Los asesores de campaña en general, e Iván Redondo en particular.

Teniendo como tienen tanta fuerza los asesores de imagen y más específicamente los asesores de campañas electorales, me formulo una pregunta:

¿Podría un asesor, depositario de tantos conocimientos, presentarse como candidato y ganar unas elecciones?

Creo que no. Es cierto que en la Europa actual hay o ha habido mandatarios atípicos que vienen del mundo de los negocios, y también del histrionismo y de la farándula, pero no conozco a ninguno que venga del gremio de los asesores.

Un asesor es otra cosa. Analiza situaciones, prepara ambientes conoce técnicas y estrategias, y entrena a su pupilo a mostrar su mejor imagen, a conocer dónde están los charcos para no pisarlos, y a identificar cualquier elevación del terreno, por pequeña que sea, para que pueda subirse a ella y parecer ser más importante de lo que realmente es.

Pero un asesor no tiene porqué ser experto en gestión. Si tienes un cargo importante en una multinacional, le puedes contratar para que te ayude a ser director de la empresa, y posiblemente lo conseguirá. Pero los roles están muy definidos. Tú no sabes cómo llegar a la dirección, pero sabrías dirigir la empresa. Él sabe cómo ayudarte a conseguir el puesto, pero no sabría dirigirla.

Las cosas son como son. Yo he seguido a Iván Redondo cuando ha sido llamado por algunas televisiones para que hiciera análisis de situaciones políticas y predijera posibles alternativas, y siempre me ha convencido. Creo que es muy bueno en su trabajo.

Pero un asesor de campaña, Iván Redondo en este caso, no hace política ni confecciona programas de gobierno. Es una especie de manejador de guiñoles que prepara escenarios, viste a sus marionetas, estudia sus movimientos, programa las entradas y las salidas a escena, y hasta les da voz.

Y creo que Iván Redondo ha hecho maravillas con Pedro Sánchez, pero me da la impresión de que ha llegado hasta donde podía llegar con el personaje.

Se nota una buena mano desde que trabajan juntos. Ha potenciado su imagen física, que ya era buena, y corregido tics y vicios en su dicción o su lenguaje corporal. Le ha enseñado a enfatizar palabras dentro de las frases o frases dentro de un discurso.

Pero Iván no puede subir al estrado del congreso, por ejemplo, y hablar en nombre de su pupilo, ni apuntar las palabras al oído como hacen los “versaors” con el “cantaor” de nuestras maravillosas “albaes”.

La parte marioneta  de los personajes públicos no está sujeta por ningún hilo a sus asesores, y es ahí donde se ven los límites de cada uno.  Una  vez que salen al escenario están solos y sus palabras, sus reacciones, sus gestos, su lenguaje corporal, pueden ser imprevisibles.

Repito que Iván Redondo es un personaje que me ha intrigado porque me interesaba saber hasta dónde podía llegar con su pupilo. El otro día le vi con gesto concentrado, preocupado diría yo, en la tribuna de invitados del congreso, detrás de nuestro desconcertante Ximo Puig y, cuando terminó la sesión y las cámaras siguieron al presidente en funciones encaminarse  al coche oficial, era él el que iba junto a Pedro Sánchez en un segundo plano.

Porque el problema real, insalvable, de Iván Redondo, es que Pedro Sánchez no es un buen político, y como siempre se dijo, “lo que natura non da Salamanca non presta”.

Pedro Sánchez es un gran luchador, tiene una tenacidad a prueba de fuego y no se rinde nunca. Pero no es un buen político. Nunca lo ha sido. Ni tampoco es un buen parlamentario. Es un hombre capaz de decir una cosa y casi la contraria en la misma sesión y, lo que es más grave, no inspira confianza.

Pedro Sánchez no “enamora” como lo hizo Suarez, o Felipe González. Ni tampoco tiene la consistencia de Fraga o de Aznar.

La historia de Pedro Sánchez se puede escribir por sus desencuentros. Nunca se ha llevado bien con nadie porque no es un buen negociador, y porque no soporta críticas ni consejos. Quiere jugar al líder, y tiene muchas de sus cualidades, pero le faltan muchas otras entre las que están saber rodearse de personal “crítico” porque, en el fondo, no tiene la habilidad necesaria para resolver situaciones complicadas, ni  para vencer objeciones.

