Miguel Angel Blanco. Paradigma de la barbarie y la sinrazón de los asesinos de ETA.

No es el aniversario del día que murió, lo hizo un día después, pero hoy es el verdadero aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco, porqué fue tal día como hoy cuando le descerrajaron dos tiros en la nuca después de tres días en los que todos los españoles sufriéramos la angustia de saber que los asesinos de ETA acabarían matándolo, porque el gobierno de la nación no podía ceder al chantaje del acercamiento al País Vasco de los presos de esa organización maldita.

Todos y cada uno de los 850 asesinatos de ETA fueron execrables y algunos especialmente sanguinarios, pero hay dos acciones llevadas a cabo por los “valientes gudaris” que, curiosamente, se rendían sin oponer resistencia a las Fuerzas de Orden Público cuando eran localizados, que resultaron especialmente significativas: El secuestro de Ortega Lara y el asesinato de Miguel Angel Blanco.

El primero por la extrema crueldad de tenerlo encerrado en un zulo durante 532 días, hasta que decidieron dejar de alimentarle para que muriera de hambre, desenlace que no se produjo gracias a la acertada intervención de la Guardia Civil que localizó la entrada de lo que iba a ser su tumba, bajo la maquinaria pesada de aquella planta baja de Mondragón.

La segunda el secuestro y posterior asesinato este joven concejal de Ermua, 29 años, al que mantuvieron preso tres días, maniatado, antes de que le obligaran a arrodillarse para recibir dos disparos en la nuca.

Y los jóvenes de hoy que cuestionan tantas cosas nunca vieron la cara de Ortega Lara cuando le sacaron de la tumba, ni las miles de manos blancas que expresaban el “basta ya” de la ciudadanía ante los terroristas. Y no podrán creerse que la gran mayoría de los asesinatos pudieron evitarse porque algunos prohombres del país vasco sabían lo que estaba pasando, y hubiera bastado una palabra al entorno de los asesinos o una denuncia a las Fuerzas de Orden Público para parar las ejecuciones o para detener a los asesinos.

Algunos de ellos todavía viven y continúan con la farsa de la equidistancia y las falsas justificaciones.

Pero esto no puede quedar así, ¡claro que no! Asesinos sin arrepentimiento y más de 300 asesinatos sin esclarecer no pueden salir impunes ni en lo ético ni en lo moral, ni en la justificación política, por mucho que hayan cumplido condenas.

Es más, tengo la absoluta seguridad de que conforme pasen los años y vayan desapareciendo de la influencia política los interesados en contar las cosas como nunca ocurrieron y sus cómplices interesados, la historia pondrá las cosas en su punto y hará justicia a los que murieron o fueron heridos

Mientras, el recién titulado “hombre de paz”, Otegui, confesó que el día que mataron a Miguel Angel Blanco estaba con su mujer y sus hijos en la playa, cuando el resto del país estábamos pegados a las emisoras de radio o a las cadenas de televisión.

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“En mi viejo San Juan” y la necedad de la sociedad española.

Un participante en un grupo de ex marinos en el que estoy incluido ha “colgado” en Facebook unas imágenes del Juan Sebastián Elcano en su mini travesía desde Getxo a  Getaria, patria chica del gran navegante vasco que terminó la vuelta al mundo empezada por Magallanes, y que ha dado nombre al buque escuela.

Como fui marino de guerra en una de las etapas de mi vida, no puedo por menos que emocionarme con estas cosas. Creo que es de justicia  que se rinda  homenaje al marino, y también que Elcano esté en el País vasco y haya sido recibido con naturalidad y afecto por sus muchos visitantes.

Pero junto a esta noticia, y casi como un hecho anecdótico, he visto que los guardiamarinas ofrecían un pequeño recital a los visitantes, y una de las canciones era “En mi viejo San Juan”.

Y  no he podido por menos que pensar en lo necios que somos.

Resulta que el Juan Sebastián Elcano es una de las mejores embajadas de España en el mundo y, por supuesto, la única itinerante. Y que, vaya donde vaya, se les recibe con todos los honores y con la mayor cordialidad, lo que significa que, en términos  generales, España es respetada y querida por la inmensa mayoría de los países, incluidos y muy especialmente, aquellos que formaron parte del pasado imperio, y con los que, según la tan cacareada leyenda negra, tan mal nos portamos. Peor, mucho peor, según parece, que se portaron los otros países colonizadores con sus colonos.

Repito ¡que necios somos! ¡Que facilidad tenemos para cambiar la historia y convertirnos en los malos de todas las películas!

Y con estas actitudes hemos llegado a un punto en el que no es posible mantener discrepancias, porque que cada vez más las convertimos en enfrentamientos.

