La Constitución, los centros concertados, el populismo, y las negociaciones del Sr. Sánchez.

Alguien me ha comparado los cambios de discurso de Pedro Sánchez con los de Albert Rivera, y creo que está equivocado. Albert Rivera, al que he tachado varias veces de hiperactivo y desconcertante, se equivocó mucho, tanto que provocó la caída de Ciudadanos hasta los niveles actuales. Pero, aunque equivocado,  siempre lo hizo pensando en lo mejor para su partido al que en algún momento de sus ensoñaciones lo situó como el primero del centro derecha. Y la mejor prueba de ello es que ha tenido la dignidad de dimitir alegando que los errores de un partido son los errores de su líder. Es decir: no era su supervivencia en el cargo la que motivó los cambios de estrategia.

Todo lo contrario de la trayectoria política-personal de Pedro Sánchez, líder del Partido Sanchista Obrero Español. Los muy frecuentes cambios de opinión de nuestro “en funciones”, algunos dispares y hasta disparatados, obedecen exclusivamente a mantenerse en el cargo le cueste lo que le cueste al partido en el que milita, o a su nación. Es una estrategia egoísta y muy estrecha de miras,  por mucho que quiera repetir hasta la saciedad la palabra “progresista” o “ilusionante” cada vez que presenta un nuevo cambio de rumbo como si fuera la solución final.

Ahora renueva su pasado interés en formar gobierno con Podemos, y solo en este contexto se puede entender la extraña intervención de Isabel Celaá en el Congreso de Escuelas Católicas negando la constitucionalidad de la elección de enseñanza religiosa. Esta señora será confusa en sus manifestaciones, pero no es tonta y sabía perfectamente que ese no era el foro adecuado, a no ser que pretendiera, como ha conseguido, multiplicar el efecto de la declaración en beneficio de sus pactos con Podemos.

Recordemos que a falta de argumentos, dos de los recursos políticos de la izquierda radical y de una parte del PSOE, solo una parte, son Franco y la Iglesia.

Y, como suele hacer el equipo “íntimo” de Pedro Sánchez, mezcló a sabiendas cosas que no tienen nada que ver las unas con las otras.  Porque el artículo 27 que cita, define los “derechos y libertades” de los españoles, uno de los cuales, sin ninguna duda porque lo dice textualmente, es el derecho de los padres a elegir para sus hijos “la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Y, como decía ayer en otro comentario, no cita a ninguna religión en concreto.

Aunque, más adelante, marca algunas condiciones a la educación:

4.La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.

6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la Ley establezca.

7. Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la Ley establezca.

8. Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes.

9. Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la Ley establezca.”

Lo que no especifica es en que centros debe impartirse la enseñanza.

En el año 1985, el gobierno de Felipe González, ese sí que era gobierno del Partido Socialista Obrero Español, se encontró con la imposibilidad de cumplir el mandato de la Constitución por falta de centros y de recursos materiales. Y decidió promover la figura de los “centros concertados”, medida que desbloqueó la situación en la que se encontraba su gobierno.

No hay duda de que la concertación podría cancelarse en algún momento en las condiciones que se pactaron si el gobierno tuviera recursos para absorber a los millones de alumnos que asisten a los colegios, pero mientras se mantenga esta figura, los padres, los alumnos y los centros afectados, están tan dentro de la constitución como los de los colegios públicos

Por cierto, esta mañana he escuchado en la radio este comentario de Nicolás Redondo, persona a la que escucho siempre con mucha atención: “La enseñanza concertada nunca ha causado problemas. La pública de las autonomías, sí”. Y algunos muy graves, añado por mí cuenta.

En resumen. Por lo que entiendo, siendo menos culto, menos “leído” y menos poderoso  que la señora Celaá, está señora, al mezclar el derecho a la enseñanza con los centros donde se imparte en la actualidad, hizo una afirmación falsa, si no torticera. Es como decir que los pacientes de la Seguridad Social atendidos en centros concertados por imposibilidad de atenderlos en los públicos, tienen menos derechos porque ese supuesto no estaba previsto en el texto de la Constitución.

La Constitución, Señora Celaá, es un texto marco que necesita desarrollo. Desarrollo que nunca se ha abordado en su totalidad por pereza o desidia de los legisladores, como ocurre la sucesión de la corona que sigue primando a los varones, o porque nunca supusieron una deslealtad de la autonomías como la de Cataluña, razón por lo que el poder  judicial, y el mismo legislativo, encuentran demasiada zonas confusas para aplicar la ley

Por otra parte, Señora Celaá y Señor Iglesias, verdadero destinatario de su mensaje: Tengo oído, no lo he comprobado, que cada alumno de la enseñanza pública nos cuesta 8.000 euros. Los de la concertada 3.000.

