La Cruz de Piedra

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Cuando el Sargento Contreras recibió el aviso de que se había producido un incendio en la casa de un amigo, estaba lejos de suponer que aquel suceso ocasional le obligaría a una investigación compleja en la que se mezclaban hechos ocurridos en 1307 con intrigas y conspiraciones arrastradas durante siglos hasta nuestros días.

Tampoco Ignacio tuvo consciencia de las alarmas que disparó al descubrir casualmente la carta manuscrita de Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple, en la Abadia de Cluny.

La novela le permitirá acompañar a Lorenzo y a Ignacio en sus investigaciones, y le desvelará claves que solo el lector puede conocer.

La trama incluye una ficción sobre la Orden Templaria, pero no es un libro de “templarios”. Se citan, sí, algunos hechos históricos, pero arranca desde una fabulación que nunca sucedió. O eso creo.

Lorenzo Contreras sí que existe. Es cualquiera de los responsables anónimos de la Guardia Civil que trabajan por nuestra seguridad.

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Enlace a la editorial: Eride Ediciones

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Una aclaración:

En la novela “la cruz de piedra” figura como ilustrador de la portada Ramón Vicent Pascual cuando su nombre es Vicent Ramón Pascual. Quiero aclarar que es un error mío y no de la editorial, porque esa fue la información que les proporcioné. Espero que se corrija en futuras ediciones.

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¡Por fin han eliminado la palabra disminuidos en la Constitución!

Ayer me enteré de que el gobierno ha decidido sustituir la palabra “disminuidos” que aparece en el artículo 49 de la Constitución a iniciativa de “los movimientos en favor de los derechos de las personas con discapacidad”.

Es una noticia que en principio no me pareció especialmente importante, seguramente porque, por mi edad, la he escuchado durante toda mi vida sin que la entendiera, ni mucho menos, como una ofensa para definir a las personas que tienen algún tipo de merma en sus facultades. Pero a la vista del revuelo que se ha armado en algunos sectores, me he dirigido al diccionario de la RAE, para comprobar si la palabra tiene alguna acepción desconocida para mí que resultara ofensiva, pero solo dice, referido a personas, “Que ha perdido fuerzas o aptitudes, o las posee en grado menor a lo normal

Y también he consultado el artículo de referencia de la constitución, y el texto completo es: “Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos.

Y a partir de este momento, serán cosas de la edad, llego a la conclusión que esta decisión es otro de tantos brindis al sol porque se trata de, y ya es un auténtico “tic” político y permítanme la incorrección, que consiste en cambiar cosas para que todo quede igual.

O, como decía el gitano clásico cuando negociaba, “no se gana, pero se trapichea”.

En primer lugar es cierto que el término “disminuido” ha caído en desuso en favor de otros como “discapacitado”, “minusválido”, etc., pero este adjetivo jamás se usó como peyorativo. Solo describía una cualidad real, evidente y claramente demostrable.

Y si quieren buscarle las vueltas, ¿Cómo valoramos las anteriormente citadas “discapacitado” y “minusválido”?

La primera parece indicar que es una persona falta de capacidad para todo porque no se concretan sus limitaciones. ¿Capacidad para qué? Porque yo conozco a muchos extraordinariamente capacitados para determinadas tareas aunque tengan limitaciones para desarrollar otras.

Recurro otra vez al diccionario de la RAE, que define a un discapacitado como: “dicho de una persona: Que padece una disminución física, sensorial o psíquica que la incapacita total o parcialmente para el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida”.

Y a la discapacidad como “falta o limitación de alguna facultad física o mental que imposibilita o dificulta el desarrollo normal de la actividad de una persona”.

Del minusválido dice: “[persona] Que padece una minusvalía (falta o limitación)”. Por lo que hay que aclarar que es una minusvalía: “Discapacidad física o mental de alguien por lesión congénita o adquirida”.

Y llego a la conclusión, como me temía, que es un simple cambio de una palabra por otra, siendo las dos muy similares, y ambas perfectamente utilizables.
Y que, como se ha puesto de moda, es otro intento de los políticos de invadir otro de los pilares de nuestra convivencia, como es el idioma español, para domesticarlo y utilizarlo como herramienta diferenciadora y enseña de que según que ideologías. La que pretende suprimir los genéricos para significarse como progresistas cuando, en el fondo, lo que evidencian es una notoria falta de cultura y lo poco que han leído.

El idioma es de todos y cada uno de nosotros puede utilizar las acepciones que estime oportuno, desde el “cheli” (“Jerga con elementos castizos, marginales y contraculturales”) hasta el más erudito, pero dedicar sesiones parlamentarias a cambiar una palabra que no cambia nada, con todo lo que tienen que hacer, es muestra evidente del empobrecimiento de nuestra sociedad y, muy especialmente, de nuestra clase política.

Pero, insisto, hay que cambiarlo todo para que nada cambie y, claro, de vez en cuando hay que dar giros de 360°, frase que he escuchado a alguno de nuestros padres de la patria.

En la actualidad se usa menos la palabra “puta”, y tampoco está bien llamarlas “prostitutas”. Es mejor “trabajadoras del sexo” o “profesionales del amor” (¡vaya cursilada!), en ese intento de no llamar las cosas por su nombre y blanquear o cambiar el sentido de lo que en realidad queremos decir. Discutamos la denominación, no hablemos de la explotación de la mujer ni de la trata de blancas. ¿Blancas?

