Si los hijos no son de los padres, ¿Son de Usted, Señora Celaá? ¿Quizás de Pedro Sánchez? ¿O de Iván Redondo?

La Ministra Celaá ha vuelto a hacer una de las suyas, por encargo de la autoridad competente por supuesto, y ha dicho “No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres“. Y no sé por qué se han cabreado tanto algunos sectores de opinión, porque los hijos, efectivamente, no pertenecen a los padres. Claro que mucho menos al Estado, y todavía menos al gobierno de turno.

Los hijos no son de nadie. Son seres vivos autónomos, únicos e irrepetibles, que en algún momento tomarán decisiones y serán  dueños de sus propios destinos.

Pero como somos una forma de viva especialmente lenta en alcanzar madurez, resulta que alguien tiene que alimentarlos, limpiarlos, llevarlos al médico, acompañarlo cuando dan los primeros pasos o cuando suben por primera vez a una bicicleta de dos ruedas con rodines. Pero, sobre todo y sin ninguna duda, alguien  tiene que educarlos. Porque la misión de los padres, y es algo que siempre hemos entendido en mi familia y en otras muchas, es enseñar a volar a los hijos, y permitirles que vuelen. Incluso, mejor que permitirles que vuelen, animarles a que lo hagan.

He publicado bastante en mi blog sobre los deberes y obligaciones de cada una de las partes que acompañan a los niños en su crecimiento intelectual, y siempre lo he tenido muy claro: los padres son los responsables de educarlos, con ayuda de sus profesores, y los profesores son los responsables de formarles, con la ayuda de los padres.

Que el Estado, no el gobierno de turno, debe tener un marco de formación perfectamente definido que nunca debería alterarse por intereses políticos es una obviedad. De que ese marco debería estar ampliamente consensuado por nuestros responsable políticos no tengo ninguna duda.

Sabiendo que cuando hablo de educación me refiero básicamente a educar en valores y cuando hablo de formación me refiero a impartirles conocimiento y reglas de comportamiento social.  

Así que, Señora Celaá, su comentario no deja de ser una argucia. Una falsedad argumental. Un truco para llevar el agua a su molino y presentar la enseñanza pública y sus bondades como la única forma sensata y eficaz de impartir conocimiento. Y no le faltaría razón si no estuviera Usted detrás de las materias y los temarios. En sentido figurado claro, que no sería tan figurado si le permitieran redactarlos.

¿Recuerda Usted las bondades de la enseñanza pública en la dictadura? ¿Le parece bien la impartida en Cataluña o en el País Vasco? ¡No me irá a negar que son puro adoctrinamiento político! Y puede que en ambas autonomías, no lo sé, la religión sea una asignatura con peso.

Así que, Señora Ministra, a otro perro con ese hueso. O, empleando otro refrán, no nos quiera dar gato por liebre. Los únicos regímenes que yo he conocido que tutelaban a los niños, decidían que debían estudiar y donde debían hacerlo, fue en Rusia y las otras Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pero Usted, que yo sepa,  no es comunista. ¡Ah!, me olvidaba de quiénes son sus socios de gobierno actuales.

Lo que me llama la atención es que afirmen con tanta rotundidad que los hijos no son propiedad de los padres, cuando defiende a ultranza que los no nacidos son propiedad de la madre, que son parte de su cuerpo, y sobre los que pueden decidir  si viven o mueren según su libre albedrío.

Sé que no es exactamente lo mismo, ¿o sí lo es?

Otra cosa: supongo que es estrategia de Iván Redondo provocar varias controversias al mismo tiempo, porque es una buena estrategia. Una especie de bombardeo en racimo. Si tomas decisiones o propones medidas controvertidas una a una, es muy fácil que la oposición política y la opinión pública tomen partido y respondan de forma más o menos unánimes.

Pero si lanzas varias a la vez, especialmente si sabes que alguna de ellas va a gustar al PP y a Ciudadanos pero no a VOX y otras gustarán al PP y a VOX, pero no a Ciudadanos, pongo como ejemplo, estás creando cismas y divisiones que debilitan la contestación y confunden a la opinión pública.

Claro que solo es mi opinión, pero por si acaso no os dejéis engañar. Son temas diferentes que  merecen ser analizados por separado, y sobre los que debemos formarnos una opinión razonada, sin apasionamiento.

A mí me está dando mucho trabajo porque no hay día que no tenga que hacer algún comentario. Pero no se preocupe. Me gusta y me ayuda a mantener lamente activa.

Primeros pasos del nuevo gobierno. El nombramiento de la Fiscal General y, ¡por fin!, la culminación de la democracia.

Dolores Delgado es la nueva Fiscal General del Estado y visto desde fuera solo tiene dos posibles interpretaciones: o es un desatino, o responde a una estrategia de nuestro presidente para avanzar en su plan de invadir competencias del Poder Judicial.

Estrategia de invasión que en una primera fase, que empezó hace algún tiempo, consistió en descalificar con más o menos sutileza decisiones judiciales,  interpretar sentencias del Tribunal Europeo de forma falaz y mentirosa como si la justicia española fuera cuestionable o estuviera cuestionada, o afirmar que este tribunal rectifica con mucha frecuencia decisiones de tribunales españoles, lo que equivale, de forma subliminal, a poner en duda la calidad democrática de nuestra judicatura. Cuando todo ello es rigurosamente falso.

