La Cruz de Piedra

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Cuando el Sargento Contreras recibió el aviso de que se había producido un incendio en la casa de un amigo, estaba lejos de suponer que aquel suceso ocasional le obligaría a una investigación compleja en la que se mezclaban hechos ocurridos en 1307 con intrigas y conspiraciones arrastradas durante siglos hasta nuestros días.

Tampoco Ignacio tuvo consciencia de las alarmas que disparó al descubrir casualmente la carta manuscrita de Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple, en la Abadia de Cluny.

La novela le permitirá acompañar a Lorenzo y a Ignacio en sus investigaciones, y le desvelará claves que solo el lector puede conocer.

La trama incluye una ficción sobre la Orden Templaria, pero no es un libro de “templarios”. Se citan, sí, algunos hechos históricos, pero arranca desde una fabulación que nunca sucedió. O eso creo.

Lorenzo Contreras sí que existe. Es cualquiera de los responsables anónimos de la Guardia Civil que trabajan por nuestra seguridad.

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Enlace a la editorial: Amazon – Versión kindle y tapa blanda

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Una aclaración:

En la novela “la cruz de piedra” figura como ilustrador de la portada Ramón Vicent Pascual cuando su nombre es Vicent Ramón Pascual. Quiero aclarar que es un error mío y no de la editorial, porque esa fue la información que les proporcioné. Espero que se corrija en futuras ediciones.

País de miserias, o las miserias de este país. Juan Carlos I

Como no entiendo nada, voy a escribir lo que pienso y luego intentaré comprender lo que escribo.

Tenemos a un ciudadano, Juan Carlos de Borbón, el que fue Juanito para los íntimos, que cometió errores importantes, mucho más importantes teniendo en cuenta su relevancia nacional y por los que tuvo que abdicar, dar cuentas a Hacienda, tener que salir del país para no perjudicar la imagen de la monarquía y sufrir penas de telediario y persecuciones sin cuento por parte de gente interesada en amplificar lo que había hecho para favorecer objetivos políticos o, simplemente, para tratar de conseguir tiradas de prensa, carnaza para las tertulias radiotelevisivas u horas de emisión en las cadenas de televisión. Es decir: intereses espurios y/o negocio.

Y no me refiero a lo que fue noticia, que debía difundirse, sino a las especulaciones y juicios de valor de personas interesadas o, simplemente, deseosas de obtener notoriedad ante según que audiencias.

Pero también existe, sigue existiendo, la figura de Juan Carlos I, anterior Jefe del Estado, que ha prestado servicios impagables a España en la gestión de la transición y en otras muchas ocasiones en las que ha actuado como moderador de tensiones, freno de intentos de golpe de Estado o impulsor de iniciativas positivas para la nación. Y que supo actuar por todo el mundo como la imagen de la España nueva, moderna y dinámica, que fue modelo por la forma de pasar de una dictadura a una democracia.

La primera y más poderosa “marca España” que abrió muchas puertas que teníamos cerradas y nos facilitó muchas posibilidades impensables muy poco antes.

No digo que fuera el único motor de la transición, ni tampoco el que consiguió cambiar la imagen de España en el exterior, pero afirmo y no me equivoco, que sin él nunca hubiéramos conseguido la democracia de una forma tan natural como la conseguimos. Sin ninguna duda.

Porque Juan Carlos estuvo desde el principio en el grupo que preparó la transición durante años y, siendo ya Jefe del Estado, el que destituyó a Arias Navarro, incapaz de avanzar en la reforma necesaria, y nombró en su lugar a Adolfo Suarez, otra pieza importante de la transición, aunque se incorporó al grupo muchos años después.

Pues bien. Llegados a este punto resulta que grupos y partidos supuestamente poseedores de la verdad y la rectitud, entre ellos muchos miembros del gobierno, que nunca, nunca, hicieron nada por su país y que fueron votados, si, pero gracias a que lo permitió una Constitución redactada y aprobada por sus padres o sus abuelos, se consideran moralmente capacitados para decir, entre otras cosas, que el Rey Juan Carlos I no puede alojarse en la Zarzuela.

Personajes como un tal Baldoví al que no se le conocen hazañas, ni grandes ni pequeñas, pero que ha sabido culebrear hábilmente para vivir a costa del erario público, sin más méritos que soltar de vez en cuando una frase supuestamente ingeniosa para destacar que él no es como los demás, siendo “los demás” los votantes de partidos de centro o de derecha, incluso el mismo Rey Emérito. Y seguramente es cierto que no es como los demás, porque, a diferencia de la mayoría de los españoles, siempre ha vivido de la sopa boba y con privilegios que yo nunca he tenido.

Y me centro en él porque se ha permitido decir de alguien que llenará muchísimas más páginas de la historia de España por lo que ha hecho bien que las que él llenará, si es que hay alguien fuera de su familia que le recuerde dentro de treinta años, que el Rey Emérito “tiene más cara que espalda”.

Pues bien, es por esto por lo que pongo al señor Baldoví como representación de todos estos ilustrados que pontifican, teniendo como tienen becas cobradas y no trabajadas, asalariados sin dar de alta en la Seguridad Social, cobros por trabajos confusos o no realizados, másteres no acreditados, o sentencias por sedición y malversación de fondos, entre otras anomalías ética y/o legales.

Pero ha sido tal la degradación ética y política de este país, que la palabra de cualquiera de estos impresentables parece tener más peso que los deseos del Rey, al que odian, y que son los que deben decidir si un padre puede o no pernoctar en la vivienda de su hijo, por muy Patrimonio Nacional que sea.

Una noticia de prensa del 24 de marzo de 2012, concretamente de Las Provincias, decía:

El Ayuntamiento de Sueca es, de largo, el más opaco de la Comunitat Valenciana. El municipio que durante la legislatura pasada gobernó el actual diputado nacional de Compromís, Joan Baldoví, no ha entregado en tiempo y forma sus cuentas a la Sindicatura de Comptes desde 2006. Una etapa que coincide fundamentalmente con el mandato de Baldoví en el Consistorio, que fue alcalde gracias al pacto que alcanzó con PSPV e Iniciativa (antes Esquerra Unida).

Estoy seguro de que al final volverá la cordura y todo esto, como tantas campañas de “paja en el ojo ajeno” que han promovido desde que no tienen otros argumentos, les saldrá mal, como ocurrió en las últimas elecciones de la Comunidad de Madrid. Pero mientras siguen envenenando la convivencia de los españoles y tratando de lesionar la institución monárquica, que es la cabeza actual del Estado Español.

Ellos alegan que la Zarzuela es Patrimonio Nacional, como si no lo fueran las residencias donde pasa sus vacaciones nuestro presidente y en las que invita a sus amigos personales cuando le parece, La diferencia es que eso, a quién invita o deja de invitar, que en mi opinión es un tema menor,  es “secreto de Estado”.