Suprimamos la palabra “peón” porque significa “Jornalero que trabaja en cosas materiales que no requieren arte ni habilidad”, lo que en la sensibilidad actual y con lo fina que tenemos la piel, puede marcar a estos honrados trabajadores de toda la vida como gente de tercera, casi marginales. Carecen de arte y habilidad.

Y ¿qué decir de los que usan ese término tan prepotente de “mi chico” o “mi chica” para referirse a su pareja? Lo de mi chico tira que te va porque a los hombres nos están dando por todas partes, pero ¿mi chica? Es un término machista, sexista y todos los “ista” que quieran añadir. Indica superioridad de uno, que posee al otro.

La corrección política y la progresía debería de obligar a cambiar la expresión por “mi pareja”, aunque suena indefinido, como falto de consistencia, la “persona del sexo femenino (o masculino) con la que convivo” (¿compartiendo piso, un proyecto común, una habitación realquilada?), mi mujer (¡ya estamos con el “mi”!)…” o, para no dejar ningún cabo suelto, completar una frase al estilo de “persona del sexo (determinar) de la que estoy enamorado, con la que he emprendido un proyecto de vida en común, con la que espero formar una familia, y a la que apoyaré sin reservas en todas sus iniciativas”.

A lo que habría que añadir la aclaración de que “hasta que la muerte nos separe”, hasta que “aparezca una tercera persona” o “hasta que un día nos cabreemos por lo que sea y lo mandemos todo a paseo”.

Mejor decir “mi chica” y dejar las cosas como están.
¿Y decir que alguien padece de enanismo? A donde vamos a llegar en esta espiral de segregación verbal. Cambiemos el nombre de la anomalía genética. Perdón ¿Qué digo? ¿Anomalía? ¿Mejor de condición estructural diferente? ¡Ya estamos! Otra palabra maldita, a desterrar de nuestro vocabulario cuando nos referimos a personas: “diferente”.

¿Y las “frases hechas”? No digamos. Si le llamas “hijo de puta” a alguien en Castilla puedes acabar en comisaría. En Andalucía también, aunque si sois amigos se puede utilizar como halago o reconocimiento de algo que has hecho especialmente bien.

Para eso, aparte de las palabras, existen las entonaciones (f. Movimiento melódico con el que se pronuncian los enunciados, el cual implica variaciones en el tono, la duración y la intensidad del sonido, y refleja un significado determinado, una intención o una emoción.)

Claro que hay palabras mucho más comprometidas. En estos tiempos de posverdades, la palabra “democracia” es muy fácil de explicar según mi propia interpretación. Para algunos partidos de izquierda, es “todo lo que haga yo, aunque sea no aceptar el resultado de unas elecciones”.

Y son “fascistas”, “franquistas”, “retrógrados”, “derechona”, etc., todos los que no piensen como ellos.

En resumen. Desconozco el total de españoles que se alinean con este tipo de razonamientos irracionales, pero seguro que son minoría. No obstante, ¡que ruido arman, señor, que ruido! Y que cara ponen de estar en posesión de la verdad absoluta. Y como adelantan el busto cuando hablan en los atriles en ese gesto estudiado de “habló Blas, punto redondo”.

De atender a los resultados de las últimas elecciones generales, sin cocina, en España hay 5.863.120 demócratas, el 25,93 %, y 16.740.878 de los “otros”, el 74,03 %.

Como dirían los viejos de cuando yo era joven, todas estas movidas políticas sin fundamento son “falta de faena”. Si vivieran hoy dirían “falta de ideas”.
Decían que la España de Franco distraía a los españoles con futbol y toros. En este momento la distraen con titulares de prensa. Y si los titulares crean controversias, y dividen a los españoles, mejor. Así tendremos menos tiempo en pensar en lo que deberían hacer y no hacen.

Porque es mejor discutir conceptos que preguntar al gobierno de turno que están haciendo para mejorar la calidad de vida y las condiciones laborales de los disminuidos, discapacitados, minusválidos, dependientes, o como quieran llamarlos.

Que lo importante es el fuero, no el huevo. Aunque esta sea una expresión que siempre se ha referido a las revueltas catalanas, acuñada en su día por Francisco de Quevedo Villegas. Un facha.

El terremoto andaluz y las nuevas amenazas.

No voy a defender a Vox, ni al PP, ni a Ciudadanos, ni al PSOE, pero hay cosas que ni se pueden entender ni se pueden aceptar. La otra noche, a raíz de los resultados de Andalucía, escuché declaraciones de todos los colores, unas de “juzgado de guardia”, dicho sea entre comillas, y otras más propias de monologuistas profesionales, por lo esperpéntico, que de políticos serios en ejercicio.

Y así escuché a algunos de la “izquierda democrática” el famoso y nunca conseguido “no pasarán”, animando a no aceptar el resultado de la votación y pedir que se tomen las calles para evitar la “llegada del fascismo”. Gente “demócrata” que no acepta el resultado de unas elecciones llamando fascistas a los que sí que lo aceptan.

