La Cruz de Piedra

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Cuando el Sargento Contreras recibió el aviso de que se había producido un incendio en la casa de un amigo, estaba lejos de suponer que aquel suceso ocasional le obligaría a una investigación compleja en la que se mezclaban hechos ocurridos en 1307 con intrigas y conspiraciones arrastradas durante siglos hasta nuestros días.

Tampoco Ignacio tuvo consciencia de las alarmas que disparó al descubrir casualmente la carta manuscrita de Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple, en la Abadia de Cluny.

La novela le permitirá acompañar a Lorenzo y a Ignacio en sus investigaciones, y le desvelará claves que solo el lector puede conocer.

La trama incluye una ficción sobre la Orden Templaria, pero no es un libro de “templarios”. Se citan, sí, algunos hechos históricos, pero arranca desde una fabulación que nunca sucedió. O eso creo.

Lorenzo Contreras sí que existe. Es cualquiera de los responsables anónimos de la Guardia Civil que trabajan por nuestra seguridad.

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Enlace a la editorial: Eride Ediciones

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Una aclaración:

En la novela “la cruz de piedra” figura como ilustrador de la portada Ramón Vicent Pascual cuando su nombre es Vicent Ramón Pascual. Quiero aclarar que es un error mío y no de la editorial, porque esa fue la información que les proporcioné. Espero que se corrija en futuras ediciones.

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La “agitación y propaganda” de los independentistas catalanes.

Frases hechas, consignas, mantras. El mundo independentista y su modo de actuar. Hay que repetir muchas veces las mismas cosas para confundir, aglutinar y enardecer. El muy conocido “agipró”, agitación y propaganda, de los movimientos revolucionarios.

He visto, leído y oído montones de declaraciones con planteamientos muy similares, mezclando las partes con el todo y pretendiendo que hechos aislados y/o falsos se conviertan en paradigmas: “presos políticos”, “gobierno opresor”, “democracia es votar”, “justicia manipulada por el ejecutivo”, “quieren humillar a Cataluña”, etc.

A un lado están los buenos, los pacíficos, los que no odian, y al otro estamos los demás.

He visto en la televisión a Gerard López diciendo: “No hay derecho a que a los catalanes nos traten como criminales”, y también he comprobado que el Barça sigue, erre que erre, mezclando su buen hacer futbolístico con políticas barriobajeras y de muy poco nivel, por muy grandes que sean sus pancartas.

A los catalanes, amigo Gerard, nadie los trata como criminales. A los catalanes que han cometido algún delito se les ha abierto diligencias judiciales, eso sí. Como ocurre con los de Madrid, los de Sevilla o los de Burgos. ¿O hay algún tipo de patente de corso para los ciudadanos de esas tierras que desconocemos?

Catalanes hay millones por toda España y nadie se mete con ellos. Catalanes son los que viven en Cataluña y no piensan en independentismo, y tampoco se meten con ellos. Corrijo: nosotros no, Uds. Sí.

Catalán es Ud. que parece defender la independencia, y tampoco tiene problemas por expresarlo, emplee los argumentos que emplee y con la vehemencia que estime oportuno. Catalán es Pep Guardiola, admirado por muchos cuando era líder de la selección española de futbol y ahora independentista de toda la vida. Y no tiene ningún problema legal, aunque le lluevan las críticas por sus manifestaciones.

¿Qué Matrix les han montado para que personas con formación digan lo que dicen?

Lo contrario del odio es el amor, y sorprende que también han mezclado estos dos conceptos administrándolos según su criterio. Si digo que Cataluña, mi querida Cataluña, debe permanecer en España es que odio a Cataluña. ¿De verdad se lo creen?

Nunca me meto con el Sr. Rufián, entre otras cosas porque creo que él mismo ha creado un personaje de ficción, extremo, para redimirse de su condición de “charnego”.

Que diga lo que quiera, que está en su derecho, pero a mí, que he acompañado una vez a mis amigos de Barcelona, colegas de empresa y catalanes por raíces y convicciones, nacionalistas hasta la médula, nada independentistas, en su marcha a pie de cada año desde Barcelona hasta el monasterio de Montserrat, que sentí como propio el éxito de la Olimpiada de Barcelona porque allí me tuvieron, y a mucha honra, cuando pidieron mi colaboración, no me puede catalogar de enemigo de Cataluña. Ni cien mil “rufianes” podrán hacerlo. De ninguna manera.

Le aseguro que yo amo a Cataluña mucho antes de que Ud. naciera y de que sus padres dejaran su querida Andalucía huyendo de la miseria y se trasladaran a esa comunidad, que les acogió, para ganarse a vida.

Si quiere hablamos de las razones por las que Andalucía era pobre y Cataluña rica en aquellos momentos, pero me figuro que no le interesa porque las sabe. Y su conducta y sus principios de adopción están ayudando a que la brecha existente sea todavía mayor, en perjuicio de los habitantes de la tierra madre de sus antepasados.

Y claro, yo no estoy de acuerdo. Y en estas en las que estamos, me encontrarán en la acera de enfrente de las convicciones democráticas sin necesidad de votar nada en referéndums ilegales y sin garantías, porque ya voto cada cuatro años. Votaciones con garantías, estas sí. Como corresponde.

Así pues, señor Gerard y todos los que piensan como Ud. No pretendo que cambien, ¡ojalá bajaran a tierra firme desde esa nube a la que les han subido!, pero si están esperando que les entienda o les defienda, ¡olvídense!