En la Zarzuela residen funcionarios y empleados y, sobre todo, por mucho Patrimonio Nacional que sea, es la residencia oficial, “la casa”, de los Reyes de España. Y los Reyes, como hijos que son, tienen derecho a invitar a sus padres, aunque uno de ellos fuera el mismísimo Al Capone si hubiera redimido sus penas. Tanto más cuando el suyo no tiene ninguna causa pendiente y ha regularizado sus cuentas con Hacienda.

Y mientras la portavoz del gobierno dice con esa sonrisa suya tan impostada que el que se quede allí o no es cosa de la Casa Real, el periódico oficial del gobierno, El País, publica hoy que es el gobierno el que impide que Juan Carlos I duerma en casa de sus hijos, aunque a ellos les parezca bien.

Sabiendo como saben que la Casa Real no puede rebatir ninguna información, porque su papel institucional se lo prohíbe, y que no debe provocar conflictos con el gobierno de turno porque las dos instituciones deberían estar muy por encima de los cotilleos, las zancadillas y los personalismos autocráticos. Y una de ellas sí que lo está. ¿Adivinan cuál?

Seguro que a estas horas alguien estará fletando autobuses y preparando pancartas para protestar por la visita del Rey Emérito a Sanxenxo (¿Cómo tiene el cuajo de ir a una regata, con todo lo que ha hecho?), pero me temo que van a hacer el más espantoso de los ridículos porque en España, afortunadamente, hay mucha gente sensata y agradecida que sabe separar las preñadas de las paridas, o dicho con más finura, distinguir entre churras y merinas.

Desde mi condena por todo lo que ha hecho mal en lo personal, mi agradecimiento al que fue Jefe del Estado por todo lo que hizo por mí y por la nación en la que vivo. Y en la que también vivía cuando en España la forma de Estado era una dictadura y ya había gente trabajando para que dejara de serlo.

Valencia, 18 de mayo de 2022

¿Por qué dicen que el PP no debería haber apoyado el proyecto de ley de Seguridad Ciudadana?

Ayer se votó la propuesta del gobierno sobre esta ley, que resultó aprobada con el apoyo del PP y el rechazo de todos los fragmentadores de la nación.

Y esta mañana he escuchado comentarios sobre esta decisión del PP que me han asombrado, incluso en boca de algunos comunicadores habitualmente bien informados y con una sensatez superior a la media.

El rechazo de los apoyadores habituales de Sánchez es perfectamente entendible porque esta propuesta refuerza la autoridad del gobierno, y del Estado por elevación, al que facultaría para tomar decisiones de mucho calado en casos excepcionales gusten o no a otras entidades o a las autonomías.

Y los temores del resto de partidos y de algunos comentaristas, muy fundados, vienen dados porque alegan que, en manos de Pedro Sánchez, gobernante con claro perfil autócrata, podría ser un arma de destrucción masiva de la democracia, estoy exagerando naturalmente, porque le permitiría intervenir sobre cualquier entidad del Estado, incluso sobre la propiedad privada.

O aprovecharla, como tiene por costumbre, para hacer nombramientos o lanzar decretos ley que nada tengan que ver con el asunto que active la futura ley.

Algo parecido a lo que ha hecho y sigue haciendo Maduro en Venezuela con las mismas herramientas políticas y amparado por una legalidad conseguida de forma torticera y poco democrática.

Pero, valga la redundancia, hay varios “peros”.

El primero es que visto lo visto y conociendo los errores cometidos durante la pandemia y con la forma de gestionarla, y estando de acuerdo en que esos errores no pueden repetirse en el futuro si aparecen posibles situaciones  de emergencia nacional, por catástrofe natural, ataques terroristas o hechos similares, es evidente la necesidad de que el gobierno de la nación recupere la autoridad necesaria para resolverlas saltándose la enorme cantidad de trabas administrativas o legales que le están poniendo algunas entidades, algunas autonomías, por ejemplo, que han pasado a ser casi organismos ajenos a la nación, en lugar de actuar como representantes del Estado en cada una de sus zonas de competencia, que es el papel que les asigna la Constitución.

La segunda es que el PP no ha aprobado esa ley. Ha permitido que supere un primer obstáculo, pero pasará a debatirse en el parlamento con la posibilidad de introducir enmiendas que definan claramente cuando, con que competencias y de qué forma debe aplicarse.

Y es muy probable que el PP pueda negociar con el PSOE parte de esas enmiendas y si no es así, votará en contra y se volverá a la casilla de salida.

Por lo que, en mi opinión, ha actuado como debe. Con sentido de Estado. Porque la ley es necesaria, pero no se puede permitir que sea Pedro Sánchez el que la redacte a su modo y manera. Son leyes que deben durar muchas legislaturas sea cual fuere el color del partido en el gobierno, como debería ocurrir con la de educación y alguna que otra

Y es aquí, en estos casos, en los que tanto el PP ahora, como el PSOE si pierde la mayoría suficiente para gobernar, cuando ambos partidos deben actuar como alternativa de gobierno y no como oposición.

Pero, claro, eso es lo que debería ser y no tengo demasiado convencimiento de que sea lo que ocurra. No es mal momento porque se junta la debilidad de Pedro Sánchez en según que asuntos de interés nacional, con la experiencia y la capacidad de negociación de Feijóo, pero, a estas alturas, ya no me creo casi nada.

Valencia 15 de mayo de 2021

Las cosas de Sánchez con los independentistas y la angustia de que cada día traiga su afán.

Decía la ministra portavoz, y decía bien, que cada día trae su afán, que en voz de nuestros antepasados significaba que “no hay que agobiarse con lo que suceda mañana o en un futuro próximo, pues ya es bastante con afrontar las dificultades de cada día”.

Las muchas dificultades del cada día político y social, muchas de ellas muy importantes y la mayoría provocadas por los propios políticos. Y en estos mundos paralelos de la verdad, la posverdad, los relatos y los aconteceres de cada día, es tal la confusión que nos pueden llevar a la esquizofrenia.

Pere Aragonès decía ayer, con su cara avinagrada habitual (¿alguien ha visto sonreír a Pere Aragonès?) y el gesto impostado de tener siempre razón, que no se puede espiar a los adversarios políticos. Y Pedro Sánchez, dirigiéndose a su “querido President”, descubría lo maravillosa que es Cataluña y el pueblo catalán.

El batiburrillo habitual de verdades y falsedades que no hacen más que distraernos de lo que ocurre de verdad. Y lo que ocurre de verdad es que el presidente y el gobierno en general está debilitándose cada vez más, muy a punto de perder los papeles de forma casi irremediable, mientras todos estos chantajistas profesionales están cada vez más fuertes, más consolidados en sus posiciones, más empoderados afirmando como verdades su mentiras y más beneficiados en lo económico y en lo político.

