Otra de tantas falsedades: La verdad sobre la expulsión de los judíos en España.

Ayer me desayuné con las afirmaciones de Clara Ponsatí en el Parlamento Europeo comparando la expulsión de los judíos españoles en 1942 o el exterminio de Hitler a los miembros de esa raza con la “persecución” de España a los catalanes.

Y aunque la especialidad de la Señora Ponsatí sea la economía, es evidente que su nivel cultural, licenciada en economía en la Universidad de Barcelona, permite suponer que decir semejantes despropósitos solo puede obedecer al interés en mostrar en Europa la imagen de una España negra, retorcida y con un pasado sucio, mucho peor, por supuesto, que la nación más cruel y sanguinaria del mundo occidental.

Lo lamentable es que muchos españoles, y no solo los independentistas, se creen todo lo malo que se dice sobre nuestra nación y nuestra historia. Lo que resulta incomprensible.

No me explico que hayamos cambiado la España de los tiempos del franquismo, en los que se sobredimensionaban “las glorias” de nuestra patria, se decía que éramos “una unidad de destino en lo universal” y en la que se mostraba un águila imperial orgullosa de ser “una, grande y libre”, por la España actual que es lo peor de lo peor.

Y que no sirva este comentario para que me acusen de apología del franquismo, porque ni de coña. En todo caso de apología a la inmadurez política de los españoles de ahora.

Lo que quiero decir es que la campaña de reescribir la historia que emprendieron las izquierdas y los progres, ha tenido como daños colaterales que  se eliminen hechos positivos que se realizaron por gente “de derechas” o en época de imperios, reinados, y regímenes por el estilo. Porque es bien sabido que solo en España hemos tenido imperios, reinados, y regímenes por el estilo. Las demás naciones no. Los ciudadanos de todas ellas cantaban canciones por los prados mientras nosotros matábamos indios en América o quemábamos herejes en las hogueras.

Y así se ha pretendido que el descubrimiento de América se convierta en una sucesión de hechos delictivos, mucho peor que las conquistas coloniales de otras naciones o del exterminio de los indios de américa del norte, por ejemplo.

Como está demostrado, solo es bueno lo hecho por las izquierdas. Los asesinatos y tropelías de los gobiernos de izquierdas, que los ha habido y muchos,  estaban justificados porque los castigados eran fascistas peligrosos que querían matar niños y robar al pueblo, especialmente si eran curas, monjas, o gente de la iglesia.

Las víctimas de los asesinatos y tropelías de los gobiernos de la derecha, que también los ha habido y demasiados,  eran luchadores por las libertades, aunque formaran parte de piquetes que asesinaban a gente en las cunetas, o responsable de checas que torturaban y asesinaban sin ningún control legal.

¿Alguien con dos dedos de frentes se puede creer que hay matones o asesinos justos e injustos?

Pues sí. Hay muchos españoles que han comprado esa mercancía averiada de la España de los buenos y de los malos, como si no fuera cierto que todos descendemos de los que mataron y de los que murieron, de los que hicieron cosas buenas y de los que hicieron cosas malas.

Mercancía necesaria porque la “verdad incuestionable” de estos relatos es lo que justifica la supuesta “autoridad moral de la izquierda”.

Pues bien, volviendo al tema, nuestra buena señora Ponsatí ha dicho textualmente que:

 “Uno de los crímenes más serios contra el pueblo judío tuvo lugar en 1492 cuando los denominados Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos de Sefarad. Este primer episodio de antisemitismo de Estado, admirado por Adolf Hitler y que va a intentar superar, es la piedra angular del trágico historial español de intolerancia. Hoy esta intolerancia toma la forma del desprecio a los derechos de la minoría catalana”.

Lo que supone, entre otras majaderías, que el antisemitismo feroz y sanguinario de Hitler estuvo inspirado en las actuaciones históricas de España contra esa raza.

No cabe duda de que escuchar falsedades sobre España es nuestro sino, como también lo es que, en lugar de negar rotundamente las mentiras o las exageraciones, muchos españoles se crean todo lo que dicen de nosotros partes interesadas. Francamente somos un pueblo absurdamente masoquista.

No hay ninguna duda de que en algún momento del pasado las naciones europeas amplificaron todo lo posible los hechos más oscuros de la historia de España. La razón es muy sencilla: En los tiempos en los que comenzaron las “leyendas negras”, España, la imperial, era más poderosa desde el punto de vista militar y para dañarla no tenían mejores armas que la propaganda negativa.