Puras mentiras.  En los temas relativos al “procés” no ha entrado porque nadie se lo ha pedido hasta el momento. Ni ha habido recurso de las defensas, ni solicitudes de aclaración por parte del Tribunal Superior de Justicia español. Por mucho que digan, repitan, aireen y propaguen los independentistas, los tribunales europeos no han puesto ningún reparo a este juicio, ni mucho menos se puede afirmar como se afirma que, de hecho, “es un  juicio nulo”.

En cuanto a la tan retorcida y tergiversada sentencia sobre la impunidad de Junqueras, emitida como respuesta a una consulta de nuestro Tribunal Superior de Justicia, solo dice que cuando estaba en prisión preventiva se le debería haber dejado ir a Bruselas a acreditarse, como se le permitió ir al parlamento español para inscribirse como congresista electo, pero que una vez condenado e inhabilitado, es el tribunal español el que tiene la competencia para decidir lo que se debe hacer de acuerdo con las leyes españolas.

Y eso es lo que se ha hecho, tanto en su condición de parlamentario de España como del Parlamento Europeo. Porque, contra lo que se da a entender, las elecciones europeas no son algo que controla y regula la propia comunidad como ente autónomo. La comunidad convoca las elecciones, pero son los países miembros los encargados de formar las listas y organizar las votaciones.

No son elecciones a la comunidad dirigidas y controladas por esta institución. Son elecciones para decidir, en España, quienes van a representar a nuestro país en Europa. Es decir, son elecciones españolas, y es nuestro país el que regula el proceso.

En cuanto a la otra gran mentira, es absolutamente falso que España sea una nación muy cuestionada por el Tribunal Europeo. Todo lo contrario. España es una de las naciones que menos sentencias en contra recibe, por debajo de la mayoría delos países más democráticos de Europa. Y como prueba irrefutable, repito un gráfico comparativo que ya publiqué en un artículo dedicado a comentar la situación de nuestra justicia en comparación con el resto de justicias europeas.

Información que, como es habitual, obviarán, ocultarán o tergiversarán los que deberían ser especialmente honestos con la información y muy agresivos defendiendo las bondades de nuestro sistema en lugar de tratar de emborronarlas por puros interese electorales.

En cuanto al nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General, sería un insensato si tratara de valorar su calificación profesional, pero en mi condición de español y votante, y a título particular, tengo muchas objeciones a su nombramiento

En primer lugar, y por aclarar las cosas, no es Sánchez el que la nombra. Es el consejo de ministros, compuesto por los vicepresidentes Pablo Iglesias, Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera y los ministros Alberto Garzón, Arancha González Laya, Carolina Darrias,  Irene Montero, Isabel Celaá, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos, José Luis Escrivá, José Manuel Rodríguez Uribes, Juan Carlos Campo, Luis Planas, Margarita Robles, María Jesús Montero, Manuel Castells, Pedro Duque, Reyes Maroto,  Salvador Illa y Yolanda Díaz.

No sabemos si fue una votación unánime, pero a falta de más información, todos y cada uno de estos señores y señoras son corresponsables de la elección, y también lo será de lo que la Señora Delgado haga en el ejercicio de su cargo.

En segundo lugar, porque habiendo sido Ministra de Justicia, dispone de información privilegiada que la descalificará para tomar decisiones según en que asuntos. Dolores Delgado no intervendrá directamente en ningún juicio, pero tiene poder y autoridad para decidir las líneas de actuación de la fiscalía en cada caso y podría maniobrar para acelerar, retrasar o quitar efectividad a la acusación de varias formas. Incluso aportando información obtenida en el ministerio, como ocurrió en otro tiempo con el juez Garzón.

No digo que lo haga, pero siempre que haya casos con carga política, no podrá evitar la sospecha de dirigismo.

Porque, a diferencia de los jueces, los fiscales no pueden ser recusados por los acusados, que no tiene más opción que aceptar el fiscal asignado al caso. La única posibilidad es que alguna de las partes de un procedimiento acuda al superior jerárquico del fiscal, y será este último el que tome la decisión. Pero ese superior seguirá formando parte de una cadena jerárquica y en última instancia, si el caso llegara al Consejo Fiscal, la opinión de los miembros no es vinculante y la última decisión la tiene el Fiscal  General del Estado.

En tercer lugar porque es militante del PSOE y una militante comprometida. La he escuchado opiniones sobre la exhumación de Franco, la iglesia y otros temas que podría haberse evitado. No por la opinión en sí, que tiene derecho a expresarla, sino por la vehemencia que ha empleado.

No es el caso, por ejemplo, de Margarita Robles. No pertenece al PSOE y además se ha limitado a gestionar con eficacia lo que le han encomendado sin sacar nunca los pies del tiesto, sino más bien todo lo contrario. El que haya aplaudido en el congreso cosas poco dignas de aplauso forma parte del lógico apoyo que debe prestar a quién le ha confiado una cartera. Como ocurrió con Josep Borrell, el anterior ministro de exteriores. A estos sí que se les podría comprar un coche usado.

