Mi pesar por la muerte de Maricarmen Abascal, posiblemente acelerada por las presiones que sufrió por el desahucio de su vivienda y que, siendo lamentable y sin el menor intento de restar importancia al hecho, es uno de los muchos miles que se han producido y, posiblemente, seguirán produciéndose cada día.
Con la única diferencia de que Maricarmen, que no ha sido, ni mucho menos, el más lamentable, daba el perfil más conveniente para convertirse en lo que ha sido: referencia para los grupos organizados detractores de los desahucios que, a su vez, han sabido arrastrar a los muchísimos afectados y legítimamente cabreados por el encarecimiento irracional de la vivienda, que ni tiene edad ni tiene color.
En un comentario anterior me he referido a mi fantasiosa solución al problema de la vivienda, pero ahora, después de lo ocurrió, quiero referirme exclusivamente al de los muchos desahucios que se están produciendo a personas de toda condición y el oportunismo de los antisistema que están tomando las calles aprovechando la coyuntura.
Antisistema, la extrema izquierda, la que ocupa las calles, que obtuvo el 15 % de los votos en las últimas elecciones generales, gracias a los de Sumar y que, si hacemos caso de las encuestas, van a representar a un número sensiblemente inferior en las próximas.
<<Es hora de que el Parlamento se parezca a la calle>>, ha dicho Pedro Sánchez, un presidente elegido por el Parlamento, el único que acredita la legitimidad de su nombramiento, que ahora quiere desacreditarlo y erigirse en la voz del pueblo. Es un argumento anticonstitucional, el mismo que enarbolan los antisistema, muy propia de un caudillo con ecos caribeños.
Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado>>, dice el artículo 66 de la Constitución Española
Porque en este desgraciado asunto, la muerte de Maricarmen, casi todos son responsables:
- Los políticos, que, cuando gobiernan, no son capaces de promulgar leyes que atiendan a los que realmente son vulnerables por el colectivo al que pertenecen, madres solteras, personas mayores y sin recursos, con discapacidades, o miembros de familias numerosas, por poner algunos ejemplos, separándolos de los auténticos caraduras que no pagan los alquileres porque no quieren pagarlos o los <<inquiocupas>> que, viendo lo que ven y ¿porque no?, han pasado de ser buenos pagadores a sinvergüenzas y arribistas. Auténticos tunantes del siglo XXI
- Los antisistema de la extrema izquierda, que aprovechan cualquier pretexto para intentar llenar las calles con proclamas trasnochadas y anticonstitucionales, expertos en localizar anécdotas, lamentables, pero anécdotas, para hacer ver lo que no es y que, habitualmente, mezclan casos de debilidad real, con los ocupas de barrio que montan supuestos colectivos <<culturales>> para invadir edificios enteros.
- Algunos colectivos, absoluta minoría, etiquetados como fondos buitre que compran viviendas o edificios con intención de desalojar a los vecinos de renta antigua para especular con ellos.
- La sociedad decadente que hemos construido entre todos, focalizada en disfrutar de lo inmediato en forma de vacaciones, tardeos y cosas similares, alimentada por los políticos cobardes <<buscavotos>>, que han renunciado a destinar recursos a construir viviendas, causa raíz del gran problema y que ahora se postulan, en el colmo de la desfachatez, como víctimas de lo que ellos mismos han provocado. Y que, en lugar de reconocer su error, se dedican a regular el escaso parque existente, provocando que disminuya más aún, por miedo a la inseguridad legal. Y, como consecuencia, que se encarezca la oferta,
- Y de todos nosotros que hemos permitido que esto ocurra votando a quien hemos votado, a gobiernos corruptos, en los últimos tiempos casi dictatoriales y mafiosos, llenando las bancadas de parlamentos nacionales y autonómicos de personas <<sí señor>>, fieles al líder que les ha proporcionado una forma de vida plácida y rentable económicamente, que entienden la política como forma de ganarse la vida y no como vocación de servicio público.
Y, curiosamente, los únicos buenos de toda esta historia son los que, gracias a relatos canallescos, figuran como los malos titulares: los jueces, que se limitan a cumplir las leyes que han dictado los políticos, como es su obligación, y las Fuerzas de Orden Público, dependientes del gobierno, que amparan los desahucios porque lo dicta la ley y lo ordena un juez, a los que llegan a tachar de asesinos los colectivos que, supuestamente, luchan contra la injusticia.
La palabra Injusticia, tan empleada por los colectivos interesados en incendiar las calles, es ir contra la justicia y es precisamente la justicia humana, las leyes, las de deciden unos desahucios que, efectivamente y en muchos casos, son absolutamente crueles e incomprensibles.
Y, que conste que, repitiendo mi pesar por la muerte de Maricarmen, sigo pensando que ella no era cabecilla de nada. Era una mujer que peleó con uñas y dientes para que no la expulsaran de lo que, con razón o sin razón, consideraba su casa y que fue utilizada como símbolo por colectivos que utilizan el precio y la carencia de viviendas, gravísimo problema que afecta a grandes colectivos y que exige soluciones imaginativas y urgentes, como banderín de enganche para conseguir objetivos de mayor calado.
Y, también ellos, especialmente ellos, deberían considerar si no tienen cierta responsabilidad en lo ocurrido.
Valencia, 10 de octubre de 2026
José Luis Martínez Ángel
