La Constitución, los centros concertados, el populismo, y las negociaciones del Sr. Sánchez.

Alguien me ha comparado los cambios de discurso de Pedro Sánchez con los de Albert Rivera, y creo que está equivocado. Albert Rivera, al que he tachado varias veces de hiperactivo y desconcertante, se equivocó mucho, tanto que provocó la caída de Ciudadanos hasta los niveles actuales. Pero, aunque equivocado,  siempre lo hizo pensando en lo mejor para su partido al que en algún momento de sus ensoñaciones lo situó como el primero del centro derecha. Y la mejor prueba de ello es que ha tenido la dignidad de dimitir alegando que los errores de un partido son los errores de su líder. Es decir: no era su supervivencia en el cargo la que motivó los cambios de estrategia.

Todo lo contrario de la trayectoria política-personal de Pedro Sánchez, líder del Partido Sanchista Obrero Español. Los muy frecuentes cambios de opinión de nuestro “en funciones”, algunos dispares y hasta disparatados, obedecen exclusivamente a mantenerse en el cargo le cueste lo que le cueste al partido en el que milita, o a su nación. Es una estrategia egoísta y muy estrecha de miras,  por mucho que quiera repetir hasta la saciedad la palabra “progresista” o “ilusionante” cada vez que presenta un nuevo cambio de rumbo como si fuera la solución final.

Ahora renueva su pasado interés en formar gobierno con Podemos, y solo en este contexto se puede entender la extraña intervención de Isabel Celaá en el Congreso de Escuelas Católicas negando la constitucionalidad de la elección de enseñanza religiosa. Esta señora será confusa en sus manifestaciones, pero no es tonta y sabía perfectamente que ese no era el foro adecuado, a no ser que pretendiera, como ha conseguido, multiplicar el efecto de la declaración en beneficio de sus pactos con Podemos.

Recordemos que a falta de argumentos, dos de los recursos políticos de la izquierda radical y de una parte del PSOE, solo una parte, son Franco y la Iglesia.

Y, como suele hacer el equipo “íntimo” de Pedro Sánchez, mezcló a sabiendas cosas que no tienen nada que ver las unas con las otras.  Porque el artículo 27 que cita, define los “derechos y libertades” de los españoles, uno de los cuales, sin ninguna duda porque lo dice textualmente, es el derecho de los padres a elegir para sus hijos “la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Y, como decía ayer en otro comentario, no cita a ninguna religión en concreto.

Aunque, más adelante, marca algunas condiciones a la educación:

4.La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.

6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la Ley establezca.

7. Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la Ley establezca.

8. Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes.

9. Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la Ley establezca.”

Lo que no especifica es en que centros debe impartirse la enseñanza.

En el año 1985, el gobierno de Felipe González, ese sí que era gobierno del Partido Socialista Obrero Español, se encontró con la imposibilidad de cumplir el mandato de la Constitución por falta de centros y de recursos materiales. Y decidió promover la figura de los “centros concertados”, medida que desbloqueó la situación en la que se encontraba su gobierno.

No hay duda de que la concertación podría cancelarse en algún momento en las condiciones que se pactaron si el gobierno tuviera recursos para absorber a los millones de alumnos que asisten a los colegios, pero mientras se mantenga esta figura, los padres, los alumnos y los centros afectados, están tan dentro de la constitución como los de los colegios públicos

Por cierto, esta mañana he escuchado en la radio este comentario de Nicolás Redondo, persona a la que escucho siempre con mucha atención: “La enseñanza concertada nunca ha causado problemas. La pública de las autonomías, sí”. Y algunos muy graves, añado por mí cuenta.

En resumen. Por lo que entiendo, siendo menos culto, menos “leído” y menos poderoso  que la señora Celaá, está señora, al mezclar el derecho a la enseñanza con los centros donde se imparte en la actualidad, hizo una afirmación falsa, si no torticera. Es como decir que los pacientes de la Seguridad Social atendidos en centros concertados por imposibilidad de atenderlos en los públicos, tienen menos derechos porque ese supuesto no estaba previsto en el texto de la Constitución.

La Constitución, Señora Celaá, es un texto marco que necesita desarrollo. Desarrollo que nunca se ha abordado en su totalidad por pereza o desidia de los legisladores, como ocurre la sucesión de la corona que sigue primando a los varones, o porque nunca supusieron una deslealtad de la autonomías como la de Cataluña, razón por lo que el poder  judicial, y el mismo legislativo, encuentran demasiada zonas confusas para aplicar la ley

Por otra parte, Señora Celaá y Señor Iglesias, verdadero destinatario de su mensaje: Tengo oído, no lo he comprobado, que cada alumno de la enseñanza pública nos cuesta 8.000 euros. Los de la concertada 3.000.

Y no quiero entrar en la calidad de la enseñanza porque, como siempre ha sido, depende del centro, sí, pero muy especialmente de la preparación, el interés,  y la vocación de cada docente.

Y ese condicionante,  ni lo asegura ni lo condiciona al cien por cien el rótulo de cada centro.

¡Y está bien de ocurrencias, Sr. Ribó, ya está bien!

Durante muchos años, desde la transición hasta que se rompió el bipartidismo, los líderes políticos, a nivel nacional, regional o municipal, eran en su mayoría personas con ilusión, con preparación, y con ganas de hacer cosas que mejoraran la sociedad en su ámbito de influencia.

Y todos los alcaldes de Valencia, socialistas o del PP, mejoraron sensiblemente la ciudad y facilitaron su habitabilidad a los ciudadanos.

Luego aparecieron los “mini-medianos” partidos que nunca consiguieron gobernar, pero que por mor de la necesidad y la debilidad de “los grandes”, adquirieron protagonismo e influencia en todos los niveles.

Y, para nuestro mal, es lo que ha ocurrido en Valencia, donde la política de pactos y el hecho de no tener una oposición consistente  por aburrimiento de los que podrían haber sido adversarios en las elecciones, ha provocado que la alcaldía la ocupara nuestro muy abúlico Sr. Ribó, llegado al puesto por una serie de carambolas democráticas y, por lo que se ha podido ver, absolutamente improvisador, confuso, ineficaz, y errático en su política municipal.

Porque la valencia de los ciudadanos, la del día a día, está más sucia, más descuidada, con un tráfico entorpecido y casi colapsado, unos transportes públicos con deficiencias en la organización, parques mal cuidados, y barrios más descuidados según denuncian sus usuarios.

En gran parte debido a la mala gestión, porque, por lo que parece, le sobra dinero en algunas partidas presupuestarias.

Entre sus haberes está el haber acometido la política de carriles bici y un montón de ocurrencias populistas supuestamente orientadas a “devolver la calle a los ciudadanos”. La calle de los ciudadanos, Sr. Ribó, es la que se ha deteriorado por lo que comento en el párrafo anterior. Yo quiero mi ciudad limpia y cuidada, que donde vaya o lo que haga es cosa mía. No necesito que Ud. me anime a hacer determinadas cosas, ni me sugiera tal o cual actividad. No es su función indicarme que vaya donde Ud. quiere que vaya.

Como decía al principio, todos sus antecesores desde la transición, incluso en tiempos de la dictadura, han mantenido políticas de mejora global de la ciudad y su término municipal. Es cierto, como no podía ser de otra forma, que cada uno de ellos arrimó un poco el ascua a la sardina de su ideología, pero lo hizo como se debe hacer: Utilizando los presupuestos anuales, en los que se dedican más recursos a determinadas partidas sociales, culturales, de educación, etc.

Nunca basándose en ocurrencias ni en improvisaciones. Claro que tenían la ventaja de que sabían gestionar, y de que se rodeaban de buenos equipos. Es cierto que hemos conocido “excesos”, pillerías, y hasta malversaciones, pero, en términos relativos, las cantidades robadas o malversadas han sido mínimas comparadas con cada presupuesto. Mínimas, pero deleznables e imperdonables, por supuesto. Y, como es sabido, la justicia está dando cuenta de cada uno de los infractores.

Hechos deplorables del pasado, pero que están empezando a aflorar a los “nuevos” en sus propias filas desde que alcanzaron el poder. Las de los “limpios y puros”. Eso sin contar con la otra forma de abusar del poder que es el incumplimiento de las leyes, como demuestra la cantidad de condenas judiciales que están coleccionando tanto el Ayuntamiento como la propia Generalitat.