Por cierto: ayer opiné que sería bueno que la juez Lamela retire la euroorden y permita que el Sr. Puigdemont y sus compañeros de fuga se queden Bélgica dando el coñazo a los belgas. Cada vez me gusta más la idea. Sería bueno para ellos, que eludirían la cárcel, y bueno para nosotros, que nos evitaríamos lamentos y victimismos.

¡Vixca Catalunya!.

Que se queden en Bélgica eternamente dando el coñazo a los belgas y sin poder salir del país

Escucho, leo y, por razones profesionales, me he visto inmerso en algunos temas judiciales, casi siempre por temas de relaciones comerciales, pero está claro que no soy un experto.

Sin embargo, siempre he pensado que cuando hay algún conflicto con varias opciones de solución, lo mejor es apostar por la más simple. Y siguiendo este razonamiento estaba sopesando las ventajas e inconvenientes de que la juez Lamela retire la euroorden que se ha emitido para que la justicia belga autorice la repatriación de Puigdemónt y sus acompañantes.

Me explico. Siempre he pensado que Bélgica en una nación “rarita”, como lo demuestra su compleja organización política y algunas peculiaridades, como el hecho de que en los últimos atentados terroristas de París se escapara uno de los implicados, identificado y residente en un barrio de Bruselas, porque, según sus leyes, no se podía detener a nadie a partir de la 21:30. Me suena que ya han cambiado esta norma, pero era especialmente singular y absurda.

Tampoco es un país que facilite las extradiciones, como hemos comprobado en algunos casos de etarras, pero, en cualquier caso, y suponiendo que se acepte la petición de la justicia española, la extradición sería condicionada a que se les juzgue en España, exclusivamente, por los delitos que también lo son en la legislación belga.

Es decir, si les reclaman por delitos de rebeldía y malversación, pongo por caso, y en Bélgica no tienen reconocido el delito de rebelión, cuando vuelvan a España solo se les podría juzgar por el de malversación. Y creo que existe la posibilidad de que así ocurra.

El resultado sería que volverían a España para ser condenados, si procede, por delitos mucho más leves que los de sus compañeros del destituido gobierno y de la mesa. Lo que resultaría injusto para los que se han quedado, y muy paradójico ante la opinión pública.

Por eso pensaba que lo mejor sería retirar la euroorden. Que se queden en Bélgica eternamente dando el coñazo a los belgas y sin poder salir del país. Porque si regresan a España se le detendría de inmediato para juzgarlos por todos los delitos que han cometido, y si van a otro país europeo más “normalito” y colaborador, se podía solicitar su retención hasta que reciban la correspondiente solicitud de extradición y, entonces sí, volverían a España con todas las garantías legales, pero sin condiciones.

Claro que todo esto, seguramente, no pasa de ser una “parida” mental propia de una tarde de sábado.

La señora Colau, ejemplo de arribismo político.

En los días convulsos, como los que estamos viviendo, es cuando se puede calibrar la cultura política de nuestro país y lo que hemos transmitido a las siguientes generaciones.

No se trata de recordar la transición, de sus enemigos y de todas las piedras que tuvimos que apartar del camino hacia la democracia para conseguir una convivencia pactada y con futuro. A los que no la vivieron y les han dicho que no fue más que una forma de enmascarar los crímenes del franquismo, no hay forma de sacarles de esta curiosa conclusión.

Me rindo.

Pero estamos en 2017 y, en teoría, la educación recibida y el acceso a los medios debería haber conseguido una mayor formación política y el conocimiento de lo que es la democracia representativa cuando, evidentemente, no es así. Quizás ni se habla de ello o se habla poco en las escuelas y los institutos. No lo sé.

Una parte de la ciudadanía emplea su tiempo en insultar, mentir o provocar en las redes sociales, lanzando mensajes absolutamente falsos o malintencionados que, inmediatamente, encuentran miles de seguidores que tratan lo dicho por muchos desaprensivos como verdad revelada. Como hechos incuestionables.

Pero el problema no sería tan grave si los políticos “profesionales”, los que saben con toda seguridad lo que es verdad y es mentira, y lo que es legal o no lo es, no falsearan deliberadamente la realidad de los hechos defendiendo causas egoistas o buscando votos entre la miseria y la podredumbre. Y estos días, muy especialmente y con motivo del problema catalán, los impresentables crecen como setas.

Y pongo como ejemplo paradigmático la última “declaración institucional” de la alcaldesa de Barcelona, la señora Colau, en nombre de su Consistorio, que en unos minutos batió todos los récords de filibusteismo, miseria profesional y falsedad, tratando descaradamente de recoger todas las migajas del destrozo causado por los dirigentes catalanes. A esta señora, con clarísima vocación de poder, no le ha importado encabronar más, y perdón por la expresión, a los ya encabronados, con conocimiento de causa o sin ella, romper más la sociedad catalana, o ampliar la brecha abierta entre esta comunidad y el resto de los pueblos de España.

Esta señora habló de las medidas preventivas adoptadas ayer en términos de venganza del gobierno, voluntad de humillar a Cataluña, y lindezas semejantes. No dijo en ningún momento que las medidas, sean proporcionadas o no porque no tengo formación jurídica para calificarlas, las dictó una juez prestigiosa, con treinta años de experiencia, haciendo uso de la libertad que la ampara para que pueda ejercer la judicatura sin influencias ni directrices de personas como la señora Colau, o el señor Rajoy si fuera el caso, al que, por cierto, no le habrá sentado demasiado bien la decisión de la juez porque altera aún más el momento político de Cataluña.