Porque la expulsión de los judíos de España, solo es una más de las que se habían producido anteriormente en otros países de Europa. Y cito un artículo firmado por Cesar Cervera en el ABC del 30 de octubre de 2014 con este titular:

“La expulsión de los judíos de 1492: la leyenda que construyeron los enemigos de España”

Y que en una parte del texto dice:

Frente a la hegemonía militar que impuso el Imperio español durante los siglos XVI y XVII en toda Europa, sus enemigos históricos solo pudieron contraatacar a través de la propaganda. Un campo donde Holanda, Francia e Inglaterra se movían con habilidad y que desembocó en una leyenda negra sobre España y los españoles todavía presente en la historiografía actual. Al igual que ocurre con la Guerra de Flandes, la Conquista de América o la Inquisición española, la propaganda extranjera intoxicó y exageró lo que realmente supuso la expulsión de los judíos de los reinos españoles pertenecientes a los Reyes Católicos en 1492. En suma, los ganadores son los encargados de escribir la historia y España no estuvo incluido en este grupo.”

Y añade:

“Las expulsiones y agresiones a poblaciones judías, un grupo al que se atacaba con frecuencia para esconder los verdaderos problemas sociales, fueron una constante durante toda la Europa medieval”.

Así, el Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de bienes y la expulsión de la población hebrea de su reino en 1182. Una medida que en el siglo XIV fue imitada otras cuatro veces (1306, 1321, 1322 y 1394) por distintos monarcas. No en vano, la primera expulsión masiva la ordenó Eduardo I de Inglaterra en 1290. También fueron reseñables las que tuvieron lugar en el Archiducado de Austria y el Ducado de Parma, ya en el siglo XV.

La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada. Lejos de las críticas que siglos después recibió en la historiografía extranjera, la cruel decisión fue vista como un síntoma de modernidad y atrajo las felicitaciones de media Europa. Ese mismo año, incluso la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones. De hecho, la mayoría de los afectados por el edicto eran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra.

Es decir: No solo no fuimos los únicos, sino que fuimos los últimos en expulsarlos de los reinos de Europa y probablemente nos comportáramos con menos crueldad que lo hicieron los demás.

Que la expulsión de los judíos en todos los países fue una injusticia histórica es un hecho incuestionable, como también lo es el que la última razón no fue ni su religión ni sus costumbres, sino los intereses económicos y el temor que suscitaba el que gran parte de la Europa cristiana estaba hipotecada por los préstamos pedidos a los banqueros de esa raza.

Yo he tenido ocasión de conversar con algunos sefardíes en Estambul y me consta su amor a España y la añoranza por un pasado vivido por sus ancestros en las calles de lo que fue su patria hace siglos.

El Estado español, en 1967, revocó la expulsión de 1492. Y un año después tuvo lugar la inauguración oficial de la primera sinagoga.

Y en el año 2015, se promulgó la “Ley 12/2015 de  concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España. La solicitud y presentación de documentos debe realizarse obligatoriamente a través de la plataforma electrónica habilitada al efecto por el Ministerio de Justicia

En resumen: Ni somos la nación más condenada por el Tribunal de Justicia Europeo, ni por el de Derechos Humanos, ni somos la nación con más agresiones sexuales o más violaciones, ni tampoco somos “los malos de la película” contra los judíos o contra tantas otras causas.

Todo lo contrario; cuando se manejan datos estadísticos oficiales, solemos aparecer en los lugares más bajos de los gráficos. En los lugares reservados para “los buenos”

Pero no duden de que los constructores de historia de los últimos años, nuestros historiadores de la posverdad, insistirán en que la gran mayoría de los españoles, nosotros, estamos contaminados por el fascismo porque los somos desde el caudillo Viriato, que nuestros reyes, los Católicos por ejemplo, son el paradigma de la crueldad y el despotismo porque eran absolutistas, y que somos una nación señalada por el resto del mundo por sus errores y crueldades.

Pero para eso están ellos. Los independentistas para convertir a Cataluña en la Arcadia feliz libre del latrocinio de España, y los neocomunistas para restablecer la democracia, la tolerancia y las libertades en nuestra nación. O lo que seamos.

