El problema de Facebook y de las redes sociales – ¿Que podemos hacer?

Estos días se ha puesto en evidencia algo que todos sabíamos o deberíamos de saber. Los peligros que se esconden detrás de tantas cosas aparentemente buenas, como es el caso de la utilización maliciosa de los datos disponibles en las bases de Facebook, nuestros datos, como ejemplo de los muchos otros riesgos de la red.

¿Qué ha ocurrido? Parece que Facebook ha vendido a una empresa 150.000 registros de su base de datos para un estudio de mercado. Eso es legal y lo hemos autorizado cuando nos damos de alta en el servicio, porque, pese a lo que piensan muchos, Facebook y el resto de los operadores, no nos proporcionan los servicios a cambio de nada. En este caso lo pagamos con nuestros datos.

Con este estudio se pretende conocer las preferencias de mercado según edad y condición de los analizados, con objeto de asesorar a marcas y/o enviar mensajes publicitarios directos a todos los usuarios de Facebook, que son muchos millones, ajustando las ofertas a los perfiles de compra de cada uno de nosotros. Es un gran negocio, pero un negocio, repito, legal.

El problema es que esta empresa ha vendido a una tercera, Cambridge Analytica, los datos cedidos por Facebook, y que, a partir de las fichas cedidas, ha conseguido localizar a más de 50.000.000 millones de usuarios.

¿Cómo lo ha hecho? Muy sencillo. Cada uno de nosotros tenemos “amigos”, “compartimos”, y reaccionamos con “me gusta” a las informaciones que nos envían.

Los “amigos” están enganchados a nuestro identificador personal en Facebook, de manera que, si “escarban” en mi identificador, por ejemplo, saben que tengo un número de amigos, supongamos que 300, que a su vez tienen amigos, y así sucesivamente, de forma que, partiendo de uno, que soy yo, pueden localizar a otros trescientos, mis “amigos”. Como los granos de uva de un racimo. Para efectos de control, yo sería 1+300

Pero si estos trescientos tienen un promedio de 50 amigos cada uno, estamos hablando de 1+300+(300×50) = 15.301.

Y si cada uno de estos usuarios tuvieran, a su vez, 50 amigos, la cantidad de “controlados” pasaría ser de 15.301×50=765.050

Se da la circunstancia, muy frecuente, de que tenemos “amigos” compartidos con nuestros propios “amigos”. En este caso no duplicará registros, por lo que no captura la totalidad de los 765.050 “nuevos” contactos. ¿Los dejamos en 650.000?

Y aquí me detengo.

Es decir, que si uno de los usuarios conseguidos por Cambridge Analytica fuera yo, tirando de mis amigos y de los amigos de mis amigos, tendrían a su alcance la posibilidad de hacer llegar mensajes publicitarios a un mínimo de 650.000 usuarios de Facebook. En este caso si que se está cometiendo algún tipo de delito, porque se ha vulnerado el pacto que Facebook tenía con cada uno de nosotros al no proteger la información vendida o cedida al primer comprador.

Pero incluso esta práctica, siendo ilegal, no nos crea más problemas que un posible bombardeo de anuncios y ofertas muy atractivas. A “nuestra medida”.

¿Dónde aparece la malicia de todos estos tejemanejes?

Supongamos, y es una ficción, que la empresa Cambridge Analytica está asesorando la campaña electoral de un candidato a la presidencia de los EE. UU., o de cualquier otro país, y lanza un mensaje a sus 50.000.000 capturados de Facebook diciendo “la asociación XXX, o el grupo ZZZ, condenamos la matanza de focas en Canadá. Pásalo”, acompañado de imágenes sangrientas de un cazador rodeado de focas muertas.

Y que ese mensaje lo reciben solo un 10 % de los “capturados”: 5.000.000 de usuarios.

Ante imágenes tan crueles, lo lógico es que una parte de los receptores opten por “pasar” el mensaje. Cada “pásalo” permite aumentar el número de usuarios controlados, y también a sus amigos, de la misma forma que me controlan a mí.

Pero la segunda fuente de información son los que pulsan el “me gusta” o cualquier otro icono de conformidad con la denuncia de la falsa asociación.