Pero él sabe, y respeta, que los tiempos de la justicia son como son y así debe ser. Por más que esta mañana haya escuchado en la radio, concretamente en la Cope, al Sr. Montilla, senador y ex de todo, que los jueces “no deben ser autómatas” aplicando la ley, y que deben “considerar” los momentos en que toman medidas o dictan sentencias. Así nos va si un personaje de este calado insisten en que el poder judicial se someta, más o menos, a la influencia de la política o de las circunstancias.

Y esta señora, la alcaldesa de Barcelona, afirma que han metido en la cárcel al gobierno “legítimamente elegido en las últimas elecciones autonómicas”, lo que es rigurosamente cierto. Pero no ha dicho que los gobiernos autonómicos se eligen para administrar los recursos transferidos en beneficio de sus administrados, dentro del marco de la constitución y de las leyes del estado, y las de las propias autonomías, de rango menor que las estatales.

Y que el gobierno de la Generalitat, al que tanto defiende, ha incumplido sistemáticamente este mandato pese a las advertencias de sus propios organismos legales, de la oposición en el Parlament, del gobierno de la nación, y del Tribunal Constitucional, por lo que el gobierno, haciendo lo que le obliga la Constitución y con el apoyo de la gran mayoría de los representantes del estado en el senado, decidió aplicar el artículo 155 para restablecer el orden constitucional en Cataluña, y que la primer medida fue destituir al gobierno desleal que ha querido desafiar al Estado. Y que esta destitución es tan legal como los resultados de las elecciones autonómicas, por lo que, señora Colau, el Gobierno de Puigdemont ya no es legal en Cataluña.

Lo fue en mala hora y para desgracia de los catalanes.

Y también se enmascaran los hechos de ayer, como si las medidas preventivas fueran una sentencia en sí mismas. No los son, señora Colau, y Ud. lo sabe bien. Se hubiera decidido o no la prisión preventiva, y en ello parece haber influido bastante la actitud gallarda del Sr. Puigdemont huyendo a Bélgica, el meollo de la cuestión son los delitos cometidos que se juzgarán en su día, se decidan o no medidas preventivas.

Y, estén o no en la cárcel, en la cárcel ingresarán si así lo decide la sentencia, como ingresarán todos los que gozan de libertad provisional en España por estar acusado de delitos de corrupción por ejemplo, cuando las sentencias sean firmes. Y que las amnistías y los indultos puede que estuvieran previstos en la idílica República de Cataluña, con todos los poderes sometidos a la autoridad de los gobernantes, pero no se contemplan en las leyes españolas. Las leyes que Ud. debe respetar, señora Colau, porque es española y ostenta un cargo público.

Por todo lo cual considero que la muy ambiciosa señora Colau, que quiere ser la futura lideresa de Cataluña, a plena luz o en la sombra, es mentirosa, dañina para la situación actual de Cataluña, en la que hay que apaciguar y no enardecer, y nada de fiar. Todo ello con la ayuda inestimable de otro personaje destacable, Pablo Iglesias, al que la historia pondrá en su sitio a no mucho tardar, porque su carrera política se terminará tan rápidamente como empezó ya que no tiene consistencia ni principios. ¿De izquierda y apoyando a separatistas? ¿Sabe Ud. quién es Francisco Frutos? ¿Sabe que es catalán, hijo de campesinos y campesino en sus primeros tiempos, antes de militar en el extinto PCE? ¿Sabe cómo peleó por los trabajadores y cuantos enemigos se creó por hacerlo? ¿Le escuchó el otro día decir que “Podemos ha sido el palanganero del independentismo en Cataluña”?

Lo más probable es que Francisco Frutos, como tantos otros que pelearon por conseguir la España que tenemos, sea un desconocido para el Sr. Iglesias, como lo será para la inmensa mayoría de los menores de cuarenta y cinco años. Y que conste que nunca he estado de acuerdo con los planteamientos comunistas, pero siempre agradecí la honradez de estos personajes, y su labor de contrapeso, como la que ejerció el entrañable Marcelino Camacho, el hombre enseña de CCOO, que lucía en los inviernos los jerséis de cuello alto que le tejía su mujer, y que nos prevenía de los “contubernios” con aquel hablar tranquilo y familiar. Al que quisieron hacer político y no pudieron, porque era sindicalista. Como le ocurrió a Nicolás Redondo Urbieta, el líder carismático de la UGT.

El, Marcelino Camacho, sí que podía decir con la cabeza muy alta que “Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”, porque nació en una familia modesta, vivió modestamente y estuvo encarcelado por defender “al proletariado” de los peligros del “capitalismo y la judeomasonería”. Él, como muchos otros, nunca, jamás, hubiera hecho o dicho algo que no fuera en defensa de la clase obrera, dentro de la ley, que siempre acató, y en apoyando la universalidad de la lucha social, tan contraria a la idea de los nacionalismos y los derechos a decidir.

En cambio, a Ud. señor Iglesias, no le ha costado nada llegar a donde ha llegado. Su andadura política ha sido un camino de rosas. Protegido por las leyes del Estado, estudió y creció en el seno de una Universidad y se hizo famoso porque supo aprovechar la indignación y la desgracia de los desfavorecidos por la crisis el 15 M. Porque inteligente no parece, pero listo sí que es.