Izquierda “democrática”, paradigma de la democracia de los últimos tiempos, que no dudaría en emplear cualquier truco o cualquier trato para desmotar lo que construimos los españoles en la transición, que utilizan impunemente banderas ilegales en sus manifestaciones, que ofenden sistemáticamente a las instituciones, a la iglesia, y a quien no piense como ellos, y que no dudarían en emplear cualquier medio ilegal, no estoy hablando de la violencia física aunque algún descerebrado la haya “insinuado”, para eliminar la constitución, derrocar a la monarquía, y seguir cualquier procedimiento tangencial para llegar al poder. Y una vez en él, consolidarse como ha hecho su admirado Maduro, todos los regímenes comunistas y cualquier gobierno totalitario. Votos, ruido y trampas para llegar al poder. Violencia y represión para mantenerse.

Y he escuchado a Susana Díaz pidiendo el apoyo de los partidos “constitucionalistas” para evitar que llegue al gobierno o a posiciones de influencia uno de extrema derecha. Soy consciente de que Susana Díaz no debe estar muy de acuerdo con las andanzas de su muy amado líder, pero ¡pedir apoyo de los constitucionalistas para frenar a un partido votado legítimamente teniendo lo que tiene en el gobierno central! Y, sin ir tan lejos, parece que tampoco hacía muchos ascos a llegar a acuerdos con AA, que tampoco está claro que pase la prueba del algodón democrático.

Y a nuestro presidente, ¡nuestro presidente!, pedir igualmente que gobierne la lista más votada. No la suma de las menos votadas si forman mayoría, no, ni tampoco la más negociada. Se refería, sin ninguna duda ni ningún rubor a la lista más votada. A este señor le pasa algo porque es imposible que diga una cosa y catorce diferentes manteniendo imperturbable su gesto de niño bueno y su sonrisa de guapo en tan cortos intervalos de tiempo. Querido Iván Redondo ¿Qué clase de experimento diabólico estás haciendo con este hombre?

Y también he escuchado a Juan Marín diciendo con una sonrisa de oreja a oreja que le corresponde ser el presidente, pese a ser el tercero en el ranking, porque son “los que más han crecido” y los que merecen más confianza.

¡No será crecer en sabiduría! Según esta extraña teoría, ellos serían los primeros, VOX los segundos con el mérito añadido de carecer de estructura y de recursos, y todos los demás a la hoguera, porque han decrecido. No deja de ser una manera original de interpretar nuestra ley electoral y de valorar la inteligencia de los votantes. Los resultados de las elecciones, mi querido Sr. Marín, no admiten “cocina” como las encuestas de opinión. Y el voto para AA tiene el mismo valor que el de PSOE, el del PP, o el de VOX. Exactamente igual, nos guste o no nos guste.

Sin coeficientes correctores ni ponderaciones de ningún tipo. Número de votos, número de opiniones a respetar.

Lo que me hace temer que, ¡otra vez! Ciudadanos va a precipitarse y a dar la sensación de que su negociación con el PP no se basará en lo mejor para Andalucía y para los andaluces, sino en lo mejor para su partido. Y no será porque no hay para echarse a llorar pensando en lo que se van a encontrar en una comunidad donde gran parta de la administración y todos los dirigentes de las empresas públicas han surgido de los bien regados campos de “la pesoe”, como llamaba un amigo mío al PSOE español. Y que hará falta hasta la última gota de cohesión, sensatez, y esfuerzo moral para poner las cosas en su sitio.

¡Me temo que estos días va a aumentar notablemente la contaminación atmosférica por el sur como consecuencia de la cantidad de papeles que se van a quemar!

No sé quiénes son los amigos de Albert Rivera, pero deberían darle algún consejo. Gran imagen, don de gentes, brillante, pero seguro que sacó nota baja en la asignatura de estrategia. Su partido ya ha tenido varias oportunidades históricas de llegar a la mayoría de edad, pero siempre las ha desaprovechado por exceso de prisa y por un manejo inadecuado de los “comos”, los “cuandos” y los “conquienes”.

Y no lo digo porque ahora presione al PP buscando, supongo, una posición de fuerza para fijar condiciones al pacto, pero ¿Era necesario salir el primer minuto postulando a Marín para la presidencia barajando incluso alianzas disparatadas? Ahora, otra vez, tendrá que desdecirse porque ellos saben, como todos sabemos, que el único pacto posible es el que es. Y si provocan otras elecciones, seguro que no, ya pueden despedirse como partido con fundamento.

Estrategia, prudencia, visión a medio y largo plazo, y pacto por Andalucía, por favor.

En cuanto a Vox, partido muy lejos de mis afinidades, hay que decir en su favor que no oculta sus objetivos, algunos aparentemente anticonstitucionales y otros al borde de lo asumible, exponiéndolos de forma abierta y, al parecer, sin letra pequeña.
Repito que no es un partido que me resulte cómodo porque, como ocurrió con Podemos y el 11M, se aprovechan de errores de gobierno y del malestar de la ciudadanía por la situación de la política española, para lanzar un mensaje populista que ha resultado atractivo para desilusionados, marginados, o simplemente cabreados.