Sin duda este tipo de mensajes, niños maltratados por sus padres o escenas especialmente desagradables, despiertan el rechazo de los receptores, que se manifiestan claramente de acuerdo con la denuncia, y lo manifiestan con sus “me gusta”.

Si el número de “me gusta” es importante, como sería el caso, esta empresa, la que asesora al candidato, le recomendará de inmediato que en su próximo discurso mencione el hecho de que es un gran defensor de la naturaleza, y que odia la matanza de focas, con lo que está lanzando un mensaje que sonará muy bien a la gran mayoría de los habitantes del país, que son muchos más que los 5.000.000 de usuarios que han opinado en Facebook.

Porque esta cantidad, los 5.000.000, es una muestra estadística muy importante, teniendo en cuenta que las encuestas que realizan las empresas dedicadas a estas tareas y que publican los medios de comunicación, suelen ser de algunos cientos de personas, algunos miles en el mejor de los casos.

Es evidente que son prácticas maliciosas y mentirosas dedicadas a engañar a los electores, pero de uso frecuente. Es lo que hay.

Pero hay una actuación “B” que aumenta un escalón la manipulación y las malas prácticas.

Junto con el mensaje de acabar con la matanza de focas, se empieza a rebuscar en hemerotecas, videotecas, filmotecas y/o en las redes si el/o la candidata opositora ha hecho algún tipo de manifestación que indique, aunque sea muy remotamente, que está de acuerdo con que maten animales, (no hace falta que sean focas), lleven prendas fabricadas con pieles, etc.

Al primer mensaje del candidato asesorado, “yo soy ecologista”, le indicarán que añada un segundo: “mi rival es enemiga de los animales”, o “de la naturaleza”. ¡Qué suerte si la hubieran pillado en una cacería de elefantes! ¡O de cabras montesas!

Y el tercer escalón, que lamentablemente es una práctica habitual, el colmo de la indignidad es montar un mensaje en Twitter, que ha pasado de ser una plataforma de opinión y de información en una máquina de intoxicación, que diga “se ha visto a fulanito o menganito (el candidato rival) cazando cabras montesas”.

No importa que sea o no sea verdad. Le dan al botón que dispara los Twitter automáticos desde sus servidores y, en ese momento, miles y miles de perfiles falsos relanzan el mensaje inundando las redes del rumor. Y eso no hay candidato que lo resista.

Y digo que es una práctica habitual porque lo hacen grupos de asesores como el del ejemplo, partidos políticos, naciones como Rusia, o particulares como el tal Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, al que visitaron, entre otros, algunos de los que están detrás del independentismo catalán, seguramente para que difundiera sus mensajes malintencionados y sus campañas.

En el caso de los gobiernos de las naciones, las redes se han convertido en un arma mucho más poderosa que sus tanques o su flota naval. No matan, pero pueden hacer mucho daño.

Y lo mismo que pueden saber nuestra opinión sobre la matanza de focas, también pueden averiguar nuestras ideas religiosas, posiciones políticas, intenciones de voto, tendencias sexuales, o cualquier parte de nuestro perfil que “les venga bien” para vender o para manipular.

¿Qué es ciencia ficción? Ni mucho menos.

Y voy a demostrarlo con un hecho real. Yo soy el administrador de la página web de una sociedad sin ánimo de lucro, http://www.Aculliber.com. Acabo de pedir las estadísticas sobre el perfil de las personas que la han visitado en los últimos seis meses, y me dicen que el 51% de son mujeres, y el 48,82, hombres.

Que el 6,40 % de los usuarios están entre 18 y 24 años, el 15,93 % entre 25 y 34, el 23,81 % entre 35 y 44, el 17,08 % entre 45 y 54, el 21,67 % entre 55 y 64, y el 15,11 % tienen más de 65 años.

Me proporciona otros datos, pero basta con los que he comentado.

Si cuando acceden a nuestra página lo hacen de forma anónima porque no tenemos claves de acceso ni ningún tipo de identificador, ¿de dónde sacan estos datos?

Pues los sacan, y son muy fiables, de la información que proporciona ese gran hermano, que es la red, de cada uno de nosotros. Es cierto que yo entro sin identificarme y no saben quién soy, pero todos nosotros estamos identificados en los navegadores, que son los que nos direccionan por la red.

