El funeral de la Reina Isabel II, y Juan Carlos I

Ha fallecido Isabel II de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda y el mundo se ha conmocionado porque se ha dado cuenta de que nada es inmortal, de que, por muchos ordenadores, “tablets”, móviles de última generación, televisores de super alta definición y super panorámicos, y toda la tecnología de que podamos disponer, cada uno de nosotros somos polvo y en polvo nos convertiremos.

Pues bien, estamos en España y cada día se evidencia más que “Spain is diferent” según decretó, más que anunció, Fraga Iribarne en el año 1960. Y como Fraga era el que era y tenía la cabeza que tenía, ese ser diferentes, destinado a los turistas potenciales, se ha quedado entre nosotros y ha imprimido carácter a individuos e instituciones de nuestra querida España.

Y todo ello viene a cuento del funeral de la Reina muerta y de las invitaciones cursadas por la Casa Real británica a todo el mundo mundial: al resto de las otras casas reales, a los familiares y a los altos dignatarios de otras naciones del universo mundo.

Y, entre ellos, a Juan Carlos I, el que fue excelente Jefe del Estado en lo principal y bastante disoluto en lo personal, para desengaño de los que hemos admirado su labor pública, nacional e internacional, en momento tan complicados como los que le tocó vivir.

Y “Oh fortuna – como la luna cambiable – siempre creciente o disminuyendo – la vida de odio”, de Carmina Burana, los nuevos inquisidores de la izquierda, los puros en sus actos y limpios de corazón en sus intenciones, se han apresurado a clamar que no, que eso no puede ser, que el emérito no puede representar a España ni nada de nada, por lo que la Zarzuela, la Moncloa o el Papa si fuera menester, deben impedirlo.

Y es que en España y desde el principio de los escándalos del ciudadano Juanito, se ha magnificado, exagerado y super utilizado todo este desagradable asunto para atacar y desprestigiar a la monarquía. Como si Juan Carlos hubiera sido el primero y único que ha cometido graves errores personales entre las familias reales o entre los presidentes de repúblicas y sus familiares, cuando son legión los infractores conocidos.

La imagen de Juan Carlos fuera de España es la de un gran jefe de Estado que cometió errores personales. Y punto, sin más más ni más menos.

Pero es que, además, nadie en este mundo puede evitar que la familia de un difunto invite al funeral a quién le venga en gana, mucho más cuando se trata de un familiar, en lo formal, y muy querido en lo personal.

Perdón, cuando digo nadie en este mundo me refiero al mundo más allá de los Pirineos, porque en España si que se ha dado en el País vasco. Que lo recuerdo muy bien y recuerdo quienes fueron los protagonistas.

Así que, queridos amigos, vuelvan a lo suyo y no insistan en confundir la velocidad con el tocino. Malo era que quieran borrar la trayectoria oficial del antiguo Rey, pero el condenar que su familia de otras naciones le invite a lo que quiera invitarle es pasarse muchos pueblos.

Espero que asista nuestro muy prudente Rey Felipe, que lo está haciendo magníficamente bien, y también Juan Carlos, este último por vínculos familiares y méritos históricos propios. Y no estaría de más que padre e hijo se tomaran un té en alguno de los salones victorianos de Londres, tan propicios para el sosiego, y decidieran recomponer sus relaciones familiares y las institucionales, al margen de los deseos de los “podemitas”, “bildus”, “peeneuves”, independentistas catalanes, y “sanchistas” que acampan en nuestro país como si fuera suyo desde siempre y para siempre.

Que un funeral siempre es campo abonado para la reflexión y para reconsiderar hechos y situaciones.  

Ha muerto Mijaíl Gorbachov. Honor a Mijaíl Gorbachov

Ha muerto Mijaíl Gorbachov, padre de la “perestroika” y último presidente de la Unión Soviética, hombre honesto, de ideas progresistas en el buen sentido de la palabra, no la falsa progresía del relato actual, destinado a ser providencial para la Unión Soviética que, paradójicamente, fue malinterpretado y odiado por parte de los rusos de su época.