Pero estos tienen más posibilidades de éxito porque son un partido organizado y con estructura, no un conglomerado de grupúsculos y “mareas”, porque sus dirigentes tienen experiencia política ya que una parte de ellos vienen del PP, y porque su lenguaje no es nada sofisticado. Es muy de calle y cala muy bien entre los españoles cabreados por el mal funcionamiento de algunas autonomías, por el chantaje al gobierno de los independentistas catalanes, y por tantos otros problemas, incluido el desencanto con “los nuevos políticos” que venían a regenerar el país, algunos de los cuales se han integrado en la “casta”, han pasado de “emocionarse” cuando un manifestante agredía a un policía a tener protección en sus domicilios, y han negociado nombres para el Poder Judicial cuando pensaban que la justicia era un aparato “al servicio del gobierno”. Parlamentarios actuales que, en definitiva, se han acomodado a una vida burguesa y aprovechan los vientos favorables.

Y una muestra de la agilidad política de VOX es que han sabido dar la vuelta a una frase que quería ser crítica y despectiva sobre unas imágenes de Santiago Abascal con el torero Morientes y otros más cabalgando por campos de Andalucía, tildándoles de “conquistadores”, en un eslogan fuerte, muy potente: “la reconquista de España empieza en Andalucía”.

Tienen peligro. Mucho peligro. Y el frenar su avance solo depende de los “tres grandes” si, alguna vez, dejan de actuar para la galería, de jugar con el lenguaje y llaman al pan, pan y al vino, vino, de consensuar políticas a medio y largo plazo (que el verbo consensuar sirve para más cosas que para legalizar las subidas de sueldo de los políticos o para mejorar sus beneficios personales. También se puede aplicar para aprobar leyes o decisiones parlamentarias), y afrontan sin palabras huecas y “posverdades” los problemas de este país y de nosotros, lo paisanos.

Monarquía versus república

Parece que los partidarios de la república se mueven últimamente con más intensidad, insistiendo en que esa forma de estado es la única realmente democrática, a lo que tienen derecho, por supuesto, y que los que defienden la monarquía lo hacen porque en España “tenemos tradición monárquica”.

Pero la premisa, como tantas otras en política, es falsa. Nadie estaría de acuerdo hoy en que se reinstaurara una monarquía absoluta, con poder sobre vidas y haciendas, pero sí que lo estamos con el sistema actual, monarquía parlamentaria, en el que el rey ejerce de árbitro sin tener la autoridad.

Y este sistema es tan válido y eficaz como cualquier otro, como lo demuestra el hecho de que naciones que son verdaderos referentes en democracia, auténticos modelos a seguir, como el Reino Unido y algunos países nórdicos lo tienen, lo mantienen, y no se lo cuestionan. Como ocurre con otros con gran tradición republicana, como Italia o Alemania, donde el presidente de la república tampoco tiene poder real.

En el tercer modelo, el francés o el de Estados Unidos, similares al vigente en España durante las dos repúblicas, los presidentes tienen poder ejecutivo.

Ergo en España más que monárquicos somos constitucionalistas que votamos en su día esta forma de estado en la que nos sentimos tranquilos y cómodos. ¿Es más democrática la república? No sé en que se basan en el caso español.

Quiero recordar que, contra lo que se cree o se quiere hacer creer, la segunda república nunca se votó ni se aprobó en las cortes. Se proclamó después de que la izquierda ganara unas elecciones municipales, siendo los primeros en hacerlo el ayuntamiento de Eibar, los segundos los catalanes, república catalana que no nacional, y el tercero Niceto Alcalá Zamora esa misma tarde desde los balcones del Ministerio de la Gobernación.

Y que el paso de monarquía a república no supuso ningún cambio en las formas y los modos de los diputados en cortes, que siguieron siendo igual de viscerales y de radicales como en la primera mitad del Siglo XX, cuando algunos a los que la historia nos hace ver como idealistas románticos, llegaron a amenazar con utilizar la violencia de las armas si la oposición no cedía ante sus planteamientos políticos.

Y esa, y no otra, es la historia real.

Otra ventaja de nuestro sistema actual es que educa a una persona durante toda su vida para actuar como moderador, haciéndole pasar por casi todos los estamentos del estado: universidad, academias militares, etc., lo que me parece mejor que nombrar a uno salido de las urnas como representante de un partido político, con toda la carga de parcialidad que puede conllevar.

Y por mucho que se diga, en España no tenemos una tradición republicana porque tuvimos dos, la primera que resultó un auténtico disparate con los gobiernos cantonales y las declaraciones de guerra entre las “ciudades estado”, y la segunda, desde 1931 hasta 1936, que sufrió 26 cambios de gobierno y acabó como acabó, con un golpe de estado, principio de una guerra civil, del que se acusa a los militares como responsables directos, que lo fueron, pero del que tampoco pueden salir limpios de polvo y paja los gobiernos que permitieron los desmanes de la CNT, de la FAI o de los partidos antisistema de la época.

Y si no tenemos tradición republicana, tampoco tenemos tradición de monarquía parlamentaria, porque es la primera de la historia. Hubo un tímido intento en la Constitución de las Cortes de Cádiz, en la que se dijo que “el poder está en el pueblo a través de sus representantes en Cortes”, pero este intento de quitar fuerza al rey se frustró cuando apenas había empezado con el Manifiesto de los Persas y la vuelta al “absolutismo” que deshizo todo lo dicho, que no llegó a ser “hecho”, poco tiempo antes.