Pero, repito, todas las alcaldías que recuerdo han dejado la ciudad mucho mejor que la encontraron.

Ahora tenemos al equipo del Sr. Ribó, que parece entender que progreso es ir marcha atrás en el tiempo. Como si la gran ilusión del Sr. Ribó, al que en lo personal lo tengo por romántico y utópico,  no por un malvado, es pasar a la historia de Valencia como “el esperado”, el que nos va a devolver a los tiempos de las huertas y las bicicletas.

Nuestra civilización ha alumbrado enormes progresos Sr. Ribó, y también inconvenientes  y riesgos que debemos controlar. Pero nunca retrocediendo. Estamos donde estamos, para bien de toda la ciudadanía, y debemos adaptarnos a la realidad de los tiempos con el menor número de daños colaterales posibles.

En cuanto a las iniciativas “señeras” de la alcaldía de Valencia, hablemos de hechos concretos separándolos de lo que es pura propaganda electoral. Diferenciando lo que “es” y lo que “se dice que es”. Lo que ahora llaman “relato”.  

Los carriles bici por ejemplo.

He manifestado muchas veces que estoy de acuerdo en que se hagan avances en esa dirección, pero siempre me he mostrado contrario a su planificación y a la premura con que se están construyendo. Me temo que las prisas no obedecen tanto al beneficio de “los valencianos”, como que resulte  el legado político de un alcalde. Un buen legado si se hubiera planificado  de forma más racional, como se hizo en las ciudades que nos ponen como ejemplo de paraíso de las bicicletas, Amsterdam especialmente, sin aclarar que el programa de apoyo a este tipo de vehículos comenzó a desarrollarse hace casi ¡cuarenta años!

Y, para mayor abundamiento y por lo que parece, los carriles bici se está se están construyendo con poca o ninguna coordinación con urbanismo, y originando males mayores que los que se proponen evitar, en forma de atascos, zonas confusas para el tráfico rodado de valencia, y cabreo generalizado de una buena parte de la ciudadanía.

Pero, como decía, no se trata de entrar a discutir las bondades o inconvenientes de la medida con un exceso de emotividad. Pasemos a conocer los datos:

Leo en “Magnet” este titular “Valencia ha logrado multiplicar su número de ciclistas. ¿Su receta? Simple: poner carriles bici”, texto acompañado por una fotografía en la que se ve un grupo de ciclistas encabezado por nuestro alcalde, el concejal Grezzi, y algún cargo de la Generalitat, como la vicepresidenta Oltra.

Y parte del texto dice:

Funciona. Los carriles bici, si atendemos a la experiencia de la ciudad mediterránea, son una buena idea. El anillo y la construcción de diversas vías a lo largo y ancho del entramado urbano ha provocado que el volumen de ciclistas diarios aumente hasta un 30%. En octubre, mes de particular inclemencia meteorológica, se han registrado picos de hasta 4.152 ciclistas diarios en las calles principales de la infraestructura (como Colón).”

Es decir, en el mes de octubre se han registrado “picosde hasta 4.152 ciclistas, por lo que  el promedio fue inferior a esta cifra. Poniéndonos en lo mejor, supondremos que la media/diaria fue de unas 4.000 bicicletas.

Y como lo lógico es que cada bicicleta haga dos trayectos como mínimo, ida y vuelta, que siempre serán más, el resultado es que, contando muy por arriba, 2.000 valencianos hacen uso de los carriles bici cada día. Convecinos que se merecen, claro que sí,  un carril bici o, al menos, algo mejor de lo que tenían.

En cuanto a la información del periodista, que parece bastante a favor del plan, ¡hombre!, subir un 30% no es exactamente lo que se entiende por multiplicar, solo x1,3, pero no hay nada mejor que el entusiasmo.

Pero, para conocer el beneficio real del programa, es necesario que crucemos este dato con algún otro que nos permita conocer  a cuantos valencianos ha favorecido.

El padrón municipal de 2018 decía que en Valencia vivimos un total de 900.807 ciudadanos, 798.538 “nativos” y 102.269 extranjeros. Quiere esto decir que la inversión en carriles bicis, con todo lo que conlleva, solamente beneficia a un  0,22 %, de los valencianos.

Son datos sin ninguna ponderación y es evidente que no todos los empadronados pueden ir en bicicleta, por lo que el porcentaje de “beneficiados” reales pasaría a ser de números enteros, pero no más de un dos o tres por cien de la población.

Y no hablo de costes, porque ni los conozco ni los conoceré nunca.

No he podido averiguar cuantos vehículos a motor circulan por Valencia cada día, pero son muchos miles. Y siendo cierto que una parte de los ciclistas usan este vehículo para ir al trabajo, lo mismo ocurre con los conductores de  vehículos motorizados. O son “su propio trabajo”, como ocurre con la legión de repartidores o de conductores de vehículos de servicio de todo tipo, a los que vemos sufrir todos los días para abastecer a sus clientes.

Alex Serrano dice en “Última Hora” el 15 abril 2019: “En Valencia se circula peor que hace un año. Y mucho peor que hace cuatro. Así lo asegura el informe anual de la compañía estadounidense INRIX, especializada en estadísticas de transporte. El INRIX Global Traffic Scorecard desvela que los vecinos de la capital pierden cada año en atascos 136 horas, casi seis días. Eso supone un 14% más que el pasado año y convierte a Valencia en la 53ª ciudad más congestionada del mundo y la tercera de España, sólo por detrás de Madrid y Barcelona, según este estudio que analiza más de 200 urbes en todo el mundo. El cap i casal, además, es la 25ª ciudad europea más atascada y en la que más ha empeorado la circulación en apenas un año

Y es una fuente objetiva y especializada en el tema.

Naturalmente, complicar la circulación rodada a motor en Valencia es uno de los grandes objetivos declarados del Sr. Ribó, que debe considerar a los conductores valencianos poco menos que delincuentes ecológicos. Sin atenuantes. Y por eso ensancha las aceras mucho más de lo conveniente, hasta convertir en un caos la calle de San Vicente, la Avenida del Oeste, o las calles delas Barcas y del Pintor Sorolla, entre otras.

Si resumimos los cambios por el carril bici en la ciudad de valencia, nos encontramos con que:

  • Si, según se dice, al día de hoy circula un promedio de 2.000 valencianos /día en trayectos de ida y vuelta, y se dice que los carriles bici han provocado un incremento del 30 %, se deduce que unos 1.400 valencianos, (2.000-30%), circulaban por nuestras calles como podían, antes de los carriles.
  • Cifra se ha pasado a ser de 2.000, lo que supone un aumento de 600 nuevos ciclistas (1.400+30%), a los que también habrá que aplicar el supuesto de que realizan dos trayectos al día como mínimo. Por lo que la realidad es que el número de incorporaciones es de 300 ciclistas/día.
  • Si  al número de valencianos que circulan en coche les restamos los que son mayores de edad, están incapacitados para ir en bicicleta, y a los que no quieren ir en bici (supongo que la Constitución ampara esta opción), resulta que los carriles han mejorado la seguridad de los que ya circulaban en bicicleta y la de los nuevos ciclistas,  a cambio de complicar la vida, y mucho, a los que circulan en vehículos a motor, que también son valencianos.
  • ¡Al menos habremos reducido notablemente la contaminación! Lo dudo mucho, pero escribo por impresiones porque no tengo datos fiables. Es cierto que las dificultades para usar coches particulares puede haber provocado  que muchos valencianos desistan de sacar el suyo del garaje, pero, el dato objetivo es que solo 200 han cambiado coche, si es que circulaban con este tipo de vehículo, por bici.

El resto usarán los vehículos de la EMT, el metro o taxis. Pero si hay más circulación de taxis también se aumenta la contaminación y, como sufrimos más atascos,  el total de vehículos que circulan hoy tardan más tiempo para recorrer el mismo trayecto. Por tanto, y sin ninguna duda, también contaminan más. Luego, por mucho que me quieran vender una burra enjaezada de populismo barato, la contaminación no se ha reducido.  No puede haberse reducido porque el beneficio de los 600 coches que han dejado de circular, siendo extremadamente generoso en el cálculo, no puede compensar la contaminación añadida de los miles de vehículos a motor que circulan más lentos y sufren más atascos.

