A Franco muerto, gran lanzada.

“A moro muerto, gran lanzada” es una expresión con la que “se satiriza a los que se muestran valientes contra algo o alguien cuando ya no hay riesgo en ello”. Se utiliza para referirse a los cobardes que “aparentan un gran mérito” atacando a quien ya está vencido

Gente que nunca ha arriesgado nada y que se ponen a la cabeza de  las manifestaciones cuando ha pasado el peligro. No sé si se reproducen por esporas como las setas, pero cada vez hay más. Nacen a montones.

En tiempos de la dictadura algunos colectivos y no pocas personas luchaban con más o menos discreción contra el régimen. Se decía que teníamos a la policía más culta del mundo porque pasaban los días en las Universidades, “la secreta” tenía fichados a muchos españoles, especialmente para controlarlos cuando venía Franco a Valencia o iba a cualquier otra ciudad, o cuando se preparaba “algo especial”, y hasta Don Vicente, el cura de Marchalenes que se hizo famoso por protestar airadamente por el mal trato que dieron a los modestos de aquel barrio después de la riada como consecuencia de la especulación, era controlado por la policía “por si acaso”. Nosotros, a modo de respaldo, hacíamos alguna reunión en su parroquia en momentos “delicados”.

Y a más de uno detuvieron por hablar donde no debía o con quién no debía, que chismosos/as de barrio habían más de los que parecían haber, o por quemar “las vietnamitas” multicopiando panfletos o convocatorias de manifestación.

El Partido Comunista, ilegal por supuesto, fue especialmente beligerante y, por lo que recuerdo, el que más “daba la cara” en aquellos tiempos, tanto desde el punto de vista político como sindical. También algunos socialistas, igualmente sin legalizar, se movía por los ámbitos universitarios, habían “curas obreros”, y hasta teníamos una Unidad Militar Democrática.

Y muchos de los aludidos, comunistas y socialistas, algunos con mucho nombre, acabaron en las cárceles de Franco. Y quizás, mira por donde, fue allí donde se hicieron amigos, aprendieron a dialogar, a entenderse, a buscar puntos comunes, y a pensar en un futuro exento de tanta lucha absurda.

Personajes que tenían en su haber una honorabilidad a prueba de bombas, haber conocido lo peor de la guerra y la posguerra, y haber tenido tiempo para pensar. Mucho tiempo.

Y no es que le tuvieran que agradecer a Franco haberles encarcelado, pero ocurre en ocasiones que de un mal sobrevenido se pueden sacar cosas positivas.

Los Marcelino Camacho, Ramón Tamames, Simón Sanchez Montero, ¡Ramón Rubial!, y tantos otros, salieron de las cárceles después de bastante tiempo, y cuando lo hicieron volvieron a sus tareas políticas y sindicales sin haber presumido nunca de haber sido ellos, ni mucho menos cada uno de ellos, los que “nos salvaron”.

Ni siquiera lo hizo Carrillo desde el exilio o después en España

Y héteme aquí que personajes que no habían nacido en aquella época, que se han criado en un estado democrático extremadamente garantista en sus leyes, protegidos por un montón de servicios sociales y que les ha proporcionado educación y bienestar, se pasan el día diciendo que “hay que rehacer lo hecho”.

Son los que portan simbólicas banderas victoriosas  de batallas que no han librado,  que se adjudican méritos de cosas que ni siquiera saben lo que son, y que encabezan manifestaciones defendiendo derechos que ellos ni han sugerido y  por los que no han luchado aunque, eso sí, siempre tendrán un vídeo o una intervención de tertulia demostrando cuanto han hecho por “la causa”.

Sin ningún rubor ni la más mínima vergüenza.

Son los que van buscando moros muertos para darles grandes lanzadas, perdón por la expresión porque es medieval y los moros eran los enemigos de entonces,  pero que huirían despavoridos si el moro diera la más mínima señal de vida.

En este caso el moro muerto es Franco, del que es imposible olvidarnos gracias a estos valientes paladines que le dan lanzadas casi cada día.

Y a fe que tienen mucho mérito en la labor de mantener viva  la memoria del dictador. Porque si no fuera por su dedicación, y preguntáramos por Franco a un menor de treinta años, o no sabría quién es, o diría que es el último fichaje del Valencia F.C.

Claro que me dirán que lo hacen porque “no hay que olvidar los crímenes cometidos”. ¡Anda ya!

¿Conocen las palabras transición, reconciliación, generosidad o “mirar hacia  adelante”?

A, perdón, sí que las conocen. Las utilizan cuando hablan de los criminales de ETA que solo hace cuatro días que dejaron de matar.

Nota al margen: quiero dedicarle este comentario a Rufían, otro notable alanceador de moros muertos, que tanto ha disfrutado con el accidente que sufrió ayer el paracaidista Luis Fernando Pozo cuando portaba la bandera de España.

Paracaidista que siempre estará disponible para defenderle si alguna vez necesita de su ayuda. Y él lo sabe perfectamente porque, como todos los independentistas, es extraordinariamente eficaz disfrutando de los recursos, las salvaguardias, y las garantías que le ofrece la nación opresora.

No exageraré diciendo que Luis Fernando es un héroe, porque solo es uno de tantos militares que cumplen con su deber adiestrándose para protegernos, pero si le pongo en uno de los platos de la balanza y en el otro a semejante “padre de la patria”, se rompería el fiel por el peso del que hasta ayer era paracaidista anónimo, hoy valorado y apreciado.  

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Otra vez Franco y la misma cantinela.