Desmontó el PSOE histórico para que no le hicieran sombra algunos varones del partido, especialmente los territoriales. Rompió todos los vínculos con el PP con su famoso “no es no”, cuando por mucho que hayan salvado las apariencias siempre han mantenido canales de comunicación eficaces,  y ha “trasteado” a Podemos en faenas de alivio que solo le salieron bien en la moción de censura pero que, a la larga, les ha hecho ver que el presidente en funciones no es de fiar.

La realidad es que en todas sus maniobras ha primado su beneficio personal, a costa de romper la trayectoria histórica de un partido centenario y su tradicional democracia interna. Hablo de un partido que siempre facilitó el aporte de ideas de sus “corrientes”, y que permitió disidencias internas tan importantes como la de Izquierda Democrática.

Y que una vez conseguida la Secretaría general del PSOE, se ha impuesto en el partido por pura autoridad y por el temor de muchos de “no salir” en la foto si se movían. Y ese escenario de disciplina y temor  es el que ha primado a la hora de decidir sus ejecutivas o sus consejos de ministros. Pocas voces autorizadas, muchos “siseñores”.

Pedro Sánchez es un gran superviviente, el mayor que he conocido, pero no es un buen político. Y, como decía, eso no se lo puede enseñar Iván Redondo.

Y se ha evidenciado muy claramente en la moción de censura, en la que utilizó a Podemos, porque ni tuvo intención de permitirles entrar en el gobierno, ni supo encontrar alternativas que les resultaran convenientes.

El señor del “no es no” ha tratado de convencer al PP y a Ciudadanos de que tenían la obligación de abstenerse en la investidura sin ofrecer absolutamente nada a cambio, y con los únicos argumentos de que era “el partido más votado”, que era “el propuesto por el Rey”, o que tenían la obligación de hacerlo si no querían que el gobierno “cayera en manos” de los separatistas o los herederos de los terroristas.

Argumentos pueriles que no vale la pena analizar por su absoluta inconsistencia. Ser político, negociar, no es lanzar frases de cabecilla de patio de colegio, sino buscar lugares comunes, aunque sean pocos, y alcanzar consensos de mínimos,  pero ni lo ha intentado. O no le sale, o simplemente no sabe.

Seguro que Iván Redondo ya se ha convencido de que Pedro Sánchez ha llegado a su techo y no tengo idea de lo que piensa hacer. Puede que esté sopesando una retirada estratégica en el convencimiento de que el proyecto no tiene futuro. Si no consigue la investidura porque no la consigue. Si la consigue porque no podrá gobernar, y si vamos a nuevas elecciones porque nunca conseguirán mayoría absoluta y será una vuelta a empezar en la que no solo la imagen del líder, también la de sus asesores, saldría muy perjudicada.

Y él no puede permitirse el lujo de asociar su trayectoria ala de Pedro Sánchez. Es un profesional que también ha trabajado para algún líder del PP y que, quien sabe, mañana puede estar asesorando a Macron en Francia o a Izquierda Republicana de Cataluña, por poner casos extremos.

Estamos terminando el mes de julio y no tengo varita mágica, aunque me aventuraría a aventurar un cambio en las prioridades del buen asesor.

Aunque también puedo equivocarme, porque cada vez entiendo menos a la sociedad actual y a las personas que la componemos.

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Las lagunas de la ley electoral y el abuso de los partidos políticos:

Estamos como estábamos, sin gobierno y en medio de una gran confusión. Y es el momento de las reflexiones.

Puede que no tengamos nuevas elecciones porque se conforme un gobierno del PSOE con el apoyo de Podemos y algunos otros antes de que venza el plazo para que el Rey disuelva las Cortes y las convoque. Nada que objetar porque, guste más o guste menos, sería el resultado de lo que decidimos los españoles en las urnas. Así es nuestra forma de estado,  democracia parlamentaria, y solo nos cabe aceptar los resultados.

Personalmente lamentaría mucho que intervinieran de alguna forma Bildu o los grupos separatistas, no porque yo no sea demócrata, sino porque los que no lo son, son ellos. Aunque, como buenos ventajistas, se aprovechen al límite de nuestras reglas de juego y expriman a tope nuestras garantías legales.

Los unos porque todavía tienen rastros de sangre inocente en su historial sin que, ni se hayan arrepentido, ni hayan pedido disculpas por los asesinatos de ETA. Y los segundos porque no quieren ni ley ni orden. Solo romper España.