En cuarto lugar porque ha sido una ministra recusada tres veces en el parlamento por sus conversaciones con el comisario Villarejo y otros personajes poco recomendables, en las que apoyaba, o parecía apoyar, prácticas ilegales y reprobables para obtener información. Y en las que decía haber visto comportamientos denunciables de otros miembros de la judicatura que no denunció.

Nunca se debe juzgar la ideología ni las actitudes personales de los criticados, pero en este caso se trata de conversaciones mantenidas en un entorno público, aunque nunca debieron haber sido grabadas. Es algo que puede ocurrir cuando uno se junta con malas compañías.

Y hay un tema que me preocupa especialmente, y esto es un elucubración. Se ha comentado alguna vez que las instrucciones judiciales deberían llevarlas los fiscales y no los jueces. Los jueces serían los que presidieran los juicios orales y dictarían sentencia una vez analizadas las pruebas aportadas por los fiscales y los descargos de las defensas.

Es una práctica que funciona en otros países y que a mí me parece muy bien.

Leído en LegalToday.- El procedimiento penal español cuenta con un modelo de instrucción judicial en el que el juez de instrucción es el órgano encargado de dar inicio al proceso, de dirigir la instrucción y de resolver mediante decisión judicial los asuntos penales.

Sus funciones han estado tradicionalmente ligadas a la búsqueda de indicios sobre la realidad del hecho investigado, su eventual carácter delictivo y la identificación de posibles sujetos responsables, según establecen los artículos 299 y 777.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Él es el director de la fase de instrucción y lleva a cabo la investigación de forma abierta para las partes (ministerio fiscal, acusaciones particular y popular, y defensa), que tienen acceso a las actuaciones en todo momento, salvo cuando se hubiese decretado secreto de sumario por razones tasadas.

Sin embargo, si hacemos un análisis de cómo se tramita esta fase del procedimiento en derecho comparado, en la mayoría de los países, el Ministerio Fiscal tiene un papel fundamental y, en muchos  se le encomienda a él la propia instrucción.”

Y, dada mi mentalidad “conspiranoide” que me ha permitido escribir alguna novela, ¿Qué pasaría si algún día se aprueba en España que sean los fiscales los que llevan la instrucción siendo la fiscalía un organismo jerárquico que depende del Fiscal General, nombrado por el Gobierno?

Si la instrucción la llevan los fiscales y si se están limitando las acusaciones particulares (lo que me parece muy bien porque la mayoría solo sirven para enredar y alargar los juicios), puestos en lo peor, sería el gobierno de turno, el Ejecutivo, quién  determine a quién encausa y a quién no, y los niveles de acusación aplicados en cada caso.

No olvidemos que, por lo que yo sé,  un juez no puede incoar una causa si no hay un fiscal que acuse.

Este supuesto significaría la desaparición de la democracia España, porque una de sus señas de identidad, sin ningún paliativo,  es la separación de poderes.

Esa democracia que nuestra muy querida Carmen Calvo reinaugura cada dos por tres. Como los políticos de bajo nivel que inauguran una carretera varias veces bajo el truco de hacerlo por tramos.

Usando su propio lenguaje coloquial, “no, bonita, no”. La democracia quedó instituida sin ningún tipo de duda el día que se aprobó la Constitución, concretamente el treinta y uno de octubre de 1978. Naturalmente se necesitaba desarrollar y aprobar leyes, como se ha hecho en todos estos años y como se seguirá haciendo en el futuro.

Porque la democracia, querida vicepresidenta, necesita una actualización continuada y una adaptación a los tiempos y a las demandas de la sociedad a la que sirve. Y esa es la misión fundamental del Poder Legislativo: mantenerla “al día”.

La democracia no llegó a su totalidad, como ustedes dijeron,  con la exhumación delos restos de Franco, que no dejó de ser una pura anécdota que solo interesó, como se ha demostrado, a los que carecen de imaginación para generar propuestas constructivas. Y ayer, “bonita”, dijo más o menos, que la formación de un gobierno plural era la “culminación de la democracia”. ¡Se necesita morro! La democracia nunca está consumada. Como he dicho antes, es un ser vivo que necesita muchos cuidados y la protección de los ciudadanos. Porque siempre corre el riesgo de enfermar, incluso de morir.

Y ejemplos de democracias degeneradas y muertas los tenemos a montones en Alemania, Italia, Venezuela y tantos otros países donde los  gobiernos llegaron al poder ganando elecciones, y acabaron actuado como dictaduras.

Ya hace muchos años, querida vicepresidenta, que los españoles votamos y lo hacemos libremente. Incluso, si me apura, estas elecciones han sido un retroceso en la historia de nuestras buenas prácticas democráticas porque el ganador, el Señor Sánchez, mintió descaradamente en su campaña electoral.

Y si usted llama “culminar la democracia” nombrar a una Fiscal General claramente partidista y muy poco de fiar en cuanto a su objetividad, que venga Dios y lo vea, como diría alguno de mis antepasados.