He repetido en muchas de mis reflexiones que Franco es historia desde hace muchos años, especialmente para los que vivimos en tiempos de la dictadura, como lo es el franquismo, que murió con el jefe del estado por mucho que algunos nostálgicos quisieran alargarle la vida artificialmente, como ocurrió con el propio general.

Y si queda alguno a la sombra de esa ideología, que nunca pude identificar porque Franco no la tenía, son muy pocos. De hecho, y por esa carencia, tuvo que fagocitar a la Falange de la época, debidamente modificada en sus fundamentos para que fuera útil al régimen. Por lo que sería más apropiado decir que “quedan falangistas” que catalogarlos como franquistas.

Pero eso “no vende” porque los falangistas son reconocibles, se les puede identificar  y son pocos. Es mejor continuar con la cantinela del “franquismo” que, como se está quedando pequeña y sin contenido, se está modificando hacia la denominación de origen “fascismo”.

Bandera a derrotar de una España inexistente, alimentada por colectivos de izquierdas interesados en dinamitar los pactos de la transición y reescribir la historia. O, mejor dicho y en el orden correcto, reescribir la historia para dinamitar la transición. Utilizando la misma técnica que se está utilizando para blanquear a ETA, por ejemplo.

Seña de identidad inexistente, porque decir que la derecha actual de España es franquista está tan fuera de lugar como decir que la izquierda es marxista, leninista o trotskista. Seguramente más fuera de lugar.

Una posible reacción ante estos “historiadores” de partido o de tertulia puede ser no hacerles caso y  tomarlo como una broma. Y en esa línea quiero expresar mi sorpresa al enterarme por los telediarios que la Guardia Civil está “ensayando” un traslado del féretro de Franco en helicóptero. ¿La Guardia Civil convertida en empresa funeraria?

Insisto en que debe de ser una broma. Lo del helicóptero no es ninguna tontería porque sería un transporte eficaz y discreto, pero ¿uno de la Guardia Civil?

Yo creo que sería mucho más apropiado utilizar el del presidente en funciones, que se podría hacer una foto para la campaña electoral con sus gafas de sol junto al féretro. Aunque quizás no se atreva a estar tan cerca del finado porque ¿quién sabe?

Y siguiendo la broma, sería mejor llevar el féretro colgado del helicóptero con Sánchez a caballo sobre el ataúd por los cielos de Madrid, agitando una bandera del PSOE.

Es una imagen trágico cómica que recuerdo de una película que vi hace  muchos años en la que un piloto de un B54 de EEUU recibe la orden de atacar Moscú con una bomba nuclear. El gobierno intenta anular la orden, pero el protocolo indicaba que esa orden, una vez dada, no se podía revocar.

En resumen. Después de muchas peripecias, la película acaba con el comandante del avión cabalgando por los cielos sobre una bomba nuclear que se ha lanzado desde el avión sobre Moscú, agitando un sombrero tejano entre gritos típicos de un rodeo.

Pero, pese a lo escrito anteriormente, este no es un tema que se pueda tomar a broma.  Y no por Franco, sujeto pasivo de todo este culebrón y que me despierta pocas, muy pocas emociones. Es porque los guionistas de esta farsa son los  que están intentando torpedear, sea por intereses políticos o por intereses electorales, lo que tanto costó de conseguir. La transición.

Y, en cualquier caso y sean cuales fueren sus intereses,  no me merecen ningún respeto. Absolutamente ninguno.

Porque ese hecho histórico fue una mini epopeya protagonizada por mucha gente generosa que acordó pasar página, en un momento político-social que los menores de cincuenta años de  hoy no puede ni imaginar.

Hubo una parte, una minoría, que no estuvo de acuerdo con el pacto, pero en una democracia deciden las mayorías. Y este referéndum no dejó ninguna duda sobre lo que pensábamos los españoles.

No os dejéis engañar con mentiras o falsas interpretaciones.

El 15 de diciembre de 1976 se celebró el referéndum sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política, con el siguiente resultado:

Sobre un censo de  22.644.290 electores votamos 17.599.562, el 77,8 %.

Se contabilizaron 16.573.180 votos a favor, uno de ellos el mío, lo que suponía el 94,17 % de los votantes.

450.102 votaron en contra, el 2,56 %,

Otros 523.457 votaron en blanco, el 2,97 %, y se contabilizaron 52.823 votos nulos, el 0,30 %.

Quiere  esto decir que 450.102 votantes, solo un 2,56 % de los votantes, estaban en contra de pasar página, que 523.457, el 2,97 % no lo tenían claro, y que hubo 52.823 de los que no sabemos si estaban a favor o en contra.

Y que 5.044.728, ejercieron su derecho de no ir a votar, o no pudieron hacerlo, y se quedaron en sus casas. Nunca sabremos porque lo hicieron ya que en aquellos no eran tan fáciles ni los desplazamientos, ni los votos por correo. Y porque los censos electorales tenían deficiencias, especialmente en las zonas rurales.

Es decir: que en un referéndum libre, sin presiones, y con una población con muchas ganas por ejercer su derecho a opinar, solo 450.102 españoles, el  2,56 %, no estuvieron de acuerdo con la transición.

Y casi podría asegurar que una mayoría de ellos eran gente de ideología de derechas, por nostalgia, o porque veían peligrar sus prebendas. Porque los partidos comunistas y socialistas de la época defendieron el “sí” con muy pocas reservas. Diría que con profundo convencimiento de que era lo que debían hacer por el bien el país y para consolidar la democracia.

Y porque fueron conscientes de que era una forma inédita de pasar de una dictadura a una democracia, en la podrían ejercer sus derechos, participar en las decisiones políticas y cambiar a la sociedad, sin ninguna violencia

Y si alguien os dice que aquello fue un “pacto del silencio” o  que la gente voto atemorizada, os miente muy descaradamente. Maliciosamente. Como bellacos que son.