Por lo que me temo que todo lo que se ha argumentado para justificar la inversión y los plazos, sobre todo los plazos, no han sido más que pretextos para hacer lo que querían: una red de carriles bici que, como decía anteriormente,  quedará a honra y gloria del Sr. Ribó. Sin importar las molestias o los costes que hayan ocasionado.

En definitiva y por reducción al absurdo: Si no hay una mejora evidente en la contaminación, que ni la hay ni se puede considerar como factor condicionante, la gran medida del Ayuntamiento ha favorecido claramente a 2.000 valencianos, y ha perjudicado, mucho o poco, a los 898.807 restantes. Aquí sí que incluyo a todos porque los “no ciclistas” de cualquier edad, incluidos los muy mayores o los muy pequeños que no pueden utilizar los carriles bici, sí que son transportados en  los coches particulares de sus hijos, sus padres o sus familiares en sus desplazamientos.

Estos cálculos los he realizado suponiendo que solo transitan ciclistas por los carriles bici, como indican los periodistas que he mencionado, cuando en realidad debemos referirnos a una mezcla de bicicletas y patinetes de todos los pelajes que circulan por la ciudad.

Y, pese a todo lo anterior y  gracias a la extraordinaria potencia  de los canales de comunicación de la izquierda “progre-populista”, el disparate de los carriles bici les ha dado votos y han ganado la última legislatura.

Pasemos a otro tema:

Nuestro Ayuntamiento, tan progresista según los cánones del progresismo de los años 60, ha decidido peatonalizar la Plaza del Ayuntamiento, y tiene proyectado hacer lo mismo con la de la Reina. Y como muestra de lo bueno que será para el pueblo la decisión, monta de vez en cuando mercados y tenderetes en los que, no sé porqué cosa oculta, predomina la lencería.

“Hemos recuperado la plaza para el pueblo”, dice el alcalde con ese aire de tener razón que le caracteriza.  Y le falta por decir ¡por fin, después de tantos años llega la libertad y podréis comprar ropa interior y lechugas!

Los valencianos, Ud. mismo en la zona de Patarix  que tan bien conoce, han podido comprar todos estos artículos desde hace muchos años. Casi toda su vida, En las tiendas de barrio, en las grandes superficies y en el mercadito callejero el día que le toca, en su caso los sábados.

Me dirá, porque argumentos no les falta, que no todos pueden ir en días laborales, y así pueden hacerlo los domingos. Los domingos y días de fiesta, Sr. Ribó, se deberían dedicar a proyectos familiares o de pareja. O a fomentar la cultura, palabra poco usada, o adjetivada con “popular”, “progresista”, y similares.

Si hay que animar a  la gente a que haga algo, cosa que no creo porque ya somos mayorcitos,  es que callejeen por nuestra hermosa ciudad mirando hacia arriba para descubrir las extraordinarias edificaciones de nuestras calles, que vayan al rio a pasear o a hacer deporte, que acudan a espectáculos y  si me apura, a disfrutar de nuestros extraordinarios alrededores, como el Puerto de Catarroja, por ejemplo, uno de esos enclaves cercanos y desconocidos. O el mismo Tancat de la Pipa, situado en esa zona de la Albufera.

O directamente a la Albufera. ¡Perdón! A la Albufera no porque, por lo que diré más adelante, los domingueros se arriesgan a pasar medio día en el coche para recorrer los doce quilómetros que separan la ciudad del parque.

Ud. recordará sin duda el “tontódromo” de la actual plaza del Ayuntamiento, la calle San Vicente y la Plaza de la Reina. El Ayuntamiento no convocaba, ni promovía, ni estimulaba esos paseos de amigos y amigas, familias con niños, o mocitos que rondaban a las mocitas, ahora fuera de lugar por los cambios de las costumbres, pero acomodaba los servicios públicos de la ciudad a la espontaneidad de los valencianos. Y eso es lo que debe hacer un buen ayuntamiento.

No dirigir ni adoctrinar. Sí apoyar y facilitar las iniciativas de los ciudadanos.

Lo de los mercaditos en la plaza mayor, Sr. Ribó, suena a viejuno, a pasado,  a Secreto de Puente Viejo.

Pero hay una segunda parte. Todas las ciudades tienen sus lugares emblemáticos que hay que respetar.  Enclaves casi sagrados que deben conservarse para el paseo o para el disfrute de la vista, bien ajardinados, con bancos y sin carteles, ni ferias, ni tenderetes de partidos o de asociaciones que parecen tener carta blanca para invadirlo todo, ni mensajes subliminales de quienes son los buenos y quienes los malos.

Es decir, libres de contaminación política, quizás tan o más peligrosa que la ambiental o la acústica en estos momentos. Y, por cierto, menos invadidos por las terrazas de los bares, que pueden convivir con los que no quieren sentarse en sus mesas a poco que se intente. Hay espacio para todos.

Porque en esta ciudad, Sr. Ribó, viven muchas personas mayores. Muchas. Y muchas otras con algún tipo de minusvalía que les impide montar en bicicleta o andar trayectos largos. Solo en  Ciutat Vella y la Saïdia residen unas 54.000, gran parte de ellas muy distantes de las paradas de transporte público. A las que, encima, les van a dificultar más aún el que puedan disfrutar de su ciudad o ir a donde quieran porque, con los nuevos planes,  les van a complicar los trayectos de la EMT.

¿Es posible que alguien piense en ellos en algún momento? Los que han visitado ciudades con barrios antiguos, Viena por ejemplo, habrán comprobado que los transportes públicos los realizan microbuses que se desenvuelven muy bien por las calles estrechas. Y yo los he visto en Valencia hace años.

¿No hay dinero para eso, Sr. Ribó?

Y vayamos al que es tema estelar de mi nota. El que me ha motivado a escribirla: El plan para sustituir la autovía del Saler por una carretera con dos direcciones, un lujoso carril bici y no sé cuántas cosas más.

Proyecto que dificultaría gravemente, muy gravemente,  la circulación de miles y miles de vehículos que transitan todo el año, y muy especialmente  en verano, en dirección a los pueblos, las pedanías, y las urbanizaciones del sur de Valencia.

Todo mi respeto para los ciclistas que veo circular, solos o en grupo, camino de esa zona, o almorzando en el Bar Mortes del Perelló, nuestro querido “el Gordo” de toda la vida”. Ciclistas que han ganado mucho en seguridad con las últimas normas de la DGT sobre distancias en adelantamientos y otras. Normas que casi todos nosotros y la gran mayoría de los ciclistas respetamos y respetan.

Se habrá dado cuenta, Sr. Ribó, que el porcentaje de ciclistas que utilizan esa carretera supone un minúsculo tanto por ciento de los coches que les adelantan. Y que los coches están tripulados y ocupados por valencianos como Ud., varios en cada coche, muchos de ellos amantes de la bicicleta,  tan ecologistas como Ud., nacidos o residentes en Valencia, o turistas y viajeros ocasionales que quieren visitar con su vehículo el extraordinario enclave de la Albufera y su entorno.

Y que semejante desatino va a provocar un auténtico colapso en la carretera, poniendo en peligro la seguridad si se produce alguna emergencia, y aumentando la contaminación por el humo de los atascos o de las inevitables caravanas.

Pero claro, Ud. ya se ve triunfante, inaugurando la gran ruta ecologista acompañado por Grezzi, su criatura, y el pelotón de los incondicionales. Como un gran cacique bonachón que protege a los suyos, les ama, y les regala esa ruta VIP que solo utilizará un porcentaje mínimo, muy mínimo, de valencianos amantes de la bicicleta que en este momento transitan por Pinedo o Castellar.

Hay otros, bastantes, que prefieren un ciclismo más ecologista y menos de carretera, pero esos circulan por las carreteras de la marchal que serpentean entre acequias y campos de arroz. Caminos que permiten transitar  por muchos quilómetros de los tramos  que comunican las dos riberas de la Albufera.