Y, ahondando más en lo absurdo de la situación actual, la de “su” democracia, hemos sabido que Iván Redondo, el “hacedor” del último Pedro Sánchez, ha pasado a ser un super manejador de todo, en un puesto de muchísimo poder y sin ningún control parlamentario. ¡Muy democrático!

De lo que no culpo al Señor Redondo, mercenario de a sueldo de quién le pague o le haya pagado, dicho con todo respeto y sin segundas porque es un buen profesional, que jugando, jugando ha conseguido una posición inesperada y fuera de los esquemas tradicionales. Porque ya no es un asesor. Es una persona que toma decisiones de mucha relevancia. Una especie de Rasputín.

Claro que los “rasputines históricos” solo han existido cuando los que tenían el poder eran personas de poco nivel y exigua capacidad para pensar por ellos mismos. Conozco la trayectoria del Señor Redondo y es una persona muy inteligente, pero es un politólogo sin ideología. Un profesional, repito, que ha trabajado para varias formaciones políticas de derechas o de izquierdas hasta dar en la diana. Muy inteligente, pero tampoco me parece un genio.

Pero, por lo que se ve, más inteligente que su asesorado si tanto le necesita y tanto poder le ha concedido.

Y un ligero apunte sobre nuestro flamante nuevo vicepresidente, el Señor Iglesias, al que ayer escuché en la entrevista de Antena 3. Entrevista en la que se desdijo de casi todo lo que había dicho en los últimos años y en la que mostró un talante mentiroso y mitinero impropio de su nuevo cargo.

Porque afirmó, siendo totalmente falso, que el tribunal europeo había “humillado” al supremo de España y que, muy defensor de lo nuestro él, afirmó sin ninguna duda que la justicia española, de tan poca calidad, debía estar sujeta a la autoridad de las instancias europeas. Y si esta última fase no la dijo en su literalidad, lo dio por sentado y sin ninguna duda.

Sin embargo cuando se le preguntó como encajaría la Comunidad Europea los planes de suprimir la reforma laboral, afirmó con toda energía que cada país es soberano para tomar las decisiones políticas o sociales que estime conveniente.

A eso se llama coherencia.

Pero no se trata de extenderme aquí tratando de analizar la postura y las actitudes del Señor Iglesias, político de mucho nivel por cierto,  porque se merece un comentario exclusivo. Conociendo su ideología, comunista, y sus referentes, Cuba, Venezuela y naciones similares, será muy interesante observar cómo se maneja en una España con una democracia representativa consolidada, socio de una Comunidad Europea democrática, que no permitió veleidades a la Grecia de Alexis Tsipras, ni a la Italia de Matteo Salvini. Y que está parando los pies al gobierno polaco en su intento de controlar al Poder Judicial de su país.  

Espero que le resulte tan inútil como a esos competidores de fiestas populares que tratan de trepar sin ayuda postes engrasados para alcanzar el premio colocado en la parte superior. Normalmente, y espero que este sea el caso, acaban dándose un buen batacazo. Batacazo político naturalmente.

“Investidura habemus”. ¿Y ahora qué?

Estos días hemos asistido a una sesión de investidura y, como suele ser habitual, los líderes políticos han exhibido sus peores galas en un espectáculo para la galería, para sus votantes y para nosotros en general, porque para efectos del resultado y salvo que se produjera algún accidente,  el pescado ya estaba vendido.

Todo el mundo sabía quién iba a votar “sí”, quien votaría “no” y quienes se abstendrían. Incluso se daba por hecho que había un plan “B” preparado para el caso, por el que alguna de las abstenciones podría convertirse en “sí” en caso de que fallara algún voto positivo.

Y después de la votación nos encontramos con una situación casi disparatada a la que nos ha llevado Pedro Sánchez, personaje tan desconcertante que es casi imposible juzgarle en la actualidad. Es posible que, como parece, lo suyo es pura ambición, o que sea un iluminado como lo fue Zapatero que cree que con todas estas idas y venidas podrá solucionar todos los problemas de España y pasar a la historia como un genio de la política.

Aunque, por los signos externos y por la vacuidad de alguna de sus actitudes, (viajes internacionales innecesarios para promocionarse, uso impropio del Fanton y de los otros medios de transporte de la presidencia entre otros), más parece un megalómano que un estratega.

Sánchez no ha sido el que ha provocado los problemas del  independentismo, de la falta de adaptación de su partido a los cambios sociales, de la parte negativa de las medidas que se tuvieron que tomar para salir de la crisis (menor calidad de los empleos, brecha salarial, casos de corrupción de políticos, de partidos, de sindicalistas, de la cúpula de los nacionalistas, etc.), pero  los ha utilizado en su favor y en perjuicio  de los españoles, a los que ha enfrentado de forma innecesaria para buscarse coartadas para sus propuestas y contrapropuestas.

Y con sus acuerdos con el enemigo natural del socialismo, el comunismo, porque los demás son adversarios, ha acelerado un posible derrumbe de su partido, prácticamente desaparecido, y, lo más grave, está dando una imagen de debilidad de las instituciones.

Debilidad aparente porque las instituciones están ahí por mucho que se afirme que están superadas, como afirman los mentirosos interesados por boca de los independentistas, los  comunistas, o Bildu y el resto de los enemigos declarados de  la nación.