Y no fue su culpa, porque teniendo una estrategia bien definida para que Rusia hiciera una transición mirando a Europa, la “perestroika”, el proceso de apertura se abortó faltando unos años para que su nación implantara los cambios políticos económicos y sociales necesarios, cuando un día y por sorpresa, jóvenes y no tan jóvenes de las dos partes, decidieron derribar el muro de Berlín.

Y, como consecuencia, toda la nación se quedó como en una foto fija y muchos ciudadanos que siempre habían vivido en regímenes comunistas recuperaron la libertad, pero no sabían que hacer con ella.

Rusia, cabeza de la Unión y también otras naciones, tenía fábricas prósperas que fabricaban buenos productos que, en su gran mayoría, se exportaban a Europa o a Estados Unidos. Pues bien, los “directores-funcionarios del estado”, que sabían cómo dirigirlas y tenían contactos en el exterior, las compraron y se hicieron libres y ricos a toda velocidad. Y lo mismo ocurrió con muchos otros sectores, agricultura incluida, en los que los comerciales o los intermediarios, siguieron vendiendo a sus compradores del mundo libre y prosperaron rápidamente.

Yo he estado en Rusia dos veces, la primera de ellas organizando un viaje para un grupo de amigos y me encontré con que el control del turismo de Moscú, creo qué de toda Rusia, era un monopolio propiedad del anterior responsable, que creó la única empresa autorizada a proporcionar guías locales y que controlaba, por su enorme influencia en el mercado, la mayoría de los establecimientos hosteleros de la ciudad y de San Petersburgo, que son los lugares que visitamos.

Es conocido que la antigua URSS y sus repúblicas planificaban la producción agrícola e industrial por zonas geográficas y por planes quinquenales, por los que se determinaba en qué lugar se cultivaba según qué cosas y en que otro se instalaba según que empresas. Pues bien, en un crucero por el Volga entre Moscú y San Petersburgo que tuve la suerte de disfrutar, un gran amigo vasco, Dámaso, se extrañaba de que navegando por zonas de tanto verde no viéramos ni una sola vaca.  La razón, naturalmente, era que, no existiendo la iniciativa privada, el estado no lo había previsto.

Así que, existiendo una parte de la población sin experiencia en ganarse la vida, unos prosperaron y otros, los de menos nivel, se quedaron sin saber que hacer porque hasta entonces era el estado el que les controlaba la vida, pero también el que le cubría las necesidades básicas. Una gran bolsa de ciudadanos que, como consecuencia de la nueva situación, se sintieron desamparados y empobrecidos, porque en un mercado libre subieron los precios y no sabían cómo conseguir ingresos.

Desamparo que amplificaron los comunistas más ortodoxos para justificar que con el comunismo se vivía mejor. Argumento indeseable que ha servido de fondo para todas las acciones de Putin, empeñado en recuperar la antigua Unión Soviética en la que, como entonces, el gran dictador, se llamara Stalin o cómo se llamara, era señor de vidas y haciendas.

Y eso, no tanto como reimplantar el comunismo que sabe que sería misión imposible, es lo que le mueve a dirigir la nación como un autócrata dictador que controla todos los poderes del estado.

Así que todo mi respeto al fallecido y bienintencionado Mijaíl Gorbachov, premio Nobel de la Paz, odiado por parte de los rusos de su época, y admirado por el mundo libre. El que “liberó” a las antiguas repúblicas, que en su tiempo fueron naciones independientes, del yugo de la URSS, como ocurrió con las de la antigua Yugoslavia de Tito, parte de ellas integradas en este momento en la Comunidad Europea.

Como pretendía hacer Ucrania para desesperación de Putin al que, de haberlo permitido, se le habría derrumbado como un castillo de naipes construido por él y por oligarcas interesados, parte de ellos “suicidados” porque, posiblemente, entendieron que se estaba llegando demasiado lejos.