Y así parece que defender a las mujeres es titularidad de unos y no de otros. Que no es de todos. Y tampoco es de todos respetar las diferentes tendencias sexuales o desear, desearnos,  el bienestar social.

En este momento solo unos, de uno u otro bando según el tema de que se trate, tienen razón, y sanseacabó. El equivalente al tradicional “habló Blas punto redondo” de tiempos pasado. O el “porque lo digo yo.

Toda una filosofía consecuencia de siglos de cultura y evolución de la raza humana.

Y muchos, especialmente los jóvenes, acabarán creyendo que el bienestar de que disfrutamos ha sido “gracias  unos”, pese a la oposición de los otros, o que la transición, la de pasar página en una sociedad todavía atormentada por las consecuencias de la pre guerra civil, de la guerra, y de la post guerra, fue un error histórico.

Y que media España desciende de los buenos, y la otra de los malos. Y, todo ello, alimentado, si no promovido, por la cúpula política que nos ha tocado sufrir en los últimos tiempos.

Pues bien. Escuchando “En mi Viejo San Juan” he recordado con tristeza aquellos tiempos en los que las diferencias eran aceptadas como aporte enriquecedor a nuestra cultura común, incluidas las diferencias culturales de países separados por océanos.

Arturo Fernández

Ha fallecido Arturo Fernández y, como suele ocurrir, siempre hay alguien que saca “peros” a su carrera artística, especialmente los que afirman que era un actor encasillado en un tipo de personaje. Y me sorprende.

Porque en el arte hay muchos grandes protagonistas que están muy, pero que muy encasillados. Lo está Raphael, que por cierto actúa próximamente nada menos que en al Albert Hall de Londres, o Juan Manuel Serrat, o Miguel Ríos, o Joaquín Sabina, por poner algunos ejemplos que llenan auditorios, y que siempre cantan el mismo tipo de canción.

Y si uno conoce lo que ocurre en el mundo, hay actores en New York o en Londres que no solo hacen papeles similares, sino que han representado exactamente el mismo papel durante muchos años en las obras de mayor éxito.

¿Hablamos del “Fantasma de la Ópera”, de “Cats”, o de “Los Miserables”?

También en España tenemos actores “especializados” en personajes similares, ¡cómo no!, que son o han sido grandes en nuestras pantallas. Pepe Isbert, fue uno de los muchos ejemplos. O Tony Leblanc. O Pedro Osinaga, hablando de comedia, protagonista durante tantos años de “Sé infiel y no mires con quién”.

¿O es que José Sacristán, gran actor y muy diversificado, no ha protagonizado películas infumables? ¿O no fueron grandes Tip y Coll que siempre hacían los mismos papeles?

Un actor es un profesional, y si resulta que encuentra “la vena” y se identifica con un determinado público, es muy lógico que ofrezca exactamente lo que le piden. Y el único que puede juzgar si lo hace bien o mal son sus taquillajes.

Arturo Fernández no ha sido un actor de tragedia ´clásica”, evidentemente, pero no por ello dejó de ser un gran actor.

Fue el eterno galán que le pedían sus seguidores ¡hasta los 90 años! Que ya hay que hacerlo bien para seguir triunfando a esa edad sin resultar patético, como tantos otros que han mantenido una juventud de quirófano.


Y le agradezco muy especialmente su excelente  dicción y el exquisito trato dado a nuestra tan maltratada legua castellana por supuestos “consagrados de cine que han protagonizado cuatro series, como mucho destape si es posible, y tres “reality”

Y, a más a más, tiene una característica que es muy de agradecer: puede que fuera el primer actor que montó una compañía propia, una empresa en definitiva, y por lo que sé, nunca necesitó subvenciones ni ayudas estatales para representar sus obras.

Lo que le hizo, si no único, al menos “rara avis”. Cosa que le tenemos que agradecer porque diferencia de tantos otros que han sobrevivido gracias a ayudas oficiales. Ayudas que, a la postre, salen de nuestros bolsillos.

Y, en definitiva, fue un gran profesional y una gran persona. Alguien que  nunca se rebajaría anunciando casas de apuestas, por ejemplo, como están haciendo otros grandes actores que han dejado de ser ejemplo para sus seguidores.

Descanse en paz.

La brecha de las realidades

Mucho se ha hablado de la brecha salarial, de la social y de otras muy evidentes en la España de nuestros amores. Pero se habla poco, muy poco, de la brecha de las realidades. Una brecha cada vez más ancha y más profunda que separa a nuestros políticos, instalados en esa especie de Matrix en que se han acomodado, de nuestro mundo. El del cada día.