Y cuando abrimos cualquier navegador y preguntamos cosas, accedemos a Amazon o al Corte Inglés, hacemos compras por internet, buscamos los horarios de trenes, o gestionamos cualquier tipo de consultas, sus bases de datos registran toda la actividad y van trazando nuestro perfil: Si consulto ropa femenina es que soy mujer. Analizando la ropa que busque o el tipo de zapato saben si soy joven o mayor, y conforme avancen las consultas (tipo de maquillaje, espectáculos por los que pregunto, etc.), concretarán más la edad y otros aspectos de mi personalidad.

Y así sucesivamente. Como todos nosotros entramos varias veces al día todos los días del año, es muy fácil concretar quienes estamos detrás de cada identificación, no con nuestros datos personales (excepto teléfonos que también los tienen), pero sí con nuestro perfil comprador, y, por lo tanto, es muy sencillo determinar qué tipo de propaganda debemos recibir. Propaganda que también se lanza de forma automática.

Los errores en la muestra (ordenador que usa más de una persona, productos que pueden servir a varios perfiles, o similares) son relativamente pequeños comparados con la cantidad de datos que suministramos. Un amigo mío que viajó a Tokio y llevaba conectado el Bluetooh de su teléfono me contaba que un escaparate le dijo en perfecto castellano: “fulanito, tengo la cámara fotográfica… (marca, modelo)”, que era por la que se había interesado varias veces en internet. No puedo dar fe del hecho porque no estaba allí, pero me lo creo.

Porque a eso llegaremos.

Concluyo diciendo: como nadie ofrece servicios de forma gratuita, es lógico que, a cambio, aceptemos que nos hagan publicidad de determinados productos.

Pero mucho cuidado con los reenvíos y los “me gusta”. Te estás poniendo al descubierto y hay muy mala gente en la red. Las mejores oraciones del Papa o los mensajes más inocentes sobre la infancia pueden estar lanzados por esta mala gente para captar direcciones, sabiendo que serán muy compartidos. Y cuando digo “compartir” no me refiero solo a Facebook. También vale para Twitter, WhatsApp, o cualquier otra plataforma con la que operes.

Hay gente tan inocente que llega a anunciar a sus amigos que se va de vacaciones a Cantabria, por señalar uno de los sitios que vale la pena, y les comunica las fechas del viaje. Luego se quejan de que les han robado, cuando solo les ha faltado dejar una llave puesta en la puerta de su casa.

Y no digo que no compartáis nada o que no deis “me gusta” en alguna ocasión. Pero siendo conscientes de que estáis dando más poder a alguien, o corriendo el riesgo de que alguien use tus datos para un mal fin.

Otra cosa son los mensajes de texto, como los e-mails o los de WhatsApp: No escribáis nada que no pueda leer cualquiera, porque puede que algún indeseable acceda a vuestras cuentas y os puede poner en evidencia o haceros algún tipo de chantaje, pero, de momento, no tienen los peligros del resto de servicios de internet.

Estas reflexiones se publican en mi blog que, por suerte o por desgracia, tiene una difusión muy limitada. Pero acabo de consultar en internet el ranking de los cinco “blogueros” que más ingresos tienen en el mundo y son los siguientes (corto y pego):

1. The Huffington Post 2.300.000$/mes. Fundado por Arianna Huffington, sus ingresos vienen fundamentalmente por publicidad. Este mismo febrero lo ha vendido a AOL por 315 millones de dólares. Realmente impresionante.

2. Mashable 560.000$/mes. Fundado por Pete Cashomre, sus ingresos vienen fundamentalmente por patrocinios publicitarios.

3. Perez Hilton 450.000$/mes. Fundado por Mario Lavandeira, sus ingresos vienen de patrocinios publicitarios.

4. Techcrunch 400.000$/mes. Fundado por Michael Arrington, sus ingresos vienen de patrocinios publicitarios y organización de eventos. En septiembre de 2010 lo compró AOL por 30 millones de dólares.

5. Timothy Sykes 200.000$/mes. Fundado por Timothy Sykes, sus ingresos proceden de las suscripciones de pago y la venta de productos.