El franquismo ya hacía años que había dado paso al “tardo franquismo”, y se habían superado muchas de las presiones de la dictadura. Y hasta gente que había estado en las cárceles franquistas por sus ideas políticas defendieron la iniciativa con entusiasmo.

No fue “un pacto de silencio”, porque se siguió hablando de lo ocurrido y de sus terribles consecuencias. Los hechos eran los hechos y no desaparecieron de la memoria de los españoles. Se miró hacia delante, esos sí, tratando de compensar de alguna forma, como se hizo en muchos casos,  a los perjudicados por la guerra y por la dictadura,  reconociendo los derechos civiles y militares de los que habían pertenecido al bando republicano, por ejemplo.

La transición no fue un “reset”, un reinicio en la memoria de los españoles. Ni mucho menos.

Los recuerdos y las vivencias permanecieron en las mentes de los individuos, de las familias y de los colectivos, pero todos tratamos de buscar puntos de concordia y metas comunes. Y es evidente que se consiguió. Y digo que es evidente porque, en contra de la teoría actual de toda esta sarta de falsarios, la sociedad de la época dio un suspiro de alivio y supo rehacer su futuro sin renunciar al pasado.

Yo, por mi edad, no tenía ni pasado ni cargas emocionales, pero sí que las tenían mis padres, mis abuelos, mis suegros y todos los mayores de la época. Y doy fe de que, sin olvidar lo que pasó, supieron convertirlo en “lección aprendida” en lugar de mantener cuentas pendientes.

Por mucho que quieran vendernos el burro pintado a rayas como si fuera una cebra, la transición fue un “pacto de concordia”. Un compromiso de la ciudadanía para buscar el objetivo común de la convivencia pacífica y de aunar esfuerzos para perdonar los errores pasados, los de todos, y de trabajar por el bien de la nación.

Muy pocas personas en el mundo han vivido situaciones como esta, incluso en una época de terrorismo asesino. Yo sí la tuve, y nadie me distorsionará la realidad por mucho que se empeñe.

Ninguno de esos emponzoñadores de mentes poco informadas me cambiará esa historia con “relatos”, medias verdades, posverdades, o mentiras.

Yo estuve allí, lo viví, y en una muy pequeña escala, participé en los hechos.

Y deseo lo peor, en lo político naturalmente, a los que mienten sabiendo que lo hacen. Porque muchos de ellos  no participaron por edad en los hechos históricos de 1976, pero saben perfectamente lo que ocurrió, y  tratan de distorsionarlo mezclando el hecho de la transición con otros ocurridos en la República, en la guerra civil, o en la dictadura de Franco.

Los mismos que serían capaces de afirmar, con todo cinismo y sin pestañear, que Don Pelayo era franquista, por ejemplo.

Post data: decir que con la exhumación de Franco “se cierra el círculo democrático”, como ha dicho nuestro presidente en funciones, es una manipulación falsa y rastrera. Ud., Sr. Sánchez, no es el que nos ha traído la democracia.

La democracia la trajimos nosotros, los españoles, el 15 de diciembre de 1976, cuando Ud., nuestro gran libertador, andaría por los cuatro años, y los padres de Iván Redondo, su gran guionista y excelente “apuntador”, nacido en 1981, es posible que ni se conocieran.

Entre el cinismo y las medias verdades. El aumento de temperatura y la contaminación

Estamos sufriendo un aumento de la temperatura, y es un hecho evidente. Que la mano del hombre puede tener algo que ver es mucho más que probable. Pero de lo que no estoy tan convencido es que se trate de un cambio climático provocado exclusivamente, ni siquiera mayoritariamente, por el hombre.

Que hay una contaminación galopante también es evidente. Que la culpa la tenemos los humanos, incluidos los que protestan contra la contaminación, tampoco me cabe ninguna duda.

Como que en este momento hay muchos interesados en mezclar aumento de temperatura con contaminación, como si ambas fueran efecto de las mismas causas. Y a los hechos me remito

Si hablamos de temperatura, en la historia de la humanidad han existido ciclos, y también eras, como la de la glaciación o la desertización, mucho antes de que existiera el hombre. Porque la naturaleza es indomable hasta el punto que los que visiten el Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán, muy recomendable, podrán comprobar que, en el pasado, la India se desplazó hasta llegar hasta lo que hoy es Sudamérica, y más tarde retornó a su emplazamiento original en Asia. Sin que ningún humano interviniera en el hecho, entre otras cosas porque ni hubieran podido, ni existían.

Y supongo que recordamos las grandes calamidades que anunciaban sobre el agujero de la capa de ozono. ¡Menudo bombardeo de información! ¡Cuánta literatura y cuanto negocio sobre espráis menos peligrosos y soluciones similares! Pues la capa de ozono se está cerrando entre el casi silencio de los que anunciaron su aumento, sin saber muy bien porque. Como tampoco sabíamos muy bien porque se  ensanchó.

Y no estoy nada convencido de que la lucha contra la contaminación ambiental o terrestre, de la que si somos responsables, sea la que nos librará del supuesto cambio climático.

De lo que sí que estoy convencido es que hablar de “ciclos” o separar temperaturas de contaminación proporciona menos oportunidades de ganar dinero a nadie.

Por supuesto que los gobiernos tienen que tomar conciencia y promulgar leyes restrictivas contra industrias que generan contaminación o por el uso abusivo de plásticos. Urgentemente. Pero no serán eficaces si nosotros, los humanos, no renunciamos al consumo de los artículos que producen las industrias que contaminan.