Y, aunque sea legal, tampoco es del todo cierto que este bloqueo parlamentario sea consecuencia de la “voluntad de los españoles expresada en las urnas”. Es la consecuencia de un imprevisto legal.

No hay ninguna duda de que todo lo que está ocurriendo está amparado por la Constitución y por las leyes del Estado, pero no es menos cierto que los constituyentes, como suele ocurrir en España porque somos más listos que nadie, no quisieron inspirarse en las democracias más avanzadas y optaron por una ley electoral, la d’Hondt, que está creando problemas e injusticias a la hora de asigna escaños y, sobre todo, porque a diferencia de las más experimentadas, no se adoptó ningún tipo de norma que evitara bloqueos parlamentarios, o situaciones como la que vivimos en la que los votantes hemos perdido el control de lo que será el futuro inmediato en la política de nuestro país.

Me explico:

Si bien es cierto que estamos en una democracia representativa y que cuando votamos a un partido le otorgamos el poder de pactar con otras fuerzas políticas para conformar mayorías, también lo es que “suponemos” que nuestros representantes harán un huso sensato y adecuado de nuestros votos y que si hemos votado a VOX damos por supuesto que este partido no pactará con Podemos, o viceversa.

Es lo que en terminología de calidad se conoce como “requerimientos no especificados del cliente”. Poniendo un ejemplo, cuando compramos muebles de madera especificamos el tipo de madera, el acabado y el color, pero no decimos que no tenga carcoma, porque se supone que esa condición la asume tácitamente el fabricante.

Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. Que de alguna forma, y aunque lo exprese de forma metafórica, nuestros partidos políticos nos están vendiendo muebles con carcoma.

¿Cómo lo evitan otros países? Excepto Alemania, cada uno tiene una fórmula, pero todos tienen alguna. A mí me gusta, por ejemplo, la segunda vuelta de Francia por la que, en caso de producirse un bloqueo como el que sufrimos en este momento en España, se vuelve a convocar a los votantes a una segunda consulta, en la que solo se puede elegir a uno de los dos partidos mayoritarios. De esta forma se evitan los chantajes y las concesiones a los que tiene poca representación real, aunque sea muy legítima.

Recordemos que en las últimas elecciones francesas, los dos más votados fueron Macron y Le Pen, y que los franceses, no los líderes de los partidos pactando entre ellos, tuvieron ocasión de decir la última palabra en una segunda vuelta en la que los que habían votado a partidos minoritarios pudieron decantarse por uno u otro de los mayoritarios.

En este caso ganó Macron y Francia se libró de estar gobernada por un partido populista y antieuropeo, que podría haber llegado al poder mediante pactos anti natura, como algunos de los apuntados estos días en España.

Otros tienen primas especiales, como Grecia, en forma de 50 escaños adicionales al partido más votado, aunque lo haya sido por un solo voto.

O la fórmula de “distrito único” de Gran Bretaña y los Estados Unidos que favorece directamente a los grandes partidos y evita la atomización de los grupos parlamentarios.

Pero sigo pensando que el sistema francés, que es un sistema mixto, es el más claro para los electores.

Y ¿porque, siendo tan fácil, no lo proponen los partidos políticos? Porque todos ellos  prefieren tener las manos libres para hacer y deshacer lo que quieran, que en el fondo quiere decir lo que más convenga a sus propios intereses, no a la nación ni a sus votantes.

Y a las pruebas me remito.

Según nuestro sistema electoral, si hay nuevas elecciones puede repetirse una situación similar a la actual una y cien veces consecutivas, porque es muy improbable que se consigan mayorías absolutas,

Por lo que podríamos entrar en un eterno día de la marmota, siempre pendientes de los pactos entre partidos.

 ¿Alguien se acuerda de las bondades del tan denostado y “antidemocrático” bipartidismo?

Siendo cínico, si pienso en la situación actual, los que menos prisa tienen son los políticos y los que viven de la política.

El Sr. Sánchez, presidente interino, lo es de hecho porque vive en la Moncloa, dispone de todos los recursos del Estado, y asiste en representación de España a las reuniones de la Unión Europea y a los foros internacionales. U organiza supuestas visitas de estado acompañado por su esposa.