Y que les mantiene en esa realidad virtual, tan suya, de la que salen de vez en cuando, se hacen presentes en nuestras emisoras de radio o nuestras televisiones, repiten cuatro frases hechas y, muy rápidamente, vuelven al confort de su mundo paralelo.

Y como muestra, valgan algunos ejemplos de lo cotidiano en nuestra Generalitat. También podría hablar del Ayuntamiento de Valencia, pero es una situación demasiado confusa para mí. Ni siquiera intento entenderla.

Resulta que el actual gobierno de la Generalitat Valenciana se repetía sesión tras sesión reclamando, con razón, una solución al déficit presupuestario de nuestra comunidad. Pero lo hacían cuando eran oposición.

Luego vino la moción de censura y, con ella y el cambio siglas en el gobierno central, se evidenció una cierta sordina en las reivindicaciones. No es que dejaran de pedir más financiación a los ministros del PSOE, pero se conformaban con un “estamos en ello” que no aceptaban anteriormente. Lo mismo que ocurría con el PP cuando gobernaba la comunidad y en el gobierno central.

Hemos pasado las elecciones en un periodo caracterizado por la falta de solvencia para hacer frente a los compromisos de la Generalitat, y lo que antes era complicado de explicar, ahora lo es mucho más porque el nuevo gobierno, forzado por la necesidad de encontrar apoyos para poder alcanzar una mayoría estable, en lugar de recomponer las áreas de gestión para evitar despilfarro y gastos innecesarios, ha optado por arrancar la nueva legislatura con toda suerte de lujos y boatos totalmente contraindicados para sanear sus cuentas.

Y así, han decidido aumentar el parque de “responsables políticos” con un organigrama que incluye una presidencia, dos vicepresidencias, nueve consejerías, dos más que en la anterior legislatura, 28 secretarías y un total de  125 altos cargos, con un incremento del 25% en salarios y complementos.

Y no lo han hecho para mejorar los servicios ciudadanos como cabía esperar, sino para contentar y encontrar acomodo a los muchos “apoyadores” del gobierno de la Generalitat procedentes de todos los partidos políticos.

Lo cierto es que cada vez se sienten más por encima  del bien y del mal, y uno de los últimos ejemplos es que nuestro presidente, Ximo Puig, ha contratado como asesora para temas europeos  a Carolina Punset, como si no hubieran funcionarios muy capacitados para ayudarle a preparar informes para la comunidad Europea si fuera necesario, o no tuviéramos representantes en el parlamento de Estrasburgo a los que pedir opinión si la necesitara.

En el último año la deuda de la Generalitat ha aumenta 1.400 millones de euros, y es tan grave la situación que el gobierno central ha amenazado con intervenir las cuentas públicas de nuestra autonomía.

Y claro que hay que insistir, insistir con fuerza, ante el gobierno central para que regule una situación más justa en la distribución de las financiaciones autonómicas, pero no es así como lo van a conseguir. Lo harían dando ejemplo de austeridad y presentándose en las puertas del ministerio de hacienda junto al resto de las formaciones políticas de la comunidad, aunque el ministro, ministra en este caso, sea del mismo color que el del gobierno autonómico. ¿A que tendría un gran impacto una pancarta en la calle Alcalá de Madrid portada por los 99 diputados de las Cortes Valencianas?

Y el contraste: ese mismo día, y en la misma prensa aparece la foto de una manifestación de protesta por los Impagos a los centros de menores, y todos los días tenemos noticias de situaciones similares que afectan a otras entidades y servicios dependientes de la Generalitat.

La moraleja es que los políticos autonómicos no solo se niegan a gestionar con eficacia los recursos disponibles, que son pocos, sino que siguen disparando, y cada vez más, con “pólvora del Rey”. Es decir, con dinero que no es suyo porque no lo tienen en su presupuesto,  o que debería destinarse a otras actividades más cercanas a los ciudadanos, razón de ser de sus cargos públicos.

No sé si alguien será capaz de entender semejante desmadre, pero yo no. Incluso habrá ciudadanos a los que les parecerá bien y pensarán que soy un carca, como menos, o un facha como más.

La no-negociación del Sr. Sánchez

Siempre he defendido, de palabra y por escrito, que lo lógico y deseable es que Ciudadanos formara gobierno con el PSOE o llegaran a pactos electorales. Y lo he defendido porque creo que es bueno para todos. Para Ciudadanos porque tendrían una oportunidad de centrarse y de aprender a gestionar de verdad, no lo que han hecho hasta ahora. Al PSOE porque le evitaría caer en manos de quien no debe, en malas compañías, y a España porque ya es hora de que tengamos un poco de calma.