Y no quiero entrar en la calidad de la enseñanza porque, como siempre ha sido, depende del centro, sí, pero muy especialmente de la preparación, el interés,  y la vocación de cada docente.

Y ese condicionante,  ni lo asegura ni lo condiciona al cien por cien el rótulo de cada centro.

¡Y está bien de ocurrencias, Sr. Ribó, ya está bien!

Durante muchos años, desde la transición hasta que se rompió el bipartidismo, los líderes políticos, a nivel nacional, regional o municipal, eran en su mayoría personas con ilusión, con preparación, y con ganas de hacer cosas que mejoraran la sociedad en su ámbito de influencia.

Y todos los alcaldes de Valencia, socialistas o del PP, mejoraron sensiblemente la ciudad y facilitaron su habitabilidad a los ciudadanos.

Luego aparecieron los “mini-medianos” partidos que nunca consiguieron gobernar, pero que por mor de la necesidad y la debilidad de “los grandes”, adquirieron protagonismo e influencia en todos los niveles.

Y, para nuestro mal, es lo que ha ocurrido en Valencia, donde la política de pactos y el hecho de no tener una oposición consistente  por aburrimiento de los que podrían haber sido adversarios en las elecciones, ha provocado que la alcaldía la ocupara nuestro muy abúlico Sr. Ribó, llegado al puesto por una serie de carambolas democráticas y, por lo que se ha podido ver, absolutamente improvisador, confuso, ineficaz, y errático en su política municipal.

Porque la valencia de los ciudadanos, la del día a día, está más sucia, más descuidada, con un tráfico entorpecido y casi colapsado, unos transportes públicos con deficiencias en la organización, parques mal cuidados, y barrios más descuidados según denuncian sus usuarios.

En gran parte debido a la mala gestión, porque, por lo que parece, le sobra dinero en algunas partidas presupuestarias.

Entre sus haberes está el haber acometido la política de carriles bici y un montón de ocurrencias populistas supuestamente orientadas a “devolver la calle a los ciudadanos”. La calle de los ciudadanos, Sr. Ribó, es la que se ha deteriorado por lo que comento en el párrafo anterior. Yo quiero mi ciudad limpia y cuidada, que donde vaya o lo que haga es cosa mía. No necesito que Ud. me anime a hacer determinadas cosas, ni me sugiera tal o cual actividad. No es su función indicarme que vaya donde Ud. quiere que vaya.

Como decía al principio, todos sus antecesores desde la transición, incluso en tiempos de la dictadura, han mantenido políticas de mejora global de la ciudad y su término municipal. Es cierto, como no podía ser de otra forma, que cada uno de ellos arrimó un poco el ascua a la sardina de su ideología, pero lo hizo como se debe hacer: Utilizando los presupuestos anuales, en los que se dedican más recursos a determinadas partidas sociales, culturales, de educación, etc.

Nunca basándose en ocurrencias ni en improvisaciones. Claro que tenían la ventaja de que sabían gestionar, y de que se rodeaban de buenos equipos. Es cierto que hemos conocido “excesos”, pillerías, y hasta malversaciones, pero, en términos relativos, las cantidades robadas o malversadas han sido mínimas comparadas con cada presupuesto. Mínimas, pero deleznables e imperdonables, por supuesto. Y, como es sabido, la justicia está dando cuenta de cada uno de los infractores.

Hechos deplorables del pasado, pero que están empezando a aflorar a los “nuevos” en sus propias filas desde que alcanzaron el poder. Las de los “limpios y puros”. Eso sin contar con la otra forma de abusar del poder que es el incumplimiento de las leyes, como demuestra la cantidad de condenas judiciales que están coleccionando tanto el Ayuntamiento como la propia Generalitat.

Pero, repito, todas las alcaldías que recuerdo han dejado la ciudad mucho mejor que la encontraron.

Ahora tenemos al equipo del Sr. Ribó, que parece entender que progreso es ir marcha atrás en el tiempo. Como si la gran ilusión del Sr. Ribó, al que en lo personal lo tengo por romántico y utópico,  no por un malvado, es pasar a la historia de Valencia como “el esperado”, el que nos va a devolver a los tiempos de las huertas y las bicicletas.

Nuestra civilización ha alumbrado enormes progresos Sr. Ribó, y también inconvenientes  y riesgos que debemos controlar. Pero nunca retrocediendo. Estamos donde estamos, para bien de toda la ciudadanía, y debemos adaptarnos a la realidad de los tiempos con el menor número de daños colaterales posibles.