Fue la primera vez que se puso delante de una pancarta y, desde entonces, no ha dejado de aprovechar cualquier oportunidad de ponerse a la cabeza de los movimientos que otros han gestado.

Y han sido tantas las pancartas que, francamente, ni podemos reconocer la base política de Podemos, ni puede seguir aglutinando a sus movimientos y sus mareas. Ni le entienden ni le siguen.

Perdonen la pedantería, pero creo que de vez en cuando hay que recordar cuales son los tres poderes del Estado, y como deben actuar para proteger a nuestra sociedad. Al estilo de Epi y Blas, los pedagogos infantiles de la tele de hace muchos años:

El legislativo, que crea o corrige las leyes del Estado Español y controla la gestión del gobierno. Está formado por 350 congresistas. Por cierto; son los mismos que fijó la transición cuando se escribía a mano o con máquina de escribir mecánica, se viajaba en coche, en tren y/o, con suerte y según localidades, en avión. No teníamos más medio de comunicación que el correo ordinario, el teléfono, el telégrafo o los teletipos, y tampoco existían las Autonomías con funciones delegadas. ¿Seguro que no sobrara más de la mitad?

El ejecutivo, que gobierna cumpliendo las leyes y haciéndolas cumplir, dentro de los límites que le marca la constitución.

El judicial, que juzga y califica los incumplimientos de la ley, y dicta sentencias aplicando las leyes que han creado los políticos del poder legislativo.

Todo ello bajo el amparo institucional de la corona, del Rey, representante del Estado español, que reina, pero no gobierna, asumiendo las funciones que le asigna la constitución: El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.”

Son poderes independientes porque, aunque la fiscalía es jerárquica y al Fiscal General lo nombra el gobierno, los fiscales son autónomos en sus decisiones, y, en todo caso, las sentencias las dictan los jueces, que son totalmente independientes. Y si las sentencias no perecen justas, siempre existe el derecho a recurrir. Y si el juez no parace el apropiado para un determinado caso, se puede solicitar su recusación justificando las razones para hacerlo.

Pues bien. Como decía anteriormente, resulta que políticos profesionales, que pertenecen a partidos registrados y ocupan puestos en la administración central, autonómica o local, o no lo sabían cuando ocuparon los cargos, o se han visto afectados por ese mal del populismo que nos ha invadido y que les confunde el entendimiento.

Porque, interpretando la ley y desautorizando al poder judicial, tipifican a su libre albedrío los hechos afirmando que un detenido por orden de un juez es un “preso político”, o que invadir calles y generar tumultos frente a edificios oficiales coaccionando a funcionarios es “derecho de opinión”. Pero cuando los políticos catalanes tuvieron que entrar en el Parlament escoltados por la policía o en helicóptero, no lo entendieron como libertad de expresión. Los denunciaron y pidieron su encarcelamiento por “coartar a los legisladores”, delito tipificado en las leyes españolas. ¡Curioso!

Lo peor de esta historia, insisto, es que están confundiendo gravemente a la ciudadanía a la que están abocando a situaciones extremas en función de sus intereses particulares o, como mucho, de partido.

Paz y sosiego es lo que falta. Lo que sobra son políticos indeseables, arribistas y deformadores de la conciencia de la ciudadanía. Como la Señora Colau, por ejemplo.

Y ¡por favor!, no prostituyan más la palabra “diálogo”. Recuerdo un cartelito que compré en un mercadito de Londres que decía “Be flexible. Do things my way”, traducido al castellano “Se flexible. Haz las cosas a mi manera”, que puse sobre la mesa de mi despacho. Naturalmente era una broma de jefe a mis colaboradores, pero me temo que, en estos tiempos, hay muchos que lo toman literalmente. Son políticos para los que dialogar es “hacer las cosas a su manera”.

Valencia, 3 de noviembre de 2017

Hablemos de “lo nuestro”. Los peligros del independentismo valenciano.

Parece que, al final, el futuro de Cataluña se decidirá dentro del marco de la Constitución, y poco más podemos hacer. Incluso parece innecesario manifestarse en uno u otro sentido, excepto en Cataluña, donde es bueno que los no separatistas manifiesten su opinión de la misma forma que lo hacen los excluyentes. Allí sí porque son parte muy directamente interesada.

¿Nos hemos dado cuenta de lo que ha ocurrido realmente? Una comunidad poderosa como Cataluña, que lleva décadas aleccionando a los niños utilizando la enseñanza para minimizar los valores de España y potenciar los de Cataluña, idealizándola como eje fundamental en el progreso de la humanidad. Que han reescrito retazos de la historia montando falacias como su versión de lo sucedido en la Guerra de Sucesión, en la que su clase dirigente apostó por el bando perdedor, y han terminado construyendo un relato en el que el asedio de los ejércitos franceses, los del Borbón aspirante al trono español, fueron un ataque del resto de España. Y más concretamente de la propia Castilla.