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En muchos casos tienen millones de seguidores pendientes de que ropa se ponen hoy, o cual será la moda el mes que viene. Pero claro, si venden sus bases de seguidores a una marca o se ponen determinada prenda, cobran mucho, mucho dinero.

¿Hay o no hay negocio? En estos ejemplos negocios legales.

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El hecho y la moraleja – como engañar a los mayores o a personas de buena fe.

Esta mañana han aparecido dos jóvenes de buena presencia en mi casa, chico y chica, diciéndome que cuando me cambiaron el contador de la luz, de Iberdrola, a uno digital, tenía que haber ido a sus oficinas para firmar un documento. “Muchos, como yo, no lo habíamos hecho por lo que Iberdrola había decidido facilitarnos el trámite mandándonos a un empleado a casa”.

Me ha parecido muy extraño porque no había recibido ninguna notificación, y porque las relaciones con esta empresa tienen un buen soporte digital, pero les he seguido la corriente y les he permitido el paso a mi casa para saber la verdadera razón de su visita.

Les he pedido alguna identificación, y me han enseñado una de “EDP”. Les digo que no son de Iberdrola, pero me dicen que EDP es una compañía subcontratada para estas gestiones, y para corroborarlo, me muestra una factura real de la compañía, en la que aparecen tres logos en vertical en la parte de derecha. Los logos se corresponden a tres certificados de calidad, (Aenor, Iqnet, y Arbitraje de Consumo) y me señala el del centro.

Le digo que en ese logo no pone ENP y el varón, que llevaba la voz cantante, me dice que es un segundo logo y que “lo acaban de poner”. Les vuelvo a preguntar si realmente están trabajando para Iberdrola y me asegura que sí, por lo que continúo siguiéndoles la corriente.

Me preguntan si tengo contratos de otras viviendas. Les digo que sí y les doy dos direcciones falsas.Sacan unos impresos y me piden datos de identificación para cumplimentarlos. Son datos que no necesitarían si realmente trabajaran para la empresa suministradora, porque ya los tienen.

Se los doy sin mirar el impreso, y cuando terminan me los pasan para que los firme, con un “ya no le molestamos más”.

Veo que los documentos, uno por cada supuesta vivienda, tiene un logo “EDP”, y un encabezamiento que dice “contrato de suministro de energía y /o servicios”.
Mientras lo estudio, y en su presencia, marco al teléfono de atención a clientes de Iberdrola y pregunto a la operadora si tienen algún tipo de contrato de gestión con esta empresa. Me dice que no.

Ellos ya se han puesto nerviosos y les digo que no les denuncio a la policía porque son jóvenes y, probablemente, alguien les ha aleccionado en una estrategia de marketing de muy malas artes, fingiéndose representantes de una empresa ajena a la suya, y haciendo firmar, con engaños, un contrato de servicio eléctrico con su compañía. Todo ello con una parafernalia documental de contratos reales de Iberdrola y supuestas notificaciones de la compañía a sus clientes.

Y les aseguro que a su coordinador, supervisor o lo que sea, no le pasará nada porque nadie podrá demostrar que les ha dicho lo que, indudablemente, les ha dicho, pero que ellos están estafando a los que les atienden y, me temo que con el agravante de buscar como víctimas preferentes a personas mayores, o menos conocedoras de lo que es normal y lo que suena raro.

En resumen: esperaba que hubieran atendido mi consejo, pero cuando bajo a la calle y pregunto si les han visto, me dicen que habían entrado en la finca de al lado, donde viven bastantes personas mayores. Llamo a los timbres de las viviendas para que no les atiendan, y, desde la escalera, les conmino a que salgan del edificio.

Y cuando lo hacen, entonces sí, les abronco con más energía porque, lamentablemente, me estaban demostrando que participaban, conscientemente y sin ningún pudor, en la estafa propuesta por alguien, no sé quién, de su línea de mando.

Y que conste que no digo que la dirección de la empresa EDP sea consciente de las malas artes de las escalas más operativas de su red comercial, supongo que no, pero, sin duda alguna y, como mínimo, son responsables de no controlar las estrategias de venta con los que sus comerciales consiguen algunos de sus contratos.

Y la moraleja es que, comprendiendo la necesidad de trabajo de los jóvenes, no todo vale. Y que, lamentablemente, ellos eran conscientes de participar en una estrategia de mala fe y de la que se beneficiaban económicamente. El peor comienzo de una vida laboral.