En cuanto a las iniciativas “señeras” de la alcaldía de Valencia, hablemos de hechos concretos separándolos de lo que es pura propaganda electoral. Diferenciando lo que “es” y lo que “se dice que es”. Lo que ahora llaman “relato”.  

Los carriles bici por ejemplo.

He manifestado muchas veces que estoy de acuerdo en que se hagan avances en esa dirección, pero siempre me he mostrado contrario a su planificación y a la premura con que se están construyendo. Me temo que las prisas no obedecen tanto al beneficio de “los valencianos”, como que resulte  el legado político de un alcalde. Un buen legado si se hubiera planificado  de forma más racional, como se hizo en las ciudades que nos ponen como ejemplo de paraíso de las bicicletas, Amsterdam especialmente, sin aclarar que el programa de apoyo a este tipo de vehículos comenzó a desarrollarse hace casi ¡cuarenta años!

Y, para mayor abundamiento y por lo que parece, los carriles bici se está se están construyendo con poca o ninguna coordinación con urbanismo, y originando males mayores que los que se proponen evitar, en forma de atascos, zonas confusas para el tráfico rodado de valencia, y cabreo generalizado de una buena parte de la ciudadanía.

Pero, como decía, no se trata de entrar a discutir las bondades o inconvenientes de la medida con un exceso de emotividad. Pasemos a conocer los datos:

Leo en “Magnet” este titular “Valencia ha logrado multiplicar su número de ciclistas. ¿Su receta? Simple: poner carriles bici”, texto acompañado por una fotografía en la que se ve un grupo de ciclistas encabezado por nuestro alcalde, el concejal Grezzi, y algún cargo de la Generalitat, como la vicepresidenta Oltra.

Y parte del texto dice:

Funciona. Los carriles bici, si atendemos a la experiencia de la ciudad mediterránea, son una buena idea. El anillo y la construcción de diversas vías a lo largo y ancho del entramado urbano ha provocado que el volumen de ciclistas diarios aumente hasta un 30%. En octubre, mes de particular inclemencia meteorológica, se han registrado picos de hasta 4.152 ciclistas diarios en las calles principales de la infraestructura (como Colón).”

Es decir, en el mes de octubre se han registrado “picosde hasta 4.152 ciclistas, por lo que  el promedio fue inferior a esta cifra. Poniéndonos en lo mejor, supondremos que la media/diaria fue de unas 4.000 bicicletas.

Y como lo lógico es que cada bicicleta haga dos trayectos como mínimo, ida y vuelta, que siempre serán más, el resultado es que, contando muy por arriba, 2.000 valencianos hacen uso de los carriles bici cada día. Convecinos que se merecen, claro que sí,  un carril bici o, al menos, algo mejor de lo que tenían.

En cuanto a la información del periodista, que parece bastante a favor del plan, ¡hombre!, subir un 30% no es exactamente lo que se entiende por multiplicar, solo x1,3, pero no hay nada mejor que el entusiasmo.

Pero, para conocer el beneficio real del programa, es necesario que crucemos este dato con algún otro que nos permita conocer  a cuantos valencianos ha favorecido.

El padrón municipal de 2018 decía que en Valencia vivimos un total de 900.807 ciudadanos, 798.538 “nativos” y 102.269 extranjeros. Quiere esto decir que la inversión en carriles bicis, con todo lo que conlleva, solamente beneficia a un  0,22 %, de los valencianos.

Son datos sin ninguna ponderación y es evidente que no todos los empadronados pueden ir en bicicleta, por lo que el porcentaje de “beneficiados” reales pasaría a ser de números enteros, pero no más de un dos o tres por cien de la población.

Y no hablo de costes, porque ni los conozco ni los conoceré nunca.

No he podido averiguar cuantos vehículos a motor circulan por Valencia cada día, pero son muchos miles. Y siendo cierto que una parte de los ciclistas usan este vehículo para ir al trabajo, lo mismo ocurre con los conductores de  vehículos motorizados. O son “su propio trabajo”, como ocurre con la legión de repartidores o de conductores de vehículos de servicio de todo tipo, a los que vemos sufrir todos los días para abastecer a sus clientes.

Alex Serrano dice en “Última Hora” el 15 abril 2019: “En Valencia se circula peor que hace un año. Y mucho peor que hace cuatro. Así lo asegura el informe anual de la compañía estadounidense INRIX, especializada en estadísticas de transporte. El INRIX Global Traffic Scorecard desvela que los vecinos de la capital pierden cada año en atascos 136 horas, casi seis días. Eso supone un 14% más que el pasado año y convierte a Valencia en la 53ª ciudad más congestionada del mundo y la tercera de España, sólo por detrás de Madrid y Barcelona, según este estudio que analiza más de 200 urbes en todo el mundo. El cap i casal, además, es la 25ª ciudad europea más atascada y en la que más ha empeorado la circulación en apenas un año

Y es una fuente objetiva y especializada en el tema.