Una comunidad que ha tenido a su disposición toda una batería de televisiones y emisoras de radio, que ha subvencionado generosamente a los medios de comunicación locales convirtiéndoles en afines o no beligerantes, y a entidades nacionalistas de dentro y de fuera de Cataluña (una parte importante de esas subvenciones han venido a Valencia), que ha promovido y soportado económicamente redes de agitación popular como la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, las de los “Jordis”, esta Cataluña que ha abierto embajadas por todas partes y ha despilfarrado miles de millones preparando su salida de España, culmina el “procés” de independencia con una votación casi furtiva, tramposa e irregular, en la que sus señorías han procurado muy mucho protegerse de las leyes de España. ¡De las leyes de España!

¿Cómo es posible que los propios padres de la nueva república catalana, la poderosa, la que iba a ser piedra angular de la Comunidad Europea, y reconocida por todas las naciones del mundo mundial se protejan de la justicia de España? ¿Por qué no han votado a pecho descubierto, mostrando sus gozosos “sies”, orgullosos de lo conseguido y de que, ¡por fin!, la historia hubiera hecho justicia a Cataluña disgregándola de España, la parásita, entre los vítores y aplausos de propios y extraños?

Porque todos eran conscientes de que la votación solo era la guinda de una gran tarta de mentiras y disparates. Enormes mentiras. Y sabían que todo ese esfuerzo culminaba en la nada más absoluta. Que el sonido de todas sus fanfarrias no podía acallar la verdad, tozuda e inmisericorde, de que la muy poderosa Cataluña no puede ser más que el estado que la contiene. Como tampoco lo pueden ser Andalucía, el País Vasco, Galicia, o la Comunidad Valenciana, pongo por caso.

Y la realidad es que toda está gran operación en la que se ha dilapidado tantísimo dinero detraído de partidas presupuestarias que hubieran mejorado los servicios cotidianos necesarios para los catalanes, ha sido un rotundo fracaso que ha culminado con un baño de realidad indiscutible, una afirmación rotunda de que es imposible retroceder en progreso, bienestar y concordia a impulsos de fanatismos y planteamientos viscerales.

Y nos encontramos con que la idea de una Cataluña triunfante que cambia su “senyera” tradicional, importada por cierto del Reino de Aragón, por la “estelada”, preparada para incorporar otras dos estrellas, la de la Comunidad Valenciana y la de las Islas Baleares, cuando se culminara su quimera “dels Països Catalans”, ni siquiera puede remontar el primer escalón de su mítico proceso.

Y que, en un mundo afortunadamente globalizado, donde las naciones, ¡por fin!, han encontrado causas comunes y lugares de encuentro, los nacionalismos decimonónicos no tienen cabida ni razón de ser, porque son todo lo contrario a lo que todos queremos y lo que la humanidad necesita. Que en la Comunidad Europea aúnan esfuerzos y proyectos países que hace cuatro días inmolaban a sus ciudadanos luchando unos contra otros en las trincheras de Francia o de otros países de la vieja Europa, y que, como contraste y más recientemente, los nacionalismos causaron los genocidios de la antigua Yugoslavia.

¡Aplausos generosos para los protagonistas! Pasarán a la historia porque malgastaron el dinero que les confiaron, utilizándolo para intentar cambiar la historia y la realidad, para dividir a los catalanes entre ellos, y para fomentar un anticatalanismo injusto en el resto de España. Quizás deliberadamente porque necesitaban crear el enemigo externo. La gran amenaza. El dragón que les quiere devorar.

Y dejo aquí la cosa, reconociendo que hay un problema de sensibilidades y de desencuentros, algunos reales, que hay que solucionar.

Pero todo esto viene a cuento de “lo nuestro”. Quizás la desgracia de Cataluña tenga como aporte positivo el que los ciudadanos españoles, y muy especialmente los valencianos, abramos los ojos y descubramos el gravísimo peligro de los populismos reinantes. Los que prometen conducirnos a sus Jaujas imposibles que acaban siendo Barataria, la gran mentira con la que embaucaron a Sancho Panza. Porque, realmente, nos estamos dejando seducir tontamente por gente “todo fachada” y verbo fácil, como sedujeron al genial escudero del caballero de rocín flaco y galgo corredor. Y, como se ha podido comprobar por la actitud y los hechos de los independentistas catalanes y de algún partido nacional, como Podemos por ejemplo, estamos jugando con fuego.

Y el populismo es especialmente peligroso cuando manipula la fibra de las raíces y de los sentimientos, dando lugar a los malditos nacionalismos excluyentes.

Y aquí y ahora, en Valencia, se están siguiendo los pasos de un proyecto fracasado en Cataluña y claramente pernicioso para los valencianos. La gente del Bloc, los Morera, Marzà y de otros grupos nacionalistas están ensamblando las estructuras del “procés” valenciano: una pseudo TV3, una inmersión lingüística poco pactada, una política de subvenciones dirigida en parte a los movimientos nacionalistas, y, sobre todo, el lenguaje. Un lenguaje cada vez más excluyente que empieza a hacer mella en la sociedad valenciana. Ellos son los buenos y el resto los malos. Ellos creen en las libertades y practican la verdadera democracia, y el resto somos franquistas, fascistas, o retrógrados. Ellos son el pueblo y nosotros las élites interesadas. Ellos son verdaderos valencianos y el resto, castellano o valenciano parlantes, enemigos de la lengua y la cultura.

Si les acosan, acto absolutamente condenable se lo hagan a quien se lo hagan, son ultraderechistas, intolerantes y fascistas (cosa que no descarto), pero cuando son ellos los que acosan solo hacen uso de la libertad de expresión, porque ellos, el pueblo llano, no tienen otra forma de denunciar a corruptos o manifestar sus inquietudes.