Porque por mucho que se les llene la boca de falsedades sobre la subordinación de la justicia a la política, dicho en una nación que ha encarcelado a un yerno del Rey o ha encausado a dirigentes del PP cuando estaba en el gobierno o, la versión contraria, que la justicia está entorpeciendo a la política es un auténtico freno para el “progreso”.

Mi artículo anterior, en el que decía que la vida sigue, pretendía defender la necesidad imperiosa de que los ciudadanos no entremos en ese terreno enfangado al que nos quieren arrastrar. Deberíamos mantener la calma. Criticando lo que consideremos inadecuado, pero votando en positivo, a la mejor opción según nuestra forma de pensar, y no “contra” nadie.

Es inútil, tóxico y muy peligroso. Y además ya tenemos experiencia histórica de que esa actitud, alentada por los que generan opinión en la política o los medios de comunicación, codujo a la nación a un desastre que duró años de sangre, y una dictadura.

Y no digo, ni mucho menos, que estemos en una situación pre bélica porque ese supuesto es totalmente imposible por mucho que lo rumoreen los de la derecha más radical. Hemos avanzado mucho culturalmente y somos miembros de dos bloques de integración supranacional, la Comunidad Europea y la OTAN, que facilitan el diálogo interno como facilitan el de las naciones.

Lo que quiero decir es que si en la España de 1936 no se hubiera producido una rebelión militar se hubiera evitado le guerra civil y el consecuente derramamiento de sangre, pero no la miseria, ni la violencia social, ni el afianzamiento delas “dos Españas”, ni la lucha de clases entendida como la que entonces se producía, ni el anarquismo revolucionario que nunca ha acabado bien en ninguna parte.

Es decir, que tarde o temprano alguno de los gobiernos se habría visto obligado a tomar medidas excepcionales dentro de la legalidad,  como ya había ocurrido con la dictadura de Primo de Rivera,  cuando se reprimió con tanta dureza la rebelión de Asturias, las “sanjuanadas”o las otras  rebeliones y pronunciamientos de los últimos siglos.

 Y cuando digo que necesitamos normalidad ciudadana es porque al aumento de impuestos que se avecina, los intentos de aprobar leyes “progresistas” e innecesarias, al aumento del paro inevitable y la amenaza de pérdida de inversión del capital internacional y de pérdida de calidad de la gran protección social que tenemos en España serán una realidad, pero  siendo muy grave, tiene solución como siempre la ha tenido. A gobiernos despilfarradores les siguen gobiernos austeros, que también nos haces sufrir, pero eso solo afectará a la pérdida de calidad de vida. Y estando como estamos en un país democrático, es prácticamente inevitable porque los que gobiernan lo hacen porque les hemos votado.

Lo peligroso, lo muy peligroso, son las decisiones políticas y las concesiones del gobierno central a los chantajistas de siempre: El PNV en primer lugar aunque parezcan menos peligrosos, los independentistas catalanes y los partidos minoritarios que han apoyado a esta legislatura.

Porque la experiencia dice que las concesiones transferidas por gobiernos en debilidad, como la de prisiones en Cataluña o la que se puede producir con la Guardia Civil de Tráfico en Navarra, nunca se recuperan. Las conceden  gobiernos débiles y las mantienen gobiernos cobardes.

Porque la moneda indiscutible de la política actual, el motor que mueve a los dirigentes, es el voto y su cotización las encuestas. Ni intereses de país, ni bienestar de la ciudadanía ni nada de nada.

Todo por el voto.

Y ¿qué barbaridades hará en nuevo gobierno? En mi opinión pocas y casi ninguna de calado. Simplemente porque no podrán.

Apaguemos las televisiones y las emisoras de radio por un momento. Desconectemos los móviles y los terminales que permiten el acceso a la redes. Mantengamos el silencio mediático y pensemos, una facultad de los humanos que utilizamos cada vez menos. Es más  fácil que otros “piensen por nosotros”

Y nos daremos cuenta de que cualquier loco que intente cambiar las reglas de juego que nos dimos en la transición se encontraría con los siguientes obstáculos:

La parte de la Administración Pública responsable de controlar a los gobiernos y las instituciones nacionales y autonómicas

Es una primera barrera compuesta por juristas gestores o interventores que informan de las posibles irregularidades de los gobiernos o de las cámaras legislativas. No tienen poder ejecutivo, por lo que son muy fáciles de superar porque el atenderlos depende de la voluntad de los afectados, como ocurrió en el caso de los ERE de  Andalucía, donde se evidenció que el gobierno de la junta ignoró los informes de los interventores, o en el Parlamento de Cataluña, que tomó decisiones contrarias al consejo de sus letrados.

Las leyes españolas, que se activan por denuncia de parte o por iniciativa de las fiscalías. Y tenemos un caso de ayer mismo. El Tribunal Supremo, ese que minusvaloran los independentistas, ha sentenciado que Junqueras no puede ir a Bruselas a recibir el acta de parlamentario de la Comunidad Europea.

Otra noticia de este mismo momento: la Comunidad Europea ha dado la razón al Tribunal Supremo en este asunto.