Eso, Sr. Ribó, es ir demasiado lejos. No creo que exista un solo alcalde en Europa que haya desmontado autovías en favor de un hipotético ecologismo no demostrado, porque los coches, las motos, los autobuses y el resto de vehículos a motor serán los mismos, gastando más combustible y contaminando más por los atascos, y generando más adrenalina a sus ocupantes.

Tengo la seguridad de que no lo conseguirá, ni  por el coste de la operación, ni por  el grave perjuicio que causa a esa gran parte de valencianos residentes, veraneantes y “domingueros” que viven o visitan la zona. Ni tampoco por el beneficio ecológico de la operación, que más parece que vaya a resultar negativo.

Ya lo he mencionado antes, pero hablando de domingueros. ¿Se le ha ocurrido pensar el perjuicio que va a ocasionar a esos muchos miles de valencianos que no tienen poder adquisitivo para comprar o alquilar apartamentos y llevan a sus familias a disfrutar de nuestras playas del sur? Me temo que para la mentalidad que les ilumina, son simples daños colaterales. “Todo se hace por el bien del pueblo”, que, según la definición del diccionario de la RAE es el “conjunto de personas de un lugar, región o país. La constitución se refiere al pueblo español como aquel en el que reside la soberanía nacional, del que emana los poderes del estado y que se encuentra representado por las Cortes Generales”. Porque el pueblo no son “los suyos”. Ni tampoco “los otros”. Somos todos.

Me dirán que ha sido elegido democráticamente, y tiene razón, pero lo han hecho para que tome decisiones que beneficien a la mayoría, no para caprichos. Que la historia está llena de elegidos que han acabado siendo muy nefastos para la ciudadanía.

Ya ha cometido demasiados desmanes y este, que no figuraba ni de lejos en su programa electoral, es cruzar muchas líneas rojas en una sola decisión. Pero no dude de que lo impediremos. Es demasiado lo que tenemos en juego y se va a encontrar con una oposición ciudadana firme que apelará a la justicia si fuera necesario.

Y, muy probablemente, un proyecto como este bloquearía para siempre las ayudas de la Unión Europea a la Comunidad por la majadería que supone deteriorar una obra pública ya construida. Eso si no se recibieron ayudas de la Comunidad Europeas para construir la autopista que ahora, posiblemente, se tendría que devolver.

Pero ¿Será por dinero? Para “paridas” como esta, perdóneme la expresión, para contratar asesores, o para dilapidar el presupuesto contratando servicios que ya están disponibles en el funcionariado del Ayuntamiento o en algunas empresas públicas, como el asesoramiento y la ayuda legal a la EMT en los muchos conflictos que ha propiciado su brillante criatura, por ejemplo, sí.

Porque como es habitual entre dirigentes que se creen por encima de la ley o de la razón, siempre tendremos un hermano, un amigo o un cuñado al que ayudar y que, seguro, lo hace mejor que los abogados-funcionarios.

Por cierto: Espero que en este movimiento “anti” participen activamente los empresarios de la construcción valenciana. Los mismos que manifiestan cuanto defienden a nuestra comunidad al reclamar obra pública. No sea que les entre el vértigo de conseguir contratos para este proyecto, que también será obra pública, y piensen que “lo mejor” para los ciudadanos de Valencia es volver a los años 60. Francamente no lo creo.…

Una nota en letra pequeña. Aquí estamos poniendo a caer de un burro a nuestro querido alcalde, pero es muy importante recordar que debe al cargo al PSOE, es decir, al Sr. Puig.

No sea que acusemos al que lleva la escopeta y no mencionemos  a quién le proporcionó los cartuchos.

Y una aclaración. Esta nota está escrita antes delas elecciones del 10N, que tampoco han cambiado nada. Por lo menos en estos temas.

Elecciones del 10 N. ¿Lecciones aprendidas?

Otra vez tenemos resultados electorales y es hora, otra vez, de que los políticos analicen lo sucedido y tomen medidas para no repetir los mismos errores. Aunque, visto lo visto en los últimos años, dudo mucho que conserven ese mínimo de lucidez necesaria para saber qué es lo que conviene a España y  para reconocer que han perdido la sensatez.

Pero también nosotros, los votantes, podemos y debemos dar nuestra opinión.

Y mi primera conclusión es que los  6.752.983 votos que ha mantenido el PSOE no son de Sánchez. Son del PSOE. Y no es lo mismo. Porque ese es un gran partido, con mucha historia y muchos servicios a la nación, al que sus militantes “de toda la vida” no abandonarán hagan lo que hagan sus líderes de cada momento.

Y me baso en que el presidente en funciones, que ha tenido a su disposición todos los mecanismos de propaganda y de influencia del Estado, como ha sido la radio y la televisión públicas, el CNI de Tezanos, los consejos de ministros de los viernes, y las ruedas de prensa de todos sus ministros ha empeorado sus resultados.

Un candidato que, pese a contar con el apoyo de la prensa y cadenas de televisión “amigas” ha sacado los resultados que ha sacado, es porque  sus  votantes naturales no confían  en él.

Y, como ocurrió en Andalucía, los “menos PSOE”, se han abstenido.

Por eso, insisto, creo que los votos son del PSOE y no de Sánchez.

Y mi segunda reflexión tiene que ver con VOX. Afinidades al margen, no tengo ninguna duda de que se trata de un partido legal y, por mucho que se insista en tratarlos de antisistema, xenófobos, racistas, o machistas, son perfectamente homologable. Una buena parte de sus postulados son razonables y todos, incluidos aquellos que nos crean más suspicacia, son constitucionales porque se trata de propuestas discutibles, pero no ilegales.

Y, si me apuran, mucho menos peligrosas para la sociedad que las de algunos partidos de la izquierda y sus ideas sobre la unidad de la nación, las políticas fiscales, y/o los modelos de estado basados en el control de los poderes, según las antiguas dictaduras el proletariado y siguiendo modelos fracasados en sud américa. Pero como la izquierda tiene el monopolio de la ética,  estos partidos solo son “progresistas”.

Pero que no se pasen de frenada. VOX nunca será partido de gobierno porque no tiene base suficiente. Podrá tener influencia, eso sí, pero deben ser muy prudentes a la hora de aplicarla. Tienen un ejemplo excelente: el caso de Ciudadanos.

Partido que pudo tener un gran protagonismo, que podría haber sido mayor  si hubieran aceptado formar gobierno con Rajoy, primero, o con Pedro Sánchez después. Pero a su líder le pudo la fantasía y pensó que, porque no, podía ser “califa en lugar del califa”. Y esa ensoñación le nubló el juicio y le hizo tomar decisiones tan contradictorias que, al final, sus votantes se han cansado de idas y venidas y les han abandonado.

Y a VOX puede ocurrirle exactamente lo mismo. Abascal, que es persona inteligente, debe saber que sus votantes vienen de dos bancos diferentes. Los que creen en otro modelo de nación, menos transigente con los que se saltan las normas, y los “cabreados”, que han llegado desde todas las ideologías por la falta de sensatez y de soluciones de los grandes partidos.

Pero si, ¡quiéralo Dios! como se decía antes, PSOE y PP llegaran a pactos de estado y se tranquilizan las cosas, en VOX solo se quedarían los del primer grupo. Sus votantes naturales.

En resumen: tal como lo veo, VOX es un partido para quedarse porque tiene una ideología que se solapa menos con la de los otros partidos, pero no con la representatividad que las circunstancias y la ineficacia de los otros partidos les han proporcionado.

De hecho VOX no hubiera necesitado hacer una gran campaña. Ya se la han hecho los otros partidos, especialmente el PSOE y su empeño en meter la exhumación de Franco en la campaña electoral. Eso como y otras insensateces como tacharlos de ultra derecha peligrosa o similares.

La democracia y las formas de participar. El valor del voto en blanco.

Estamos en puertas de otras elecciones, y hace años que los políticos nos tienen inmersos en una gran confusión. Hasta el punto que, llegado el momento, no sabemos a quién votar.

Lo lógico es votar a un partido. Es cierto que para una gran parte de los votantes no hay ninguno que se acerque a los mínimos exigibles para cada uno de nosotros, pero siempre habrá alguno que se aproxime más a lo que nos interesa, el “menos malo”. Y recomiendo votar porque los radicales de todos los signos sí que votan y, si no lo hacemos, estamos dejando en sus manos un porcentaje de participación que no se corresponde con la realidad.