Naturalmente, complicar la circulación rodada a motor en Valencia es uno de los grandes objetivos declarados del Sr. Ribó, que debe considerar a los conductores valencianos poco menos que delincuentes ecológicos. Sin atenuantes. Y por eso ensancha las aceras mucho más de lo conveniente, hasta convertir en un caos la calle de San Vicente, la Avenida del Oeste, o las calles delas Barcas y del Pintor Sorolla, entre otras.

Si resumimos los cambios por el carril bici en la ciudad de valencia, nos encontramos con que:

  • Si, según se dice, al día de hoy circula un promedio de 2.000 valencianos /día en trayectos de ida y vuelta, y se dice que los carriles bici han provocado un incremento del 30 %, se deduce que unos 1.400 valencianos, (2.000-30%), circulaban por nuestras calles como podían, antes de los carriles.
  • Cifra se ha pasado a ser de 2.000, lo que supone un aumento de 600 nuevos ciclistas (1.400+30%), a los que también habrá que aplicar el supuesto de que realizan dos trayectos al día como mínimo. Por lo que la realidad es que el número de incorporaciones es de 300 ciclistas/día.
  • Si  al número de valencianos que circulan en coche les restamos los que son mayores de edad, están incapacitados para ir en bicicleta, y a los que no quieren ir en bici (supongo que la Constitución ampara esta opción), resulta que los carriles han mejorado la seguridad de los que ya circulaban en bicicleta y la de los nuevos ciclistas,  a cambio de complicar la vida, y mucho, a los que circulan en vehículos a motor, que también son valencianos.
  • ¡Al menos habremos reducido notablemente la contaminación! Lo dudo mucho, pero escribo por impresiones porque no tengo datos fiables. Es cierto que las dificultades para usar coches particulares puede haber provocado  que muchos valencianos desistan de sacar el suyo del garaje, pero, el dato objetivo es que solo 200 han cambiado coche, si es que circulaban con este tipo de vehículo, por bici.

El resto usarán los vehículos de la EMT, el metro o taxis. Pero si hay más circulación de taxis también se aumenta la contaminación y, como sufrimos más atascos,  el total de vehículos que circulan hoy tardan más tiempo para recorrer el mismo trayecto. Por tanto, y sin ninguna duda, también contaminan más. Luego, por mucho que me quieran vender una burra enjaezada de populismo barato, la contaminación no se ha reducido.  No puede haberse reducido porque el beneficio de los 600 coches que han dejado de circular, siendo extremadamente generoso en el cálculo, no puede compensar la contaminación añadida de los miles de vehículos a motor que circulan más lentos y sufren más atascos.

Por lo que me temo que todo lo que se ha argumentado para justificar la inversión y los plazos, sobre todo los plazos, no han sido más que pretextos para hacer lo que querían: una red de carriles bici que, como decía anteriormente,  quedará a honra y gloria del Sr. Ribó. Sin importar las molestias o los costes que hayan ocasionado.

En definitiva y por reducción al absurdo: Si no hay una mejora evidente en la contaminación, que ni la hay ni se puede considerar como factor condicionante, la gran medida del Ayuntamiento ha favorecido claramente a 2.000 valencianos, y ha perjudicado, mucho o poco, a los 898.807 restantes. Aquí sí que incluyo a todos porque los “no ciclistas” de cualquier edad, incluidos los muy mayores o los muy pequeños que no pueden utilizar los carriles bici, sí que son transportados en  los coches particulares de sus hijos, sus padres o sus familiares en sus desplazamientos.

Estos cálculos los he realizado suponiendo que solo transitan ciclistas por los carriles bici, como indican los periodistas que he mencionado, cuando en realidad debemos referirnos a una mezcla de bicicletas y patinetes de todos los pelajes que circulan por la ciudad.

Y, pese a todo lo anterior y  gracias a la extraordinaria potencia  de los canales de comunicación de la izquierda “progre-populista”, el disparate de los carriles bici les ha dado votos y han ganado la última legislatura.

Pasemos a otro tema:

Nuestro Ayuntamiento, tan progresista según los cánones del progresismo de los años 60, ha decidido peatonalizar la Plaza del Ayuntamiento, y tiene proyectado hacer lo mismo con la de la Reina. Y como muestra de lo bueno que será para el pueblo la decisión, monta de vez en cuando mercados y tenderetes en los que, no sé porqué cosa oculta, predomina la lencería.