Y, con toda seguridad el Juez Instructor del “procés” presentará un suplicatorio en la Comunidad Europea, si no lo ha hecho ya, pidiendo la extradición de Puigdemónt y Comin. Y seguro que la concederán.

Y bajo su control, los muy prepotentes dirigentes de Cataluña, todopoderosos en su autonomía, que han sido juzgados por el Tribunal Supremo se ponían de pie o se sentaban cuando el Juez  lo ordenaba. Y los testigos, algunos muy gallitos al principio, también. Y doy constancia del hecho porque pasé muchas horas siguiendo este juicio.

Es decir: la justicia prevaleció sobre los intereses políticos de la Generalitat y del propio gobierno.

La Constitución, que es el marco de la convivencia de nuestra nación. Para modificarla se necesita la aprobación de tres quintos de la cámara, y esto sería prácticamente imposible sin un consenso de los grandes partidos.

El gran error del Legislativo ha sido no desarrollarla para ajustarla a las nuevas situaciones o a las que se pueden presentar en un futuro, como ocurrió en su día con el artículo 155. Este artículo mantenía el concepto de violencia como violencia armada, cosa innecesaria en este momento porque se puede controlar una nación o una autonomía sin necesidad de la fuerza.

Cataluña, por ejemplo, no necesitaba enviar tropas a la televisión y a las emisoras porque ya las controlaba, y la presión de los grupos violentos, las actuales kale borrokas, son una de las formas de la violencia actual.

El Tribunal Constitucional, que es el que interpreta la Constitución en caso de consultas de parte, o que actúa de oficio en algunos supuestos.

La Comunidad Europea que no solo exige que los presupuestos de los países se ajuste a las normas comunitarias para evitar desmanes económicos, sino que interviene en casos de excesos de poder de los Ejecutivos. Como es el caso actual de Polonia, donde el gobierno pretende ser quién nombre a los jueces invadiendo competencias y eliminando uno de los poderes de los estados.

Pretensión que está insinuando Podemos, siguiendo el modelo de Venezuela, donde los jueces no tienen autonomía en sus sentencias. Podemos no ha llegado tan lejos como Polonia, pero ya está lanzando mensajes sobre el bloqueo a la democracia de los jueces fachas y sobre “otras formas” de nombrar a jueces. ¿Si son militantes de Podemos, por ejemplo?

El tribunal de Justicia de la Unión Europea, que es la última instancia en la cadena de recursos. En el caso del juicio del “porcés”, por ejemplo, no entrará a juzgar las leyes de cada país porque se entiende que todos ellos son democráticos, y en la práctica solo comprobará que la sentencia se ajusta a dichas leyes.

Algo parecido es lo que ocurre con el Tribunal de Derechos Humanos, que tampoco entra  juzgar las leyes de los países. Solo comprueba si se han respetado las garantías procesales de los acusados y que en los juicios no se ha coaccionado a los testigos, por ejemplo.

¿Alguien cree de verdad que el gobierno actual podrá saltar todas estas barreras? Es absolutamente imposible.

Es más, yo no creo que ni siquiera lo intente. Mi opinión es que este presidente  camaleónico y embaucador que ha engañado a casi todos los partidos en los últimos años, también engañará a sus socios. A los catalanes diciendo que “lo he intentado pero ya veis que no he podido”, y a Podemos, como ya está ocurriendo, limitando sus competencias.

Si es cierto lo que se dice, va a nombrar a Yolanda Díaz ministra de trabajo, y a José Luis Escrivá ministro de Seguridad Social. De esta forma saca del actual Ministerio de Trabajo Migraciones y Seguridad Social la parte “gorda”, la Seguridad Social, que pasa a depender de un Ministerio de Seguridad Social, asignado a un socialista, y otro de Trabajo para Podemos.

Y hoy se ha sabido que crea una cuarta vicepresidencia, lo que resta protagonismo a Iglesias. Es evidente que está dejando sin contenido a las carteras de Podemos.

Y que, manteniendo a algunos de los ministros con más capacidad de gestión y de su entera confianza en las carteras económicas, creará un auténtico cortafuego que evite veleidades en España y sanciones de la Comunidad Europea.

No sé lo que le durará el invento, pero tiene es muy de Sánchez intentarlo. Y no me extrañaría que dentro de unos meses esté llamando a la puerta del PP y de Ciudadanos para negociar un pacto que “salve a España de comunistas e independentistas”.

Que cuajo, tiene.

Esta es mi opinión e insisto que nosotros, la ciudadanía, debemos estar tranquilos porque en nuestra situación actual nadie puede romper la fortaleza de las instituciones que nos hemos dado y que tan bien han funcionado hasta ahora. Nos va a costar dinero y sacrificios personales, eso sí, pero si todo esto sirve para reconducir las malas prácticas democráticas de los políticos que dirigen el país y para que los electores nos preocupemos un poco más de la política real en lugar de perseguir quimeras y apoyar a los que nos piden el voto si no explican claramente para que lo utilizarán, habrá valido la pena.

Necesitamos una catarsis que no se producirá si no entendemos la magnitud de la amenaza y de la crisis política y social a la que nos enfrentamos.