¿Qué prisa puede tener en lo personal sabiendo que unas votaciones podrían desalojarles de su residencia actual y de todas sus prebendas? No teniendo la seguridad de salir elegido, el Sr. Sánchez apurará los plazos de investidura hasta los límites legales.

Y con él sus ministros, los congresistas y senadores actuales, la pléyade de asesores de todos los niveles, y todos los designados a dedo. “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”.

“Hay que pactar”, insisten. Pactar en “nombre de nuestros votantes”, que tanto citan, para garantizar, sobre todo, que la cosa no les cambie demasiado en lo personal.

Y, si hablamos de los medios de comunicación, ¡menudo filón! Horas de metraje a muy bajo coste y dimes, diretes, suposiciones, rumores, “filtraciones”, tertulias de “enterados”, y amores y desamores de los líderes de partido. No creo que les moleste demasiado lo que está ocurriendo.

El problema es que entre todos, especialmente los políticos, nos están haciendo ver que una buena parte de las entidades del gobierno y de las Cortes Españolas tienen poca utilidad.

Si realmente las autonomías fueran leales y tuvieran conciencia de ser parte de la nación, como ocurre en Alemania donde los Landers tienen menos competencias que las autonomías españolas pero las ejercen con seriedad, seguramente nos bastaría con tener una mínima Cámara de Representantes para actualizar algunas leyes, y un Senado de representación territorial con muchos menos escaños. Un gobierno de pocos ministerios que se reserve, como en los EEUU, las competencias propias de la nación, como son la defensa nacional, la seguridad ciudadana a nivel estatal, los tribunales superiores de justicia, la educación para imponer materias troncales cediendo espacio para las autonomías, la caja única de la Seguridad Social, Hacienda, y Asuntos Exteriores, sería suficiente.

¿A que nadie lo propone?

Porque todos ellos están en el cortoplacismo disfrazado de mentiras y envuelto en grandilocuencias y frases hechas para engañar a los bobos. Que, lo reconozcamos o no, somos todos nosotros, los votantes.

Esta mañana Raquel, “Raquel Rak”, me ha recordado un hecho supuestamente histórico que utilicé hace años a propósito de que un grupo de trabajo en el que participaba, estaba bastante estancado por diferencias personales entre algunos participantes.

Se refiere a Estanislao Figueras, que fue Presidente del Poder Ejecutivo durante la primera República, al que se le atribuye la frase de “señores voy a ser franco; estoy hasta los cojones de todos nosotros” dicha en el parlamento de la nación antes de abandonarlo para no volver.

Frase que no he podido encontrar en los diarios de sesiones, pero que dicen que es cierta y que, en todo caso, merece serlo.

Frase que dijo poco después de otra famosa que atribuyen a Amadeo de Saboya, nuestro Amadeo I, llamado el “Rey Caballero”. Rey importado de Italia y el primero elegido en el parlamento, que reinó durante dos años antes de abandonar España, durante los que tuvo que ver conformar y disolver seis diferentes gabinetes de gobierno.

Se dice que un día llegó al límite y exclamó en su italiano natal: “Per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi», que se tradujo muy libremente por un “no entiendo nada, esto es una jaula de locos”.

Pero tranquilos. No pasa nada como nunca ha pasado. Este querido parlamento Español que tiene impactos de balas en la cúpula, que, según la versión popular seguramente incierta,  ha conocido los cascos del caballo del General  Pavía, que  ha conocido monarquías absolutas, monarquías parlamentarias, repúblicas, dictaduras y democracias representativas, siempre ha sobrevivido.

Y no nos confundamos creyendo que los de ahora son los peores. Hemos tenido parlamentarios que han mentido, que se han amenazado personalmente o que han amenazado a la nación, que han asistido a las sesiones armados con pistolas, o que han cometido tropelías de todo tipo.

Pero también los ha habido con otras formas y otras maneras. Antes y no tan “antes”. Como los que a mí me ilusionaron en tiempos de la transición y en los gobiernos de UCD, del PSOE, de AP ¡el de Fraga! Y el del PP

Por eso confío en que las aguas vuelvan a su cauce, que reformen la ley electoral, y que volvamos al cauce normal de combinar los intereses colectivos con los personales de una forma proporcional y ética.

Que así sea.

Miguel Angel Blanco. Paradigma de la barbarie y la sinrazón de los asesinos de ETA.