Pero es más que evidente que todos nosotros estamos convencidos de que son “los otros” los que tienen la obligación de solucionar nuestros problemas. Y a los hechos me remito.

La práctica totalidad de los que protestan por la contaminación provocada por los automóviles tienen uno propio y no renuncian a su uso. Y una parte importante tendrán coches especialmente contaminantes por su antigüedad, pero no los renuevan.

Alegaran que “no pueden” por razones económicas, lo que puede ser cierto en parte de los afectados, pero no se puede tomar como un hecho incuestionable. Ni mucho menos. Porqué los automóviles modernos, menos contaminantes, se pueden adquirir con una cuota mensual equivalente al coste de parte de los “caprichos” que nos permitimos en ocio y otros consumos.

Pero claro, lo más fácil es ignorara lo que contamino “yo” y, como decía, recordar lo que contaminan los demás. Así podremos mejorar el planeta sin renunciar a nada, sin sacrificios.

Porque, amigos míos, o nos quitamos las caretas de ecologistas responsables o esto no tiene solución. Somos cada uno de nosotros, no los gobiernos ni los estados, ni esos “no se sabe quién”, los que dejan las playas y las plazas hechas unos zorros con los botellones. Y somos nosotros, y no otros, los que tiramos plásticos a los ríos o a los mares, aunque luego nos hagamos fotos salvado tortugas atrapadas por redes, o mostremos las barbaridades que contienen los estómagos de animales marinos muertos.

El cinismo y el no querer vivir la realidad es lo que está contaminando nuestros aires, nuestros montes, nuestros ríos y nuestros mares, porque somos los “sujetos necesarios”, en este caso sujetos activos, para aumentar la contaminación.

Así que, amigos míos, yo mismo, repito: no seamos cínicos. Es el hombre como individuo, y en genérico, el mayor responsable de la contaminación. Porque contaminamos, no reciclando,  consumimos los productos que fabrican las empresas contaminantes, o disfrutamos de opciones de ocio que están destrozando el planeta.

Y porque no tenemos una verdadera conciencia de la necesidad de auto disciplinarnos en buenas prácticas ecológicas o/y, si fuera necesario, perder calidad de vida renunciando a algunas cosas innecesarias, pero atractivas.

Estamos, están, haciendo fuerza en la contaminación de las ciudades y de las aguas. ¿Ponemos algunos ejemplos de otras contaminaciones?

Los aviones: cada día vuelan miles y miles de aviones y sabemos que un avión contamina, y mucho. Un estudio dice que “Cada minuto hay alrededor de 11.000 aviones en el aire en alguna parte del mundo.”

Y también que “El sector de la aviación es responsable de cerca del 2,5% de las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial, pero los aviones emiten además azufre, humo, vapor de agua y óxido de nitrógeno que a su vez forma ozono troposférico (no confundir con el ozono estratosférico, cuya capa protege de las radiaciones solares), el cual es muy perjudicial para la salud de las personas

Solo en el aeropuerto Adolfo Suarez de Madrid “hay una media de 483 vuelos diarios”.

¿Renunciarán los manifestantes con pancarta a viajar en avión? Ni siquiera lo hacen los que deberían dar ejemplo cuando se desplazan a cortas distancias.

La basura espacial: Leo que “el impacto más obvio de la exploración humana en el espacio cercano a la Tierra es la enorme cantidad de escombros espaciales. En 1957, la Unión Soviética lanzó al Sputnik a un espacio impoluto. Hoy en día, el espacio cercano a la Tierra contiene más de 17.000 objetos

Una buena parte de los cuales están allí para proporcionarnos excelentes opciones de comunicaciones o de ocio.

¿Renunciaríamos a los canales de televisión digital, a los móviles, o a los GPS? Me temo que no

Los barcos: Una buena noticia “La contaminación proveniente de los buques ha disminuido notablemente en los últimos años. Cada día se hacen más esfuerzos para disminuir la contaminación originada por los hidrocarburos. La aplicación de los instrumentos internacionales ha dado sus frutos y ella se refleja en las estadísticas”.

Pero no nos confundamos. Es cierto que los barcos contaminan menos en combustión pero ¿qué ocurre con las basuras y otras contaminaciones? Cada barco arroja al mar cada día una gran cantidad de basura, incluido envases de plástico. Los residuos orgánicos no son un problema porque acaban disueltos o siendo comidos por los peces, o las gaviotas que acaban aprendiendo los horarios en que los cocineros se desplazan a la popa de los barcos para vaciar los cubos. Lo sé porque lo presencié cuando estuve embarcado.

Sin embargo la solución debería ser tan sencilla como obligar a que los barcos descarguen en los muelles todos los desechos plásticos que hayan acumulado desde la última escala.

Y, evidentemente, si no descargan plásticos es porque los han tirado al mar, en cuyo caso se les debería imponer fuertes sanciones.

Otra cosa es la contaminación por vaciado de sentinas y limpiezas de tanques, especialmente los petroleros, que hoy en día también se podrían controlar, supongo, via satélite.

Los coches y el resto de vehículos eléctricos: Parece que alguien descubrió que esta es la solución. Es cierto que un coche eléctrico no contamina o lo hace de forma muy limitada, pero ¿Cómo se ha obtenido la electricidad?

Algunas fuentes, como las hidráulicas, las eólicas o las placas solares casi no contaminan, aunque en algunos casos crean algún problema secundario, pero hay otras, como las centrales térmicas, son uno de las mayores  fuentes de contaminación. También las nucleares están contaminando el agua que se usa para refrigerar cada vez que hay un escape o un accidente.

Pero el uso exponencial de la locomoción con motores eléctricos  obliga, naturalmente, a la fabricación y posterior destrucción de las baterías. Y reciclar una batería es muy caro y altamente contaminante.