Investidura habemus, repito, aunque la fumata no ha sido blanca. Ha salido un humo multicolor que puede confundir a muchos españoles pensando que es  un signo positivo: progresismo, ecologismo, alegría, esperanza. ..

Pero no nos confundamos. Es un humo confuso que esconde peligros desconocidos, y que camufla a grupos tan peligrosos como Bildu, el PNV y los independentistas catalanes.Gracias a los que me habéis entendido y también a los que me “habéis reñido” por el artículo anterior. Eso quiere decir que leéis lo que publico. ¡Tengo seguidores!

Sorpresa. Hemos tenido una investidura y la gente ha salido a la calle para seguir con su vida normal

Terminó la investidura, y los medios de comunicación audiovisuales, la prensa, las tertulias y las redes sociales han comenzado a bombardearme/nos  con mensajes sumamente alarmantes: “la izquierda dice que la derecha quiere dar un golpe de estado”, “la derecha dice que la izquierda ha dado un golpe de estado”, “hoy empieza una etapa de miseria, paro y de retroceso económico”,  “los independentistas catalanes fuerzan la ruptura de España”, y así muchos otros a cual más catastrofista.

Pero me he asomado a la ventana y veo que los padres o los abuelos llevan a los niños a una guardería que tengo enfrente de mi casa como hacen cada día, y que la gente camina por las aceras como caminaba ayer.

He ido a comprar unas medicinas en la farmacia, a la panadería, y a una tienda de Mercadona y he podido comprobar que la gente retiraba sus artículos de las estanterías como si nada pasara. Unos iban a lo suyo, otros sonreían y se saludaban  y yo mismo he hablado con las cajeras y con algunos clientes que conocía.

He almorzado en un bar, como tengo por costumbre, y lo único sobresaliente eran los titulares del periódico que suelo leer mientras me comía el “bocata” acompañado por una cerveza y unas aceitunas.

A la hora del café he intercambiado algunos comentarios sobre política y sobre el partido de futbol  de ayer con el dueño del bar y con otros clientes. Cuando digo política me refiero más bien a la forma de hacer política y de algunas previsiones de futuro, con mejor o peor cara según la ideología de los que participábamos en los comentarios. Más enfáticas que otros días, por supuesto, pero dentro de la normalidad. Como cuando  juega el Valencia contra el Real Madrid, o contra el Levante, por ejemplo.

En mi caso y como siempre que hay elecciones, opino y bastante, antes de la votación o, según resultado, antes de la investidura. Pero una vez investido el presidente, sea o no de mi agrado, siempre he acatado los resultados y considerado que los gobiernos de turno, hayan sido elegidos de la forma que fuere, son legales y no admiten discusión.

Y, siguiendo el argumento de los párrafos anteriores, esta situación y salvando las distancias, me ha recordado los tiempos de la famosa “Radio España Independiente, la Pirinaíca”, que nos relataba que las calles de Valencia ardían en manifestaciones antifranquistas y a favor de la democracia, cuando el único ruido que se escuchaba en la mía era el de los pocos coches de entonces y el traquetear delos tranvías de la época.

Volvemos a sufrir el eterno contraste entre el mundo real y el Matrix de la información interesada.

Porque todos los que he citado, los de la guardería, los de la farmacia, los de Mercadona o los del bar, hemos votado a formaciones diferentes, pero no nos señalamos con el dedo cuando nos encontramos cara a cara, ni lloramos por las esquinas, ni tenemos nada que temer los unos de los otros. Todo lo contrario, tengo la seguridad de que si necesitara ayuda de alguno de ellos me la prestaría sin reparos, como yo  la prestaría a cualquiera de los que me la solicitara sin preguntarle previamente a quién había votado.

Aunque no deja de ser un hecho que estamos muy divididos y, quizás, bastante desconcertados y carentes de formación “en política real”.

En las últimas elecciones hemos votado 23.375.705 españoles y, de ellos,  10.297.472, el 44,05 %,  lo hemos hecho a partidos de lo que se llama derecha, 9.903.641, el 42,37 %,  a partidos de izquierda, 2.415.602, el 10,33 %,  a partidos independentistas, y otros 758.990, el 3,25  %,  a otros partidos de distinta ideología.

Y que si en lugar de ordenar el resultado por bloques de ideología los agrupamos  por constitucionalistas y anti constitucionalistas, la inmensa mayoría se incluirían en el primer bloque. No digo que el resultado sea el 86,42 % (44,05+42,37), porque en el bloque de la izquierda hay partidos que no los son, o no lo son la totalidad de sus votantes, pero sí una mayoría muy significativa.

Y no hay la más mínima posibilidad, señores pregoneros de la desgracia,  de que 10.297.472 españoles, prácticamente la mitad de los electores, seamos fachas o queramos dar golpes de estado, o defendamos el capitalismo, la banca, el recorte de la sanidad o de las pensiones, seamos racistas, xenófobos, antifeministas y no sé cuantas cosas más, por mucho que lo repita la minoría del “otro bando”, entre los que cuento con grandes amigos.