Yo, por poner un ejemplo, no votaría a ningún partido que no se comprometa a cambiar la ley electoral por la anglosajona de distrito único, por ejemplo, y que tenga capacidad de legislar o de influir en la legislatura, pero ni lo hay no lo espero. Así que veré por quién me decido.

Dada la situación, cada vez conozco a más desengañados que manifiestan su intención de no votar, de abstenerse,

Considero que de todas las fórmulas posibles esta es, con mucho, la menos recomendable, porque la marrullería de los políticos siempre encuentra una justificación para salir bien librados. Dirán que la gente no vota porque hace frio, o hace calor, o llueve, o que son vacaciones, o por cualquier otra razón externa que justifique la baja participación

O, lo que es peor, dirán que la culpa no es de todos, sino de “los otros”: “No me extraña que estén cabreados y que tengan tan mala opinión de los políticos sabiendo la corrupción del PP”, dirían los del PSOE. “¿Cómo no van a desconfiar de los políticos conociendo los ERE de Andalucía?” argumentarán los del PP. Y así todos los partidos.

El resultado es que, si antes dejábamos en manos de los radicales un porcentaje de participación que no les corresponde, ahora les daremos más poder, porque ellos votarán todos, y nosotros solo una parte.

La tercera opción, la más democrática si no te decantas por ningún partido, es el voto en blanco. El voto en blanco manda un mensaje muy claro a los políticos. Inequívoco: yo creo en la democracia y participo en las elecciones, pero como no me fio de ninguno de los partidos, o de los componentes de las listas cerradas, voto en blanco.

En resumen:

Votar a un partido, aunque sea tapándonos la nariz, es la forma de participar más razonable. No lanza ningún mensaje especial al elegido, porque no puedes matizar si lo haces convencido o a regañadientes, pero ¡qué le vamos a hacer! La única defensa es denunciar en medios de comunicación o de todas las formas posibles que es lo que no te gustas de los políticos en general, de un determinado partido político en particular, o del programa del partido que has votado.

No votar es la peor opción, con diferencia. También podrás opinar, pero para entonces lo que era malo puede ser peor porque te encuentres cogobernando o influyendo, con poder, a partidos extremos, rupturistas o sacamantecas del estado que cambian votos por prebendas. A tanto el escaño.

Votar en blanco evidencia, como he dicho, el fracaso de los políticos y la convicción democrática de los votantes.

Pongamos tres supuestos:

  • 30% de abstención, y del 70 % del ceso que han votado,   5 % votos en blanco, y 95 % a diferentes partidos. No salta ninguna alarma, excepto el alto grado de abstención. Ningún partido dirá nada, excepto los menos votados que justificarán su fracaso con fantasías varias.
  • 50% de abstención. Del 50 % del ceso que han votado,   5% votos en blanco, y 95 % a diferentes. Saltan alarmas entre los políticos, pero lo justificarán como he dicho anteriormente, por factores externos o por la desilusión y la desconfianza que han generado “los otros”.
  • 30% de abstención, y del 70 % del ceso que han votado,   60 % votos en blanco, y 40 % a diferentes partidos. Saltarían todas las alarmas, porque sería un claro mensaje de que una gran parte de los votantes no confían en ningún partido, ni tampoco en los políticos en general. Tratarían de justificarlo como con la abstención, pero no “colaría” y obligaría, en este caso sí, a una reflexión profunda sobre la enorme diferencia entre lo que esperan los ciudadanos y lo que ofrecen los políticos, y la desafección entre los ciudadanos y sus representantes.

Así que, votemos, nos abstengamos o votemos en blanco, hagámoslo con  la cabeza y no con el corazón. Nos jugamos mucho en ello.

La España que no conocemos.

Hace unos días mantuve una pequeña polémica con un amigo que, como me suele ocurrir, me ha obligado a trabajar un rato sobre el tema. No porque quiera llevar la razón, que la razón nunca es mía sino de las leyes o de la información fidedigna, sino por mi inevitable curiosidad, que no me permite pasar de puntillas por los temas sin conocer los datos objetivos. Mi tan repetido “by fact”.

En este caso se trata de analizar cuanto tiene de cierto el mantra que circula por el país de que somos una nación cuestionada por el tribunal de Derechos Humanos. Mantra aceptado por una gran parte de la población que da por buena la afirmación de que tenemos una baja calidad democrática, y que se vulneran con demasiada frecuencia los derechos de los ciudadanos.

No existen datos de 2018, seguramente porque todavía no están tabulados, pero tengo los de 2017 que son perfectamente válidos para el análisis

Leo un titular de Expansión que dice “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) dictó en 2017 un total de 1.068 sentencias, un 8 % más que el año anterior, y seis correspondieron a casos españoles, informó hoy en una rueda de prensa su presidente, el italiano Guido Raimondi.”

Y continúa, “de esos seis fallos, referidos sobre todo a los derechos a un juicio justo y a la vida privada y familiar, los jueces consideraron que en cinco España había cometido al menos una violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos

En el sexto, por el contrario, se confirmó que los tribunales españoles no habían infringido el convenio al aprobar la extradición a Estados Unidos de un presunto narcotraficante”.

España fue condenada por dos “devoluciones en caliente” en la valla-frontera de Melilla; por la inhabilitación de Juan María Atutxa; por no proteger el honor de la cantante mexicana Paulina Rubio, y por acceder, sin autorización judicial, al contenido de un ordenador de un particular en el que se encontraron archivos con pornografía de menores

Además, “se condenó a España por no avisar a los dueños de un piso en Sanxenxo de una demolición

Y, más adelante, añade:

Entre las pendientes contra España, hay cuatro sobre los hechos acontecidos antes y después del referéndum ilegal del 1 de octubre sobre la independencia de Cataluña, y una de varios miembros de ETA que piden una reducción de pena por haber cumplido condena en Francia.”

En el Diario El Mundo he encontrado la misma información, pero presentada de forma mucho más “visible”, en forma de gráfico comparativo con el resto de países sujetos al control de Tribunal de Derechos Humanos.

Por lo que he leído hace unos días, Rusia está queriendo salirse del control de este tribunal, supongo que porque no quiere  que cuestionen sus decisiones.

Y en este estudio estadístico del mismo año 2017, y  citando fuentes del propio Tribunal de Estrasburgo, dice “España, entre los países menos condenados por el Tribunal de Estrasburgo en toda su historia“. La historia del tribunal naturalmente, no la de España

Y los datos anuales se apoyan en el siguiente gráfico comparativo:

¿Qué ocurre? Que en muchos casos confundimos la velocidad con el tocino, porque hay plataformas políticas y medios de comunicación muy potentes, empeñados en justificar la necesidad de cambios para defender, entre otras cosas,  los derechos de los españoles”.

Cambios que en la mayoría de los casos son totalmente innecesarios porque ya se han producido. España hace años que se ha puesto al día en derechos humanos, incluso está, como se puede ver, en los puestos de cabeza y con mejores resultados que países con gran tradición democrática.

Nuestro Estado, señores “salvapatrias”, hace mucho tiempo que hizo sus deberes. Y Uds. lo saben perfectamente.

Y cuando se estudian los datos de denuncias ponderándolos con otros factores, como la población de cada país, se dice:

 “No se puede hacer un ránking histórico exacto porque la ratificación de cada país se hizo en momentos diferentes. Pero si ponen los datos en relación con la población, por ejemplo, en 2017España tuvo uno de los ratios más bajos de denuncias por habitante (0,14), que solo mejoran Reino Unido, Alemania, Irlanda y Bélgica, de un total de 47 países.”

Y. como decía antes ¿cuál es el truco de los “calientamasas”? Hablar de denuncias y no de sentencias condenatorias. En este mismo artículo se dice “Sin ir más lejos, en 2017, 634 de las 641 demandas presentadas contra España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fueron archivadas o consideradas inadmisibles

Porque en un mitin o en una tertulia es absolutamente impactante hablar de 641 demandas contra España.  ¿Qué valor político tendría citar que solo se aceptaron siete?