Luego si el coche no contamina, pero lo puede hacer la fuente de energía que empleemos para cargas las baterías, y las propias baterías ¿a que estamos jugando?

Podría seguir con muchos más ejemplos de contaminantes de los que no se habla, como la masacre ecológica que el turismo está provocando en zonas “sensibles” del planeta, como el Himalaya o  la Amazonía, por ejemplo. Alguien tendría que parar toda esta locura, pero no lo harán ni permitirán que se hable mucho de ellos, porque detrás de cada uno de los temas o de desórdenes que he apuntado hay grandes negocios y mucho dinero circulante. Claro que los que ganan dinero son los organizadores o los explotadores, pero no nos hagamos los puros porque los que vamos, los viajeros, somos nosotros.

Y, en el colmo del cinismo, un planeta con cientos de naciones regidas por sus respectivos gobiernos, miles de asociaciones y organismos supuestamente responsables de protegernos, aceptan la mascarada de convertir a una niña sueca en el adalid de la protección del planeta. La he visto reñir a los gobernantes en Naciones Unidas y entrevistarse con altos mandatarios, Ayer mismo con el presidente de Canadá. No se quien está realmente detrás de la niña y, francamente, prefiero no saberlo.

¡Gobiernen, por favor, y tomen medidas reales, aunque les cuesten votos y jefaturas de gobierno!, y no se hagan los dignos ni nos tomen el pelo con mascaradas como esta. ¿Es la niña la solución o el triste divertimento? Aparte de grandes audiencias de televisión, otro de los negocios de los tiempos modernos ¿sirvió de algo la muy lamentable imagen del niño migrante ahogado en una playa? Puras imágenes icónicas que se utilizan para “hacerse los buenos” y ganar tiempo. O perderlo sin tomar decisiones

Desconozco cuál  es el peligro real del aumento de la temperatura y si tiene solución, pero sí que conozco la causa real de la contaminación: Los ineptos timoratos y egoístas que nos gobiernan en todo el mundo. Y, no eludamos responsabilidades, cada uno de nosotros, que jugamos a salvar el planeta y no queremos renunciar a las “ventajas” de la nueva civilización. Esta civilización depredadora y “fagocitadora” que acabará con nosotros.

Votos para hoy, o riqueza personal en forma de negocios sucios, destrucción para mañana.

La enseñanza en Finlandia – Pocas “lecciones aprendidas”, muchas manipulaciones de la realidad.

Leo el titular de una noticia, posiblemente interesado, que anuncia “el éxito de la educación en Finlandia tras suprimir los colegios privados

Porque el éxito no ha sido solo por suprimir la enseñanza privada. Ni mucho menos. Finlandia es un país en el que la enseñanza es vocacional y controlada, en el que los profesores se reciclan continuamente, y en el que para acceder a la carrera de docente se necesita una de las mayores puntuaciones.

Y donde los profesores están bien pagados, pero tampoco reciben salarios excepcionalmente altos.

No como en España que, muchas veces y sin ningún ánimo de ofender, estudiar magisterio suele ser un recurso de futuro, una posibilidad más de ganarse la vida.

Pero el problema español no es la calidad del profesorado. Es la inestabilidad del sistema educativo, la falta de control, y la maldita política, porque también conozco profesores, y muchos, que se dejan la piel tratando de educar a sus alumnos.

Y lo más importante de Finlandia, la piedra angular, es que los políticos del país, ¡los políticos del país! decidieron UNÁNIMEMENTE hace muchos años que la educación era una de las mayores prioridades del Estado. Y ningún gobierno ha realizado cambios si no es para mejorar lo ya hecho, y por consenso.

Mientras que en este país, nuestra querida España, la educación es otra de las armas que nuestros “elegidos” aprovechan, en buena parte, para reforzar sus políticas de partido o para adoctrinar a los alumnos.  Y hasta tal  punto se ha manipulado y retocado, que soy incapaz de recordar cuantos sistemas educativos hemos tenido desde la transición.

Es imperdonable que cada legislatura proponga un cambio en la enseñanza si se ha producido un cambio en el partido gobernante. Está fuera de toda lógica, denota una enorme irresponsabilidad de los políticos gobernantes, y supone un grave daño para los educandos.

Y, como contraste, las medidas que tomaron hace años y se mantuvieron en las sucesivas legislaturas, ha dado como resultado que en Finlandia tienen menos horas lectivas que en España, que se aplica una enseñanza personalizada, que los alumnos apenas se llevan deberes a casa, y que sus resultados académicos en los índices internacionales siempre ocupan los primeros puestos de las tablas. .

Podría llenar páginas hablado de este tema porque es un asunto que me indigna y me apasiona. He publicado mucho sobre la educación española en “cartas al director”, en mi blog, o en Facebook y, como ejemplo, solo reproduzco parte de una carta al director a raíz de un viaje que hicieron a Finlandia El Sr. Puig y el Conseller Vicent Marzá para conocer las razones de sus éxitos en la educación:

Seguramente la presión era tan alta que Ximo Puig y Vicent Marzá decidieron viajar a Finlandia para comprobar in situ el porqué de los excelentes resultados de la educación en ese país medidos en términos de gestión económica y de nivel educativo de los alumnos.

Conociendo el nivel de los políticos al uso, y muy especialmente los de nuestra comunidad, no hacía falta ser muy listo para saber de antemano que la primera declaración sería algo parecido a “nosotros ya hacemos mucho de lo que hacen ellos”.

No me equivoqué y no le di demasiada importancia porque era lo esperado. ¡Cómo no lo iban a decir! Naturalmente que hay similitudes: aquí los niños también van a escuelas, las escuelas tienen techo, y en las escuelas hay profesores.