“Hemos recuperado la plaza para el pueblo”, dice el alcalde con ese aire de tener razón que le caracteriza.  Y le falta por decir ¡por fin, después de tantos años llega la libertad y podréis comprar ropa interior y lechugas!

Los valencianos, Ud. mismo en la zona de Patarix  que tan bien conoce, han podido comprar todos estos artículos desde hace muchos años. Casi toda su vida, En las tiendas de barrio, en las grandes superficies y en el mercadito callejero el día que le toca, en su caso los sábados.

Me dirá, porque argumentos no les falta, que no todos pueden ir en días laborales, y así pueden hacerlo los domingos. Los domingos y días de fiesta, Sr. Ribó, se deberían dedicar a proyectos familiares o de pareja. O a fomentar la cultura, palabra poco usada, o adjetivada con “popular”, “progresista”, y similares.

Si hay que animar a  la gente a que haga algo, cosa que no creo porque ya somos mayorcitos,  es que callejeen por nuestra hermosa ciudad mirando hacia arriba para descubrir las extraordinarias edificaciones de nuestras calles, que vayan al rio a pasear o a hacer deporte, que acudan a espectáculos y  si me apura, a disfrutar de nuestros extraordinarios alrededores, como el Puerto de Catarroja, por ejemplo, uno de esos enclaves cercanos y desconocidos. O el mismo Tancat de la Pipa, situado en esa zona de la Albufera.

O directamente a la Albufera. ¡Perdón! A la Albufera no porque, por lo que diré más adelante, los domingueros se arriesgan a pasar medio día en el coche para recorrer los doce quilómetros que separan la ciudad del parque.

Ud. recordará sin duda el “tontódromo” de la actual plaza del Ayuntamiento, la calle San Vicente y la Plaza de la Reina. El Ayuntamiento no convocaba, ni promovía, ni estimulaba esos paseos de amigos y amigas, familias con niños, o mocitos que rondaban a las mocitas, ahora fuera de lugar por los cambios de las costumbres, pero acomodaba los servicios públicos de la ciudad a la espontaneidad de los valencianos. Y eso es lo que debe hacer un buen ayuntamiento.

No dirigir ni adoctrinar. Sí apoyar y facilitar las iniciativas de los ciudadanos.

Lo de los mercaditos en la plaza mayor, Sr. Ribó, suena a viejuno, a pasado,  a Secreto de Puente Viejo.

Pero hay una segunda parte. Todas las ciudades tienen sus lugares emblemáticos que hay que respetar.  Enclaves casi sagrados que deben conservarse para el paseo o para el disfrute de la vista, bien ajardinados, con bancos y sin carteles, ni ferias, ni tenderetes de partidos o de asociaciones que parecen tener carta blanca para invadirlo todo, ni mensajes subliminales de quienes son los buenos y quienes los malos.

Es decir, libres de contaminación política, quizás tan o más peligrosa que la ambiental o la acústica en estos momentos. Y, por cierto, menos invadidos por las terrazas de los bares, que pueden convivir con los que no quieren sentarse en sus mesas a poco que se intente. Hay espacio para todos.

Porque en esta ciudad, Sr. Ribó, viven muchas personas mayores. Muchas. Y muchas otras con algún tipo de minusvalía que les impide montar en bicicleta o andar trayectos largos. Solo en  Ciutat Vella y la Saïdia residen unas 54.000, gran parte de ellas muy distantes de las paradas de transporte público. A las que, encima, les van a dificultar más aún el que puedan disfrutar de su ciudad o ir a donde quieran porque, con los nuevos planes,  les van a complicar los trayectos de la EMT.

¿Es posible que alguien piense en ellos en algún momento? Los que han visitado ciudades con barrios antiguos, Viena por ejemplo, habrán comprobado que los transportes públicos los realizan microbuses que se desenvuelven muy bien por las calles estrechas. Y yo los he visto en Valencia hace años.

¿No hay dinero para eso, Sr. Ribó?

Y vayamos al que es tema estelar de mi nota. El que me ha motivado a escribirla: El plan para sustituir la autovía del Saler por una carretera con dos direcciones, un lujoso carril bici y no sé cuántas cosas más.

Proyecto que dificultaría gravemente, muy gravemente,  la circulación de miles y miles de vehículos que transitan todo el año, y muy especialmente  en verano, en dirección a los pueblos, las pedanías, y las urbanizaciones del sur de Valencia.