Esto está sucediendo desde hace años, pero se ha acelerado en los últimos tiempos, seguramente motivado por lo que iba a ser triunfo inapelable de las tesis separatistas catalanas.

Y todo esto sucede en nuestra Comunidad, como es evidente, por el impulso de señalados nacionalistas de corte pancatalanista, favorecidos por el beneplácito y/o la ambigüedad de Podemos y de Compromís, y por la indecisión del PSOE, el único capacitado para poner orden en el despropósito de seguir una senda que no puede llevar más que al fracaso y a la desunión de los valencianos, cada vez más etiquetados y enfrentados.

Estamos a tiempo. No nos comportemos como los niños que siguieron al flautista de Hamelín o acabaremos, como ellos, secuestrados por alguien que los utilizó como rehenes para conseguir un fin personal.

Aprovechemos la extraordinaria lección histórica de lo sucedido en Cataluña, esta vez, afortunadamente, sin violencias ni derramamientos de sangre, y continuemos siendo la comunidad que ama, eso sí, sus tradiciones, que no necesita tergiversar su historia porque ha sido rica, muy rica, en hechos y valores aunque, como todas, haya tenido sus sombras. Y que ama su idioma al que hay que potenciar de forma limpia, sin trampas ni enfrentamientos, para poder entender mejor a los antepasados que la hablaron y la escribieron, en la que rieron y lloraron, la que escuchaban cuando mamaban y en la que murieron.

Estamos a tiempo, repito. Pongamos nuestro esfuerzo en potenciar nuestras causas comunes en lugar de buscar grietas y puntos de desencuentro que nos harán más débiles. Y no estaría de más que leyéramos con calma la letra del himno de la Exposición Regional de 1909 (¡que carteles tan hermosos!), ahora el oficial de la comunidad. Que es el himo de todos pensemos lo que pensemos. Que no es cursi ni arcaico. Es pura poesía que habla de valores comunes, del orgullo de pasear por nuestros campos, de la necesidad de aunar esfuerzos para nuestra prosperidad, del ruido cristalino de nuestras aguas, incluso en tiempos de sequía, de nuestras músicas.

Y practiquemos el ahora vergonzante hábito de mostrar sentimientos, recuperando en nuestras relaciones personales aquellos “cantos de amor, himnos de paz” que emocionaron a Maximiliano Thous.

Flamege en l’aire nostra Senyera!
Glòria a la Pàtria!
Visca València!
Visca! Visca!! Visca!!

La inviabilidad de la república catalana

La suerte está echada y la historia juzgará a los irresponsables que han llevado a una región tan importante como Cataluña a una situación tan absurda como inviable. Y los juzgará como villanos, no como los héroes que pretendían ser.

Pero ahora entramos en un periodo, seguramente muy largo, en el que tenemos que recuperar la normalidad y poner las cosas en su sitio. Decía ayer en Facebook que “boicotear productos catalanes es una medida muy desafortunada porque hay muchos catalanes no separatistas, la mayoría, porque la globalización hace que muchos productos tengan componentes de fuera de Cataluña, y porque se trata de construir y no de agrandar el conflicto. Cataluña sigue siendo tierra española por mucho que le pese a los promotores de este lio”.

Nos espera una larga temporada en la que el sensacionalismo campará por sus respetos, y en la que las emisoras de radio y las televisiones conseguirán abundante material a precio de saldo llenado los espacios con anécdotas puntuales sobre sucesos y sucedidos. Veremos a un nacionalista insultando a un españolista, a un españolista atacando a un separatista, a un mosso discutiendo con un policía, a unos y otros quemando banderas o fotos del Rey, etc.

No olvidemos que somos muchos millones de españoles, también son millones los catalanes, y que locos y gente que comete locuras “haberlo hailos”. Y que estas situaciones de inestabilidad excitan a los que se sienten importantes diciendo tonterías. Los que buscan su minuto de gloria.

Que esto no tiene la mínima posibilidad de prosperar lo sabemos la mayoría de los que tenemos los pies en el suelo y conocemos cuál es nuestro entorno, Europa, pero los independentistas están muy organizados y ejercerán una presión brutal en las calles y en las redes sociales. Actuarán como esos animales, dicho sin ánimo de ofender, los gatos, por ejemplo, que erizan los pelos y “se engordan” artificialmente para parecer más peligrosos de lo que realmente son.

Mucha paciencia y no contribuyamos a ampliar las grietas abiertas entre los catalanes, y entre Cataluña y el resto de España. Les haríamos el juego.

No hace falta exhibir banderas españolas ni cantar “soy español, español…”. Nosotros lo somos y ellos también lo son, por mucho que les pese, de la misma forma que un hijo desciende de sus padres por mucho que insista en que ha nacido de otra madre.

Yo reconozco que España es mi nación, mi patria, pero no refuerzo mi sentimiento patriótico portando banderas ni colgándolas en mi balcón, porque me parece una forma de marcar diferencias con otros españoles, que también lo son, o una forma de utilizarlas como arma arrojadiza. Me basta con verlas en las fachadas de los edificios públicos y me gustaría verlas, esos sí, en los colegios públicos y privados. Porque nuestros niños, luego jóvenes, saben poco de nuestra forma de gobierno y del contenido de nuestra constitución.