Otro de los tópicos, el del coste económico, es otra falsedad, porque la casa real tiene unos gastos muy similares a una supuesta presidencia de república. En ambos casos un coste mínimo en los presupuestos del estado, aunque muy exagerado por los voceros de turno.

Lo cierto es que a Juan Carlos I, que se ganó el puesto con su intervención del 23 F o en los pactos de la Moncloa, cuando el país iba a la deriva por culpa de los políticos en una situación bastante similar a la de hoy, solo se le ha podido atacar por temas personales, nunca por actuaciones institucionales. Y si nos referimos a Felipe VI, parece que la educación de toda su vida ha dado resultado, cabreo de los separatista catalanes incluido.

En cuanto a votar asuntos como la forma de gobierno cada tres o cuatro años, como ha insinuado algún participante en la discusión, ¿una constitución? ¿Toda la estructura de la nación, régimen de las autonomías incluido? Las constituciones deben ser de largo recorrido para evitar la confusión de los cambios y la convulsión de las campañas electorales, tan afectadas por hechos puntuales de cada momento, mucho más en el momento actual, en el que estamos tan influenciados por las redes sociales, tras la que se suelen ocultar intereses económicos o políticos no siempre claros, hackers rusos incluidos.

Otra cosa son los mitos y las idealizaciones. Como he dicho, la república nunca fue un mar de paz, armonía y buen rollo. En aquella época, como en todas, han existido desavenencias, incluidas las puñaladas traperas entre los mismos partidos de izquierda, rencillas, y grandes discrepancias que llegaron, incluso, a amenazas personales. Y que culminó con el asesinato del jefe de la oposición el 13 de julio de 1936, persona muy vehemente sin duda, a manos de un grupo de la guardia de asalto que le sacó de su domicilio. Asesinato político perpetrado por políticos de lo que entonces era la izquierda más radical.

Cosa que, afortunadamente y me refiero a las amenazas personales, no se producen en la actualidad. Aunque, eso sí, se practiquen acosos a determinadas personas en las puertas de sus domicilios.

Y estos, más o menos, son hechos objetivos. Se pueden buscar figuras simbólicas de ciencia ficción como las “magas” de nuestro querido alcalde, pero el hecho de que gobernara una república no evitó las enormes diferencias sociales y el malestar de la ciudadanía de la época.

Durante la república se consiguieron algunos avances de calado, por supuesto, como ha sucedido en todos los gobiernos, incluida la dictadura que construyó una gran red de aprovechamiento hidráulico con los pantanos, y fue la que implantó la seguridad social española, por ejemplo. Sin que ello signifique, ni mucho menos, que fuera una forma de gobierno a imitar o a repetir.

Conclusión: En mi opinión no importa tanto cual sea la forma de estado por su pureza democrática, que los dos la tienen si han sido aprobados por la ciudadanía, como la estabilidad que pueda proporcionarnos. Y tal como están las cosas, mejor “no meneallo”

Una más sobre los restos de Franco

Parece mentira que todo un gobierno, presidente, ministros, secretarios, y toda la pléyade de asesores y consejeros, que son legión, no hayan reparado en que los actos siempre tienen consecuencias, y que nunca se debe abrir una puerta sin guardar precauciones, a no ser que tengas muy claro lo que hay al otro lado.

Pues bien, la izquierda en general y el PSOE en particular han vivido en una zona de confort todos los años en los que anunciaban la exhumación de los restos de Franco de la basílica del Valle de los Caídos, eterno banderín de enganche de la izquierda, hasta que el entonces aspirante a presidente, Sr. Sánchez, anunció que sí, que “había llegado la hora”. Incluso pensaron en hacerlo el 18 de julio, como fecha simbólica para chinchar más a los franquistas de toda la vida, muy mayores todos ellos por cierto, por ser la fecha del “glorioso alzamiento nacional”.

Pero nadie reparó en lo que habría reparado cualquier funcionario del Estado, incluido el último de los auxiliares, dicho sea con todo respeto. Sí retiras un cadáver de su lugar de reposo hay que tomar alguna medida: enterrarlo en otro lugar, depositar los restos en una fosa común, etc. Y que esta medida, sea la que fuere, requiere un formalismo legal y el consentimiento de los familiares.

Que es lo que se hace, porque se debe de hacer, con los enterrados en las cunetas o en las fosas comunes, porque fueron asesinados o fusilados por los dos bandos en la guerra civil. Sin que nadie cuestione que es la familia la que debe decidir el destino del difunto.

Vaya por delante, y así lo escribí el mes pasado, que no me gusta nada la idea de que la catedral de la Almudena sea el destino final del dictador. En primer lugar porque este caso tiene un enorme significado político y soy muy enemigo de que la iglesia se vea afectada por un fuego cruzado del que solo puede recibir heridas, y en segundo porque una catedral no puede ser el lugar de concentración de nostálgicos con banderas de España, (¿podrán dejar de utilizar esta bandera que es de todos los españoles?) a muy pocos metros de la Plaza de Oriente, centro de las mayores adhesiones al que fue “caudillo de España” durante tantos años.