Lo que me anima a escribir estas líneas es la declaración posterior de Vicent Marzá afirmando que “no movería ni una coma del proyecto educativo” porque “venía en su programa”. A primera vista parece una de las famosas verdades del barquero. Un silogismo perfecto: si estaba en mi programa y me habéis votado, lo aplicaré.

Pero tiene una gran trampa. Seguro que sus conceptos sobre la educación, que en definitiva suponen seguir la hoja de ruta del nacionalismo catalán, estarán en el programa. Pero ¿en qué programa? ¿En el del Bloc Nacionalista Valencia, al que pertenece, o en el de Compromís, del que forma parte?”

El “programa de su partido”, sí, pero ¿dónde queda el interés de los niños y de los jóvenes valencianos que necesitan recibir una educación objetiva, limpia, y que les permita integrarse mejor en la sociedad que les tocará mantener y dirigir en los años venideros?

Porque es evidente que hay políticos que prefieren condicionar la educación para inventar naciones o apoyar determinadas opciones políticas. Opciones de derechas o de izquierdas, que tanto monta…

La verdadera historia de Ramón Berenguer IV y del inexistente reino de Aragón y Cataluña.

Estaba releyendo el  libro “El Tractat D’Almizra”, en el que se describe el acuerdo sellado en el Camp de Mirra el 26 de marzo de 1244 entre la Corona de Aragón y la Corona de Castilla que fijó los límites del Reino de Valencia, y en el que se cita en varias ocasiones a Ramón Berenguer IV como el “Príncipe de Aragón”, cosa que es cierta, pero que puede crear cierta confusión porque parece abundar en la teoría de los “historiadores” catalanes que defiende la existencia del reino de Aragón y Cataluña.

Por cierto: estos acuerdos se firmaban para repartir las futuras conquistas de cada uno de los negociadores. No era un reparto de tierras, era un pacto sobre qué tierras podía conquistar cada uno.

La verdad histórica sobre el supuesto reino de Aragón y Cataluña es la siguiente:

Alfonso I de Aragón, “el Batallador”, Rey de Aragón y de Navarra, había legado todos sus reinos a las Órdenes Militares (Templarios, Los Caballeros de San Juan, y los del Santo Sepulcro), cosa que no aceptaron los nobles de Aragón que vieron perjudicados sus intereses y se conjuraron en Huesca para nombrar Rey al hermano de Alfonso, Ramiro.

Ramiro, de vocación religiosa, era obispo de Roda-Barbastro, y es allí donde recibió la noticia de la muerte de su hermano, y la notificación de que era el nuevo Rey. El que pasó a la historia como Ramiro II “el Monje”.

Hubieron algunos movimientos en Navarra para nombrar otro heredero, y el mismo Ramiro intentó una solución via Navarra que no fructificó, pero esa es otra historia.

Y tampoco viene a cuento, aunque es una historia ilustrativa de cómo era la sociedad de aquellos tiempos, el cómo resolvió una rebelión de parte los nobles, que le amenazaron tan gravemente que tuvo que huir refugiándose en el monasterio de Besalú.

Ramiro, aconsejado por un antiguo abad, regresó a Huesca anunciando a los nobles rebeldes que iba a construir una campana tan grande que “se escucharía en todo el reino”.

Los rebeldes quisieron reírse del Rey y posiblemente acabar definitivamente con su vida, y acudieron a la invitación de ver la famosa campana. Pero conforme entraron en la estancia por una puerta estrecha, yo la he visto personalmente, les fueron degollando uno a uno mientras el Rey decía, más o menos, que “esta campana sí que se escuchará en todo el reino”

El caso es que el resto de la nobleza se aterrorizó y Ramiro se consolidó como Rey de Aragón. Esa fue la solución de un rey-monje, que se supone era mucho mejor y más caritativo que el resto de sus coetáneos.

Un Rey sin vocación de serlo, pero consciente de sus responsabilidades, una de las cuales era proporcionar descendencia, para lo cual se casó con Inés de Poitou, una viuda con dos hijos, que fue escogida por su evidente fertilidad. Es de suponer que para ello tuvo que pedir licencia al Papa, pero lo cierto es que la historia no tiene constancia de que fue de Inés una vez que alumbró a Petronila, la única hija de Ramiro II.

Pero Ramiro quería volver a su vida monacal sin desamparar a la corona, por lo que buscó una solución original.

Observó a los jóvenes gobernantes de la época, y decidió que Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, era la persona ideal para sus propósitos, por lo que después de varias entrevistas y negociaciones, le propuso matrimonio con su hija Petronila, que entonces solo tenía un año de edad, bajo las siguientes capitulaciones:

Ramiro II continuaba siendo el Rey, pero apartado de la política y de sus funciones, que delegaba en Ramón Berenguer, aunque la línea dinástica se mantenía en Petronila, a no ser que falleciera antes que su marido sin hijos y también hubiera muerto Ramiro, en cuyo caso Ramón Berenguer sería Rey de Aragón con todos los poderes y prerrogativas de una herencia legítima.

Fue lo que se conocía como “casamiento en casa”, una peculiaridad del derecho de Aragón, según el cual el esposo aceptaba que fuera el suegro el señor de la casa, y al que se sometía desde el momento que se casaba con su hija. Y que sería ella la que transmitiría el patrimonio familiar.

Lo cierto que tal matrimonió fue un acierto, que Ramiro pudo dedicarse a la religión y que Ramón Berenguer fue un “rey delegado”  que ejerció su responsabilidad con mucha solvencia.