Y ¿por qué tanta denuncia? En parte porque también “los malos” utilizan los recursos de la democracia en su favor. Por ejemplo: los etarras tenían por norma, aconsejados por sus abogados, denunciar torturas de las Fuerzas de Orden Público cuando eran detenidos y supongo que algunas de ellas han llegado al tribunal europeo.

Y también acabarán en este tribunal las denuncias de los separatistas catalanes relacionadas con el 1 de octubre o con supuestas violaciones de derechos. Por lo que he leído, en 2018 ya se desestimaron muchas  de ellas.

Y allí acabarán, con toda seguridad, los recursos por la sentencia del “prosses”

Y no critico que se denuncie, porque es un derecho que tenemos los españoles,  y porque cada uno de nosotros tenemos una opinión diferente sobre hechos similares, pero hablar de denuncias sin mencionar las no admitidas a trámite y las condenas, es contar una verdad a medias, práctica muy usual en nuestros tiempos, que no hace más que emponzoñar a la opinión pública y proyectar una imagen de España que no se corresponde con la realidad.

En cuando a Amnistía Internacional, versión España, me gustaría no tratar el tema porque es una organización que ha hecho mucho en la historia, también en nuestro país, y con la que he colaborado en el pasado. Pero en este momento y a la vista de lo que se dice, no tengo más remedio que hacerlo

El año pasado, precisamente el día que se inauguraba una exposición colectiva en La Nau de Valencia en la que participaba nuestro Vicent Ramón Pascual, asistí a una conferencia que impartió el presidente de la organización.

Duró hora y media aproximadamente, incluidas algunas preguntas de  los asistentes, y habló mucho de la historia de la organización, citando  intervenciones en el resto del mundo, pero pasó bastante de puntillas por la actuación en España, posiblemente para evitar discrepancias sobre los casos en los que intervenían.

Y salí muy defraudado porque el mensaje final, en mi interpretación personal naturalmente, no era tanto “hay que luchar contra la violencia y la violación de derechos” como “necesitamos afiliados”, por no decir “necesitamos cuotas”.

Y entiendo que Amnistía es una organización importante y que necesita tener recursos pero, y esto es extensivo a otras ONG’s, ¿Que parte de los ingresos obtenidos se dedica a mantener la propia organización y no tanto para trabajar en favor de las causas para las que fueron fundadas?

Seguramente este señor también quería lanzar otros mensajes, pero a mí me suscitó la duda, mucho más cuando cada día aparecen abusos, desfalcos, y noticias sobre ONG’s que defienden lo mismo y parecen tener los mismos objetivos, pero son distintas.

Si leéis los faldones de la pantallas de la televisión, veréis que piden fondos para niños, por ejemplo, desde varias ONG’s diferentes. ¿Por qué no se ponen de acuerdo, aúnan esfuerzos, se unifican en una marca única, y comparten recursos?

Siento de verdad este comentario, porque en todas ellas hay hombres y mujeres de muy buena voluntad que se dejan la piel en el empeño, pero junto a estas hay otras que lo tienen como profesión. Y la defienden. Y no es malo que las ONG’s tenga plantilla de empleados porque hasta Cáritas la tiene, pero, en este caso, son una minoría comparados con los miles y miles de voluntarios que trabajan desinteresadamente por la organización.

Hay que apoyar a Amnistía, sí, pero es preciso que, como todas, se comprometa a no tener plantillas innecesarias ni recursos que no vienen a cuento. Y que recuerden que los abusos a combatir son los que generan los gobiernos, o no los evitan deliberadamente.

No viene a cuento “buscar causas” confusas o que no tienen fundamento para “justificar” su existencia.

Y cuando visito su página, compruebo que defiende objetivos defendibles, que están en la constitución, pero muy generalistas y no achacable a la responsabilidad directa de los gobiernos que, sin duda, no cuestionan frases como estas: “todos los hombres tienen derecho al trabajo”, “todos tienen derecho a una vivienda”, y similares. Son causas muy defendibles, pero dudo mucho que justifiquen supuestas denuncias de Amnistía España.

¡Ojala haya llegado o está muy cerca de llegar el momento en que esta organización no tenga razón de ser en España!

No digo que estemos en  ese punto, pero no tengan la más mínima duda de que este país, el nuestro, es uno de los más civilizados del mundo, y en el que los gobiernos de todos los signos respetan los derechos de los ciudadanos.

Que no es lo mismo, ni mucho menos, que tengan capacidad para atender todas sus necesidades. Lo primero se defiende con leyes, lo segundo con una buena gestión de recursos y con política en forma de presupuestos del estado.

También citan algún caso de mal trato a detenidos, creo que se refieren a lo sucedido en una comisaría de los Mossos, absolutamente lamentable, pero que no necesita una denuncia específica de la organización, porque la justicia española tomó cartas en el asunto cuando se conocieron los hechos.

Es como denunciar que hay policías o maestros o funcionarios corruptos. Los hay y, desgraciadamente, los habrá, pero no amparados por nuestras leyes.

Todo lo anterior viene a cuento de que, en mi opinión, hay una parte importante de la población que solo conocen los hechos y nuestra historia por referencias de terceros, nos siempre bien intencionados y muchas veces procedentes de voceros  poco informados.

El resultado es que muchos españoles no conocen nuestra historia real, y piensan que somos un país lleno de baches y agujeros.

Y termino aquí, porque me apetece hablar de otros mitos inventados por personas interesadas, pero el texto pasaría de ser muy largo a larguísimo.

Insisto en que no quiero tener ninguna razón porque yo no he intervenido en ninguna de las mejoras que cito, pero continúo sintiéndome en la obligación de dar mi opinión, apoyada en cuantos datos pueda conseguir, aunque sea incómodo.

Sardanas sí, adoquines no.

Terminó la jornada de huelga en Barcelona, los radicales salvajes hicieron de las suyas otra vez, hoy es sábado, y en Valencia luce el sol.

¿Y ahora qué? Supongo que alguien, en algún momento tendrá que pensar en lo que está pasando. Los políticos por supuesto, pero también la ciudadanía, especialmente la catalana.

Lo ocurrido ayer, lo que está ocurriendo en los últimos dos años, no es más que un grandioso ejercicio de manipulación y de estrategias diseñadas con un objetivo final. Más poder y más riqueza para los poderosos catalanes. Y cuando utilizo la expresión “poderosos catalanes” no le aplico el concepto de catalanes como nación, sino a los catalanes de grandes fortunas con capacidad de decidir, manipular, intervenir en los negocios, y de transformar la Cataluña tradicional en otra más  acomodada a su voluntad y a sus intereses.

Pero, para llegar a este disparate, ha sido necesario trabajar con paciencia y sin desmayo, utilizando grandes cantidades de dinero, una parte salido de capitales privados, y otra de los Presupuestos del Estado via transferencia a la Autonomía.

La munición empleada ha sido el bombardeo de consignas falsas, populistas y mendaces. El caldo de cultivo la ignorancia política de los catalanes, por lo que veo aún mayor que la del resto de los españoles, que ya es decir.

Todos conocemos la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, atribuida a Göbbles, responsable de la propaganda del Partido Nazi primero, y del Tercer Reich después. Práctica que han utilizado y siguen utilizando sin ningún pudor nuestros muy democráticos y nobles responsables políticos, machacándonos con frases tan falsas como atractivas para la ciudadanía tipo “España nos roba”.

Ellos no serán nazis, pero a fe que utilizan sabiamente sus estrategias de propaganda.

Y han llegado más allá, mucho más allá, jugando con el lenguaje creando nuevas formas verbales para ocultar hechos, o desfigurarlos. Uno de ellos es el invento español de los últimos tiempos: la posverdad, que se define como “un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública

Es decir, en Román Paladino, la posverdad, una fórmula por la que la verdad de los hechos es menos relevante que el impacto emocional que causa en los que las escuchan”.

O la frase tan escuchada que define la  mala praxis periodística: “no dejes que la verdad te estropee un buen titular

Actitud tan contraria al “by fact” en el que me educaron en el mundo de la empresa privada, donde me obligaban a demostrar, sin ningún género de dudas, lo que estaba exponiendo.

Tan intransigente  que hizo que en el catálogo de las “frases hechas” de mi esquema mental, apareciera una que he utilizado muchas veces: “Nunca saques conclusiones por impresiones”. Frase que, por cierto, no sé si es mía o la he “copiado” de otro, lo más probable, pero no importa. Es clara y directa.