Todo mi respeto para los ciclistas que veo circular, solos o en grupo, camino de esa zona, o almorzando en el Bar Mortes del Perelló, nuestro querido “el Gordo” de toda la vida”. Ciclistas que han ganado mucho en seguridad con las últimas normas de la DGT sobre distancias en adelantamientos y otras. Normas que casi todos nosotros y la gran mayoría de los ciclistas respetamos y respetan.

Se habrá dado cuenta, Sr. Ribó, que el porcentaje de ciclistas que utilizan esa carretera supone un minúsculo tanto por ciento de los coches que les adelantan. Y que los coches están tripulados y ocupados por valencianos como Ud., varios en cada coche, muchos de ellos amantes de la bicicleta,  tan ecologistas como Ud., nacidos o residentes en Valencia, o turistas y viajeros ocasionales que quieren visitar con su vehículo el extraordinario enclave de la Albufera y su entorno.

Y que semejante desatino va a provocar un auténtico colapso en la carretera, poniendo en peligro la seguridad si se produce alguna emergencia, y aumentando la contaminación por el humo de los atascos o de las inevitables caravanas.

Pero claro, Ud. ya se ve triunfante, inaugurando la gran ruta ecologista acompañado por Grezzi, su criatura, y el pelotón de los incondicionales. Como un gran cacique bonachón que protege a los suyos, les ama, y les regala esa ruta VIP que solo utilizará un porcentaje mínimo, muy mínimo, de valencianos amantes de la bicicleta que en este momento transitan por Pinedo o Castellar.

Hay otros, bastantes, que prefieren un ciclismo más ecologista y menos de carretera, pero esos circulan por las carreteras de la marchal que serpentean entre acequias y campos de arroz. Caminos que permiten transitar  por muchos quilómetros de los tramos  que comunican las dos riberas de la Albufera.

Eso, Sr. Ribó, es ir demasiado lejos. No creo que exista un solo alcalde en Europa que haya desmontado autovías en favor de un hipotético ecologismo no demostrado, porque los coches, las motos, los autobuses y el resto de vehículos a motor serán los mismos, gastando más combustible y contaminando más por los atascos, y generando más adrenalina a sus ocupantes.

Tengo la seguridad de que no lo conseguirá, ni  por el coste de la operación, ni por  el grave perjuicio que causa a esa gran parte de valencianos residentes, veraneantes y “domingueros” que viven o visitan la zona. Ni tampoco por el beneficio ecológico de la operación, que más parece que vaya a resultar negativo.

Ya lo he mencionado antes, pero hablando de domingueros. ¿Se le ha ocurrido pensar el perjuicio que va a ocasionar a esos muchos miles de valencianos que no tienen poder adquisitivo para comprar o alquilar apartamentos y llevan a sus familias a disfrutar de nuestras playas del sur? Me temo que para la mentalidad que les ilumina, son simples daños colaterales. “Todo se hace por el bien del pueblo”, que, según la definición del diccionario de la RAE es el “conjunto de personas de un lugar, región o país. La constitución se refiere al pueblo español como aquel en el que reside la soberanía nacional, del que emana los poderes del estado y que se encuentra representado por las Cortes Generales”. Porque el pueblo no son “los suyos”. Ni tampoco “los otros”. Somos todos.

Me dirán que ha sido elegido democráticamente, y tiene razón, pero lo han hecho para que tome decisiones que beneficien a la mayoría, no para caprichos. Que la historia está llena de elegidos que han acabado siendo muy nefastos para la ciudadanía.

Ya ha cometido demasiados desmanes y este, que no figuraba ni de lejos en su programa electoral, es cruzar muchas líneas rojas en una sola decisión. Pero no dude de que lo impediremos. Es demasiado lo que tenemos en juego y se va a encontrar con una oposición ciudadana firme que apelará a la justicia si fuera necesario.

Y, muy probablemente, un proyecto como este bloquearía para siempre las ayudas de la Unión Europea a la Comunidad por la majadería que supone deteriorar una obra pública ya construida. Eso si no se recibieron ayudas de la Comunidad Europeas para construir la autopista que ahora, posiblemente, se tendría que devolver.

Pero ¿Será por dinero? Para “paridas” como esta, perdóneme la expresión, para contratar asesores, o para dilapidar el presupuesto contratando servicios que ya están disponibles en el funcionariado del Ayuntamiento o en algunas empresas públicas, como el asesoramiento y la ayuda legal a la EMT en los muchos conflictos que ha propiciado su brillante criatura, por ejemplo, sí.

Porque como es habitual entre dirigentes que se creen por encima de la ley o de la razón, siempre tendremos un hermano, un amigo o un cuñado al que ayudar y que, seguro, lo hace mejor que los abogados-funcionarios.

