácticamente desaparecidos, con otros que efectivamente eran esclavitas de profesión o de disfrute.

Y aquí se muestran los dos niveles de la incultura: El primero es querer juzgar hechos del pasado con la mentalidad de ahora. Pasado en el que era aceptable lo que ahora nos parecería monstruoso, pero que eran norma en la forma de vida de nuestros antepasados.

La segunda es mezclar las preñadas con las paridas y sentar un extraño precedente por el que todos fueron “igual de malos” fueran de la nación que fueran e hicieran lo que hicieran.

Y en lo que respecta a España es absolutamente falso. Es cierto que Colón llegó a América y que después de él llegaron conquistadores y comerciantes que, seguro, explotaron a riquezas y personas, pero no es menos cierto que nuestra nación reaccionó de inmediato poniendo las cosas en su sitio.

Y hago mención a dos hechos indiscutibles:

El estatus de los indígenas americanos, resultado de las grandes reservas morales de la Corona, muy especialmente de la Reina Isabel, enfrentada a dos problemas: uno era de conciencia y otro de orden práctico, pero ambos giraban en torno a la misma cuestión fundamental: los derechos y las libertades de los naturales del Nuevo Mundo.

Leyes y reglas de comportamiento que España redactó por propia iniciativa y sin ninguna presión de terceros países. Presión que prácticamente nadie podría ejercer en aquellos tiempos.

Y que constituye un caso inédito en la historia universal. Casi desde el inicio la Reina de Castilla, Isabel la Católica, defendió sin medias tintas la dignidad de los indígenas, hecho que se evidenció cuando algunos integrantes de la expedición del segundo viaje de Colón regresaron a España trayendo como única “riqueza” lograda, trescientos indígenas taínos en calidad de esclavos, argumentando que Colón les había autorizado a ello.

Y es historia que al conocer el hecho, la Reina, indignada preguntó: ¿”y quién le ha dado autoridad al Almirante para hacer esclavos a mis vasallos”?

Pero como este comentario no era suficiente, casi de inmediato, “el 20 de junio de 1500, la Reina Isabel, en el pórtico del siglo XVI, expedía una real cédula ordenando la libertad de unos naturales de América que Cristóbal Colón había enviado para vender como esclavos, de acuerdo a normas del derecho vigente en la época. Dijo entonces la reina que los indios eran vasallos de la Corona y, como tales, no podían ser esclavizados. No procede Isabel por consideraciones jurídicas ni económicas, ni siquiera oportunistas; se lo ha impuesto un deber de conciencia, es decir, uno de esos problemas que el hombre se plantea cuando es capaz de escuchar a Dios”.

O a la más elemental de las normas éticas, añadiría yo.

Y como evidencia de estas decisiones, en su testamento, dictado el doce de octubre del año 1504 en la villa de Medina del Campo, Isabel la Católica suplicaba “al Rey mi señor muy afectuosamente” y mandaba “a la princesa mi hija y al príncipe su marido” a que “no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de dichas islas y tierra firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes.”

Es decir. Los indios americanos fueron considerados desde el principio como “españoles de ultramar”

El segundo hecho histórico es que España aceptó la legalidad de los matrimonios con indígenas, concediendo a los conyugues nativos los mismos derechos y el miso estatus que tenían los españoles casados con ellos.

Parte de un artículo del diario “El Mundo”:

Los contactos entre los conquistadores y las mujeres nativas fueron un problema y una característica de la conquista de América. La situación, aunque no siempre llegó a los extremos que narra Cuneo, estuvo llena de irregularidades y vacíos jurídicos. Fue la importancia de regularizar tales uniones lo que llevó al rey Fernando el Católico a aprobar en 1514 una real cédula que validaba cualquier matrimonio entre varones castellanos y mujeres indígenas”.

Otro hecho totalmente fuera de las normas de la época y que no se aplicó en otras naciones hasta siglos después.

Y eso es lo cierto. Las huestes de Hitler quemaban libros y figuras de autores “enemigos” por fanatismo. Las hordas de hoy derriban estatuas por ignorancia.

Malo, muy malo, es lo primero aunque tiene la ventaja de que, como ocurrió, detrás del dictador vinieron otros dirigentes y otras culturas que deshicieron sus locuras y recuperaron los valores de la ética social y política.

Veo mucho más peligroso lo que está ocurriendo ahora porque es consecuencia de la falta de cultura general de parte de las nuevas generaciones y eso es un hecho incuestionable que irá a más conforme avance la formación en tecnologías y que resultará prácticamente irrecuperable.

Y luego lo que resulta tan triste. El gobierno de la nación no está reaccionando de ninguna forma ante semejantes disparates e incluso me atrevo a decir que a parte de ellos, los de Podemos, les gusta la situación porque supone revueltas y conflictos que es el hábitat natural de sus acciones políticas. No importan las razones, importan las revueltas y los grandes movimientos de masas.

Las dos Españas eternas e irreconciliables.

Cuando Antonio Machado escribió

“Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios,

una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.”

Era el año 1912 y se sentía sobrecogido por lo que había visto y por lo que estaba sucediendo, pero estaba muy lejos de suponer que hoy, ciento ocho años después, podría volver a escribir los mismos versos y con la misma angustia.

Este hombre del que todos quieren encontrar similitudes ideológicas con sus propios pensamientos, republicano convencido, andaluz de nacimiento y castellano de vocación, fue un profundo enamorado de su España rota hasta el punto que, según la tradición, se llevó tierra española en una caja de madera para que le enterraran con ella en su destierro de Colliure. Murió en febrero de 1939, en plena guerra civil, casi al mismo tiempo que su madre, con solo tres días de diferencia, consciente él, inconsciente ella, agonizando ambos en la misma habitación.