Razón por la que Pere Aragonès puede decir con su cara de martirizado que no se puede espiar a un adversario político, lo que es absolutamente cierto, poniéndose él mismo en ese papel cuando fue investigado por el CNI, afirmación absolutamente falsa porque la única razón de su seguimiento fue que en aquellos tiempos era un conspirador peligroso para la integridad y la seguridad del Estado Español, colaborador de delincuentes ya condenados y de otros huidos de la justicia.

Una de las tareas encomendadas al CNI, como la investigación de amenazas antiterroristas o la persecución del narcotráfico, que justifican su propia existencia.

Así que, querido President, usted sabe mejor que nadie que era adversario político, pero también que no le controlaron por eso. Porque adversarios como usted se contaban por cientos, quizás por miles.

Y, como es habitual en él, Pedro Sánchez escucha esa acusación sin rechistar y se rebaja aceptando una reunión, no de presidente de gobierno a presidente de una comunidad, con las consiguientes diferencias protocolarias, ni siquiera de igual a igual, que tampoco lo son. Recibirá al Conseller con dignidad de alto estadista o irá a Barcelona a humillarse en una reunión en la que, posiblemente, ni siquiera le permitan que lleve el teléfono como le ocurrió al ministro de la presidencia, Bolaños, en la patética reunión con Laura Vilagrà, consellera de la presidencia, bastante inferior de nivel según el protocolo del Estado, sonrisa forzada él, cara de vinagre ella, con una escenografía muy cuidad, mesa al estilo Putin, aunque más corta, incluida.

Y allí estuvo el buen hombre aguantando que le pusieran a caldo y le leyeran la cartilla como corresponde a una supuesta autoridad mayor ofendida.

Repito, como siempre lo hago, que Pedro Sánchez acabará la legislatura y que todos estos vividores falsarios jugarán al poli malo, pero asegurándose que alguno de ellos le apoye aportando cada vez ese último voto ganador que necesita.

Pero nosotros, los ciudadanos y la nación española vamos de mal en peor. Los ciudadanos cada vez más empobrecidos, la nación cada vez más desmembrada.

Una duda razonable: en caso de que solo uno de los dos pudiera sobrevivir ¿Qué es más importante, la presidencia de Pedro Sánchez o el Estado Español? Porque estamos llegando a unos niveles de degeneración política y de egoísmos personales que, realmente, dan mucho que pensar.

Y mientras, nosotros a lo nuestros: esperando a que el Real Madrid gane otra copa de Europa, angustiados por si la Rociito tienen o no razón, alegres por lo bueno que es que la Pantoja no haya entrado en la cárcel, o, los menos, expectantes por conocer sí Yolanda Díaz, esa nueva lideresa “todo fachada”, saca por fin ese anunciado y siempre fracasado proyecto que sustituirá a Podemos, o por si el presidente, que tanto ha presumido de la transparencia de la Casa Real, que ya estaba funcionando desde hacía tiempo y antes de que se decretara la última ley, tiene un rato para organizar su propia transparencia y la de su gobierno.

Que esa, a diferencia de lo ocurrido con la Casa Real, ya estaban reguladas por ley, pero continúa en paradero desconocido.

Lo establecido es calificar a este gobierno como Frankenstein, pero yo creo que, cada vez más, se merece el calificativo de Falconetti.

Y mientras, un día más, esperaremos al afán del día de mañana.

Valencia, 7 de mayo de 2022

El culebreo insostenible de Pedro Sánchez

Que Pedro Sánchez agotará la legislatura es algo incuestionable porque lo quiere él y porque le interesa, y mucho, a los partidos que le apoyan porque con cada votación le sacan algo, en dinero y/o transferencias el PNV y los independentistas catalanes, y en facilidades para los presos de ETA, Bildu.

Mientras, el presidente culebreará como pueda por el mundo de la gobernación evitando en lo posible el Parlamento, como ha hecho hasta ahora, y los partidos apoyadores, Podemos incluido, esta extraña formación que hace tiempo se ha convertido en oposición al gobierno desde el interior del gobierno, se repartirán los papeles de “malo bueno”, “malo malo”, como ha ocurrido en otro día con el voto de Bildu, seguro que pactado con los demás, para debilitar al gobierno lo más posible, pero sin llegar a forzarle a convocar elecciones.

Porque les va la vida en ello.

Disparates como el que el portavoz de Podemos, de cuyo nombre no quiero acordarme, pida constantemente que “rueden cabezas”, expresión fuera de contexto porque no estamos en el París de la guillotina ni en la España de los Comuneros de Castilla,  y pida directamente la dimisión, siendo su partido parte del gobierno, de una ministra preparada y sólida. Quizás la mejor preparada y la más sólida y con más sentido de Estado de todos ellos.

Y mientras, si yo fuera Feijóo y si la política de altura sigue siendo como era, prepararía al partido para las próximas elecciones autonómicas y municipales, y empezaría a buscar contactos discretos con el gobierno de los Estados Unidos y de otras naciones importantes de Europa, empezando por la administración de Joe Biden, porque las cosas son como son y, de momento, el poder y la influencia la siguen teniendo quienes la tenían.

Uno de los Consejos de Don Quijote a Sancho cuando se disponía a ser gobernador de la Ínsula de Barataria, era “Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Pues bien, yo sigo pensando que el cuerpo de las buenas relaciones con Marruecos o con quien quiera que sea, pasan por el “gran estómago de occidente”, las oficinas de la Casa Blanca.

Porque hablar con el Rey de Marruecos es importante y necesario, pero no servirá de nada y lo pongo a modo de ejemplo, si los Estados Unidos no le han hecho una “escuchita” previamente. Y España lo tiene especialmente crudo en este momento porque las tonterías de nuestro gobierno han provocado que nuestro vecino alauita haya pasado a ser su socio preferente. Como ha ocurrido con Argelia, que nos ha cambiado por Italia.

Y para que los Estadios Unidos lo haga, se necesita recuperar en un futuro la muy desaparecida confianza en el gobierno de nuestra nación, tan deteriorada en este momento que Joe Biden no permite que Pedro Sánchez participe en las reuniones sobre estrategias de la OTAN, por ejemplo.

Y seguro que mucho más desde las tan famosas escuchas al independentismo catalán, los que llevan tiempo preparando “la gran denuncia”, con grandes aspavientos mediáticos en la Comunidad Europea y en España, proclamas de victimismo, registros de dominios en internet sobre el “catalangate”, y toda una estrategia muy elaborada. Y mientras, los chantajeados de nuestro gobierno, pidiéndoles disculpas, ordenando a la presidenta del Congreso que cambie las reglas para elegir a los autorizados a conocer los entresijos y las operaciones del CNI, mandando ministros a que los humillen en Barcelona y siempre a remolque de sus iniciativas, excelentemente planificadas, por cierto, como siempre lo han sido.