Peo claro: así no. Lo normal en democracia es que el candidato cite a la otra parte y negocien “capitulaciones”, como se decía hace siglos, pero resulta que nuestro buen presidente interino se ha subido a una torre de marfil de 123 escalones y, desde las aturas, lanza arengas y soflamas, culpando a su actual oposición de lo que pueda ocurrir en el futuro.

¡Que no, Sr. González, que no! Baje a la arena, discuta con Ciudadanos o con el PP lo que estime oportuno, y si sale mal y no se ponen de acuerdo, entonces será el momento de que explique con claridad y sin trampas las razones de los desacuerdos. Y que cada uno cargue con sus responsabilidades

¿Dónde ha aprendido Ud. ese curioso modelo de no negociación, tan cercano a exigir la obediencia debida? No creo que haya sido en España porque Ud. era muy joven en el franquismo

Parece un modelo inédito, porque a Rajoy le negó Ciudadanos el pan y la sal, pero el candidato sí que había invitado al Sr. Rivera a que negociaran la formación de un gobierno de coalición.

Solo que en aquel momento, el líder de Ciudadanos todavía creía que podía ser Califa en lugar del Califa.

El vergonzoso ejemplo de los partidos políticos y sus trapicheos de conveniencia. ¡Segunda vuelta ya!

Acabamos de pasar unas elecciones municipales y autonómicas, y ayer mismo se constituyeron los más de 8.000 ayuntamientos de España. Y lo que debería haber sido una oportunidad de renovar y refrescar los hábitos democráticos del país, solo ha servido para evidenciar el bajo, muy bajo, nivel de los partidos y, por extensión y casi como causa, de sus líderes políticos.

He defendido y defiendo la democracia representativa como el menos malo de los modelos de estado, pero también he dicho que es un sistema imperfecto que necesita un continuo control de sus defectos, y que se apliquen medidas correctivas en sus normas para evitar abusos y degeneraciones. Es decir: las leyes electorales no pueden ser eternas. Hay que actualizarlas conforme evoluciona la sociedad, sus hábitos y, sobre todo, sus necesidades de participación.

Ya no vale el darle un voto a un partido y esperar cuatro años para poder intervenir activamente en política, que es lo que ocurre con las leyes actuales.

Porque, después de tantos años, seguimos anclados en aquel “Spain is different” que se utilizó como lema turístico para recalcar nuestra singularidad, nuestra riqueza cultural, lo variado de nuestras costumbres, de nuestra gastronomía y de nuestra orografía, pero, como ha ocurrido con tantas otras cosas, tiene esa parte negativa, tan española por otra parte, de no aprender lo mejor de las normas y costumbres de los países más avanzados en algunos aspectos de la organización social, especialmente cuando se trata de comportamientos políticos. Nosotros somos más listos y no necesitamos que los británicos, los alemanes,  o los franceses vengan a darnos lecciones.

Y así, en España, nuestra clase política se ha ido degradando y perdiendo calidad, hasta casi convertirse en un oficio apetecido por muchos como garantía de subsistencia personal y de “medraje” social.

Por lo que, en lugar de abrir puertas y ventanas más allá de los Pirineos y “copiar” sus mejores prácticas para elegir a los cargos más representativos, por ejemplo, cada vez nos sorprenden más con sus actitudes egoístas, torticeras, oscuras y muy poco éticas. Por muy legales que sean.

Hace poco publiqué un comentario en el que recomendaba que se meditara seriamente a qué partido íbamos a votar porque si no conseguía gobernar o influir en el gobierno, nacional, autonómico, o municipal, negociaría con terceros nuestros votos.

Pero nunca podía suponer que se llegara a donde se ha llegado. Se puede entender que en la alcaldía de Valencia, por ejemplo, los partidos negocien el “coste” de apoyar a tal o cual candidatura  a la alcaldía de nuestra ciudad, siempre en términos de programa político, naturalmente.

Sin embargo hemos llegado a un límite nunca visto. Las direcciones de los partidos  han convertido a toda la nación en una especie de mercado “de lo barato” en el que el apoyo de un determinado partido a la candidatura a la alcaldía de una localidad, se ha cambiado por el apoyo del partido beneficiado a la candidatura del negociador en otra.

Auténticos trileros de votos que, como los profesionales, guardan la bolita entre sus dedos hasta que termina la jugada.

Es decir, si yo he votado a Ciudadanos de Valencia, la dirección del partido de Rivera puede decidir, y ha decidido en muchos casos, que Ciudadanos apoye al PSOE de Valencia, a cambio que el PSOE apoye a Ciudadanos en Toledo. Son ejemplos falsos en los nombres, pero está sucediendo.