Siento que no le hayan enterrado junto a su esposa, en ese rincón romántico del jardín de un monasterio de Moscú que tuve la suerte de visitar, porque su mujer, que falleció joven, le acompañó en todo su recorrido, en las buenas, las menos, y en las malas, las más.

Un ruso visionario que se atrevió con la “perestroika” y que también estableció la «glasnost«, “transparencia”, en sus funciones de gobierno. Algo impensable ni en las peores pesadillas de los gobiernos de la antigua Unión de República Socialistas Soviéticas.

Espero que Putin no sea capaz de demoler lo que queda de lo que empezó Mijaíl Gorbachov,  un hombre providencial que no pudo ver acabada su obra. Su particular “transición”.

Valencia, 5 de septiembre de 2022

La verdadera historia de España y los “españoles de ultramar”.

El Rey no se levanta al paso de la espada del “libertador”, que más que un símbolo de Colombia es un fetiche del nacionalismo irracional que está hundiendo a los países “liberados” y ya no hay nada más importante que semejante afrenta que incluso, según algún cargo público del más alto nivel del que no quiero citar su nombre, se hubiera evitado si hubiéramos tenido guillotina en lugar de Constitución.

Lo de “en vez de” es un añadido mío, naturalmente, pero es lo que sobrevuela en el comentario.

Y es que en España somos especialistas en flagelarnos con las manipulaciones históricas y alguien nos convenció en su día que un “libertador”, aunque fuera un sanguinario, es un ejemplo social, alguien a quién respetar y ensalzar. Y prueba de ello fue la moda de hace años de portar camisetas con la imagen del “Che” Guevara, del que sabían lo que les habían contado, e ignoraban parte de la cruda realidad de un personaje del que se libró el propio Fidel Castro y que tenía muy poco de ejemplar.

Y ahora toca subir a los altares a Simón Bolívar, “político criollo venezolano” con ascendencia vasca según Oteguí, al que, probablemente, el desaparecido Arzallus le descubriría ese RH especial que distingue a sus paisanos.

Es un hecho que la vida de Simón Bolívar fue especialmente agitada y hasta puede, no lo tengo tan claro, que sus motivaciones fueran luchar por su pueblo y no por determinados intereses, pero también lo es que él no era precisamente un Mahatma Gandhi en versión hispanoamericana, que consiguió revolucionar a una buena parte de su zona de influencia con sentadas y resistencia pacífica. Ni mucho menos, porque hubo mucho derramamiento de sangre de unos, otros y de los mismos contra los mismos.

Pero no es esa faceta, la del Simón Bolívar y Palacios, político, militar y guerrero, la que más me interesa.

Quiero resaltar aquí, como he hecho en el tercer párrafo, que Bolívar era un venezolano criollo, mezcla de sangre de españoles y nativos. Y que España fue la única potencia colonizadora que reconoció los mismos derechos a los españoles europeos que a los “españoles de ultramar”, los nativos de todos los territorios descubiertos por Cristóbal Colón, por real decreto de la Corona de Castilla, decreto que firmó la Reina Isabel tras recriminar muy airadamente al descubridor que le presentara a indígenas americanos como esclavos. Como un trofeo más de los que trajo a la Reina.

Y que España otorgó a los habitantes de aquellas tierras, criollos o nativos, total potestad de crecer socialmente y de ocupar puestos relevantes en sus respectivas naciones, hasta el punto de que estaba en sus manos la inmensa mayoría de los cargos públicos y la propiedad de las grandes empresas de Hispanoamérica.

Repito, la única.

Incluso en la redacción de la Constitución Española de 1812, su artículo 18, “De los ciudadanos españoles”, se recuerda que “son ciudadanos aquellos españoles que por ambas líneas traen su origen de los dominios españoles de ambos hemisferios, y están avecinados en cualquier pueblo de los mismos dominios

Como se ve, no menciona raíces, ni linajes, ni purezas de sangre, ni siquiera el haber nacido en alguno de los “dominios”. Todos iguales con la única condición de “estar avecinados”.