Y, como consecuencia, la seguridad de que todos los servicios de seguridad de las naciones occidentales habrán cortado las líneas de comunicación con el CNI, para evitar que los secretos necesarios para defender a las naciones se discutan al día siguiente en las tertulias de La Sexta o de cualquier otra cadena “amiga” de la muy peligrosa izquierda y extrema izquierda, comunistas confesos para ser más exactos,  que nos gobiernan.

Todo ello con una cumbre de la OTAN en España en fechas próximas.

Así que, señor Feijóo, a recuperar prestigio y relaciones exteriores y a ofrecer garantías de que toda esta locura sin sentido de Sánchez, “el elegido”, se desmontará en cuando se cambie de gobierno. Discreción y buenos contactos, que seguro que seguimos teniéndolos en todas las naciones si utilizamos como conseguidores a la mucha gente de nivel que ahora no está en el gobierno ni bajo su influencia.

Y si tenemos la desgracia de que Pedro Sánchez vuelve a ganar, Dios y la sensatez no lo permitan, porque a diferencia de lo que ha ocurrido con el PP, el PSOE de toda la vida está en paradero desconocido y/o fagotizado por el sanchismo, y no se vislumbra un líder capaz de aglutinar voluntades y recuperar ilusiones, siempre nos quedará París, como en Casa Blanca, porque aquí lo tendremos crudo. Muy crudo.

Alguien ha sugerido que Pedro Sánchez se está preparando una salida honrosa en la Comunidad Europea en la que espera ocupar un alto cargo, y que para reforzar su nombre aprovechará la cumbre de la OTAN y la presidencia de la Comunidad. Yo no lo creo porque me temo que, si lo buscan guapo, sí, pero si buscan a un buen gestor y hombre de palabra, me temo que no. Lo tienen muy “calado”.

Valencia, seis de mayo de 2022

Epi y Blas – Democracia, partidocracia.

Epi y Blas – Democracia, partidocracia.

Viendo lo que veo temía haber perdido mis referencias, pero he entrado en la RAE para recordar la definición de democracia y he comprobado que siguen siendo las mismas. Dos de sus acepciones son:

1.f. Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes.

2.f. País cuya forma de gobierno es una democracia.

Pues bien, como suponía, la democracia se basa en que la soberanía es propiedad del pueblo, de cada uno de nosotros, y que en España la ejercemos eligiendo a otros ciudadanos que nos representan en las Cortes Españolas.

“Otros ciudadanos” que no han venido de Marte ni han salido de un huevo, y que tienen los mismos órganos internos y externos que tenemos todos los demás. Los que ya tenían antes de ser nuestros representantes

Siendo así ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Que nuestros representantes legales, los que no deberían tener más forma de actuación ni más intervenciones políticas que las que decían tener cuando nos declararon sus programas y que fueron la razón de que los eligiéramos, una vez elegidos se pasan el tiempo riñendo a sus representados, diciéndonos lo que debemos hacer y criticando a los electores de otros partidos por no haber elegido su opción política. Electores que les son ajenos porque eligieron libre y soberanamente otras opciones.

Y pongo un ejemplo paradigmático.

Acaba de constituirse el gobierno de Castilla-León y desde que se supo que el PP pactaría con VOX, el resto de los partidos se lanzaron desaforadamente a una campaña de descalificaciones y de peticiones de “cordones sanitarios” que aislara a la llamada por ellos “ultraderecha” del panorama político.

Recomendando al PP que “aprendiera de Francia”, donde se había establecido un cordón a Le Pen para evitar que pudiera gobernar.

Una previa, y vayamos por partes:

La previa es que es sobradamente conocida mi opinión sobre VOX. Sigo diciendo que me parece un partido democrático porque ha cumplido con las condiciones para registrarse como tal, al que yo no votaría por algunas de sus ideas sobre la Comunidad Europea, el régimen autonómico español, el tratamiento de la emigración y algunas otras. Y, como dice el clásico, yo odio parte de lo que dice, pero defiendo que pueda decirlo.

La primera consideración es que, en las últimas elecciones generales 3.656.979 de electores confiaron su voto a VOX. Cantidad que supuso el 15,21 % de los votantes, muchos más que los que depositaron su confianza en buena parte de los partidos “tronantes” que, siendo minoría, pasan los días diciendo lo que deben hacer los demás y determinando “quien” y “quien no” puede participar en la gestión política en España.

Es decir: parte del PSOE, que tendría que hacérselo mirar por sus tics totalitaristas, Podemos, ERC, Ciudadanos y el resto de los partidos y partiditos, hinchan el pecho y deciden que el voto y la opinión de más de tres millones y medio de españoles no es válido. No desde el punto de vista legal, sino desde el político, en una simplificación absurda: “como no piensan como yo, su voto está deslegitimado”

Porque el cordón sanitario propuesto no se ejerce sobre el partido VOX, sino sobre sus votantes, los insensatos que no han elegido “cualquiera de nuestras opciones”. Posición y propuestas claramente antidemocráticas, se maquillen como se maquillen.

La segunda es que hace años que el consenso ha desaparecido del vocabulario político español y que, muy especialmente el gobierno, cualquier gobierno, porque es el que tiene la obligación de gestionar nuestros recursos, de practicar una política de información transparente y didáctica y de aglutinar las voluntades buscando un bien mayor, manteniendo sus ideologías, dedica una gran parte de su tiempo en criticar a los otros partidos, sin aportar nada positivo ni a la nación ni a la ciudadanía.

¡Incluso desde las ruedas de prensa del propio gobierno después de los consejos de ministros! Ni Miguel Angel Rodríguez se atrevió a tanto.

Y hemos llegado a un punto en el gobierno, todos, pero este mucho más, se ha convertido en oposición de la oposición, sin atender sus obligaciones más elementales, y solo actúa al impulso de los resultados de las encuestas y de las intenciones de voto. Gobierno que no ha dejado de parir ratones en lugar de leyes, algunas de ellas especialmente importantes para la ciudadanía, destinadas especialmente a contentar a sus simpatizantes y condenadas a desaparecer en cuanto llegue al poder otra formación política.

Y la tercera es que la ministra portavoz, en rueda de prensa del gobierno, repito, recomendó al PP que “aprenda de Francia”, omitiendo impúdicamente que en Francia son elecciones presidenciales, en las que es la ciudadanía la que elige directamente al presidente y no las componendas de partidos que, para nuestra vergüenza, sufrimos en las elecciones de Pedro Sanchez.