Y eso es el gran fraude. Que mis votos a Ciudadanos de Valencia pueden servir, como en el ejemplo, para dar la alcaldía al PSOE en otro lugar, en un trueque indecente y de conveniencia entre partidos, que no entre votantes.

Y si esto es grave, que lo es y mucho, todavía lo son más las muy extrañas componendas que hemos visto esto días, incluido el intento, en algunos casos realidad, de que dos partidos se turnen en la alcaldía de una localidad. Como ha propuesto Ciudadanos al PP en el ayuntamiento de Madrid. ¡Qué falta de respeto a los ciudadanos afectados por estas medidas!

Hace tres días comentaba en Facebook:

Parece que Ciudadanos ha acordado con el PSOE alternar la alcaldía de Ciudad Real, dos años cada partido, y ha propuesto al PP que se haga lo mismo en Madrid.

Claro que esto se debe, exclusivamente, al interés por implantar en estas ciudades el espíritu renovador de Ciudadanos, al interés por modernizar la política, y a la necesidad de acabar con los malos hábitos anteriores.

Por supuesto no ha sido un pacto para ocupar “sillones”.

¿Quién podría pensarlo? Es política pura, limpia, nueva.

¡Que morro!”

Perdonen la ironía.

Y cito a ciudadanos, aunque no ha sido el único, en parte por su forma tradicional de actuar, tan desconcertante, y en parte porque es el que más posibilidades ha tenido de actuar como “partido bisagra” en muchas ciudades.

Y estos hechos, cada vez más frecuentes, son un auténtico fraude a los electores. Poniendo un ejemplo deliberadamente muy exagerado para que se entienda lo que pretendo decir, es como si donaras un dinero para Cáritas y acabara en manos de un grupo terrorista.

Y eso que, en esta ocasión, algunos partidos sí que han declarado quién sería su “socio preferente”. Preferencia que se han saltado a la torera cuando les ha convenido.

¿Y cómo podemos evitarlo? Nosotros de ninguna forma porque son ellos, los partidos políticos, los que pueden cambiar las reglas y se resistirán hasta el último aliento porque es una forma de conseguir un poder adicional y mafioso. El poder de chantajearse los unos y los otros.

Solo podemos pedir, rogar, suplicar, o exigir que miren a Europa y hagan lo que hacen los gobiernos con mucha tradición democrática. Por ejemplo el caso Francés.

Elecciones generales. Basadas en mayorías y/o segundas vueltas:

La primera diferencia es que en este país se vota directamente al Presidente de la República y, posteriormente, a las cámaras legislativas.

Y ¿Cómo lo hacen?  Transcribo textualmente:

“El sistema francés es uno de los modelos que se podrían tomar como referencia en una posible reforma de la ley electoral. La principal diferencia con respecto a nuestro sistema es el escrutinio a dos vueltas. Tras una primera votación, los dos candidatos más votados pasan a la segunda ronda, y entonces los ciudadanos pueden volver a votar eligiendo a uno de los dos.

El objetivo de un sistema a dos vueltas es evitar una situación en la que gobernaría el candidato más votado cuando hay una mayoría de gente que prefiere a otro candidato antes que a éste. De este modo, una vez los dos candidatos más votados han pasado a la segunda ronda, toda la gente que no les votó en la primera vuelta tiene la oportunidad de elegir a cuál de los dos prefieren”.

Como es natural, este sistema quita posibilidades de gobierno a los partidos “pequeños”, pero es que, tal como están las cosas, no hay ninguna razón democrática, ética o moral que justifique que partidos pequeños, como los independentistas o filo terroristas condicionen a la nación como lo están haciendo.

¿Extraño?. No tanto. En España ya se aplica en el País Vasco.

Aunque, de entrada, en España habría que eliminar la “ley d’hont”, conveniente en la transición y tan perniciosa en la actualidad, y convertir a toda la nación en distrito electoral único, en el que un voto de Cuenca valga lo mismo que un voto de Madrid. O que los votos de un partido que solo se presenta en una comunidad tengan más peso que los que se presentan en toda España.

Soy consciente de que las provincias pequeñas perderían protagonismo, pero ganarían en fortaleza de los sucesivos gobiernos para aplicar medidas de solidaridad entre españoles, que es de lo que se trata, porque muchas veces, casi siempre, el pan para hoy es hambre para mañana.