Y, por fin, el gobierno se ha dado cuenta de las consecuencias de lo que pretendía ser un titular de periódico que fortaleciera a los suyos, cabreara a unos pocos, y nos dejara indiferentes a la inmensa mayoría de los españoles, y no sabe cómo salir del paso. La medida de querer presionar al Vaticano es absolutamente disparatada, y mucho más hacer un relato de lo que no ha sucedido en la entrevista entre el cardenal Pietro Parolín (tiene apellido de personaje de dibujos animados, pero la experiencia histórica de la diplomacia vaticana) y la vicepresidenta Carmen Calvo, tres días después de haber relevado al embajador de España en la Santa Sede, medida que ha evitado que en la entrevista estuviera presente un testigo de lo dicho, ya que no ha dado tiempo a acreditar al nuevo embajador.

Pero si el Cardenal Osoro no puede evitar que sea ese el destino final de los restos de Franco y no pueden convencer a la familia de que lo lleven a El Pardo o a cualquier otro lugar, el gobierno se encontrará con un problema de gran calado, que no evitará apelando a la memoria histórica porque, como digo, hay trámites legales que cumplir y la voluntad de la familia que respetar.

Por lo que me temo que al final no tendrán más remedio que dejar a Franco donde está y “pelillos a la mar”. Lugar que, por cierto, nunca eligió como su “última morada”.
Y estoy intrigado por conocer cómo van a justificar la rectificación, si es eso lo que deciden.

Y mi conclusión, más cargada de mordacidad que de contenido político, es muy sencilla: si no saben cómo manejar un cadáver ¿Cómo van a ser capaces de manejar un país?

Mucho postureo, mucha cara bonita, mucha camiseta con eslogan, mucho currículum y mucho master engordado pero ¿Cómo ilusionar a que entren en la vida política personal de nivel, como los “de antes”? Y cuando digo “los de antes” reclamo a los de todos los partidos que negociaron la transición.

Pedro Sánchez donante de semen.

En primer lugar quiero hacer constar que he seguido al consultor político Iván Redondo en algunas tertulias de televisión y me parece un gran profesional en su especialidad, que no es otra que potenciar la imagen de sus clientes para situarles en determinadas posiciones, cambiando sus hábitos, sus formas de expresarse, y sus lenguajes corporales, y promoviendo su aparición masiva en los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales.

Y, por su trayectoria, se constata que no está condicionado por una determinada política ni quiere estarlo. Y la prueba es que también ha trabajado para gente del PP.

Para el curiculum de Iván Redondo todo esto es un gran triunfo, porque se da la paradoja de que cuanto peor perfil tenga su cliente, o más complicado sea el objetivo, mayor será su triunfo como consultor si logra situarle en el plano previsto. Y no digo que sea el caso de Pedro Sánchez, al que favorece tener un atractivo personal, casi un encanto, que le ha facilitado mucho las cosas.

Se dice de Iván Redondo que siendo asesor independiente es el que consiguió que Sánchez ganara la moción de censura y no me extrañaría. Lo cierto es que Pedro Sánchez, una vez alcanzó la presidencia del gobierno, le nombró director de Gabinete de Presidencia, y en ello está.

Y es evidente que toda la campaña de Sánchez con perro, Sánchez con niña, Sánchez en el colegio, Sánchez en la fábrica, etc. tiene el sello indiscutible de una asesoría de imagen que quiere presentarle como un presidente próximo a la ciudadanía, y presente en diversos sectores industriales y sociales de la nación. También lo tiene el hecho de no comparecer en ruedas de prensa en las que puede decir cosas que le comprometan o que contradigan afirmaciones anteriores.

Pues bien, una parte de mi buena opinión sobre Iván Redondo se está rebajando debido a la sobreexposición del presidente que empieza a ser aburrida y cargante. Y lo que es peor: cursi y simplona.

El colmo es la última imagen de Pedro Sánchez donando sangre para “los soldados en misiones en el extranjero”. Es pasarse mucho, muchísimo, porque es un mensaje sin ningún fundamento. ¿Solo para las fuerzas armadas? ¿En qué destino? ¿Se distribuirá en las bolsas habituales o en mini dosis para que llegue a todos?

Con el posible agravante, desconozco si es cierto, que según he escuchado en una emisora de radio, los que viajan a determinados países no pueden donar sangre hasta pasado un cierto plazo para evitar contagios de malaria y otras enfermedades. Y el presidente Sánchez ha estado muy recientemente en alguno de estos países.

Solo me falta ver a Pedro Sánchez como donante de semen y, tal como están las cosas, tampoco lo descarto. Claro que sería semen condicional, no se sabe para qué colectivos de mujeres, entre las que no estarían las del PP, por supuesto. ¿Quizás para lesbianas que quieran ser madres?

Creo que la estrategia ha funcionado y que, gracias a ella, Sánchez es presidente. Y es casi seguro que se afianzará en el poder porque ni le importa la calidad de sus apoyos ni los daños colaterales a corto plazo. Pero, que quieren que les diga, a mí no me gusta la estrategia ni tampoco la facilidad con la que están consiguiendo sus objetivos, él y su “alter ego” Pablo Iglesias.