Y que fue su hijo Alfonso II quien heredó el reino de Aragón, pero porque era hijo de Petronila. Alfonso II, el hijo de ambos, ejerció como Rey de Aragón y Conde de Barcelona porque este segundo título lo heredó de su padre.

La conclusión es que nunca existió un reino de Aragón y Cataluña, aunque es cierto, como ya he dicho, que Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, participó muy activamente y con acierto en el reinado de Ramiro II siendo esposo de Petronila.

Y que sí que hubo un Rey, Alfonso II, que lo fue de Aragón y Conde de Barcelona, como también Marqués de Provenza.

Y esa, por lo que conozco, es la verdadera historia de Ramón Berenguer IV y el Reino de Aragón.

Y que no es necesario inventar falsas grandezas de Cataluña. Ramón Berenguer fue un catalán ilustre, un excelente legislador, que influyó de forma notable en la historia de su época.

Y que el título de “Príncipe de Aragón” fue una manera de definir a quien no era Rey, porque lo era Ramiro II, ni tampoco Rey consorte.

La ética y la estética de la destitución de Marcelino.

Yo soy muy aficionado al futbol, insisto “al futbol”, accionista del Valencia y con abono durante muchos años, que dejé de ir al campo cuando Paco Roig empezó a mezclar la velocidad con el tocino y quiso seguir el ejemplo del Barcelona con el eslogan de “fem valencianisme”.

Como siempre he sido partidario de diferenciar las cosas y enemigo acérrimo de que manipulen, pensé que me quedaba con el futbol, que he seguido a otros niveles y desde otros escenarios, y decidí dejar a Paco Roig con sus sueños de grandeza que nunca prosperaron.

Ahora el Valencia es propiedad privada  de un señor, Peter Lim,  que vive en la lejanía y que, seguramente, no ha entendido que siendo el futbol, como es, un negocio y teniendo como tiene el derecho de hacer lo que quiera con y en su propiedad, el soporte de su “negocio”, el “fondo de comercio” del club,  es una clientela muy atípica. Lo componen los seguidores de un equipo con mucha historia, y es bien sabido que el único vínculo que une a la propiedad y a sus clientes es la pasión y el orgullo.

Socios y seguidores que están siendo muy castigado por las últimas maniobras alrededor del entrenador y de Mateu Alemany, con el que formaba un gran equipo. Equipo que ha resultado muy molesto para el gran “hacedor-deshacedor” Jorge Mendes, el gran muñidor, junto con su socio Peter Lim, del negocio de los fichajes de futbolistas.

Y Marcelino, que tiene como virtud el amor a su profesión, su conocimiento del futbol y el buen manejo de las plantillas, tiene como defectos su tozudez y un amor propio tan impropio, valga la redundancia, en un mundo donde los entrenadores aguatan lo que no está escrito para mantenerse en el puesto.

Estoy seguro de que la plantilla está muy en contra de esta decisión, pero no tienen más remedio que acatarla y obedecer a un técnico sin ninguna experiencia y que, seguramente, será sumiso, sumiso, sumiso a “los de arriba” y que no cuestionará en absoluto los fichajes, aunque sean a coste desproporcionado y destinados a ser carne de banquillo. Que tenemos algunos ejemplos.

También lo estoy  de que surgirá la indignación popular de la afición, incluida las de los socios/simpatizantes de mundo empresarial, que no tienen derecho a abrir la boca porque ¿dónde estaba el capital valenciano cuando el Valencia se puso en venta? Mucho te quiero, perrito, pero pan “poquico”, diría mi abuela.

Y ¿que se puede hacer?: nada excepto aguantarse y esperar que los hados del futbol hagan el milagro de convertir el agua en vino y el Valencia resurja de sus cenizas, “resurget ex favilla”, y escale puestos en la tabla de clasificación hasta conseguir una plaza para Europa.

Si yo fuera socio mostraría mi disgusto no acudiendo al próximo partido. ¡qué espectáculo sería ver las gradas vacías y que “lección aprendida” para el tal Petel Lin que nos vino de tierras lejanas! Pero eso, naturalmente, no ocurrirá.

“Lacrimosa die illa”

El gran dilema de cómo ayudar a los migrantes por el Mediterráneo

Ninguna duda de que todo ser humano es igual a otro ser humano, y que los desfavorecidos del mundo tienen todo el derecho a intentar mejorar su calidad de vida para ellos y para sus familias.

Pero tampoco la hay en que todo esto está muy sobrado de populismo y muy falto de racionalidad y orden, porque el mayor enemigo de la verdadera integración es y será al “buenismo” insensato.

Y entre el “no pasarán” de muchos menos de los que parece pese a los ruidos mediáticos, y la política de puertas abiertas de otros, muchos menos de los que parece pese a los ruidos mediáticos, hay toda una gama de posibilidades, todas ellas difíciles,  algunas muy difíciles y, las menos, imposibles.

 Y lo primero es diferenciar las migraciones que se generan por  guerras o persecuciones, y las que se originan  por razones económicas.

Las primeras casi no tienen de que discutir: los que huyen de países en guerra o situaciones de gran peligro físico deben acogerse porque, si es cierto, los acogidos son los más interesados en retornar a sus países cuando la situación se lo permita, entre otras cosas porque es allí donde tienen sus raíces y sus pertenencias. Y a nadie se le puede negar ayuda cuando su vida corre peligro.

El problema está en “que hacer” con las personas que huyen de sus países buscando una mejora de su situación. Mejora e incluso supervivencia.

Hay quién dice que también estos están amenazados de muerte por inanición, pero solo es demagogia que, en lugar de ayudar, complican más la situación porque, por extensión, toda calamidad o miseria amenaza de muerte a los que las sufren.