Elecciones municipales:

¿Y cómo regula Francia las elecciones municipales? Los alcaldes franceses de las grandes ciudades son elegidos, como en España, por los consistorios municipales. Y los consistorios se eligen en listas cerradas con dos excepciones: El caso de París, Marsella y Lyón, que por el número de habitantes tienen varios distritos electorales, y el de los pueblos de menos de 1.000 habitantes, donde pueden presentarse candidatos a alcalde o listas electorales.

Con la salvedad de que, en este caso, también está prevista una segunda vuelta para facilitar gobiernos “cómodos” a los consistorios,

Y esta es la fórmula: “Si una candidatura consigue ya desde la primera vuelta la mayoría absoluta de los votos, saca directamente la mitad de los escaños del consistorio y la otra mitad se reparte proporcionalmente entre todas las candidaturas -la ganadora incluida-. Si ninguna se alza con la victoria en la primera vuelta, se celebra una segunda una semana después, a la que pueden concurrir todas las listas que hayan obtenido al menos el 10% de los votos. En esta segunda vuelta -en la que se pueden reagrupar y cambiar las listas- gana la que queda en cabeza (La Vanguardia 9/7/17)”

Parece muy complicado, pero es un sistema mucho más sencillo que el español. Las reglas de juego son muy claras y, sobre todo, los votos en primera y en segunda vuelta, si es necesaria, son de los ciudadanos de cada localidad y afectan únicamente a su distrito electoral, por lo que es imposible que los utilicen para cambiar cromos, sillones, o concesiones no previstas por sus votantes..

En Francia, como en otros países de Europa, nadie usurpa la decisión a los ciudadanos.

Y no olvidemos que gracias a la segunda vuelta y a que los ciudadanos se dieron cuenta de lo que podría ocurrir, Marine Le Pen no es presidenta de la República.

La historia que no estudió el lendakari Ibarretxe

Otra vez un líder nacionalista, en este caso un lendakari vasco, nos ha sorprendido con otra de sus  extrañas interpretaciones de la historia, afirmando que hace 2.000 años los pueblos vascos y catalán estaban ahí, mucho antes que Europa o la Comunidad Europea. Una auténtica perogrullada.

Y esto solo puede significar dos cosas: O no conoce la realidad de sus propios orígenes o, como en otros tiempos, sigue pensando que los españoles somos seres inferiores apenas capaces de razonar y que aceptaremos sin más lo que quieran vendernos.

Y no es algo que me invente. Son opiniones del fundador del PNV o de su entorno, casi repetidas por Quim Torra hace menos tiempo, cuando dijo “Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN”

Naturalmente que hace 2.000 años no existía Francia, ni Europa, ni la Comunidad Europea, Sr. Ibarretxe, pero cada una de las partes de la península ibérica eran focos de cultura y de organización social como correspondía a nuestra condición de provincias del imperio romano, muchos siglos antes de que los habitantes de las tierras altas del norte de España, aislados por razones geográficas, pudieran integrarse en  lo que debió ser desde el principio su entorno más natural. Porque estos habitantes del norte, no me atrevo a llamarles vascos, no estaban aislados por voluntad propia, sino por fuerza mayor.

Pero esta es una realidad que Uds., los líderes nacionalistas, ignoran deliberadamente tratando de convertir en virtud lo que fue necesidad.

Si hablamos de pueblos con historia y cultura reconocida en los tiempos que cita, le recuerdo que el emperador de Roma era Trajano, nacido en Hispalis, muy cerca de Sevilla, mil quinientos años antes de que aparecieran los primeros textos escritos en euskera.

Es posible que piensen, y no lo niego, que las culturas rurales, basadas en la agricultura y la ganadería, también tuvieron y tienen un gran valor, pero reconocerán que no es lo mismo porque estamos hablando de un valor sentimental, romántico, pero no hay ninguna posibilidad real de que hayan influido de forma notable en la construcción de lo que hoy llamamos Europa, ni en ninguno de sus estamentos.  Con todos los respetos, las del norte de España son algunas más de las muchas culturas rurales de las actuales Francia, Alemania, Suiza y el resto de países de la Europa montañosa. Culturas y costumbres que, como los vascos, tratarán de mantener mientras puedan.

Raza supongo que no, ni tampoco lo afirman, aunque coqueteen con algunos términos biológicos para darle más énfasis a la cosa. Porque en aquellos tiempos, un poco porque así fue y otro poco porque Uds. lo exageran, algunas comunidades del norte de España sufrieron un aislamiento similar al de las Hurdes hasta el Siglo XX, aunque no parece que fuera tan severo como el de esta comarca.

Me figuro que, en realidad, eran comunidades relativamente aisladas por razón de las dificultades orográficas, porque si fuera cierto que eran pueblo sin mezcla, cosa que dudo, y con una población tan escasa como la de la época, hubieran sido inevitables los cruces familiares y las consecuentes enfermedades degenerativas que de ninguna manera pudieron originar una raza superior, sino todo lo contrario.