Menos cuando juega una selección deportiva española, por ejemplo, porque, en ese caso, la bandera es símbolo de unidad entre personas de toda índole y condición que manifiestan una coincidencia de intereses.

Escondamos pues las banderas y dejemos trabajar al Estado y a los responsables de rectificar esta anomalía en el plazo más corto posible y con los menores daños colaterales.

Sufrimiento habrá, y mucho, pero no olvidemos que el tren que han puesto en marcha en Cataluña ni siquiera puede salir de la estación. Veremos manifestaciones y mucho ruido, pero el poder real lo tiene el estado que, sin duda, ejercerá su autoridad.

Un ejemplo simple para los románticos crédulos. En cuanto el BOE publique la destitución del President y de su gobierno, los dirigentes catalanes podrán contar con muchos mossos para que les defiendan de la Guardia Civil o de La Policía Nacional, fuerzas opresoras e invasoras, pero ni siquiera hará falta tener prisa en detenerles si algún juez lo ordena. Bastaría, digo yo, con que les retiren el poder de firma y ordenen a los bancos que bloqueen cualquier orden de pago que no proceda del Ministerio de Hacienda.

Tengo la absoluta seguridad de que ninguna entidad incumpliría la orden del gobierno de la nación. Y llegado a este punto, ¿cómo podría sobrevivir un gobierno sin financiación y “sin poderes”?

Lo realmente increíble es el número de catalanes que han creído en los cantos de sirena de unos dirigentes insensatos y falaces. Falaces porque ellos son los primeros en saber que todo esto no deja de ser un drama en dos actos, el de la proclamación y el del retorno a la normalidad democrática.

Que yo conozco a muchos de ellos y doy fe de que son gente con cabeza. Seguramente han creído parte del “España nos roba” o, simplemente, han pensado que la Generalitat estaba tensando la cuerda para conseguir mejor financiación, sin esperar semejante desenlace.

En fin. Ellos se han equivocado y también serán los primeros en sufrir las consecuencias. Y espero que la famosa mayoría silenciosa despierte de una vez, y recupere un espacio que han ocupado, porque se lo han dejado libre, los populistas y los nacionalistas.

Yo he seguido en directo toda la sesión desde un pueblo de Valencia, y he escuchado una traca cuando se ha aprobado la propuesta de independencia ¡Cuanta pedagogía hace falta entre la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes! Luchar contra el sistema y por las ideas de cada uno sí, pero desde “dentro”. Porque “fuera” hace mucho frio y no hay ninguna posibilidad de sobrevivir.

Día trise, pero también de esperanza porque todos estos sucesos nos forzarán a reconsiderar algunos conceptos que teníamos olvidados.

Calma y paciencia. Visca Catalunya. Viva España.

Son otros tiempos y la mentira muchas veces repetida no se convierte en verdad.

He visto en Facebook un vídeo compartido por Dolors Matilló en la que un señor, al que no puedo identificar, pronuncia unas palabras sobre la situación de Cataluña. Como siempre: bonitas palabras para envolver el regalo envenenado del mensaje. España es la mala dela película, las fuerzas del orden son brutales por naturaleza, y todo lo que ocurre, incluida la fuga de bancos y capitales de Cataluña, son maniobras del gobierno, mejor del Estado porque incluye al Rey en el complot.

La Caixa, santo y seña de Cataluña que jamás se metió en política en toda su historia, y el Banco de Sabadell son totalmente libres de tomar sus decisiones. Es más. Fueron ellas, junto a otras grandes empresas catalanas, las que pidieron al gobierno que aprobara el decreto que permite cambiar las sedes sociales sin necesidad de que lo aprobaran sus juntas generales. Esto no es una opinión, es un hecho comprobado y reconocido.

E “ainda mais” que diría algún amigo gallego. El acogerse al decreto, suponiendo que lo hubiera creado el gobierno por su cuenta, era una decisión voluntaria de todos ellos. Y todos lo han aprovechado.

Porque ambas entidades y muchas otras empresas importantes de Cataluña no podía hacer frente a una junta de accionistas en semejante situación. ¿Se imaginan como hubieran estado las calles alrededor de sus sedes? Lo más probable es que hubieran invadido sus salones de actos. Y, como es natural porque forman parte de la estructura del Estado español, pidieron su protección en forma de decreto.

Y lo hicieron porque todos estos empresarios conocen la verdad y no aceptan los mensajes de “jaujilandia” lanzados una y otra vez por los responsables políticos de Cataluña, al estilo del que lanza este señor. La verdad demostrada es que a Cataluña no iban a venir los bancos en tropel, y fuera del Europa y del euro no hay vida económica. Y tenían que proteger los intereses de sus clientes, de sus accionistas y de la propia Cataluña.

¿Qué el día uno hubo violencia en las calles? Claro que sí. Y quizás, en alguna medida, innecesaria. Pero los que “empujaron” a la revuelta fueron los que fueron, porque necesitaban imágenes como las que se produjeron. Y si no consiguieron suficientes o suficientemente violentas, no dudaron en utilizar otras cargas, incluidas las de los mossos en 2012. Que algunos nos fijamos en los uniformes y sabemos distinguir.

Pero lanzar la idea de que los únicos malos de la película fueron las fuerzas del orden, es como suponer que la que causó la pantanada de Tous fue una señora imprudente que tiró un cubo de agua al pantano y, como estaba lleno, hizo que se desplomara la presa. ¡Qué somos mayorcitos y podemos pensar! ¡Que es una estrategia de muchos años y muy bien planificada!

