Miguel Angel Blanco. Paradigma de la barbarie y la sinrazón de los asesinos de ETA.

No es el aniversario del día que murió, lo hizo un día después, pero hoy es el verdadero aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco, porqué fue tal día como hoy cuando le descerrajaron dos tiros en la nuca después de tres días en los que todos los españoles sufriéramos la angustia de saber que los asesinos de ETA acabarían matándolo, porque el gobierno de la nación no podía ceder al chantaje del acercamiento al País Vasco de los presos de esa organización maldita.

Todos y cada uno de los 850 asesinatos de ETA fueron execrables y algunos especialmente sanguinarios, pero hay dos acciones llevadas a cabo por los “valientes gudaris” que, curiosamente, se rendían sin oponer resistencia a las Fuerzas de Orden Público cuando eran localizados, que resultaron especialmente significativas: El secuestro de Ortega Lara y el asesinato de Miguel Angel Blanco.

El primero por la extrema crueldad de tenerlo encerrado en un zulo durante 532 días, hasta que decidieron dejar de alimentarle para que muriera de hambre, desenlace que no se produjo gracias a la acertada intervención de la Guardia Civil que localizó la entrada de lo que iba a ser su tumba, bajo la maquinaria pesada de aquella planta baja de Mondragón.

La segunda el secuestro y posterior asesinato este joven concejal de Ermua, 29 años, al que mantuvieron preso tres días, maniatado, antes de que le obligaran a arrodillarse para recibir dos disparos en la nuca.

Y los jóvenes de hoy que cuestionan tantas cosas nunca vieron la cara de Ortega Lara cuando le sacaron de la tumba, ni las miles de manos blancas que expresaban el “basta ya” de la ciudadanía ante los terroristas. Y no podrán creerse que la gran mayoría de los asesinatos pudieron evitarse porque algunos prohombres del país vasco sabían lo que estaba pasando, y hubiera bastado una palabra al entorno de los asesinos o una denuncia a las Fuerzas de Orden Público para parar las ejecuciones o para detener a los asesinos.

Algunos de ellos todavía viven y continúan con la farsa de la equidistancia y las falsas justificaciones.

Pero esto no puede quedar así, ¡claro que no! Asesinos sin arrepentimiento y más de 300 asesinatos sin esclarecer no pueden salir impunes ni en lo ético ni en lo moral, ni en la justificación política, por mucho que hayan cumplido condenas.

Es más, tengo la absoluta seguridad de que conforme pasen los años y vayan desapareciendo de la influencia política los interesados en contar las cosas como nunca ocurrieron y sus cómplices interesados, la historia pondrá las cosas en su punto y hará justicia a los que murieron o fueron heridos

Mientras, el recién titulado “hombre de paz”, Otegui, confesó que el día que mataron a Miguel Angel Blanco estaba con su mujer y sus hijos en la playa, cuando el resto del país estábamos pegados a las emisoras de radio o a las cadenas de televisión.

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“En mi viejo San Juan” y la necedad de la sociedad española.

Un participante en un grupo de ex marinos en el que estoy incluido ha “colgado” en Facebook unas imágenes del Juan Sebastián Elcano en su mini travesía desde Getxo a  Getaria, patria chica del gran navegante vasco que terminó la vuelta al mundo empezada por Magallanes, y que ha dado nombre al buque escuela.

Como fui marino de guerra en una de las etapas de mi vida, no puedo por menos que emocionarme con estas cosas. Creo que es de justicia  que se rinda  homenaje al marino, y también que Elcano esté en el País vasco y haya sido recibido con naturalidad y afecto por sus muchos visitantes.

Pero junto a esta noticia, y casi como un hecho anecdótico, he visto que los guardiamarinas ofrecían un pequeño recital a los visitantes, y una de las canciones era “En mi viejo San Juan”.

Y  no he podido por menos que pensar en lo necios que somos.

Resulta que el Juan Sebastián Elcano es una de las mejores embajadas de España en el mundo y, por supuesto, la única itinerante. Y que, vaya donde vaya, se les recibe con todos los honores y con la mayor cordialidad, lo que significa que, en términos  generales, España es respetada y querida por la inmensa mayoría de los países, incluidos y muy especialmente, aquellos que formaron parte del pasado imperio, y con los que, según la tan cacareada leyenda negra, tan mal nos portamos. Peor, mucho peor, según parece, que se portaron los otros países colonizadores con sus colonos.