Y que, para aportar un margen de serenidad en la elección, en caso de que no se consiga una mayoría importante, como ha sido el caso, tienen prevista una segunda vuelta en la que solo pueden participar los dos partidos más votados y que permite a los franceses que votaron otras opciones reconsiderar su posición y apoyar al que consideran mejor o menos malo.

Es decir, y resumo: En Francia no son los arreglos y componendas entre partidos sino los ciudadanos los que eligen directamente a su presidente.

He manifestado muchas veces que mi sistema parlamentario preferido es el británico, que es muy diferente al francés, pero ambos están a años luz en calidad democrática de nuestra muy obsoleta ley electoral, que ningún partido propone cambiar porque a todos ellos les interesa mantener las actuales listas cerradas de sumisos y aborregados que prácticamente nunca rompen la disciplina de voto, aunque lo votado perjudique a las comunidades en las que fueron elegidos.

Y porque para la inmensa cantidad de los que se sientan en las bancadas del Congreso y del Senado, la política no es un servicio, sino una profesión.

Si yo tuviera el poder absoluto un solo día, tomaría una decisión: obligar a que las cupulas dirigentes de todos los partidos españoles participaran en talleres sobre qué es y que no es democracia, sino partidocracia, y cuál es el verdadero espíritu de nuestra Constitución.

Cursos impartidos por dos personajes cuya capacidad pedagógica está claramente contrastada, Epi y Blas.

Quizás ellos serían capaces de conseguir lo que nosotros no podemos. Entre otras cosas porque “nuestros representantes” nos han robado el poder para hacerlo.

Valencia, 14 de abril de 2022

Democracia, partidocracia y la ley electoral

Ayer comentaba en un artículo sobre la democracia en España el hecho de que en Francia son los ciudadanos y no los partidos políticos los que eligen directamente a su presidente. Hecho evidente que quiero recalcar por si había pasado desapercibido entre un texto más generalista.

Y lo hago saliendo al paso, de nuevo, a las falacias y medias verdades con las que suelen insultarnos intelectualmente los partidos de izquierda, incluido el propio gobierno y sus voceros.

Efectivamente, la ley electoral francesa tiene dos objetivos fundamentales: que los ciudadanos elijan al presidente y garantizar que sean las mayorías cualificadas las que lo hagan. Y es por eso por lo que, si en los resultados electorales ninguno de los candidatos consigue una mayoría cualificada, se celebra una segunda vuelta en la que solo pueden intervenir los dos más votados, en este caso Macron y Le Pen.

Y como el resto de los candidatos quedan fuera del juego electoral, no hay ninguna posibilidad de bloquear nada porque no tienen poder ejecutivo para hacerlo. Pueden recomendar a sus simpatizantes que voten a uno de los finalistas o que se abstengan y eso es lo que hacen, pero eso, por mucho que se empeñen en afirmarlo los contadores de milongas habituales, no es un cordón sanitario. Son puras recomendaciones sin más valor que manifestar opiniones, porque siguen siendo los ciudadanos y no ellos los que tienen la última palabra, el verdadero poder.

Y, a diferencia de los tan repetidos y utilizados cordones sanitarios en nuestra historia reciente desde el nefasto pacto del Tinell de Cataluña, el del “tripartito”, lo que decide un ciudadano con su voto nunca es ni puede ser negativo, porque es su opinión libremente expresada para favorecer a uno de los candidatos, no para perjudicar a los otros.

Y también decía que aquí seguimos manteniendo una ley electoral absurde y obsoleta, causa raíz de todos nuestros problemas, que da todo el poder a los partidos elegidos y a sus líderes para hacer todas las componendas que les venga en gana, porque la Constitución así se lo permite en la letra, aunque no en el espíritu.

Porque la Constitución no podía prever en aquellos momentos de ilusión y causas comunes que los partidos elegidos en listas cerradas se atreverían a mantenerse en el poder con pactos antinatura y componendas como la que ha hecho y sigue haciendo el gobierno legítimo que preside la nación.

Y es por eso por lo que decía que, en España, más que democracia, disfrutamos de una robusta y muy consolidada “partidocracia”

Aclarado

Valencia, 15 de abril de 2022

Las marrullerías y las tendencias autocráticas de nuestro presidente del gobierno.

En los últimos días he comenzado a escribir algunos comentarios sobre la actualidad política y social, pero los acontecimientos se producen con tanta rapidez que siempre aparece un tema nuevo antes de que pueda terminar mi comentario sobre el anterior.

Pero hay uno, el último, que no puedo dejar pasar sin una reflexión sobre los modos de gobernar de Pedro Sánchez, un político con graves tendencias autocráticas, que está consiguiendo, como efecto secundario a sus intereses personales, un gravísimo desmantelamiento de los conceptos democráticos y de las formas y estructuras previstas en nuestra Constitución.

Todo ello desde la legalidad, pero buscando atajos y vericuetos impensables en personas que realmente tienen como objetivo el bien común y, en su caso como presidente del gobierno, dejar la organización del país y el bienestar de los ciudadanos mejor que cuando tomó posesión del cargo.

Y, a modo de ejemplo,  me refiero a la última decisión de la presidenta de las Cortes Españolas, de cambiar el reglamento para rebajar los votos necesarios para acceder a la comisión de secretos. Potestad que le confiere el cargo,  como ocurre con casi todo lo anormal referido a esta legislatura, por muy escandalosa que parezca a la opinión pública.

Me explico:

Digo que el presidente gobierna con tendencias autocráticas porque no ha cesado de intentar controlar y tener el poder real sobre todos los estamentos y las instituciones del Estado. Y lo ha hecho colocando a gente “de su cuerda”, muy de su cuerda, en el CIS, en Correos, en la Presidencia de las Cortes y en todas aquellas en las que ha tenido oportunidad.

Y que no ha cesado de minusvalorar de hecho las funciones y la persona del Rey, intentado aparentar que él, “el elegido”, es el “más importante” de España.

Una de las garantías fundamentales de nuestra democracia, casi la más importante porque de que se cumpla dependen muchas otras garantías y libertades, es la separación de poderes para facilitar los controles y evitar los desmanes de los gobiernos de turno. Y sabemos, aunque casi no lo recordemos, que son tres:

El Legislativo, que entre otras obligaciones tiene la de controlar al gobierno, y aprobar, si procede, las leyes que proponga el propio gobierno o que lleguen a las Cortes por los otros canales previstos en la Constitución.

Recuerdo el artículo 66 de la Constitución que describe las funciones de las Cortes Españolas, el Poder Legislativo:

  1. Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado.
  2. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.
  3. Las Cortes Generales son inviolables.