Lo lógico es que hubieran degenerado o desaparecido a causa de las enfermedades relacionadas con la consanguinidad, y no parece el caso, porque los vascos, y los “chicarrones del norte” en general, presentan un excelente aspecto y no parecen faltos de salud.

Así pues, y por pura lógica, Uds. no descienden únicamente de los vascones del año cero. Fueron población, que no raza, porque el concepto de raza, según la RAE, es “cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se pepetúan por herencia”, y no es el caso.

Seguro que los vascos no tienen ni nunca han tenido ese factor RH diferenciado que aseguraba Arzallus en uno de sus delirios excluyentes. Pura “biología ficción”. Aunque, si hubo consanguinidad, seguro que tendrían grandes grupos de RH similares, pero iguales a los de las otras comunidades del resto de la península.

Mucho más si hablamos de los vascos de nuestros tiempos, gran parte de ellos “maketos”,  que no podrán presumir de los famosos ocho apellidos vascos.

Y para mayor abundamiento, ni siquiera está claro el origen de la supuesta “raza” o comunidad vasca. Por supuesto yo no tengo ninguna autoridad para opinar sobre el particular pero es un hecho que los historiadores nunca se han puesto de acuerdo sobre este origen. Solo se sabe que los geógrafos romanos denominaron Vasconia al territorio de la actual Navarra,  no a lo que ahora es el País Vasco. Y que una de tantas teorías plausibles sobre el origen de esta comunidad es que “La cultura vasca, según la mayoría de los antropólogos e historiadores, sería descendiente directa de civilización prehistórica franco cantábrica, una cultura que abarcó todo el tercio norte de la península ibérica y mitad sur de Francia” (Sic).

¿Y que aporta esta teoría? Absolutamente nada fundamental, porque todas  las culturas españolas, sin excepción, somos descendientes de alguno de los pueblos euro asiáticos que llegaron a Europa y se fueron asentando en los territorios que consideraron más oportunos. A no ser que nos quieran hacer creer, que no me extrañaría, que los vascos aparecieron en las montañas por generación espontánea.

Y comparar la pureza de raza vasca o sus símiles culturales con la catalana es de juzgado de guardia si existieran tribunales para defender el rigor de la historia.

Como he dicho, es cierto que sus territorios, como ocurría con parte de los astures y otros pueblos de la cornisa cantábrica, no eran precisamente lugares de paso, pero ¿Cataluña?

Cataluña era el paso obligado de todo el que transitaba por las vías romanas,  su geografía está plagada de ciudades históricas y su territorio fue lugar de desarrollo de las grandes culturas que pasaron por allí. Pero, naturalmente, tampoco tenían sentido de reino ni de nación, términos que empezaron a apuntarse en el siglo VIII, en tiempos de Carlomagno, cuando se creó la llamada Marca Hispánica, siendo el de Barcelona uno de sus condados. Barcelona, que no Cataluña.

Todo lo contrario de lo ocurrido con los vascos, a los que el aislamiento condenó a un retraso cultural inevitable. No digo que no fueran ricos en costumbres y tradiciones, ¡que hermosas tradiciones las suyas!, como ocurre con otras comunidades de la península, pero tardaron mucho en desarrollar algunas de las ramas de las artes o de las ciencias.

El Instituto Vasco Etxepare, dice que: “El euskera es una lengua genéticamente aislada: es decir, no pertenece a ninguna familia lingüística conocida. Tampoco el origen de esta lengua está muy claro. Los primeros textos escritos en euskera datan del siglo XVI, aunque ya en el siglo X se conocen cantares, expresiones o vocablos escritos que aparecen insertados en otras lenguas. Aun así, el primer libro escrito en euskera es Linguae Vasconum Primitiae, escrito por Bernard Dechepare en 1545.”

Como ocurrió con los pueblos godos que llegaron a la península con lengua propia y sin escritura, aunque luego se romanizaron.

¡En 1545! Unos cincuenta años antes de que Miguel de Cervantes escribiera el Quijote.  En pleno Siglo XVI, el del Renacimiento.

Pero no importa. Como los nacionalistas inventores de historias no tienen ni el más mínimo sentido de la decencia cultural, a poco que me descuide alguien me dirá que el castellano, nuestra lengua romance del latín, es, en realidad, una lengua romance del euskera. ¿Que se apuestan?

Resultará que ellos no recibían influencias culturales de las tierras llanas por el aislamiento, pero los pueblos de Castilla sí que se dejaron influir por los vascos de las montañas. Será porque la cultura circula en una sola dirección, preferentemente cuesta abajo.