No es el aniversario del día que murió, lo hizo un día después, pero hoy es el verdadero aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco, porqué fue tal día como hoy cuando le descerrajaron dos tiros en la nuca después de tres días en los que todos los españoles sufriéramos la angustia de saber que los asesinos de ETA acabarían matándolo, porque el gobierno de la nación no podía ceder al chantaje del acercamiento al País Vasco de los presos de esa organización maldita.

Todos y cada uno de los 850 asesinatos de ETA fueron execrables y algunos especialmente sanguinarios, pero hay dos acciones llevadas a cabo por los “valientes gudaris” que, curiosamente, se rendían sin oponer resistencia a las Fuerzas de Orden Público cuando eran localizados, que resultaron especialmente significativas: El secuestro de Ortega Lara y el asesinato de Miguel Angel Blanco.

El primero por la extrema crueldad de tenerlo encerrado en un zulo durante 532 días, hasta que decidieron dejar de alimentarle para que muriera de hambre, desenlace que no se produjo gracias a la acertada intervención de la Guardia Civil que localizó la entrada de lo que iba a ser su tumba, bajo la maquinaria pesada de aquella planta baja de Mondragón.

La segunda el secuestro y posterior asesinato este joven concejal de Ermua, 29 años, al que mantuvieron preso tres días, maniatado, antes de que le obligaran a arrodillarse para recibir dos disparos en la nuca.

Y los jóvenes de hoy que cuestionan tantas cosas nunca vieron la cara de Ortega Lara cuando le sacaron de la tumba, ni las miles de manos blancas que expresaban el “basta ya” de la ciudadanía ante los terroristas. Y no podrán creerse que la gran mayoría de los asesinatos pudieron evitarse porque algunos prohombres del país vasco sabían lo que estaba pasando, y hubiera bastado una palabra al entorno de los asesinos o una denuncia a las Fuerzas de Orden Público para parar las ejecuciones o para detener a los asesinos.

Algunos de ellos todavía viven y continúan con la farsa de la equidistancia y las falsas justificaciones.

Pero esto no puede quedar así, ¡claro que no! Asesinos sin arrepentimiento y más de 300 asesinatos sin esclarecer no pueden salir impunes ni en lo ético ni en lo moral, ni en la justificación política, por mucho que hayan cumplido condenas.

Es más, tengo la absoluta seguridad de que conforme pasen los años y vayan desapareciendo de la influencia política los interesados en contar las cosas como nunca ocurrieron y sus cómplices interesados, la historia pondrá las cosas en su punto y hará justicia a los que murieron o fueron heridos

Mientras, el recién titulado “hombre de paz”, Otegui, confesó que el día que mataron a Miguel Angel Blanco estaba con su mujer y sus hijos en la playa, cuando el resto del país estábamos pegados a las emisoras de radio o a las cadenas de televisión.

“En mi viejo San Juan” y la necedad de la sociedad española.

Un participante en un grupo de ex marinos en el que estoy incluido ha “colgado” en Facebook unas imágenes del Juan Sebastián Elcano en su mini travesía desde Getxo a  Getaria, patria chica del gran navegante vasco que terminó la vuelta al mundo empezada por Magallanes, y que ha dado nombre al buque escuela.

Como fui marino de guerra en una de las etapas de mi vida, no puedo por menos que emocionarme con estas cosas. Creo que es de justicia  que se rinda  homenaje al marino, y también que Elcano esté en el País vasco y haya sido recibido con naturalidad y afecto por sus muchos visitantes.

Pero junto a esta noticia, y casi como un hecho anecdótico, he visto que los guardiamarinas ofrecían un pequeño recital a los visitantes, y una de las canciones era “En mi viejo San Juan”.

Y  no he podido por menos que pensar en lo necios que somos.

Resulta que el Juan Sebastián Elcano es una de las mejores embajadas de España en el mundo y, por supuesto, la única itinerante. Y que, vaya donde vaya, se les recibe con todos los honores y con la mayor cordialidad, lo que significa que, en términos  generales, España es respetada y querida por la inmensa mayoría de los países, incluidos y muy especialmente, aquellos que formaron parte del pasado imperio, y con los que, según la tan cacareada leyenda negra, tan mal nos portamos. Peor, mucho peor, según parece, que se portaron los otros países colonizadores con sus colonos.

Repito ¡que necios somos! ¡Que facilidad tenemos para cambiar la historia y convertirnos en los malos de todas las películas!