Y  expongo una premisa y dos ejemplos evidentes:

Tengo muy serias dudas de que en las escuelas españolas enseñen debidamente nuestro sistema de Estado, los fundamentos de nuestra democracia, la Constitución, y un mínimo de economía social. Me temo que muy poco, y tengo la seguridad de que en Cataluña, de enseñar Constitución Española, nada de nada.

A los escolares sí que les enseñan lo que es un lago, pongo por caso, y si un político les dijera que un lago es “la cima de una montaña”, no es que no se lo creerían. Es que se reirían  de él, y le catalogarían como un ignorante que, por pura lógica, perdería toda credibilidad.

Y viene a cuento por el eslogan tan repetido en Cataluña  que ha sacado a la calle a tantos miles de catalanes. “los presos políticos no han hecho nada para que los detengan, y están en la cárcel por sus ideas”.

La aceptación de este mensaje implica desconocer que los hechos demostrados figuran como delitos en las leyes españolas, y que las sentencias aplicadas se corresponden a las previstas en nuestras leyes para cada delito. Y no en su mayor rigor, porque teniendo algunas dudas, el tribunal se ha decidido por la menos dura para los condenados.

Leyes redactadas por el Congreso de los Diputados y ejecutadas por el Poder Judicial, libremente y con total autonomía. Porque no tengan ninguna duda de que la judicatura  es  otro de los poderes del Estado, una de las tres patas de la democracia, que nos permite tener la tranquilidad de que ningún crimen quedará impune si se descubre, y que todos los ciudadanos están protegidos por la ley de los abusos de otros ciudadanos.

Y, teniendo como tengo a Cataluña por una región avanzada y a los catalanes por personas razonables, con “seny”, ¿Cómo es posible lo que veo y escucho?

Solo tengo una explicación y, lamentablemente, esta vez me dejo llevar por las emociones y, en contra de mi propio criterio, no por hechos contrastados porque no estoy en la cabeza de cada catalán disidente, sino aplicando el método matemático de “reducción al absurdo”. O, como ocurre con los planetas que conocemos pese a no haberlos visto nunca, por los efectos que producen.

Así pues, y partiendo desde las consecuencias, la única explicación posible es que toda una generación ha crecido y ha sido educada en un ambiente en el que no ha reinado una verdadera democracia.

En el que la educación ha tenido un alto contenido de adoctrinamiento, en el que los gobiernos de la Generalitat sí que han intervenido en las decisiones de la justicia o en ámbitos que no les correspondían, y en donde, como en los principios de la Alemania nazi, se ha marcado a los ciudadanos como buenos o malos catalanes en función de si compartían o no  los criterios  del gobierno.

Los gobiernos de la Generalitat eran depositarios de la verdad absoluta y dirigían a los catalanes en la dirección correcta hacia esa patria de “leche y miel”, en expresión bíblica, donde los ciudadanos serían, por fin, libres y felices. Y, claro, “los malos catalanes” no hacían más que dificultar la marcha poniendo piedras en el camino.

Y no solo eso. Los mensajes de la “catalanidad” gubernamental siempre han tenido un cierto trasfondo de raza superior, de pueblo elegido, al que nunca se ha reconocido sus aportes culturales, sociales y políticos ni en Europa ni en el resto del mundo.

Así, en Cataluña se ha vivido una especie de “pax romana”, frase que también repito con frecuencia porque cada vez la identifico más en muchas sociedades, que parecía cómoda para la ciudadanía, pero que, al final, puede acabar destruyendo todos los valores de la Cataluña histórica, siempre a la cabeza de la modernidad y del progreso.

Región en continua  evolución social e industrial donde surgieron las primeras grandes industrias, los primeros sindicatos, las primeras luchas de clases hasta llegar al pacto, con diseño de gran prestigio, y una arquitectura modernista novedosa y pujante.

Y, lo que es peor, todo lo que está ocurriendo daña algo que debería ser sagrado: la convivencia.

Esa posibilidad de que catalanes de cualquier idea y de toda condición, puedan unir sus manos bailando una sardana, acunados por el tamboril, la tenora, el tible, y el resto de instrumentos de la cobla. Esa  danza casi mística que bailaron sus padres y sus antepasados, y que unía a los catalanes de cualquier lugar, como los residentes de Valencia que la bailaban rodeando la estatua ecuestre del Rey Jaime I los domingos por la mañana, y que les hacía sentirse hermanos de sangre cultural viviendo en tierra de acogida.

¿Nacionalismo? Mi respeto y mi apoyo porque todos nosotros debemos defender nuestra tierra y nuestra cultura.

 ¿Independentismo? Es una opción política a la que se tiene derecho y que se puede y se debe defender pacíficamente, como el cambio de modelo de Estado o cualquier otra opción que quepa en la Constitución Española, la que regula la forma de convivir y de conseguir objetivos políticos.

Pero defender que los políticos presos “no han hecho nada” solo puede deberse  a esa posverdad de Cataluña en la que a los catalanes les han hecho olvidar que le Generalitat es una representación del estado en su Comunidad, que se los elige según las normas de la nación española, y que, para ser nombrados deben jurar lealtad al Rey y cumplir y hacer cumplir la constitución.

Lo desleal es lo que están haciendo. Es como pedir empleo en un banco teniendo la intención de asaltarlo.

Porque los dirigentes políticos catalanes no han obtenido los cargos en una oposición, o por “insaculación”, fórmula medieval aplicada por Isabel y Fernando, no se si atreverme a decir los Reyes Católicos, para evitar tensiones, sobornos, o amenazas en las elecciones de los corregidores.

Los han obtenido en unas elecciones convocadas con un fin concreto, atender y proteger a toda la ciudadanía, y no  para representar a una parte de los ciudadanos de la autonomía.

Y del “España nos roba” casi ni quiero hablar. La España de la solidaridad  no concibe semejante eslogan, sabiendo que las regiones más ricas deben apoyar a las menos favorecidas. Porque las unas y las otras no lo son por razones ajenas a sus decisiones políticas, ni por propia voluntad. Es un hecho, por ejemplo, que Cataluña, como Valencia, es puerto de mar, y en pura lógica, ha tenido muchas ayudas del Estado para favorecer que esta circunstancia ayude a mejorar su economía, que es una parte de la economía de la nación.

Y Cataluña no sido habría “tan” grande sin la ayuda de los obreros andaluces, extremeños o manchegos que se desplazaron a aquellas tierras para ganarse el sustento. Últimamente he escuchado a algún desahogado “retuercehistorias” que los catalanes tuvieron la “generosidad” de acoger a “los de fuera”. ¿Generosidad? Si no hubiera sido por los padres de Rufián y de tantos otros, no hubieran podido salir adelante.

Y hablar del “me roba” sería como decir que en Valencia deberíamos cobrar un tributo al resto de los españoles por venir a disfrutar de nuestras playas porque somos nosotros los que las mantenemos.

Las mantenemos sí, pero tenemos un retorno económico en los gastos de foráneos que nos visitan. Y el Mediterráneo no es nuestro, ni tampoco el sol que bendice nuestras tierras.

Y ustedes han tenido la enorme ventaja de que el resto de España fuera el mercado natural de sus productos. En tiempo de los aranceles que los gobiernos de Franco mantuvieron cuanto pudieron por presión de los empresarios catalanes, y una vez aceptada España en los mercados internacionales y liberadas las importaciones, porque ya tenían conformada una industria muy potente, apoyada por el Instituto Nacional de Industria, el INI de aquellos tiempos, que les eliminaba cualquier competencia interna y facilitaba mejoras y financiaciones.

Por lo que pudieron seguir vendiendo en el mercado español, y exportar a todo el mundo.

Nadie decía entonces que España les robaba.

Y un ejemplo es la Olimpiada de Barcelona del 92, en la que yo me dejé la piel como muchos de los compañeros de mi empresa de entonces, una de las patrocinadoras. Fue un proyecto de Estado, que lanzó a Cataluña y que pagamos entre todos.

Entonces tampoco les robaba España.