Y que todos somos muy dignos denunciando la corrupción y las malas prácticas de los demás, pero que a algunos, demasiados, no les duelen prendas en engañar a personas en debilidad si se les presenta la ocasión, celebrando como un éxito lo que es una inmoralidad y, posiblemente, un delito.

Mi consejo fue que no traspasaran una puerta sin decir “soy un comercial de EDP, y vengo a hacerle una oferta comercial”.

Pero, claro, pedir honestidad es mucho pedir. Son tiempos muy complicados.

Eso sí. En el papel del contrato figura un sello que dice “impreso en papel ecológico”. ¡Faltaría más! El paso siguiente es ser tan respetuosos con las personas como parece que lo son con el medio ambiente.

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Mando información de este comentario a Iberdola y a la empresa EDP Energía, S.A.U. y /o EDP Comercializadora S.A.U.

El juego de la verdad y la mentira – Los pensionistas y otros colectivos con problemas

Es evidente el malestar de muchos colectivos, muy justificado en buena parte de los reclamantes. Pero siendo cierto el problema, es muy probable que muchos de los afectados no conocen su causa raíz y, como consecuencia, tampoco aciertan ni en el planteamiento de sus reivindicaciones ni en las soluciones sugeridas.

Y esto ocurre, en gran parte, porque la clase política aprovecha cualquier hecho para intentar obtener un rédito electoral, y en este afán de buscar bolsas de votos, no han dudado en presentar los problemas y las carencias de cada uno de los colectivos, teniendo mucho cuidado de no entrar en el “todo” que los engloba.

Y de esta manera la oposición, la que sea en cada legislatura, nos denuncia los recortes de gastos en sanidad, que no suben las pensiones, apoyan la igualdad salarial de las fuerzas de seguridad nacionales y autonómicas, y la actualización de retribuciones de los funcionarios, por ejemplo. Reclaman inversiones en campañas de igualdad de género, de memoria histórica, para la dependencia, y tantas otras que, por muy reales que sean los problemas, suele manipularse como una oportunidad manifiesta de aparecer como los “solucionadores”.

Solucionadores de problemas que, en muchos casos, han creado o permitido ellos mismos cuando estaban en el gobierno o tenían poder para influir en las políticas del gobierno de turno.

Sin embargo, nadie dice, de ninguna manera, antes muerto que sincero, que cada una de esas partes componen un todo limitado, que es el presupuesto general de cada año, y que es imposible aumentar el gasto de una de ellas sin perjudicar a alguna otra.

Muy de tarde en tarde algún ministro, el de hacienda, por ejemplo, lanza la pregunta de ¿a quién se lo quito?, muy especialmente cuando alguna autonomía reclama para sí un aumento de su presupuesto, sabiendo que el total es inamovible, incluso por mandato de la Comunidad Europea.

Hagamos un pequeño ejercicio de racionalidad:

En el año 2017, los Presupuestos Generales del Estado, preveían un gasto total de 443.133 millones de euros, de los cuales 139.647 se destinaban a la política de pensiones, partida que, como es fácil de calcular, supone el 31,51 % del total del presupuesto.

Pero si a esa cantidad se le suman los gastos de la política de sanidad y del resto de prestaciones sociales, el total del gasto supone un “cuarenta y mucho por cien” del total del presupuesto. Casi la mitad.

Pero claro, en ese momento intervienen los sabios de las redes y las tertulias, no todos y no todos políticos, que nos machacan continuamente aportando soluciones muy simples, elementales, para problemas muy complejos: “si devolvieran lo robado”, “si los congresistas no tuvieran…”, etc.

¡Claro que quiero que devuelvan todo lo robado! ¡Claro que reclamo que se reforme el congreso disminuyendo el número de congresistas y rebajando sus gastos de estructura!

Pero eso, aunque ayude, no es la solución.

Vistos objetivamente, estos datos demuestran lo que ya sabíamos: que España es una nación profundamente comprometida con el bienestar, y que sus políticas de cobertura social están entre las más avanzadas del mundo, si no son las mejores.