Repito ¡que necios somos! ¡Que facilidad tenemos para cambiar la historia y convertirnos en los malos de todas las películas!

Y con estas actitudes hemos llegado a un punto en el que no es posible mantener discrepancias, porque que cada vez más las convertimos en enfrentamientos.

Y así parece que defender a las mujeres es titularidad de unos y no de otros. Que no es de todos. Y tampoco es de todos respetar las diferentes tendencias sexuales o desear, desearnos,  el bienestar social.

En este momento solo unos, de uno u otro bando según el tema de que se trate, tienen razón, y sanseacabó. El equivalente al tradicional “habló Blas punto redondo” de tiempos pasado. O el “porque lo digo yo.

Toda una filosofía consecuencia de siglos de cultura y evolución de la raza humana.

Y muchos, especialmente los jóvenes, acabarán creyendo que el bienestar de que disfrutamos ha sido “gracias  unos”, pese a la oposición de los otros, o que la transición, la de pasar página en una sociedad todavía atormentada por las consecuencias de la pre guerra civil, de la guerra, y de la post guerra, fue un error histórico.

Y que media España desciende de los buenos, y la otra de los malos. Y, todo ello, alimentado, si no promovido, por la cúpula política que nos ha tocado sufrir en los últimos tiempos.

Pues bien. Escuchando “En mi Viejo San Juan” he recordado con tristeza aquellos tiempos en los que las diferencias eran aceptadas como aporte enriquecedor a nuestra cultura común, incluidas las diferencias culturales de países separados por océanos.

Arturo Fernández

Ha fallecido Arturo Fernández y, como suele ocurrir, siempre hay alguien que saca “peros” a su carrera artística, especialmente los que afirman que era un actor encasillado en un tipo de personaje. Y me sorprende.

Porque en el arte hay muchos grandes protagonistas que están muy, pero que muy encasillados. Lo está Raphael, que por cierto actúa próximamente nada menos que en al Albert Hall de Londres, o Juan Manuel Serrat, o Miguel Ríos, o Joaquín Sabina, por poner algunos ejemplos que llenan auditorios, y que siempre cantan el mismo tipo de canción.

Y si uno conoce lo que ocurre en el mundo, hay actores en New York o en Londres que no solo hacen papeles similares, sino que han representado exactamente el mismo papel durante muchos años en las obras de mayor éxito.

¿Hablamos del “Fantasma de la Ópera”, de “Cats”, o de “Los Miserables”?

También en España tenemos actores “especializados” en personajes similares, ¡cómo no!, que son o han sido grandes en nuestras pantallas. Pepe Isbert, fue uno de los muchos ejemplos. O Tony Leblanc. O Pedro Osinaga, hablando de comedia, protagonista durante tantos años de “Sé infiel y no mires con quién”.

¿O es que José Sacristán, gran actor y muy diversificado, no ha protagonizado películas infumables? ¿O no fueron grandes Tip y Coll que siempre hacían los mismos papeles?

Un actor es un profesional, y si resulta que encuentra “la vena” y se identifica con un determinado público, es muy lógico que ofrezca exactamente lo que le piden. Y el único que puede juzgar si lo hace bien o mal son sus taquillajes.

Arturo Fernández no ha sido un actor de tragedia ´clásica”, evidentemente, pero no por ello dejó de ser un gran actor.

Fue el eterno galán que le pedían sus seguidores ¡hasta los 90 años! Que ya hay que hacerlo bien para seguir triunfando a esa edad sin resultar patético, como tantos otros que han mantenido una juventud de quirófano.


Y le agradezco muy especialmente su excelente  dicción y el exquisito trato dado a nuestra tan maltratada legua castellana por supuestos “consagrados de cine que han protagonizado cuatro series, como mucho destape si es posible, y tres “reality”

Y, a más a más, tiene una característica que es muy de agradecer: puede que fuera el primer actor que montó una compañía propia, una empresa en definitiva, y por lo que sé, nunca necesitó subvenciones ni ayudas estatales para representar sus obras.

Lo que le hizo, si no único, al menos “rara avis”. Cosa que le tenemos que agradecer porque diferencia de tantos otros que han sobrevivido gracias a ayudas oficiales. Ayudas que, a la postre, salen de nuestros bolsillos.

Y, en definitiva, fue un gran profesional y una gran persona. Alguien que  nunca se rebajaría anunciando casas de apuestas, por ejemplo, como están haciendo otros grandes actores que han dejado de ser ejemplo para sus seguidores.

Descanse en paz.