Dejemos de juzgar los hechos históricos con los ojos de hoy en lugar de hacerlo en el contexto en el que se produjeron, cuando todos los poderosos eran brutos de solemnidad e imperaba la ley del más fuerte en todo el mundo “civilizado” para sobrevivir o imponer voluntades.

Y no escuchemos a los que nos acusan de todos los males, históricos y actuales. Es mentira. Una burda mentira repetida cientos de veces. Somos una nación que ha cometido errores y aciertos a lo largo de su historia, como todas las demás, pero que en la actualidad podemos y debemos presumir de ser tan democráticos como los que más, extraordinariamente avanzada en prestaciones sociales y una de las más garantistas en sus leyes de todo el mundo occidental. Incluso puede que excesivamente garantistas

Lo juro por Snoopy

Los problemas del campo y las mentiras del gobierno.

El campo español se levanta en armas, armas pacíficas, contra un gobierno que no les ayuda a resolver sus graves problemas de subsistencia y el gobierno, como no, se ha apresurado a desviar la atención mintiendo al achacar la responsabilidad de la situación a Mercadona, Consum y al resto  de grandes supermercados.

Cosa que es absolutamente falsa. Los datos estadísticos dicen que estos establecimientos solo dan salida al 7 % de las frutas y hortalizas producidas en España. El resto se dedica a la exportación y las industrias de transformación de alimentos. Luego su responsabilidad, si la tuvieren, sería muy limitada

El otro día escuché decir en la radio a Cristóbal Aguado, presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) que también el resto de naciones europeas, como Francia, Italia o Alemania, tienen supermercados y no padecen los problemas de la agricultura española.

Y también le he leído manifestar con tristeza y desilusión que “le gustaría no haber conocido a tantos políticos” como titular de una entrevista.

¿Dónde están los problemas?

No soy un experto, pero visto desde mis conocimientos y del sentido común, una parte de la situación actual se debe al exceso de gastos de producción, castigados por los costes de carburantes, electricidad, agua, seguros agrarios en los que, según dicen, no hay una clara relación entre primas y coberturas, impuestos y otros. Se dice que la subida del salario mínimo ha sido un desencadenante, pero yo no lo creo aunque es cierto que ha agravado los problemas existentes.

Pues bien, en casi todos ellos el gobierno tiene posibilidad de intervenir respetando los límites establecidos por la Unión Europea contra las medidas proteccionistas.

Y puede hacerlo porque tiene poder para regular muchas de estas partidas de gasto que son  impuestos directos sobre el agricultor o sobre las materias primas y otros elementos que necesitan para su actividad.

Otra parte puede deberse a que los agricultores no han acabado de completar el ciclo de la venta y necesitan intermediarios. Intermediarios que tiene costes y quebrantos en la distribución y que también pagan impuestos al gobierno en cada uno de los ciclos: recolección si se compra en árbol, transporte, almacenamiento, comercialización, etc.

Es un hecho que pocas cooperativas agrícolas son capaces de vender directamente a los supermercados por falta de la estructura logística y comercial necesaria para hacerlo.

Y también que la agricultura debe acomodarse a los cultivos más adecuados a cada terreno y a la demanda del mercado. No se puede pasar a de cereales a frutales en dos años, pero sí que conviene combinar cultivos para equilibrar los que son productivos a corto plazo con los que necesitan más tiempo de transformación para resultarlo.

Y todo esto lo sabe perfectamente el gobierno del Seños Sánchez. Mejor que nadie.

Gobierno que, como decía antes,  tiene las manos atadas en cuanto al proteccionismo, pero es libre para manejar algunos de los factores del costo porque dependen de ellos: IVA, IRPF, impuestos, etc.

Y para asesorar.

Que el problema no tiene una solución fácil es evidente. Que necesita compromiso y generosidad de todas las partes aún más. Que las soluciones a aplicar deben estar consensuadas por la mayoría de las fuerzas políticas con capacidad de gobierno para sacarlas de la lucha electoral es una necesidad. Se acuerde lo que se acuerde debe sacarse de la contienda política para que no se utilice como arma arrojadiza como se hace con la educación, las pensiones y tantas otras materias fundamentales. Es una absoluta necesidad.

Pero lo fácil es aumentar los gastos del Estado en partidas absurdas o de dudosa utilidad y contar milongas a los ciudadanos en la seguridad de que no tenemos capacidad de discernir.