Y no por la supuesta ideología de los dos tenores, que cada uno es muy libre de optar por una determinada opción, socialismo bastante cogido por los pelos en el caso del presidente y clara, muy clara en su intención de romper todo lo relativo a la transición y a la actual constitución por parte del vicepresidente de facto, sino por sus apoyos.

Ya que nada bueno, absolutamente nada bueno se puede esperar de Bildu, ni mucho menos de los nacionalistas catalanes y vascos, porque estos sí que tienen la suficiente fuerza política, la fuerza del chantaje, para alterar el rumbo del gobierno hacia una derrota claramente perjudicial para el Estado y para la estabilidad de nuestro futuro.

Y siendo como soy muy de imágenes virtuales, estos dos personajes me recuerdan cada vez más a Canijo y Tiñoso, los malos de “Érase unan vez el hombre”. Dicho sea con todo respeto para las personas y con toda la acritud para sus hechos y sus actitudes.

Y, para mi pesar, no acabo de localizar en el panorama político español a un Pedro y una Flor que contrarresten las acciones de los malos.

Por mucho que los busque.

Las noticias de Espazuela o quizás de Venespaña.

Días pasados conocimos la noticia, trascendental por supuesto, de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habían firmado lo que serían los Presupuestos Generales del Estado Español. E inmediatamente, Pablo Echenique, en su papel de “Pepito Grillo” de Podemos, se apresuró a anunciar que este texto no se variaría ni una coma por aportaciones de otros partidos.

“Habló Blas, punto redondo”, dicho sea con retintín. Porque si el presupuesto necesita los votos de los independentistas catalanes, de Bildu, y ¡hay de mí!, del PNV siempre dispuesto a lo que sea con tal de que le llenen el cazo, ¿hay alguien se crea que ninguno de estos grandes y nobles partidos van a votar el presupuesto sin que las den algo “de lo suyo”?

Pero Echenique, hombre de gran capacidad intelectual por otra parte, y lo digo sin ninguna reserva, tiene una especie de bipolaridad evidente que le permite ser licenciado “cum laude” en Ciencias Físicas y miembro del CSIC, (no se si todavía ocupa el puesto), y decir perogrulladas como afirmar la inalterabilidad del pacto.

Alteración que ya se ha producido porque nuestro presidente, en una de sus múltiples rectificaciones y viendo la que se le venía encima, ha anunciado que los autónomos pagarán sus impuestos en función de sus ingresos. Elemental.

Pero mi gran sorpresa es el papel que está desempeñando nuestro gran referente de la izquierda aparente (¿es Iglesias de izquierdas? ¿Es Sánchez realmente de izquierdas?), Pablo Iglesias, que siendo como ya es el gran capo de la televisión pública, (Podemos ya tiene mayoría en el consejo de administración de TVE, de la que es administradora única la muy liberal e independiente “purgadora” oficial Rosa María Mateo), como portavoz “no desautorizado” del gobierno de la nación.
Y en este papel, tiene concertada una entrevista con Junqueras en la cárcel de Lledoners.

¿Y que le va a decir el gran lider de la izquierda a uno de los grandes líderes del independentismo? No lo puedo saber, pero me figuro, y no andaré demasiado desencaminado, que el argumento fundamental para pedirle el “sí” a los presupuestos será “apoya a Sánchez, porque con cualquier otro os irá peor”. Quizás le insinúe instrucciones a la fiscalía sobre no sé qué, quizás indultos una vez condenados, ¡que se yo!

Y cuando dice “cualquier otro” no solo se referirá al PP y a Ciudadanos, porque supongo que en este paquete incluirá a cualquier otro candidato del PSOE reconocible.

Porque el presidente Sánchez, con su actitud y sus concesiones a todos los periféricos de la democracia española, no creo que represente al PSOE español, aunque en este momento lo lidere y sobre el que ostenta la mayor autoridad. Lo suyo parece ser, como siempre ha sido, un proyecto personal ejecutado con mucho trabajo, hay que reconocérselo, con mucho atrevimiento, y con mucho orgullo personal.

Y el PSOE de toda la vida, el que es sin duda mayoritario en opinión, permanece callado porque no le viene mal disponer del BOE, y porque, de momento, tienen mucho que ganar y poco que perder. Si las cosas vienen mal dadas siempre podrán decir “eso era cosa de Sánchez”.

Pero los acontecimientos se precipitan y alguien tendría que hacer algo. Por ejemplo la presidenta andaluza, Susana Díaz, a la que las ocurrencias del gobierno le pueden hacer más daño en la campaña electoral que todos los ERE de Andalucía juntos, tan arropados y amortiguados por los miles de beneficiados en sueldos y garantías de futuro.

¿Y por qué el título de este comentario? Porque, visto con perspectiva, estas cosas no pueden estar pasando en España.

No es posible que el líder de un partido cuyo objetivo es debilitar España pidiendo comprensión para un grupo de asesinos como ETA, y apoyando a cualquier grupo independentista de la nación, actúe como representante “de facto” del presidente del gobierno y negocie con un político encarcelado por delitos de alta traición y con la intención evidente y confesa de romper España. Es algo tan absurdo como ilógico.