No invento nada nuevo si digo que las mejores medidas serían actuaciones en origen, tanto favoreciendo la contratación en los países de mayor emigración, como ayudando a crear puestos de trabajo en estos mismos países fundando empresas privadas o mixtas. Pero el mayor obstáculo, casi infranqueable en muchos casos, es que se trata de estados fallidos o casi fallidos, donde no hay una autoridad reconocible, o con tal nivel de corrupción en los gobernantes más consolidados que imposibilita esta última opción.

Porque muchos de ellos no quieren ayudas en forma de industrias, quieren dinero para ser ellos los que emprendan las acciones necesarias que, casi siempre, son quedarse con las ayudas, por lo que esta opción solo sería viable en países como Marruecos, Argelia, y otros de perfil similar, donde también se pierde dinero por el camino, pero no tanto.

Otra actuación en origen sería informar a los habitante de la realidad europea y de lo que les está ocurriendo a la mayoría de sus compatriotas que han llegado a la supuesta tierra prometida, pero eso tampoco interesa a sus gobiernos que, en la mayoría de los casos, prefieren perder población y evitarse así problemas.

Pero como todo esto es muy complicado, continúan llegando pateras con sudafricanos, de los cuales un porcentaje importante, aunque solo fuera el 0,01%, se ahogan en el Mediterráneo.

Y aquí es donde está el meollo de la cuestión y donde todos, yo el primero, tenemos las mayores dudas.

Porque las redes nos hacen aparecer como asesinos declarados, pero todos sabemos que España, Italia, y todos los países ribereños están acogiendo sin problemas a los que llegan a sus costas o a los que ven en peligro en sus aguas jurisdiccionales.

Otra cosa es lo que hagan después con ellos, que es otra cuestión y también muy importante, pero es incuestionable que todos los días vemos en los telediarios lanchas de la Guardia Civil o de la Cruz Roja desembarcando gente de pateras en los puertos del sur. En España centenares cada día.

Pero muchos países, Italia especialmente, se niegan a que barcos de rescate, como el Open Arms, traigan a migrantes desde las aguas de Trípoli para desembarcarlos en sus puertos. Dicen, con cierta lógica, que con estas operaciones están favoreciendo el tráfico de seres humanos y enriqueciendo a las mafias.

Porque lanzar lanchas neumáticas repletas de migrantes para cubrir una distancia de pocas millas, es más barato que fletar barcos nodriza que las acerquen a las costas de España o de Italia.

Y así mejoran su negocio. En primer lugar porque el mensaje que lanzan a los subsaharianos es de “ahora es más fácil” porque os esperan cerca de la costa, lo que engorda el número de sus “clientes”, y en segundo porque los que vienen desde Libia paga, y pagan cantidades muy importantes, miles de euros, por la travesía.

Son por tanto los menos pobres de los desfavorecidos. No son los que tienen que buscarse la vida en las vallas de Melilla o tratando de cruzar por su cuenta el Estrecho de Gibraltar en balsas hinchables como las que usan nuestros hijos o nuestros nietos para jugar en la playa.

Y es ahí, del grupo de los “menos pobres entre los pobres”, de donde salen las grandes cifras de los fallecidos.

Y de ahí mi duda. ¿Debemos apoyar a los barcos rescatadores, o estamos complicando más una situación ya de por sí muy compleja?

Yo sigo con interés lo que está ocurriendo y, entre otras herramientas, localizo continuamente la posición real del Open Arms y del Ocean Viking por internet. El primero está ahora entre Lampedusa, Italia, y la isla de Malta. Más cerca de Lampedusa.

Y tengo clara, muy clara, la labor de Médico sin Fronteras en África, y colaboro con ellos,  que la que están haciendo en un barco rescatador como el Ocean Viking. Francamente no lo entiendo, y no es por falta de solidaridad, sino porque creo que muchas veces el remedio es peor que la enfermedad,

¿Están favoreciendo, o complicando más la situación? ¿Están salvando vidas o, por muchos que rescaten, se generan más muertes porque el tanto por ciento de los que emprenden la aventura ha aumentado por la información que reciben de los traficantes?

Y son temas demasiado serios para que vengan los solucionadores populistas de siempre a ponerme a caldo.

A los que, sin querer establecer comparaciones, y por reducción al absurdo. ¿Qué ocurriría si todos los españoles nos levantáramos con la intención de irnos a vivir a Álava?

Tendríamos derecho,  pero sería una situación indeseable, peligrosa, utópica y fuera de toda lógica. Aunque la razón fuera  que en el resto de provincias se hubiera declarado una sequía similar a la de las plagas de Egipto. Como ocurrió en la pos guerra con muchos habitantes del campo que migraron a las grandes ciudades creando infinidad de problemas y miserias humanas,  y dando origen al chabolismo actual.

Razonemos  y ayudemos a encontrar soluciones, que por pura lógica deben de partir de nuestra muy timorata e indecisa Unión Europea, que es la que debe encontrar el equilibrio entre acoger y regular.

Y dejémonos de soluciones fáciles y frases grandilocuentes, que ser un gran líder en las redes es la cosa más fácil y más barata del mundo.

Y aparquemos las tan cacareadas posturas “progresistas” que lo mismo sirven para recibir al Aquarius a bombo y platillo que para negar la acogida de los embarcados en el Open Arms.

Casi siempre acabo mis notas con una opinión clara que no daré en esta ocasión, porque ni tengo toda la información, ni  tengo todas las claves.

De lo único que estoy seguro es que así no podemos seguir.

Y, como he dicho antes, cosa diferente de la que no quiero hablar ahora, es lo que debemos hacer con los que ya han llegado a Europa, en general, y a España en particular.