Y echar la culpa a otros. Como es habitual.

España, nación peligrosa por las agresiones sexuales.

Los Estados Unidos han advertido a sus ciudadanos de que si viajan a España guarden precauciones porque somos un país especialmente preocupante por el número de agresiones sexuales que se producen.

Este es otro ejemplo palmario de lo estúpidos que somos los españoles y demuestra el interés que tenemos en mostrar nuestra nación como paradigma de carencias, peligros y tercermundismo.

Cuando no es verdad en absoluto. Las estadísticas de El País de 2015, no tengo más recientes pero habrán variado poco, muestran que lejos de ser un país peligroso, somos uno de los más seguros de Europa. Pero ¿a quién le importa eso? En la política rastrera de “alto nivel”, la más progresista, se dice que “no dejes que la verdad te evite un buen eslogan”

 ¿Qué es lo que ocurre? Lo de siempre en este caso y en tantos otros. En España hay un movimiento feminista perfectamente justificado que lucha por que la mujer consiga una igualdad de hecho con los varones. Y digo “de hecho” porque desde el punto de vista legal no existe ningún tipo de discriminación por sexo.

Pero es cierto que necesitan mucha más ayuda para conciliar trabajo y familia, para que las apoyen en la maternidad si quieren ser madres, o para que no sufran discriminaciones salariales disfrazadas de falsas situaciones contractuales.

Y, naturalmente, que gocen de una mejor  protección contra  abusos y agresiones.

Pero estamos en España y esa maldita política mal entendida de los oportunistas hace que cualquier causa noble que debería ser objetivo de todos los partidos y todos los ciudadanos, se convierta en lemas y banderías que permita separar a los españoles en  “buenos y malos”, en progresistas y fascistas, en machistas y feministas, o en no sé cuántas cosas más.

Seguro que en España hay muchos  que tienen el mismo interés que yo tengo porque la mujer se sienta libre e igual, y porque pueda desarrollar sus aspiraciones sin más limitaciones que las propias de su sexo o de su voluntad, pero me atrevo a afirmar que no existe nadie, por muchas consignas que vocee y muchas pancartas que enarbole, más convencido que yo.

Pero tenemos el cáncer de estos oportunistas tóxicos disfrazados de progresistas que se pasan el día  publicitando y amplificando lo peor de nuestra sociedad. Una sola agresión sexual son demasiadas agresiones, pero los hechos son los que son, y la naturaleza humana es la que es, por lo que siempre existirán degenerados que intenten hacer mal. Y ni la mejor educación, ni la mejor protección policial, ni la mejor de las solidaridades podrán evitarlo.

Y, amigos míos, ni los ciudadanos españoles ni mucho menos los estadounidenses, se dedican a consultar encuestas o a comprobar la veracidad de las informaciones. Nos alimentamos de telediarios, tertulias y titulares de prensa y ahí sí, ahí  somos auténticos campeones del mundo mundial en sensacionalismo, morbo y eficacia en autolesionarnos.

Por lo que es muy natural que transmitamos la sensación de que somos un país poco recomendable, plagado de degenerados y de gente peligrosa que campa a sus anchas por las calles de nuestras ciudades, sin que las autoridades hagan algo para evitarlo.

¿Cuándo aprenderemos a querernos un poco? Los hechos son los hechos y somos un país ejemplar en muchas cosas. Pero eso no interesa a los agitadores de masas. ¿No llama la atención de los resultados en los admirables, lo digo sin ironía, países nórdicos?

Pero, claro, los que se quieren presentar como paladines de la defensa de la mujer o de cualquier otra casusa, necesitan “inventar” o amplificar los problemas para poder presentarse luego como los “solucionadores”

Patéticos ellos y patéticos nosotros que les creemos.

Y entiendo a los norteamericanos porque no hacen más que informar a sus conciudadanos de los peligros que nosotros mismos estamos pregonando. Y advertirles de que tengan mucho cuidado cuando circulen por nuestras calles.

En España estamos necesitados de que alguien nos repita cada día las bondades de nuestro país, de nuestra forma de Estado y de los grandes avances conseguidos en garantías, libertades y prestaciones sociales.

Pero me temo que tendremos que contratar a extranjeros para que hagan esa tarea. En España, o no los tenemos, o no están dispuestos a hacer ese trabajo. Sería dar votos a los “otros”.