Y con estas actitudes hemos llegado a un punto en el que no es posible mantener discrepancias, porque que cada vez más las convertimos en enfrentamientos.

Y así parece que defender a las mujeres es titularidad de unos y no de otros. Que no es de todos. Y tampoco es de todos respetar las diferentes tendencias sexuales o desear, desearnos,  el bienestar social.

En este momento solo unos, de uno u otro bando según el tema de que se trate, tienen razón, y sanseacabó. El equivalente al tradicional “habló Blas punto redondo” de tiempos pasado. O el “porque lo digo yo.

Toda una filosofía consecuencia de siglos de cultura y evolución de la raza humana.

Y muchos, especialmente los jóvenes, acabarán creyendo que el bienestar de que disfrutamos ha sido “gracias  unos”, pese a la oposición de los otros, o que la transición, la de pasar página en una sociedad todavía atormentada por las consecuencias de la pre guerra civil, de la guerra, y de la post guerra, fue un error histórico.

Y que media España desciende de los buenos, y la otra de los malos. Y, todo ello, alimentado, si no promovido, por la cúpula política que nos ha tocado sufrir en los últimos tiempos.

Pues bien. Escuchando “En mi Viejo San Juan” he recordado con tristeza aquellos tiempos en los que las diferencias eran aceptadas como aporte enriquecedor a nuestra cultura común, incluidas las diferencias culturales de países separados por océanos.

Arturo Fernández

Ha fallecido Arturo Fernández y, como suele ocurrir, siempre hay alguien que saca “peros” a su carrera artística, especialmente los que afirman que era un actor encasillado en un tipo de personaje. Y me sorprende.

Porque en el arte hay muchos grandes protagonistas que están muy, pero que muy encasillados. Lo está Raphael, que por cierto actúa próximamente nada menos que en al Albert Hall de Londres, o Juan Manuel Serrat, o Miguel Ríos, o Joaquín Sabina, por poner algunos ejemplos que llenan auditorios, y que siempre cantan el mismo tipo de canción.

Y si uno conoce lo que ocurre en el mundo, hay actores en New York o en Londres que no solo hacen papeles similares, sino que han representado exactamente el mismo papel durante muchos años en las obras de mayor éxito.

¿Hablamos del “Fantasma de la Ópera”, de “Cats”, o de “Los Miserables”?

También en España tenemos actores “especializados” en personajes similares, ¡cómo no!, que son o han sido grandes en nuestras pantallas. Pepe Isbert, fue uno de los muchos ejemplos. O Tony Leblanc. O Pedro Osinaga, hablando de comedia, protagonista durante tantos años de “Sé infiel y no mires con quién”.

¿O es que José Sacristán, gran actor y muy diversificado, no ha protagonizado películas infumables? ¿O no fueron grandes Tip y Coll que siempre hacían los mismos papeles?

Un actor es un profesional, y si resulta que encuentra “la vena” y se identifica con un determinado público, es muy lógico que ofrezca exactamente lo que le piden. Y el único que puede juzgar si lo hace bien o mal son sus taquillajes.

Arturo Fernández no ha sido un actor de tragedia ´clásica”, evidentemente, pero no por ello dejó de ser un gran actor.

Fue el eterno galán que le pedían sus seguidores ¡hasta los 90 años! Que ya hay que hacerlo bien para seguir triunfando a esa edad sin resultar patético, como tantos otros que han mantenido una juventud de quirófano.


Y le agradezco muy especialmente su excelente  dicción y el exquisito trato dado a nuestra tan maltratada legua castellana por supuestos “consagrados de cine que han protagonizado cuatro series, como mucho destape si es posible, y tres “reality”

Y, a más a más, tiene una característica que es muy de agradecer: puede que fuera el primer actor que montó una compañía propia, una empresa en definitiva, y por lo que sé, nunca necesitó subvenciones ni ayudas estatales para representar sus obras.

Lo que le hizo, si no único, al menos “rara avis”. Cosa que le tenemos que agradecer porque diferencia de tantos otros que han sobrevivido gracias a ayudas oficiales. Ayudas que, a la postre, salen de nuestros bolsillos.

Y, en definitiva, fue un gran profesional y una gran persona. Alguien que  nunca se rebajaría anunciando casas de apuestas, por ejemplo, como están haciendo otros grandes actores que han dejado de ser ejemplo para sus seguidores.

Descanse en paz.