En cuanto al Ejecutivo, el gobierno, el artículo 98 dice

  1. El Gobierno se compone del Presidente, de los Vicepresidentes, en su caso, de los Ministros y de los demás miembros que establezca la ley.
    1. El Presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo, sin perjuicio de la competencia y responsabilidad directa de éstos en su gestión.
    1. Los miembros del Gobierno no podrán ejercer otras funciones representativas que las propias del mandato parlamentario, ni cualquier otra función pública que no derive de su cargo, ni actividad profesional o mercantil alguna.
    1. La ley regulará el estatuto e incompatibilidades de los miembros del Gobierno.

Y el 102 aclara   que:

  1. La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
  2. Si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo.
  3. La prerrogativa real de gracia no será aplicable a ninguno de los supuestos del presente artículo.

Es decir, que el Poder Judicial tiene la obligación de controlar que las actuaciones del presidente del gobierno o cualquiera de sus ministros se ajustan a la legalidad. Y es por eso por lo que debe ser libre e independiente, sin ningún tipo de subordinación a los gobiernos que debe controlar.

Pero como la España de la era Sánchez esta especialmente controlada por una partidocracia real y evidente, siendo cierto que el presidente del gobierno no puede intervenir legalmente en las funciones y las decisiones del Legislativo, no es menos cierto que lo está haciendo un día sí y otro también utilizando vías indirectas, legales, pero nada éticas. Diría que inmorales.

Como se ha visto ayer mismo cuando Pedro Sánchez necesitó los votos suficientes para sacar adelantes su última propuesta y, ante las amenazas de los partidos denunciantes del supuesto espionaje del CNI, “ordenó” a Meritxell Batet, presidenta de las Cortes, que cambiara la norma que regula los votos necesarios para elegir a los miembros de la comisión de secretos, porque lo necesitaba como moneda de cambio para conseguir apoyos, y la Presidenta de las Cortes lo hizo.

He entrecomillado el “ordenó” porque no lo hizo desde el BOE o utilizando ningún tipo de documento o formato oficial porque no puede hacerlo. Simplemente lo hizo, seguro, descolgando su teléfono de secretario general del PSOE para llamar a la “militante Batet”, u ordenando a Bolaños que se pusiera en contacto con ella.

Con el resultado de que la Presidenta de las Cortes, del Legislativo, cumplió los deseos del actual presidente del gobierno, el del Ejecutivo. ¿Por qué sino iba a cambiar la norma ese día y con que otro propósito?

Y me resulta impensable que ninguno de los anteriores presidentes de las Cortes, ni los del PSOE ni los del PP, habría actuado de esa manera y con semejante descaro, ignorando la imparcialidad que le exige la Constitución, para favorecer al partido al que pertenecían. Ninguno

¿Cuál es la raíz del problema? Que España ha pasado de ser una monarquía parlamentaria con separación de poderes a una partidocracia, en la que se pueden alterar leyes y normas manteniendo la legalidad.

Repito que todo legal, todo democrático, pero una auténtica catástrofe.

Un presidente tramposo que tiene por costumbre presentar en las Cortes, de forma conjunta, propuestas que no tienen ninguna relación entre sí y que deberían votarse por separado, chantajeando a los otros partidos y manifestando su indignación al pueblo español porque la oposición no vote a favor de aplicar medidas urgentes contra la pandemia, por ejemplo, cuando en el mismo paquete se votaba el ingreso de Pablo Iglesias en la Comisión de secretos, la que controla el C.N.I.

De nuevo legal, pero indignante y propio de un trilero de la política.

Situación, la de la partidocracia, que no tiene visos de solución si no es con un cambio en la ley electoral, cambio que no gusta a ninguno de los dirigentes actuales porque, como es el caso, prefieren tener a miembros de sus partidos en puestos claves de los estamentos de la nación, en la seguridad de que atenderán otros intereses que no son los propios de su cargo.

Y esa es la razón, me temo, de que Sánchez no permita que sean los jueces los que elijan a los miembros del Consejo Superior del Poder Judicial, que es, a su vez, el que nombra a los titulares de los tribunales. Porque, siendo antinatura, es muy posible que existan jueces que doblen la vara de la justicia en favor de una ideología o un partido político. Y el PSOE actual puede tener mucha basura bajo las alfombras, o estar tomando decisiones que, en pura lógica, la judicatura puede considerar ilegales.

Hay que recordar que Meritxell Batet declaró en su día un cierre del parlamento que fue declarado anticonstitucional, que se resistió a cumplir una condena judicial que inhabilitaba a un parlamentario. Y que el gobierno tiene varias causas pendientes en tribunales de justicia y sentencias y reclamaciones del Constitucional, del Tribunal de Cuentas y del de Transparencia que, por cierto, ha ignorado.

Y unos indultos que concedió en contra de la opinión del Supremo, y unas propuestas de rebajar las condenas por sedición y por rebelión que realmente dejan sin contenido el espíritu de la Constitución

Aberraciones democráticas, como que se permita que un juez sea ministro y luego vuelva a la Judicatura como si no hubiera pasado nada. Esto no lo ha inventado Pedro Sánchez, aunque lo esté utilizando, como ha ocurrido recientemente con Dolores Delgado y otros muchos de otros partidos.

Insisto: todo legal, pero con un tufo a autocracia y antidemocracia que asusta. Si Sánchez continua en el poder y sin los controles previstos por el Congreso y por la oposición, mirar mal a una mujer por la calle, cosa que no se debe hacer, por supuesto,  puede acabar siendo un delito condenado con cadena perpetua revisable y declararse en rebeldía, sancionado con sesenta días de tareas comunitarias.

Se que es una exageración, pero, cada vez más, “algo huele a podrido en Dinamarca”. Y en España

Valencia, 30 de abril de 2022

Sindicalismo “made in Spain”. El de las catacumbas

La verdad es que cada vez que veo a los dos secretarios de los sindicatos mayoritarios no puedo evitar que me parezcan dos artistas supervivientes del cine mudo, insistiendo en qué, como aquel cine, nada de nada.

Con la diferencia de que mis dos amigos viven de “la cosa” y lo hacen muy bien, con lo que les suministra puntualmente “papá gobierno” y algún que otro extra, como ha ocurrido recientemente con algunos millones de los fondos europeos, que no se a cuenta de qué han recibido.

Por lo que su supervivencia está garantizada, incluso les permite algún extra gastronómico de buena calidad o algún crucero de vez en cuando.

Por supuesto que soy partidario del sindicalismo, especialmente el de empresa, porque si no existiera se multiplicarían los abusos empresariales, pero no de este modelo sindical, cada vez más parecido al “vertical” que conocí en la dictadura, de dirigentes acomodados y nada conflictivos con el gobierno. Digamos que un sindicalismo “coartada”.  