Por cierto: Espero que en este movimiento “anti” participen activamente los empresarios de la construcción valenciana. Los mismos que manifiestan cuanto defienden a nuestra comunidad al reclamar obra pública. No sea que les entre el vértigo de conseguir contratos para este proyecto, que también será obra pública, y piensen que “lo mejor” para los ciudadanos de Valencia es volver a los años 60. Francamente no lo creo.…

Una nota en letra pequeña. Aquí estamos poniendo a caer de un burro a nuestro querido alcalde, pero es muy importante recordar que debe al cargo al PSOE, es decir, al Sr. Puig.

No sea que acusemos al que lleva la escopeta y no mencionemos  a quién le proporcionó los cartuchos.

Y una aclaración. Esta nota está escrita antes delas elecciones del 10N, que tampoco han cambiado nada. Por lo menos en estos temas.

Elecciones del 10 N. ¿Lecciones aprendidas?

Otra vez tenemos resultados electorales y es hora, otra vez, de que los políticos analicen lo sucedido y tomen medidas para no repetir los mismos errores. Aunque, visto lo visto en los últimos años, dudo mucho que conserven ese mínimo de lucidez necesaria para saber qué es lo que conviene a España y  para reconocer que han perdido la sensatez.

Pero también nosotros, los votantes, podemos y debemos dar nuestra opinión.

Y mi primera conclusión es que los  6.752.983 votos que ha mantenido el PSOE no son de Sánchez. Son del PSOE. Y no es lo mismo. Porque ese es un gran partido, con mucha historia y muchos servicios a la nación, al que sus militantes “de toda la vida” no abandonarán hagan lo que hagan sus líderes de cada momento.

Y me baso en que el presidente en funciones, que ha tenido a su disposición todos los mecanismos de propaganda y de influencia del Estado, como ha sido la radio y la televisión públicas, el CNI de Tezanos, los consejos de ministros de los viernes, y las ruedas de prensa de todos sus ministros ha empeorado sus resultados.

Un candidato que, pese a contar con el apoyo de la prensa y cadenas de televisión “amigas” ha sacado los resultados que ha sacado, es porque  sus  votantes naturales no confían  en él.

Y, como ocurrió en Andalucía, los “menos PSOE”, se han abstenido.

Por eso, insisto, creo que los votos son del PSOE y no de Sánchez.

Y mi segunda reflexión tiene que ver con VOX. Afinidades al margen, no tengo ninguna duda de que se trata de un partido legal y, por mucho que se insista en tratarlos de antisistema, xenófobos, racistas, o machistas, son perfectamente homologable. Una buena parte de sus postulados son razonables y todos, incluidos aquellos que nos crean más suspicacia, son constitucionales porque se trata de propuestas discutibles, pero no ilegales.

Y, si me apuran, mucho menos peligrosas para la sociedad que las de algunos partidos de la izquierda y sus ideas sobre la unidad de la nación, las políticas fiscales, y/o los modelos de estado basados en el control de los poderes, según las antiguas dictaduras el proletariado y siguiendo modelos fracasados en sud américa. Pero como la izquierda tiene el monopolio de la ética,  estos partidos solo son “progresistas”.

Pero que no se pasen de frenada. VOX nunca será partido de gobierno porque no tiene base suficiente. Podrá tener influencia, eso sí, pero deben ser muy prudentes a la hora de aplicarla. Tienen un ejemplo excelente: el caso de Ciudadanos.

Partido que pudo tener un gran protagonismo, que podría haber sido mayor  si hubieran aceptado formar gobierno con Rajoy, primero, o con Pedro Sánchez después. Pero a su líder le pudo la fantasía y pensó que, porque no, podía ser “califa en lugar del califa”. Y esa ensoñación le nubló el juicio y le hizo tomar decisiones tan contradictorias que, al final, sus votantes se han cansado de idas y venidas y les han abandonado.

Y a VOX puede ocurrirle exactamente lo mismo. Abascal, que es persona inteligente, debe saber que sus votantes vienen de dos bancos diferentes. Los que creen en otro modelo de nación, menos transigente con los que se saltan las normas, y los “cabreados”, que han llegado desde todas las ideologías por la falta de sensatez y de soluciones de los grandes partidos.

Pero si, ¡quiéralo Dios! como se decía antes, PSOE y PP llegaran a pactos de estado y se tranquilizan las cosas, en VOX solo se quedarían los del primer grupo. Sus votantes naturales.

En resumen: tal como lo veo, VOX es un partido para quedarse porque tiene una ideología que se solapa menos con la de los otros partidos, pero no con la representatividad que las circunstancias y la ineficacia de los otros partidos les han proporcionado.

