No necesitamos «defensores de libertades» ni «salvapatrias». Nosotros nos bastamos.

En un estado democrático y España lo es sin ninguna duda, la defensa contra los supuestos inquisidores de la cultura, el PP según la propaganda mediática de la izquierda si necesitara el apoyo de VOX, o quizás también si alcanza mayoría suficiente para gobernar, no necesita “salvadores de democracias ni libertades” como tampoco necesita “salvapatrias”, porque ya se aseguraron, nos aseguramos los mayores, de dotar a España de la mejor arma posible contra supuestas amenazas a las libertades y los derechos, cuando alguien redactó en nuestro nombre la Constitución, y la gran mayoría la aprobamos con una mezcla de alivio e ilusión.

Y el mejor aporte de la ciudadanía a esa causa común de decidir quién debe gobernarnos es el voto.

Y, amigos actores o cantantes y voceros todos del catastrofismo que puede llegar, yo no he escuchado al PP intención alguna de atacar a la cultura. Y, de hecho, cuando ha estado en el poder la ha potenciado.

En cuanto a las propuestas de la cúpula de VOX, la gran coartada de los agoreros, por mucho que se empeñen en decir lo que dicen, los hechos siempre estarán supeditados a una autoridad mayor, como está ocurriendo en Castilla-León, donde el vicepresidente saca los pies del tiesto de cuando en cuando, pero sus propuestas nunca llegan a mal puerto porque tienen la autoridad superior del presidente de la autonomía, dueño y señor del boletín oficial de la comunidad, que, llegado el caso, siempre puede disolver el parlamento y convocar elecciones.

De momento y durante todos los años de democracia, las únicas amenazas de censura que he escuchado son las de Yolanda Díaz, muy comunista ella, que amenaza con “expulsar de la carrera” a los periodistas que “no digan la verdad” (¿?), para lo que propone crear una especie de “comité”, modelo comisaría política, con la autoridad sobre personas, libertades de opinión y constituciones. Teniendo como tiene a su disposición todo un código penal para sancionar delitos de odio, de difamación o de injurias. Ella y cualquier otro ciudadano

O las veladas insinuaciones del presidente cuando proclama a los cuatro vientos las maldades de medios y periodistas que “se inventan bulos” cuando ejercen el derecho de crítica que tiene la prensa, un “cuarto poder” aceptado por las democracias mundiales, incómodo para gobernantes y hombres públicos por sacarles las vergüenzas, porque gracias a ellos se han destapado muchos chanchullos en España y en el resto del mundo democrático.

La portavoz del gobierno dijo no hace mucho que “quien ataca al gobierno ataca a la democracia”, frase lapidaria que refleja el verdadero talante de quienes nos gobiernan, políticos elegidos, sí, pero prepotentes y endiosados que, como dije en su día cuando escuché esta barbaridad, creen, como dice que creía un famoso rey francés, que “el estado es ellos”. El presidente del gobierno, para mayor precisión.

Pues no, señor Sánchez, el Estado, siendo como somos una monarquía parlamentaria, es y siempre lo será, salvo que volvamos a tener cualquier otro intento de sedición, ahora despenalizada y totalmente impensable, lo que decidamos los españoles con nuestros votos.

Y todos los elegidos por nosotros, los miembros de las Cortes, que son los que, a su vez, eligen al presidente, no tienen más autoridad propia que la que les reconoce la Constitución y las leyes.

Ninguna más. Ni una pizca siquiera.

Y, para los olvidadizos, y como ejemplo de lo que digo sobre censuras y recortes de libertad de opinión, recordar que, en España, gobernando quien gobernara, se ha publicado revistas tipo “El Jueves” que han satirizado de forma casi inmisericorde a todo bicho viviente, incluso a miembros de la casa real. Y que solo han tenido problemas en muy pocas ocasiones, cuando han cruzado alguna línea roja tipificada en nuestras leyes.

Así que, queridos preocupados, tranquilícense y no sufran más, porque España es y seguirá siendo un país con leyes y amante de las libertades. Quizás, eso sí, corran el riego de que si hay cambios de gobierno se revise algunas de las misteriosas subvenciones que están recibiendo ciertos cineastas, artistas o algunos medios de comunicación, pero eso no será recortar libertades.

Será gestionar con transparencia los recursos públicos. Es decir, gobernar honestamente,

En política y en opiniones “de los que saben”, casi nunca es lo que parece.

Yo soy muy dado a comentar, incluso criticar, lo que hacen los políticos en ejercicio, pero nunca me meto con sus personas, ni tampoco con los partidos políticos. Ni mucho menos, para mi es una clarísima línea roja, con los votantes, a los que nunca juzgo ni etiqueto. Ni siquiera pienso que se equivocan, solo que opinan de otra manera que yo.

Siempre he manifestado, no es un secreto, que hay partidos que no me gustan, los comunistas por ejemplo, por razones históricas, como tampoco me gustan los extremistas de derecha o de izquierda, digamos VOX, Podemos o la CUP, pongo por caso, por lo que se deduce con facilidad que soy incapaz de votarlos y muy de defender gobiernos muy estructurados, PP y PSOE, por ejemplo, lo que se llama bipartidismo, que me ofrezcan una alternativa porque la edad y la historia reciente me ha demostrado que el poder puede corromper y que, a la larga, ningún partido es totalmente de fiar.

El PSOE de Felipe Gonzalez modernizó mucho la nación y colaboró activamente en la gran tarea de la transición, pero también lo hicieron partidos conservadores de la época, incluido la AP de Fraga y, por supuesto, el PP de Aznar.