Siempre que sean gobiernos de la izquierda, naturalmente, porque cuando gobierna la “extrema derecha” sí que se pone en pie de guerra el mundo de los liberados y subvencionados del sindicalismo español y desempolvan las pancartas del “no pasarán” y similares, con mucho acompañamiento de batucadas y coreo de consignas anti-recortes y anti-pérdida de libertades y derechos fundamentales.

Sindicalistas que ceden el protagonismo de la jornada a ¡una vicepresidenta del gobierno! para que anuncie la reforma de la reforma que acaban de reformar, esta vez la definitiva, incluso cambiando el estatuto de los trabajadores, que ya sería la bomba.

Vicepresidenta que, dicho sea de paso, ha fracasado en su proyecto de “las cuatro mujeres”, dos de ellas con serios problemas con la justicia y que, cada vez más, aparece como la lideresa de los sindicatos. Una especie de “libertad dirigiendo al pueblo” a la cabeza de los sindicatos, a la que solo le falta el gorro frigio francés y mostrar los pechos al aire, o, como una versión moderna de la “Mariana”, también con gorro frigio, pero con los pechos cubiertos castamente, que adoptaron como símbolo las repúblicas españolas a modo y semejanza de la francesa pintada por Delacroix.

Sindicatos que, para mayor virtud, ignoran sin el menor decoro a los desempleados, como si los parados no fueran merecedores de defensa. Probablemente porque están muy ocupados defendiendo a los independentistas catalanes y vascos, tema muy sindical sin ninguna duda, y no tienen tiempo para preocuparse de los parados, colectivo que ni son proletarios ni son nada de nada. Son invisibles, como los marginados sociales y los inmigrantes sin papeles.

Lo que es evidente es que cada vez más estamos en tiempos de farsas y crueldades. Una especie de “sálvese el que pueda”, especialmente en el mundo de la política y el sindicalismo. Porque a nosotros, los ciudadanos de a pie, no hay quién nos salve.

Solo nos falta el antiguo espectáculo folclórico-deportivo de la fiesta del trabajo en el Bernabéu, pero casi, casi, porque hemos tenido el partido de la victoria del Real Madrid en la liga.

Sindicatos que, seguro, están haciendo estiramientos y ejercicios varios para estar en forma si gana la “extrema derecha”. O para manifestarse contra la malvada Ayuso, la tabernaria, o contra la amenaza de la pérdida de libertades que va a suponer la aparición de Feijóo en la escena nacional.

Entonces sí, sacarán todo su ardor patrio y su mejor saber para movilizar a los que ahora adormecen, porque la ocasión lo merecerá y hay que ganarse el sueldo.

Valencia, 2 de mayo de 2022

Las decisiones de Pedro Sánchez y la bonificación de los carburantes

La buena noticia, claro que sí, es la rebaja de 20 céntimos en el precio de los combustibles, de los cuales 15 los aporta el gobierno y 5 las empresas petroleras.

Pero, tratándose de este gobierno siempre hay muchos peros y agradeciendo la rebaja, el formato que ha empleado para anunciarlo, tan fuera de procedimiento y la forma en que se aplicará el descuento, tan confusa para algunos y como hecha para conseguir tantos o más resultados políticos que sociales, es muy probable que acabe mareando a parte de los afectados, especialmente a las gasolineras.

A nosotros no nos afecta en cuanto al proceso, pero, como suele ocurrir, se aprovecha la ocasión para seguir vendiendo humo.

Decía que las formas han sido inapropiadas, muy marca de la casa: un gran formato rodeado por parte de las empresas del INDEX, televisión, buen maquillaje, discurso bien preparado y presentación sin preguntas de periodistas.

Y sin que, como tiene por costumbre, buscara un consenso con la oposición, a la que ni siquiera dieron una explicación medianamente aceptable, por lo que todos, incluido el PNV, se quejaron de que el ministro Bolaños, el brazo armado de Sánchez en la actualidad, apenas se limitó a un “simple cambio de impresiones” sobre lo que iban a anunciar.

La primera medida, la estrella, es el conocido descuento de veinte céntimos por litro. He estado haciendo unos números y, a no ser que me haya confundido, los datos son: el 21 por ciento de un supuesto precio de la gasolina a 1,90 euros son 40 céntimos, más del doble de lo que nos regala temporalmente. Pero hay más porque este es el resultado final de unos impuestos escalonados en cada etapa del proceso, por lo que los ingresos del gobierno son muy superiores al 21 % final.

Según afirma la revista “ELMOTOR”, “La suma de los impuestos que soportan los carburantes es de más del 50% de su coste en origen. Y hoy en día, con la invasión rusa de Ucrania, el encarecimiento del combustible, tanto gasolina como diésel, parece no tener fin”.

Se dice, como afirma esta revista, que la mitad o más del precio de los combustibles de gasolinera son impuestos. Pues bien, para ponerlo más favorable para el gobierno, según lo que afirma esta revista, y suponiendo que el total de los impuestos escalados en cada fase antes de la venta sean el 50 por cien, resulta qué de los 1,90 euros, precio de gasolinera, 0,95 serían impuestos.

Por lo que los 15 céntimos que aporta el gobierno suponen únicamente un 15,79 % de lo que ingresa por este concepto. Y, en términos puramente numéricos, si ingresa 95 céntimos por litro y nos regala 15, sigue teniendo un beneficio de 80 céntimos.

Y ahora viene la segunda parte. Parece que todavía no está claro la forma de conseguir la bonificación que, para los usuarios, es directa en las estaciones de servicio, pero que puede ser muy farragosa para las propias estaciones, con la posibilidad de que tengan que asumir financiar esos 15 céntimos para recuperarlos posteriormente, como ocurre con el IVA. Una financiación que puede ser muy importante, inasumible, según los plazos que se establezcan para recuperarlos.

Porque, por si los usuarios no lo saben, las gasolineras sobreviven por volumen de negocio y no por el margen en la venta, ya que su beneficio bruto es de pocos céntimos por litro vendido, lo que les obliga a afinar mucho en la compra porque los precios de las petroleras pueden cambiar varias veces al día.

Y la tercera y muy importante. ¿Porque no se aplica el descuento en forma de una reducción del IVA temporal equivalente al descuento aplicado, procedimiento muchísimo más sencillo y que no comprometería a nadie? Es imposible conocer exactamente las razones para no hacerlo así, por lo que solo se puede especular y es lo que hago.

Aunque hayan aplicado este procedimiento en otras ocasiones, es política tradicional y muy conocida de la izquierda presentar como “regalos” del gobierno lo que concede por algún concepto, porque la izquierda tiene a gala no rebajar los impuestos nunca y porque “lo que se da, se da”, se regala y se acabó. Crea imagen de generosidad sin comprometer a nada y si se repiten porque las circunstancias obliguen a hacerlo, se puede vender como otro gesto de generosidad.