Ni tampoco que  9.903.641 quieran romper España, abrir las puertas del país a los migrantes sin ningún tipo de control, romper la Constitución, salirse de Europa, no controlar el déficit,  o proclamar la república.

Sobre los 2.415.602 independentistas vascos y catalanes no opino porque ya lo he hecho  en repetidas ocasiones.

Y si todos sabemos que todo lo que nos cuentan tiene mucho de ficción, de falsa realidad montada por voceros enfervorizados o por los interesados en crispar y dividir.  ¿Por qué muchos españoles creen en la veracidad de lo que pregonan? No se entiende muy bien porque, a  poco que se les atienda, se evidencia la falsedad, la exageración o la falta de consistencia de lo que dicen o de los datos que aportan.

La mayor amenaza para la convivencia de los españoles y el ejemplo más paradigmático es la sociedad catalana, lo crean los políticos “que mandan”, por intereses personales o partidistas. También  los medios de comunicación buscando sus intereses económicos en forma de audiencias, la única forma clara de captar publicidad. Sus  otras fuentes de ingresos, más oscuras en muchas ocasiones, son las  subvenciones y la propaganda institucional que, en demasiadas ocasiones y muy especialmente en las autonomías, suelen generar afinidades indeseadas y compromisos poco transparentes.

Y, en menor medida, los forofos intransigentes que existen en todas las formaciones. Una exigua minoría en tanto por ciento sobre el total de la población, pero que hacen mucho ruido por la cantidad de mensajes que lanzan cada día.

Eso si no son máquinas repetidoras de mensajes políticos desde Rusia, China o de cualquier otro lugar del mundo

Y cuando hablo de “políticos” me refiero exclusivamente a las cúpulas de los partidos y a los que forman gobiernos nacionales o autonómicos. En ningún caso quiero aludir a los muchos  miles de alcaldes y concejales de ciudades medianas o pequeñas que están trabajando día a día por sus municipios, o por los que lo hacen desde otros estamentos con el mismo desinterés personal o económico.

Políticos, los del primer grupo,  que ya no se conforman con que les votemos por su oferta de gobierno, que se supone que “es la mejor”.   Buscan anclar, fidelizar nuestro voto y para ello, repito, no es suficiente presentarnos una oferta, que suele ser escasa, muy confusa y con poco sustento presupuestario.

Necesitan despertar entre nosotros la necesidad de que  “nos protejamos” de las maldades de “los otros”. Otra vez el enemigo exterior. El “yo o el caos” que tapa tantas mentiras y crea tanta división entre los españoles. Si atendemos al resultado de la investidura, exactamente la mitad de los españoles contra la otra mitad.

Vamos en retroceso porque una parte delos votantes españoles, como ocurre en la mayor parte de los países europeos, se regían más por razones sociológicas que ideológicas, bajo la fórmula de que si el gobierno lo ha hecho bien le repiten el voto, y si lo hace mal votan a la oposición. Queda, como no, voto por ideología, pero cada vez es menos escaso.

Y digo que hemos retrocedido porque nunca como hasta ahora y desde la transición, había reaparecido con tanta fuerza la idea de  las dos Españas. Las que reflejaba tan sentidamente Antonio Machado cuando decía

“Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón”.

Es lo que pretenden y están consiguiendo algunos dirigentes de partidos, auxiliados muy eficazmente en esta nefasta misión por sus asesores, tan revalorizados, influyentes y responsables de lo que ocurre, esperando que nosotros  entremos al trapo convirtiendo lo que debería ser el apoyo a una determinada oferta política o social, en una protección contra los monstruos que podrían gobernar si no les cerramos el paso.

Lo que significa cambiar decisiones objetivas por forofismo puro y duro. Cuando hasta en el futbol está en decadencia.

Con todo lo anterior  pretendo demostrar que, en mi opinión, los ciudadanos de a pie tenemos mucho más asumido el concepto de lo que es una democracia que nuestros propios representantes. Los que no ven más allá de sus intereses y que han olvidado que una de sus obligaciones es ejercer una pedagogía que facilite las decisiones de los votantes en lugar de enredar y confundir.

Nosotros no hacemos ni trucos ni trampas. Simplemente depositamos una papeleta en una urna.

No es que la hayan olvidado. Es que la han sustituido por actitudes y estrategias revolucionarias tan antiguas como dañinas. Y esto debe acabar.

Pedro Sánchez es el  presidente de un gobierno coaligado con Podemos y con el apoyo en su investidura por independentistas y extremistas. Es lo que hemos decidido los votantes, aunque sea de forma indirecta porque no hemos sabido toda la verdad, y es un gobierno legal. Sin ninguna duda.

Y me queda la esperanza, casi la seguridad, de que los hechos acaecidos en los últimos años servirán de lección a los políticos honestos, que también los hay, y para nosotros, los votantes, últimos responsables del desgobierno y la paralización que hemos sufrido hasta este momento.

Los que son “mayoría silenciosa” o los que prefieren, como ocurría en la dictadura, no mojarse, no “entender de política”. Y con esto no sugiero que actuando de esta forma ganará la derecha. Digo que, gane quien gane, lo hará porque los votantes han decidido su voto conociendo las consecuencias, buenas o malas, de la decisión.