La UCD de Suarez fue un milagro casi irrepetible, porque el entonces presidente, fue capaz de comprometer a personas de ideologías muy diferentes, muchas de ellas fuera de la política activa, y la inmensa mayoría sin ninguna necesidad de sillones oficiales, porque para ejercer de gobierno, dejaron ocupaciones privadas o cargos oficiales, a los que luego volvieron. Puestos en los que tenían muchos más ingresos que calentando sillones de ministerios, incluso, en muchos casos, sillones del parlamento.

Pero tengo una norma: No opinar en periodo electoral, porque como casi todos los errores los cometen los que tienen la autoridad y los boletines oficiales, las “oposiciones” solo pueden hablar y quejarse, casi todas mis críticas de este momento irían dirigidas al PSOE de Pedro Sánchez, ahora, como critiqué al Aznar de la segunda legislatura por su varios errores y muchas banalidades.

Pero hay dos circunstancias que, en el día de hoy, me han “obligado” a romper la norma: El manifiesto de los artistas y un artículo de Feliz Lareki que me ha hecho reflexionar sobre el modelo de sociedad que estamos aceptando como normal, siendo como es tóxica y destructiva, aunque en progresión lenta y sin que apenas nos enteremos, como ocurre con la famosa anécdota de la rana en agua caliente durante muchas horas.

Y me explico:

En el manifiesto de los artistas, casi todos de determinada ideología, se nos avisa de catástrofes sociales y, pérdidas de libertades si gana las elecciones un partido que no sea “progresista”.   Y me preocupa sinceramente porque, teniendo un nivel cultural como el que tiene la mayoría de ellos, o no son conscientes de que habitamos en un Estado de Derecho, de pleno derecho, en el que las libertades están garantizadas, o juegan maliciosamente a anunciar, como hacen los políticos, hechos que no pueden producirse.

Porque España es una nación democrática, con una cultura de muchos siglos, con una Constitución, que pertenece a la Comunidad Europea y que suscribe sin reservas, lo han hecho todos los partidos gobernantes, el Manifiesto de los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Y así será gobierne quien gobierne. Porque un gobierno nacional puede eliminar el derecho de sedición, dentro de la más absoluta legalidad si tiene el apoyo de la mayoría parlamentaria, pero ni este, ni ninguno del futuro, podría prohibir que un homosexual o un travesti trabaje donde quiera, vista como quiera y manifieste su homosexualidad o su travestismo como mejor le parezca. Es un ejemplo que no tiene connotaciones especiales

Y no lo podría hacer, aunque el mismísimo VOX consiguiera mayoría absoluta, porque va contra nuestros derechos constitucionales, contra las leyes españolas, contra las normas comunitarias y contra los derechos humanos.

Eliminar el delito de sedición, sí, porque es un asunto de exclusiva competencia de cada gobierno, en este caso el nuestro, pero lo otro, de ninguna manera.

Luego, todo lo que se dice, o es ignorancia, que me sorprendería, o campaña electoral encubierta, que es lo que me parece.

Así que, amigos míos, el gobierno de turno, como ha sido y como será, tiene un marco de actuación perfectamente delimitado del que no se podrá salir.

Es cierto que podrá moverse dentro del marco constitucional en uno u otro sentido según su ideología y su programa electoral, pero para eso estamos nosotros, los votantes, todos igual de inteligentes, todos igual de demócratas y todos igual de libres para decidir si queremos apoyar a Podemos, a la CUP, a VOX o a quien estimemos oportuno.

Y, por supuesto y en contra de los malditos relatos y las malditas posverdades, esta no es una nación de buenos y malos, de listos y jilipollas, o de intelectuales y analfabetos. Porque con un voto en la mano todos somos iguales en derechos y libertades.

Y, respetando como respeto la trayectoria profesional de muchos de los firmantes, no creo que sean grandes intelectuales, ni referentes sólidos, ni personas capaces de “aconsejar” a los que son “menos capacitados” que ellos lo que deben hacer.

Que defiendan públicamente sus ideas y sus posiciones políticas, las ventajas que tendríamos si votáramos como ellos ¡claro que sí!, pero que no nos anuncien las siete plagas de Egipto si ganan “los otros”, ¡por supuesto que no!, porque nosotros, aunque no hayamos recibido ningún Oscar, un Goya o cualquier distinción de las importantes en el mundo de la “antigua farsa”, que diría quien yo me sé, también tenemos capacidad de raciocinio.

Y luego, la segunda razón, es que mi excompañero y excelente pluma Félix Lareki, se ha desfogado en Diario16, “el diario de la segunda transición” en letra pequeña, titulado “Los mitos, la fuerza de la sinrazón, del poder y de los extremismos”, en el que no ha dejado títere con cabeza. Bueno, para ser exactos, a casi ningún títere, porque algunos la siguen teniendo en su sitio.

Un artículo en el que, según él, se puede ser “de mucho”, pero no se puede ser “de ciertas cosas”. Posiblemente porque él no es “de eso”, o no le cabe en la cabeza, y es incapaz de entender, en el uso de su razón y su intelecto, que otros muchos si “que podemos ser” alguna de las cosas que cita como mitos y sinrazones

Me estoy haciendo un lio.

En este caso no voy a entrar en detalles ni a polemizar con sus opiniones. Me limito a incluir un enlace del artículo y que cada uno piense lo que crea oportuno. Como se decía antiguamente en las puertas de las casetas de atracciones de las ferias, “pasen y vean”

Los mitos, la fuerza de la sinrazón, del poder y de los extremismos – Diario16

Un abrazo, Félix. Y, recomendación por recomendación, la mía es que leas “Devuélveme el poder: Por qué urge una reforma liberal en España” de Miriam González Durántez.

Y, sin ninguna segunda intención, porque con estas cosas no se juega, hoy recuerdo con mucha tristeza el asesinato de Miguel Ángel Blanco y el momento tristemente ilusionante del “foro de Ermua”. Sin más comentarios