Pero si se rebajan impuestos de forma temporal, cuando se restablecen parece que los están subiendo.

En la misma sesión se anunciaron algunas otras ayudas, como el control del coste del gas y la electricidad, por ejemplo, pero son tan confusas como esta misma y no es cuestión de que pierda el tiempo en buscar datos porque, al final, se trata de tener o no tener confianza en este gobierno de marketing y propaganda y yo, por mucho que me pese, no la tengo.

Un ejemplo de la propaganda gubernamental: El presidente, los ministros, los portavoces y cualquiera que ocupe algún eslabón en el conjunto del gobierno ha repetido tantas veces y con tanta seguridad que todo lo que está ocurriendo es “culpa de Putin” que la ciudadanía lo está asumiendo, cuando no es verdad.

Tampoco es cierto que el gobierno fuera el único responsable de la inflación anterior, porque es un hecho que cuando se produjo la invasión de Ucrania ya superaba el 6 %, por lo que el aumento real por lo sobrevenido por las sanciones a Rusia y la escasez de materias primas provenientes de esta nación y de Ucrania no sobrepasa los cuatro puntos.

Pero es tradición y hecho demostrado que una mentira repetida muchas veces, como hace este gobierno habitualmente, puede convertirse en verdad. En posverdad para ser más concretos.

Y sigue siendo un hecho irrefutable que este gobierno, el que nos pide sacrificios y comprensión a todos los españoles, no ha hecho ni un solo gesto de austeridad y continúa su deriva de despilfarros y del “todo vale”. Soy consciente de que es el famoso chocolate del loro, pero no deja de ser un gesto de insolidaridad y de mal ejemplo público.

Ni una sola propuesta de reducir ministerios o asesores o de eliminar la enorme cantidad de Congresistas y Senadores, claramente excesivos para los tiempos que corren. Sin que, para mi sorpresa, tampoco haya sido esta una de las exigencias de la oposición, porque en el fondo todos se benefician del mismo despilfarro.

Y, como ejemplo de lo que digo, a la única propuesta que he conoció para eliminar escaños, la de la asamblea de Madrid, ha merecido esta respuesta: “Más Madrid y UP creen que se quiere «recortar la democracia» con la reducción de diputados y PSOE escuchará la propuesta

¿Reducir el número de parlamentarios es recortar la democracia? Repítanlo muchas veces y acabarán convenciendo a los necios de que es cierto. Supongo que lo que se pretende es reducir congresista y toda la parafernalia que acompaña a cada escaño, pero ¿Qué podemos esperar de una clase política tan empobrecida en el conocimiento y, aunque parezca un contrasentido, en verdadera vocación política?

El nuevo currículo de la ESO propuesto por el gobierno:

Otra vez y de nuevo sin ningún tipo de consenso con la oposición ni con el colectivo de la enseñanza, el gobierno va a dar un nuevo rejonazo a la educación tradicional, la del conocimiento y el esfuerzo, en favor de algo sumamente amable y “poco invasivo”, adecuado a la actual sensibilidad del alumnado y para la indignación del profesorado comprometido, la inmensa mayoría, o la complacencia de los abúlicos, indulgentes, super empáticos, ideologizados o simplemente “pasotas”, que son una minoría.

Parece ser que se eliminan exámenes y las notas numéricas, en favor de bandas de resultados, seguramente porque un alumno que consigue un 5 en una asignatura se puede deprimir si otro consigue un 9 o un 10 y ni te digo si le hacen repetir una asignatura porque no ha dado un palo al agua, aunque sea el más inteligente de la clase.

Dicen que se suspende la filosofía en favor de una especie de manual de ética y valores que, naturalmente, se referirá a la ética y los valores del gobernante de turno y no a la ética universal, a modo de la “formación del espíritu nacional”, asignatura obligatoria en tiempos de la dictadura que, por cierto, también se presentaba con estos mismos planteamientos y que, naturalmente, no era más que una forma de adoctrinamiento a la juventud.

La historia parece que tratará conceptos y ciclos más que hechos puntuales, por lo que muy posiblemente desaparecerá el descubrimiento de América, la conquista y la reconquista, los tiempos de la reunificación y nacimiento de la nación española y acontecimientos similares

Y, por lo que parece, pone al pie de los caballos a los profesores comprometidos porque serán ellos los que decidirán si los alumnos pasan o no de curso con independencia de su nivel de conocimiento, porque tendrán que lidiar con padres y alumnos que no entenderán “porque a su hijo no” cuando a fulanito sí.

A los pies de los caballos únicamente a los profesores vocacionales, los enamorados de la docencia e interesados por el futuro de sus alumnos, porque algunos otros se librarán de problemas y compromisos aprobando a todo el mundo y aquí paz y después gloria.

Cambios que no harán más que lanzar al siguiente ciclo a alumnos con menos preparación y que tendrán problemas para el acceso a las universidades y al mercado laboral.

Pero eso no supone un problema para un gobierno cortoplacista e insensato como el actual. ¡Ya se encargarán los padres, si están interesados, en complementar la educación de sus hijos con recursos alternativos!

Porque ellos, tan empáticos, no quieren lanzar al mundo a jóvenes tan traumatizados como fuimos nosotros, lo que, para nuestro bien, hemos “sufrido” una educación exigente que nos ha permitido desenvolvernos mejor y tener un conocimiento general de las ciencias, pero también del humanismo y de la cultura general, que no tendrán las nuevas generaciones de escolares.

No hay duda de que, desde mi época escolar, en la que se aceptaba incluso que tu maestro te arreara algún paletazo en la palma de la mano o te pusiera cara a la pared algún tiempo por infracciones de comportamiento con todo el apoyo de nuestros padres, la verdad es que éramos bastante brutos, hasta el día de hoy, la enseñanza ha cambiado mucho. Mis maestros solo disponían de la pizarra y de algunos desplegables de mapas, mientras que ahora hay apoyos audiovisuales y toda clase de técnicas que ayudan al profesor y facilitan la comprensión del alumno.

Y eso ha permitido una mayor “amabilidad” del profesorado, no reñida con el compromiso con la enseñanza en general y con la de cada alumno en particular. Y doy fe de ello porque conozco a docentes en ejercicio que también sufren y se interesan por sus escolares como sufría por mí y por el resto de los alumnos mi querido Don Fidel.

Lo que no es lícito es igualar a los alumnos de una clase al nivel de los más vagos, ni tampoco con los que tiene más dificultades para aprender, a los que habrá que apoyar especialmente, en aras de un tiempo feliz, de vino y rosas sociales, que, en este caso, aporta una falsa tranquilidad a algunos padres, porque sus hijos pasarán los cursos hagan lo que hagan y que solo perjudica a los verdaderos sujetos de los programas educativos: los alumnos.

Que así no sea.