Imagínense los mensajes que estarán recibiendo los aldeanos sin acceso a la cultura o los niños en las escuelas, porque ahora ya no hace falta que los juglares  vayan de pueblo en pueblo con sus aucas contando historias y leyendas. Ahora les basta con los periódicos,  las radios, las televisiones y las ikastolas.

En lo único que tiene razón nuestro ilustre ex lendakari es que antes de que existiera Francia ya existían los ¿vascos? ¿vascones? Aunque no se sepa dónde. Como también había habitantes en la “Betica” o en la “Tarraconense”. O en nuestra más modesta “Contestana” que ya llevaba siglos creciendo en organización social, y que fue cuna de una cultura tan rica como la Ibérica, modelo de organización social, y creadora de un arte particular con ejemplos tan notables como la Dama de Elche.

Con la diferencia de que los habitantes de las tierras más bajas sí que tenían sentimiento de “pueblo” porque tenían vínculos comerciales con otras sociedades, y  vivían mucho más próximos los unos a los otros que los de las tierras altas, organizados en aldeas y parroquias.

Y que conste que no ataco a los vascos. Ni mucho menos. Los admiro precisamente porque han tenido una historia dura que, a diferencia de otras zonas geográficas,  les obligó a salir adelante en entornos hostiles y con muy pocas ayudas exteriores.

Porque han sabido conservar costumbres ancestrales, y porque parte de mi sangre procede de Rentería y de Arrigorriaga. Y porque es una gran comunidad, hermosa en su entorno, y poblada de excelentes paisanos.

Los vascos tienen muchas razones para sentirse orgullosos de su historia y de sus costumbres, claro que sí. El problema es, como siempre, la manipulación política que les hace parecer lo que en realidad no son.

Diferentes sí. Singulares y con una cultura rica, pero no superiores a cualquier grupo de población que haya crecido en circunstancias similares. Que ya está bien de autoproclamaciones de supremacía.

Aprendan del único español que podría declararse “ser superior” en este momento: Rafa Nadal. Y no solo no lo hace, sino que evita subirse a los pedestales que otros le construyen.

El país Vasco es tierra de acogida. Tierra que puede presumir, ahora sí, de estar en el grupo de cabeza de la cultura y la influencia política de España, tierra hermana que nunca debió caer en manos de personajes como Sabino Arana y su entorno. De locos visionarios que decían cosas como estas:

Antiliberal y antiespañol es lo que todo vizcaíno debe ser”, o “El aseo del vizcaíno es proverbial […]; el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año […]. Oíd hablar a un vizcaíno, y escucharéis la más eufórica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias.

Inventores del PNV copiando la estrategia de los nacionalistas catalanes. Partido, el PNV, que nunca ha descalificado las memeces de su fundador.

Y claro. ¿Que cestos podemos construir con semejantes mimbres?

Pero es muy importante que no nos mantengamos callados y contestemos con evidencias a las fantasías de los apologetas de razas o culturas superiores. Nosotros, los mortales que vivimos en cada rincón de España, no podemos consentir que semejantes manipuladores se salgan con la suya.

Siendo conocedor de que seguirán con la misma cantinela, una parte por estrategia política y otra porque se han creído las mentiras de sus educadores.

Y desde este posicionamiento de español de a pie que ha estudiado la historia de su nación en el bachillerato y que procura aumentar sus conocimientos leyendo o escuchando, insisto en que el Sr. Ibarretxe, o es un inculto con aires de magistrado, como el asno del apunte de Goya,  o es un simple manipulador. Que elija entre estas dos posiciones, porque no entiendo otras intermedias.

Y un abrazo para los vascos “normales”, los que viven el cada día en su trabajo, tienen familia, son amigos de sus amigos y presumen en el resto de España con esa chulería jocosa tan bien recibida  en todos los ambientes. Como el comentario gracioso de esos bilbaínos de Valladolid, que dicen que no necesitan haber nacido en su territorio porque los vascos “nacen donde les da la gana”.

Y junto a mi abrazo, le muestro mi respeto en su propio lenguaje y con los versos de uno de sus saludos tradicionales, últimamente modificado por la UPV para quitarle la referencia a Dios y añadir otra a la mujer.

Versos con tan mala traducción al castellano.

Agur Jaunak
Jaunak agur,
agur t’erdi
Danak Jainkoak
eiñak gire
zuek eta
bai gu ere.

Agur Jaunak,
agur,
agur t’erdi,
hemen gera,
Agur Jaunak.

“Agur jaunak”, amigos y amigas del País Vasco.