Así que, amigos míos, no pongan en su boca posverdades de sus dirigentes políticos. España es una de las naciones más democráticas el mundo, sus leyes son justas, incluso excesivamente garantistas como se puede apreciar últimamente, y nadie, absolutamente nadie, está en la cárcel por sus ideas.

Y no quiero dar nombres de personajes españoles que se pasan el día ofendiendo al Rey, a la nación, a la iglesia y a todo el que se ponga por delante y viven felices y tranquilos en este país opresor. Algunos cobrando sueldos del Estado.

El mismo Qim Torra se pasa el día amenazándonos con lo que “hará”, insistiendo en sus ideas separatistas, lanzado amenazas al gobierno de la nación, y desoyendo los avisos del Tribunal Constitucional.

Pese a ello, el “molt honorable” tampoco está en la cárcel ni en la jaula dorada de su jefe y natural, el Señor Puigdemónt, porque hasta ahora, no ha hecho nada. Solo defender ideas.

Insistiendo en que el gobierno y el Tribunal Constitucional son los “de España”, y que no los reconoce. Excepto cuando le conviene. Entonces recurren, apelan, denuncian y hacen lo que haga falta.

¿Y dice que no es español? Si tiene DNI español, vive en España, ocupa un cargo público definido en el organigrama de la nación, y cobra del Estado  via presupuestos de la Generalitat, unos grandes ingresos por cierto, ¿Cuál es su nacionalidad? Blanco y en botella. Todo lo demás no deja de ser pura palabrería para enardecer a los crédulos.

Y créanme, medio millón de manifestantes no harán que la justicia cambie la sentencia y que los políticos presos por haber delinquido salgan de la cárcel.

Y si así fuera, yo me echaría a temblar porque no reconocería a mi país como Estado democrático y vería amenazada mi seguridad y mis principios basados en un Estado con normas y leyes, y con separación de poderes.

Puede que lo consiga un recurso a Europa, aunque no lo parece, pero la presión de la calle, no. Las presiones a los jueces solo han servido en el pasado hay en algunos lugares para que doblaran la vara de la justicia en favor de los poderosos de su comunidad.

¿Como la familia Pujol, pongo por caso?

Y lo escribo con el dolor del que ama a Cataluña, y de conocer el sufrimiento de los catalanes no independentistas que aman a su tierra mucho más que yo.

Por lo que recomiendo a todos los hijos de Cataluña y a los que, no habiendo nacido en esa tierra residen en ella y la sienten como suya, que liberen sus manos de adoquines, banderas partidistas y símbolos extraños al servicio del marketing de la desunión, para enlazarlas en esa sardana que acuna, adormece y vitaliza a la vez, y que invita al amor, a buscar lugares comunes, y a practicar la amistad.

Por su bien, y por el resto de españoles que sentimos a Cataluña como nuestra, y a los catalanes como hermanos.

Valencia, 19 de octubre de 2019

A Franco muerto, gran lanzada.

“A moro muerto, gran lanzada” es una expresión con la que “se satiriza a los que se muestran valientes contra algo o alguien cuando ya no hay riesgo en ello”. Se utiliza para referirse a los cobardes que “aparentan un gran mérito” atacando a quien ya está vencido

Gente que nunca ha arriesgado nada y que se ponen a la cabeza de  las manifestaciones cuando ha pasado el peligro. No sé si se reproducen por esporas como las setas, pero cada vez hay más. Nacen a montones.

En tiempos de la dictadura algunos colectivos y no pocas personas luchaban con más o menos discreción contra el régimen. Se decía que teníamos a la policía más culta del mundo porque pasaban los días en las Universidades, “la secreta” tenía fichados a muchos españoles, especialmente para controlarlos cuando venía Franco a Valencia o iba a cualquier otra ciudad, o cuando se preparaba “algo especial”, y hasta Don Vicente, el cura de Marchalenes que se hizo famoso por protestar airadamente por el mal trato que dieron a los modestos de aquel barrio después de la riada como consecuencia de la especulación, era controlado por la policía “por si acaso”. Nosotros, a modo de respaldo, hacíamos alguna reunión en su parroquia en momentos “delicados”.

Y a más de uno detuvieron por hablar donde no debía o con quién no debía, que chismosos/as de barrio habían más de los que parecían haber, o por quemar “las vietnamitas” multicopiando panfletos o convocatorias de manifestación.

El Partido Comunista, ilegal por supuesto, fue especialmente beligerante y, por lo que recuerdo, el que más “daba la cara” en aquellos tiempos, tanto desde el punto de vista político como sindical. También algunos socialistas, igualmente sin legalizar, se movía por los ámbitos universitarios, habían “curas obreros”, y hasta teníamos una Unidad Militar Democrática.

Y muchos de los aludidos, comunistas y socialistas, algunos con mucho nombre, acabaron en las cárceles de Franco. Y quizás, mira por donde, fue allí donde se hicieron amigos, aprendieron a dialogar, a entenderse, a buscar puntos comunes, y a pensar en un futuro exento de tanta lucha absurda.

Personajes que tenían en su haber una honorabilidad a prueba de bombas, haber conocido lo peor de la guerra y la posguerra, y haber tenido tiempo para pensar. Mucho tiempo.

Y no es que le tuvieran que agradecer a Franco haberles encarcelado, pero ocurre en ocasiones que de un mal sobrevenido se pueden sacar cosas positivas.

Los Marcelino Camacho, Ramón Tamames, Simón Sanchez Montero, ¡Ramón Rubial!, y tantos otros, salieron de las cárceles después de bastante tiempo, y cuando lo hicieron volvieron a sus tareas políticas y sindicales sin haber presumido nunca de haber sido ellos, ni mucho menos cada uno de ellos, los que “nos salvaron”.

Ni siquiera lo hizo Carrillo desde el exilio o después en España

Y héteme aquí que personajes que no habían nacido en aquella época, que se han criado en un estado democrático extremadamente garantista en sus leyes, protegidos por un montón de servicios sociales y que les ha proporcionado educación y bienestar, se pasan el día diciendo que “hay que rehacer lo hecho”.

Son los que portan simbólicas banderas victoriosas  de batallas que no han librado,  que se adjudican méritos de cosas que ni siquiera saben lo que son, y que encabezan manifestaciones defendiendo derechos que ellos ni han sugerido y  por los que no han luchado aunque, eso sí, siempre tendrán un vídeo o una intervención de tertulia demostrando cuanto han hecho por “la causa”.

Sin ningún rubor ni la más mínima vergüenza.

Son los que van buscando moros muertos para darles grandes lanzadas, perdón por la expresión porque es medieval y los moros eran los enemigos de entonces,  pero que huirían despavoridos si el moro diera la más mínima señal de vida.

En este caso el moro muerto es Franco, del que es imposible olvidarnos gracias a estos valientes paladines que le dan lanzadas casi cada día.

Y a fe que tienen mucho mérito en la labor de mantener viva  la memoria del dictador. Porque si no fuera por su dedicación, y preguntáramos por Franco a un menor de treinta años, o no sabría quién es, o diría que es el último fichaje del Valencia F.C.

Claro que me dirán que lo hacen porque “no hay que olvidar los crímenes cometidos”. ¡Anda ya!

¿Conocen las palabras transición, reconciliación, generosidad o “mirar hacia  adelante”?

A, perdón, sí que las conocen. Las utilizan cuando hablan de los criminales de ETA que solo hace cuatro días que dejaron de matar.

Nota al margen: quiero dedicarle este comentario a Rufían, otro notable alanceador de moros muertos, que tanto ha disfrutado con el accidente que sufrió ayer el paracaidista Luis Fernando Pozo cuando portaba la bandera de España.

Paracaidista que siempre estará disponible para defenderle si alguna vez necesita de su ayuda. Y él lo sabe perfectamente porque, como todos los independentistas, es extraordinariamente eficaz disfrutando de los recursos, las salvaguardias, y las garantías que le ofrece la nación opresora.

No exageraré diciendo que Luis Fernando es un héroe, porque solo es uno de tantos militares que cumplen con su deber adiestrándose para protegernos, pero si le pongo en uno de los platos de la balanza y en el otro a semejante “padre de la patria”, se rompería el fiel por el peso del que hasta ayer era paracaidista anónimo, hoy valorado y apreciado.