Trágico destino para el que fue un gran hombre, admirado por muchos, odiado por nadie, de sentimientos encontrados, que todavía recibe cartas que depositan en su tumba los peregrinos que la visitan.

Hombre que pasó gran parte de su tiempo sin entender lo que ocurría ni en los cielos ni en la tierra, que se lamentó a Dios con un:

“Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería

Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.

Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.

Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar”.

Versos dolorosos, desgarradores, escritos cuando falleció su amada Leonor con solo 19 años, fallecimiento que le forzó a abandonar su Soria adoptiva porque no podía soportar la soledad.

Y viene a colación porque Antonio Machado y Ruiz parece una representación de la misma España. Su vida transcurrió en una sucesión de sobresaltos, como la pérdida de Cuba, la Guerra Mundial y grandes titulares que repetían cada día tragedias  y amenazas.  Y que culminaron en una guerra civil que ensangrentó España y le obligó a abandonar su querido país. Convulsiones que soportaba sumergiéndose en sus paisajes profundos, en esas ciudades lejanas y solas, en esos caminos que hacía al andar.

 Y ¿cuál es la razón de que hoy, en pleno siglo XXI y rodeados de democracia y bienestar sigamos en nuestras trece, quizás más divididos cada día que pasa?

Yo tengo una teoría, pero en contra de lo que suelo publicar no se basa en hechos contratados. Son impresiones entresacadas de esto y de aquello y de la experiencia de mis muchos años de vida.

Estoy convencido de que todo lo que nos ocurre se debe, casi exclusivamente, a que somos la única nación del mundo civilizado que ha tenido una guerra civil en los últimos tiempos. Porque las de los Balcanes no fueron civiles. No lucharon serbios contra serbios ni croatas contra croatas. Ni lucharon entre si los eslovenos o los macedonios. Fueron guerras entre países por los malditos nacionalismos y por la prepotencia de los fanáticos que quisieron restaurar la Gran Nación Serbia.

En España sí. En España lucharon españoles contra españoles por el fracaso de unos y la insumisión de otros y como consecuencia de semejante disparate una buena parte de la juventud española fue reclutada a la fuerza para luchar bajo una u otra bandera sin que fuera esa su decisión. No fueron a matarse los unos y los otros de forma voluntaria.

Acabó la guerra y empezó una postguerra durísima, especialmente en los primeros tiempos a causa de las represiones, muchas veces motivadas por rencores personales, y por la miseria en la que estábamos sumidos.

Pero, pasado el tiempo, un grupo de personas de mucho nivel y diferentes ideologías empezaron a trabajar planificando una transición pacífica desde la dictadura hasta la democracia.

Y se consiguió porque una gran mayoría de los españoles aceptamos con alegría la nueva situación y nos mantuvimos unidos frente a la adversidad, los asesinatos de la calle Atocha, frente a los asesinos de ETA y hasta del intento de golpe de Estado del 23 F.

Pero hace unos pocos años, personajes que ni vivieron esos tiempos ni tuvieron que reconstruir España porque se la encontraron “hecha”, siendo ya un Estado democrático y garantista, organizado, con Universidades y con una gran cobertura social, decidieron que querían ser “alguien” en la política y no encontraron mejor forma que volver a dividir a los españoles.

Y reescribieron la historia reverdeciendo rencores ya casi desaparecidos y trataron de convencernos, casi lo están consiguiendo, de que la transición fue una gran farsa y que todos los españoles que eran algo en la política de aquellos tiempos y todos nosotros en general, los auténticos protagonistas de la transición, somos una generación de ovejas crédulas y desinformadas.

Y como ese es el argumento, no se dirigieron masivamente a los que fueron protagonistas de la guerra o lo fuimos de la posguerra, de la dictadura y de la transición, porque sabían que no les  haríamos ningún caso. La gran mayoría de sus “víctimas emocionales” preferidas, su campo de cultivo, han sido los hijos o los nietos de los directamente afectados.

Porque nosotros nunca olvidamos, pero decidimos pasar página en beneficio de la convivencia y del bien común. No había olvidado Dolores Ibárruri cuando estrechó la mano de Adolfo Suarez. Ninguno de los dos. Ni tampoco Fraga cuando presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI, ni los que estuvieron en las cárceles franquistas y ocuparon escaños en el congreso.

Ninguno olvidó, pero todos miraron hacia adelante y la cosa salió bien. ¡Eso sí que fue una verdadera reconstrucción del país!

Y es por eso por lo que me siento tan frustrado y tan dolido. Porque tengo la impresión de que los que ahora reclaman derechos de sus padres y abuelos convencidos de que hay una sentencia pendiente que nadie quiso dictar en su momento, en el fondo les están engañando. Violentando su voluntad. Porque están haciendo algo que ni nosotros sin nuestros padres quisimos hacer, no por miedo, porque se había terminado la etapa de mirar hacia atrás por encima del hombro, sino por convencimiento. Porque era lo mejor.

Y a los emponzoñadores sociales, los falsarios “inventa historias” que tanto daño han hecho y están haciendo al país y a la convivencia de los ciudadanos, los que buscan confrontación y quieren reverdecer errores, lo peor para ellos. No les deseo ningún mal personal ni para ellos ni para sus familias, pero tengo la esperanza de que en algún momento la sociedad reaccione y les pondrá en su verdadero lugar: el de agitadores profesionales y malintencionados, intelectuales del tres al cuarto, manipuladores del baratillo, que nacieron cien años más tarde de lo que deberían haber nacido.