De hecho VOX no hubiera necesitado hacer una gran campaña. Ya se la han hecho los otros partidos, especialmente el PSOE y su empeño en meter la exhumación de Franco en la campaña electoral. Eso como y otras insensateces como tacharlos de ultra derecha peligrosa o similares.

La democracia y las formas de participar. El valor del voto en blanco.

Estamos en puertas de otras elecciones, y hace años que los políticos nos tienen inmersos en una gran confusión. Hasta el punto que, llegado el momento, no sabemos a quién votar.

Lo lógico es votar a un partido. Es cierto que para una gran parte de los votantes no hay ninguno que se acerque a los mínimos exigibles para cada uno de nosotros, pero siempre habrá alguno que se aproxime más a lo que nos interesa, el “menos malo”. Y recomiendo votar porque los radicales de todos los signos sí que votan y, si no lo hacemos, estamos dejando en sus manos un porcentaje de participación que no se corresponde con la realidad.

Yo, por poner un ejemplo, no votaría a ningún partido que no se comprometa a cambiar la ley electoral por la anglosajona de distrito único, por ejemplo, y que tenga capacidad de legislar o de influir en la legislatura, pero ni lo hay no lo espero. Así que veré por quién me decido.

Dada la situación, cada vez conozco a más desengañados que manifiestan su intención de no votar, de abstenerse,

Considero que de todas las fórmulas posibles esta es, con mucho, la menos recomendable, porque la marrullería de los políticos siempre encuentra una justificación para salir bien librados. Dirán que la gente no vota porque hace frio, o hace calor, o llueve, o que son vacaciones, o por cualquier otra razón externa que justifique la baja participación

O, lo que es peor, dirán que la culpa no es de todos, sino de “los otros”: “No me extraña que estén cabreados y que tengan tan mala opinión de los políticos sabiendo la corrupción del PP”, dirían los del PSOE. “¿Cómo no van a desconfiar de los políticos conociendo los ERE de Andalucía?” argumentarán los del PP. Y así todos los partidos.

El resultado es que, si antes dejábamos en manos de los radicales un porcentaje de participación que no les corresponde, ahora les daremos más poder, porque ellos votarán todos, y nosotros solo una parte.

La tercera opción, la más democrática si no te decantas por ningún partido, es el voto en blanco. El voto en blanco manda un mensaje muy claro a los políticos. Inequívoco: yo creo en la democracia y participo en las elecciones, pero como no me fio de ninguno de los partidos, o de los componentes de las listas cerradas, voto en blanco.

En resumen:

Votar a un partido, aunque sea tapándonos la nariz, es la forma de participar más razonable. No lanza ningún mensaje especial al elegido, porque no puedes matizar si lo haces convencido o a regañadientes, pero ¡qué le vamos a hacer! La única defensa es denunciar en medios de comunicación o de todas las formas posibles que es lo que no te gustas de los políticos en general, de un determinado partido político en particular, o del programa del partido que has votado.

No votar es la peor opción, con diferencia. También podrás opinar, pero para entonces lo que era malo puede ser peor porque te encuentres cogobernando o influyendo, con poder, a partidos extremos, rupturistas o sacamantecas del estado que cambian votos por prebendas. A tanto el escaño.

Votar en blanco evidencia, como he dicho, el fracaso de los políticos y la convicción democrática de los votantes.

Pongamos tres supuestos:

  • 30% de abstención, y del 70 % del ceso que han votado,   5 % votos en blanco, y 95 % a diferentes partidos. No salta ninguna alarma, excepto el alto grado de abstención. Ningún partido dirá nada, excepto los menos votados que justificarán su fracaso con fantasías varias.
  • 50% de abstención. Del 50 % del ceso que han votado,   5% votos en blanco, y 95 % a diferentes. Saltan alarmas entre los políticos, pero lo justificarán como he dicho anteriormente, por factores externos o por la desilusión y la desconfianza que han generado “los otros”.
  • 30% de abstención, y del 70 % del ceso que han votado,   60 % votos en blanco, y 40 % a diferentes partidos. Saltarían todas las alarmas, porque sería un claro mensaje de que una gran parte de los votantes no confían en ningún partido, ni tampoco en los políticos en general. Tratarían de justificarlo como con la abstención, pero no “colaría” y obligaría, en este caso sí, a una reflexión profunda sobre la enorme diferencia entre lo que esperan los ciudadanos y lo que ofrecen los políticos, y la desafección entre los ciudadanos y sus representantes.

Así que, votemos, nos abstengamos o votemos en blanco, hagámoslo con  la cabeza y no con el corazón. Nos jugamos mucho en ello.