Y luego lo de Franco. ¡Que pesadez! Pero comprensible. Los demagogos y populistas necesitan comparar sus bondades con la maldad de “los otros”. Ya se está agotando el discurso de la corrupción, maldita corrupción, y necesitan algo más. Solución: encontrar similitudes entre el gobierno del PP y lo que hubiera hecho Franco.

Señores historiadores de “a cien”. Con Franco no hubiera pasado nada de todo esto, porque, como he dicho otras veces, habría mucha gente en la cárcel, a modo “preventivo”, y tanques por las calles. E incluso es posible que las calles de Barcelona se hubieran llenado de gente con banderas españolas. Que yo lo he visto.

Reescribir la historia es fácil si te diriges a quien no la conoce o no la ha vivido.

Y es que, aunque parezca mentira, la gran mayoría de los españoles no necesitamos a Franco y hemos encontrado una manera pactada de convivir en democracia. Los de algunos partidos de izquierda, los extremistas y los antisistema, sí. Deberían ir en peregrinación al Valle de los Caídos para agradecerle lo mucho que hizo por ellos.

El Estado y la brutalidad de los agente del orden en Cataluña – ¿Tu quoque PSOE fili mi?

Es un hecho que la Vicepresidenta Soraya Sáenz forma parte de la cadena de mando que decidió desplazar Policía y Guardia Civil a Cataluña, y que lo hizo porque el mandato del fiscal, luego del juez, no se podía cumplir “solo” con los Mossos y necesitaban refuerzo.

Luego resultó que los Mossos se hicieron a un lado y les dejaron solos, pero esa es otra historia.

De lo que ocurrió allí tengo una impresión bastante clara a la vista de las imágenes, que difiere de las versiones “oficiales” de organismos tan objetivos como la propia Generalitat, Òmnium Cultural, Junts pel Si, etc. Pero no quiero entrar en los detalles negros de la jornada.

Lo evidente es que las fuerzas de orden público demostraron una profesionalidad ejemplar porque eran grupos relativamente pequeños que resistieron empujones, insultos y agresiones de cientos, y en algunos casos miles de exaltados.

Que la sangre no llegó al rio por parte de las fuerzas de orden se demuestra por el número real de heridos atendido en hospitales. También se atenderían pequeñas lesiones en las ambulancias de cada zona, pero, en cualquier caso, seguro que las cifras definitivas son muy inferiores al número de “perjudicados” que dijeron a quien quiso oírlos que les habían medio matado, incluso, en algún caso, con agresión sexual. ¡Como le gusta a Ada Colau comentar y divulgar lo de las “agresiones sexuales”! Será que los policías, cien contra tres mil, tuvieron tiempo suficiente para machacar, saquear y violar, como se dice que ocurría en las guerras de Flandes, cosa que nunca afirmaré porque yo no estaba allí.

En cuanto a los manifestantes, y pese a la extrema exaltación del momento, casi digo lo mismo. Tres mil manifestantes podrían haber linchado a los agentes y no lo hicieron. Es cierto que insultaron y transgredieron la ley muy gravemente acosándoles y destrozando bienes públicos, sus vehículos por ejemplo, pero tampoco se produjeron heridos de consideración entre los agentes que intervinieron en las operaciones.

Mi conclusión es que el PSOE, y en su representación Pedro Sánchez y Margarita Robles, proponen reprobar a la vicepresidenta a costa del honor y la buena imagen de los agentes desplazados. Porque si ella no les mandó a “a escarmentar” a los manifestantes, y seguro que no fueron esas sus instrucciones, y se produjo algún incidente, la conclusión del silogismo es que fueron los agentes, por su propia iniciativa, los que se desmadraron con los ciudadanos que ocupaban las calles pacíficamente, cantando himnos de paz al estilo de los antiguos hippies. No sé. Puede preguntar a sus escoltas, miembros de los mismos cuerpos represores, por si “saben algo”.

Y la que nos anunció la propuesta fue la enfática Margarita Robles, juez de profesión.

También yo tengo una propuesta: por lo que recuerdo, Pedro Sánchez es hombre muy dado a ponerse en situación en casos especiales (yo le he visto jugar al baloncesto en silla de ruedas con discapacitados, por ejemplo), y no creo que tenga ningún inconveniente en ir a Barcelona, equiparse con uniforme de antidisturbios, e ir con los agente a cumplir algún mandamiento judicial.

Y si quiere asegurarse mejor de la brutalidad de los agentes, puede ponerse en primera fila y llevarse como testigo, también uniformada por si acaso, a Margarita Robles.

Me temo que no lo hará. ¿Uds. creen que sí?

Al margen. Hoy he vuelto a escuchar en la radio las justificaciones de Ábalos para la reprobación. ¡Dios mío! ¿Alguna vez podríamos pensar que escucharíamos semejantes simplezas? Definitivamente, y no tengo más remedio que terminar así gran parte de mis reflexiones, están absolutamente convencidos de que somos tontos.

Y sigo sorprendiéndome de que sea el PSC quien dirija la estrategia del PSOE en Cataluña. Ellos están allí desde hace muchos años y, francamente, no parece que sus actuaciones hayan sido especialmente brillantes. Y por cusa de uno de los males de la modernidad política: la equidistancia.