Pero las circunstancias cambian, y fenómenos nuevos como la disminución del empleo y de los salarios medios de los empleados, el aumento de vida de los españoles, o la atención a extranjeros, que yo defiendo, pero que tiene un coste, hace que se ciernan amenazas evidentes sobre el sistema, incluso que se empiece a dudar de su viabilidad.

Analicemos uno de los asuntos de mayor confusión: las pensiones.

Es claro que mes tras mes el gobierno tiene que hacer juegos malabares para mantener el pago de pensiones porque su fuente de ingresos, la contribución de los empleados ha disminuido en cantidad, menos empleados, y en calidad, salarios más reducidos.

No obstante, y aunque se hubiera mantenido el nivel salarial ajustado al IPC del año, cosa que ha ocurrido en los últimos porque tuvimos un IPC reducido o negativo que nos favoreció, los pensionistas han sufrido el impacto de la crisis con gastos no previstos, entre los que no es el menor la necesidad de ayudar a sus hijos y a sus nietos, afectados por los problemas de empleo o de ingresos insuficientes para mantener sus propias familias familia.

Situación imprevista que no se contemplaba cuando, en años en los que los jóvenes buscaban empleos “para toda la vida” y dignamente recompensados, se planificó un sistema que garantizara una vejez tranquila para los jubilados.

Pero es un hecho que, por unas causas u otras, el “no me llega” es un comentario habitual entre los mayores.

Entonces llega el listo de las soluciones o el agitador profesional por cuenta propia o al servicio de intereses políticos, y dice que “esto se arreglaría si…”, siendo los sueldos y las prebendas de los diputados uno de los argumentos habituales, excepto cuando son políticos activos los denunciantes.

En estos casos ni se nombra a la bicha. Se inventan fantasías como impuestos a los ricos, o a los bancos, o a la Iglesia, o vete tú a saber quién, y se sale adelante con excelentes palabras sin ningún contenido de sinceridad.

Un ejemplo de la inviabilidad de este tipo de soluciones:

Si no me he perdido en el laberinto de las cifras, en el presupuesto del año analizado, 2017, las Cámaras de Representantes, Congreso y Senado, tenían una asignación total de 207,30 millones de euros para gastos estructurales, financieros, de mantenimiento y para salarios de empleados, de congresistas y de senadores. Si esta cantidad, que equivale al 0,47 % del presupuesto, se asignara directamente al pago de pensiones, no sería, ni mucho menos, la solución. Y me explico.

Si dividimos los 207.000.000 euros entre los 8.698.160 pensionistas, nos corresponderían 23, 83 euros para todo el año, que, distribuidos entre nuestras 14 pagas, nos supondría un aumento de 1,70/mes.

Repito porque es un dato relevante: Si en lugar de recortar gastos a los diputados decidiéramos suprimir totalmente las Cortes Españolas, incluidos sus 350 congresistas, los 266 senadores, sus asesores, la logística, y los gastos de mantenimiento de los edificios, cada uno de nosotros recibiría 1,70 euros más en cada paga.

Pero claro, necesitamos unas cortes que legislen y controlen al gobierno.

Un caso similar, mucho más de pancarta callejera, ocurriría si se suprime la Casa Real, o los gastos de una hipotética Presidencia de la República Española, que una de las cosas tendríamos que tener, y los gastos serían similares.

A la Casa Real se le asignaron 7.818.890 euros. Si suprimieran este gasto y lo distribuyeran entre los pensionistas nos corresponderían 0,89 al año, equivalentes a 0,064 euros en cada una de nuestras catorce pagas.

Y no voy a perder el tiempo valorando el papel institucional de la Corona, del que hemos tenido claros ejemplos muy recientemente, o de los beneficios que el Rey está consiguiendo en su papel de primer embajador de España cuando acompaña a delegaciones de empresarios a países extranjeros, por ejemplo.

Una vez desmontada la demagogia de los que nos hacen parecer tontos, pasemos de la “parte” pensiones al todo “Estado”. La gran pregunta es ¿Qué se puede hacer?