Porque Podemos quiere romper a la brava, porque no puede hacerlo legalmente, con el orden constitucional y con la forma de estado que considera “ilegítima” por no votada. Que sí, Sr. Iglesias, que sí. Le repito que la monarquía fue votada y aprobada por el pueblo español en el referéndum sobre la constitución, en la que se incluía la forma de sucesión, Por lo que la legitimidad del Rey Felipe VI es absoluta e incuestionable, aunque no coincida con lo que a Ud. le gustaría que fuera.

Nuestro presidente, que está en permanente campaña electoral con sus niñas, sus colegios y con sus viajes al extranjero para hacerse una imagen, es el que debería estar liderando las negociaciones con los partidos que lo soportan, muy buenas compañías por cierto, en lugar de dejar la iniciativa al Sr. Iglesias en la creencia de que si algo sale mal siempre podrá decir que actuaba por su cuenta y riesgo y salir de rositas de lo que pueda ocurrir.

El riesgo, Sr. Sánchez, es que si sale bien, será el Sr. Iglesias el que aparezca como el gran negociador, lo que no sería bueno para Ud. ni del agrado del que todavía es su partido: el PSOE. Porque, no lo olvide, Podemos es su verdadero adversario político. El que le disputa el liderazgo de la izquierda y al que está “dando cancha” con gran riesgo político para su partido. Jugando con fuego.

Y por todo esto no se si estoy en España o en un país de ficción que podría llamarse Espazuela o Venespaña. En una especie de videojuego de la política que se terminará cuando alguien se canse, corte la luz, y les devuelva a la realidad. Porque todo esto, Sres. Sánchez e Iglesias, no tiene ni la más mínima posibilidad de acabar bien.

Pero mientras lo descubren y aterrizan en el mundo real, en el de las leyes, en el que viven muchos millones de personas que tienen problemas y quieren paz, trabajo, y seguridad para sus familias en lugar de castillos en el aire, ¡hay que ver la guerra que están dando!

Sin cuestionar ni por un momento la legitimidad de nuestro presidente ni su potestad de tomar decisiones.

Los árboles y el bosque. Hablemos de Rufián

Últimamente nos pasamos demasiado tiempo discutiendo si este le ha guiñado el ojo a esta o no, o si este ha dicho lo que dicen que dijo, o si tal “noticia” auténtica de la muerte, compartida miles de veces, compromete o no compromete a determinado personaje.

No soy sabio pero soy viejo, y creo distinguir entre lo fundamental y lo accesorio, entre los árboles y los bosques.

Porque mientras nos cabreamos entre nosotros por semejantes minucias, los problemas reales del país, los que son causa-raíz de todo lo que nos pasa, no solo no mejoran, sino que empeoran.

Y empeoran porque nuestra sagrada clase política así lo quiere. Porque parece que les interesa que así sea y porque es una verdad indiscutible que, desde la transición, jamás hemos tenido políticos profesionales de menos nivel que los actuales. Desde lo que entonces era Partido Comunista, hasta Alianza Popular.

Una buena parte son egoístas, egocéntricos y muy pagados de sí mismos. Y sus prioridades son “yo”, el partido y, si queda algo, la nación. Egocentrismo que se hace extensivo a los partidos políticos.

Y así podemos ver en el congreso de los diputados o en el parlamento de Cataluña que un excelente discurso de Arrimadas, por ejemplo, se aplaude con entusiasmo por sus correligionarios de Ciudadanos ante la más absoluta indiferencia de los miembros del PP o del PSC. Y lo mismo ocurre si el orador es del PP o del PSC. Dirán verdades como puños, pero no es “de los suyos”.

Y estamos asistiendo al drama de que se quiere mantener más o menos con pinzas la eterna división entre derechas e izquierdas, cuando las diferencias entre el PP y el PSOE son mínimas en lo político y en lo social. En España, por desgracia para nosotros y forzados por las circunstancias, existen los constitucionalistas y el resto. Y en Europa, que ya nos llegará, existen las mayorías sociales que votan al que lo hace mejor o menos mal en cada una de las elecciones, siendo los mismos votantes, excepto minorías con mayor carga ideológica, los que se decantan por liberales o por conservadores en el Reino Unido, por ejemplo.

Y no es de extrañar que en esta situación sea tan del interés de los políticos y los medios de comunicación afines dar carnaza “al pueblo”. Hay que magnificar las cosas pequeñas para que parezcan grandes y nos distraigan de las verdaderas carencias de la nación. Si el presidente ha tenido un despiste sin ninguna importancia en la recepción del día de la Hispanidad, ríos de tinta. Si a Franco le sacan de tal sitio y lo llevan ellos sabrán donde, ríos de tinta.

Mientras, no pensamos en como reformar la ley electoral para evitar las listas-abrevadero, como conseguir un pacto de estado por la educación, como reformar la justicia, como, como…

Porque lo importante, lo que nos hace discutir y posicionarnos tan enfáticamente, son las cosas de Rufián o de Pilar Rahola. Lo demás nos viene grande. Como si no fueran “nuestras cosas”.

En tiempos de Franco decían que para distraer a la gente “pan y toros”. Ahora ni eso. Basta con las tertulias de super sabios y con los apologetas de las redes sociales.