Si a España la gestionara una gran empresa privada administradora de los principios sociales de que disfrutamos, seguro que no habríamos llegado hasta estos extremos por la mejora de la gestión y por la aplicación de los controles elementales establecidos por las empresas, pero de haberlo hecho, seguro que bastaría con aplicar el típico ejercicio de “mejora de procesos” para racionalizar la situación en los dos campos fundamentales:

La mejora de ingresos, con una adecuada política fiscal y eliminando las bolsas de la economía sumergida y los fraudes fiscales, por ejemplo, castigando de forma ejemplar a los infractores, grandes o pequeños, potenciando, al mismo tiempo, la educación sobre ética, solidaridad y valores, estimulando las denuncias de ciudadanos y mejorando sustancialmente, en cantidad y calidad, las inspecciones fiscales.

El fraude, a todos los niveles, se ha aceptado históricamente en nuestro país como parte de nuestra idiosincrasia, incluso como cosa de “listos”, y ya es hora de acabar con esas prácticas insolidarias tan habituales, que llegaron a crear una subtitulación de nuestra literatura: la “novela picaresca”.

Una mejora de la gestión, muy importante y fundamental, que elimine gastos absolutamente innecesarios en todos los campos y en todos los estamentos. Seguramente serían imprescindibles las auditorías externas, porque, en este momento, es impensable confiar en la imparcialidad de la administración, gobierne quien gobierne. Hay demasiados intereses personales y de partido.

Un ejemplo de la incongruencia y del interés que nada cambie es lo que ocurre en la Comunidad Valenciana, donde el gobierno de la Generalitat, que no hace ningún caso a la Sindicatura de Cuentas, organismo relativamente independiente, se reviste de honradez creando una Conselleria de Transparencia, con su estructura orgánica y los gastos correspondientes, formada por personal designado por la propia Generalitat.
Y es que son auténticos genios del disfraz y de las falsas apariencias. ¡Una Conselleria de Transparencia dependiente de ellos mismos!

Volviendo a las pensiones, ¡claro que hay un problema! O mejor dos: cómo mejorar las prestaciones de los pensionistas actuales, y como garantizar la viabilidad del sistema.

Pero seguro que hay soluciones. Las pensiones no se pueden retocar porque son un derecho adquirido, pero está la vía de beneficios personales o cargas fiscales, según convenga en cada caso particular. Y pongo un ejemplo muy simple: El ministro Montoro ha lanzado una sonda diciendo que Hacienda reducirá los impuestos a los pensionistas mayores de no recuerdo cuantos años. ¿A todos? ¿Incluso a los que tienen mayor poder adquisitivo?

Estos, junto al tema de Cataluña, son los dos grandes retos actuales del Estado Español, y nosotros, los ciudadanos, debemos castigar con nuestros votos a los que no sigan esta línea de racionalidad. Y hacerlo votando, porque las abstenciones, en la práctica, benefician a los radicales de cualquier signo.

Y una última reflexión: Todos los días pasan por mi ordenador montones de denuncias a fulanita o fulanito de tal que han hecho no se sabe cuántas cosas malas. Algunas de ellas compartidas y difundidas por personas a las que considero de buen nivel intelectual.

Ya está demostrado que algunos partidos políticos o grupos interesados han creado toda una estructura de falsas identidades para lanzar y difundir masivamente todas estas noticias.

También sabemos que algunas personas, como el famoso Julián Assange, han montado una red especializada en lanzar lo que sea. Puede que una parte obedezca a su propia ideología, pero es indudable que también “trabaja” para terceros. Hemos visto en la televisión sus entrevistas con personas influyentes y con poder económico, directamente comprometidas con el independentismo catalán.

Y que Rusia está interviniendo en todos los países del este en un intento de desestabilizar a la Comunidad Europea atacando a los países que la componen, y a Estados Unidos, por ejemplo. Y seguimos haciéndoles el juego.

Y pese a todo ello continuamos asumiendo que parte de lo que se recibe “será verdad”, e incluso lo reenviamos. Prácticamente he abandonado Twitter porque es el paradigma de la desinformación y de la locura, excepto algunas cuentas serias, como la de la Guardia Civil o la Policía Nacional, por ejemplo. Facebook me resulta más fácil de seguir porque la mayoría de las informaciones me gustan, pero también está plagada de personas que se lo creen todo y que contribuyen a la desinformación compartiendo noticias no contrastadas.

Es el mundo que nos ha tocado vivir, pero tenemos la obligación de mejorarlo.