Y por eso aseguro que ninguna nación del mundo, colonial o no, ha tenido ese talante liberal de España. Es cierto que antes y después tuvimos monarquía absoluta, pero las reglas del juego de las relaciones con las actuales naciones americanas estaban escritas desde mucho tiempo antes, desde los Reyes Católicos y se mantuvieron después del absolutismo de Fernando VII.

Y otra consideración, la más importante, es que Simón Bolívar murió en 1830 y que las naciones fueron liberadas años antes. Es decir, que las naciones “liberadas” son autónomas hace casi dos siglos.

Pues bien, esta es la pregunta para Maduro, Daniel Ortega, Rafel Correa y a todos los grandes falsarios filocomunistas, sino comunistas declarados y a todos sus antecesores, presidentes de las antiguas españas: ¿Qué han hecho con sus libertades? ¿En que han beneficiado a los ciudadanos liberados?

Porque mucho bla, bla, bla, mucho pasear sables o escuchar pajaritos, pero es un hecho incuestionable que la gran mayoría de las naciones que formaron parte de la España de ultramar, son más pobres y menos prósperas, muchísimo más pobres en niveles comparativos a cada época de lo que lo son en la actualidad. Se independizaron como naciones potentes y ahora están empobrecidas y perdiendo población porque sus condiciones sociales son lamentables, eso sí, con presidentes enriquecidos. Con la excepción de José Mujica, que no pudo sacar a su país de la pobreza, pero vivió pobre como ellos.

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que fue malo que se independizaran. Lo que digo es que han tenido muy mala suerte al elegir a sus líderes, si es que los han podido elegir sin trampas ni pucherazos . En la actualidad, una buena parte son auténticos cantamañanas y tergiversadores de la historia, que no hacen más que exigir que España pida perdón por agravios que, considerando los tiempos en que se produjeron los hechos y en una comparativa con otras potencias colonizadoras, nunca existieron.

Y que, en lugar de lanzar proclamas y relatos tan falsos como interesados, podrían perder algo de su tiempo en mejorar la vida de sus ciudadanos, esos mismos que Simón Bolívar liberó en su momento y que ahora se ven obligados a venir a España o a cualquier otro lugar fuera de sus naciones, para liberarse, esta vez sí, de la miseria que sufren en sus países.

Y mi repulsa más enérgica a sus grandes y muy interesados defensores de este lado del Atlántico. Los que viven de forma muy confortable en un país libre y democrático como España, que no necesita “libertadores” de su estilo. Porque la historia, no yo, ha demostrado que comunismo y libertad son términos antagónicos. Nunca han coincidido. ¿Quieren una España modelo venezolano, o colombiano, o ecuatoriano, o peruano, o de cualquier otro modelo de los que allí abundan, en la que los españoles tengamos que abandonar nuestra nación para buscarnos la vida en otros lugares?

Yo tengo trato frecuente con los inmigrantes de estos países con los que, por supuesto, nunca hablo de política. Pero los escucho con tristeza cuando me explican las razones por las que tuvieron que dejar sus pueblos, sus raíces y a sus familias para mejorar su precaria calidad de vida en naciones lejanas donde creen tener alguna oportunidad.

Yo, como no podría ser de otra manera, les doy la bienvenida y les tranquilizo, aunque soy consciente del largo camino que les espera para poder levantar cabeza en España. Y lamento profundamente lo que está sucediendo en esa antigua parte de España dirigida por auténticos mangantes populistas de mucha lengua y pocos hechos. Los que siempre encuentra un enemigo externo al que responsabilizar de sus errores, de sus excesos y de sus tropelías.

Y entres esos enemigos externos, los más pardillo somos España y los españoles, que nos lo tragamos todo y nos indignamos porque el Rey no se levante al paso de un sable que es un signo de odio a nuestra nación. Es nuestro sino y nuestra maldición.

Espadas, pajaritos, susurros en la noche. Nuestro Rey hizo muy bien en no levantarse ante un objeto que quiere simbolizar algo que realmente no existía en tiempos del “libertador”: la opresión de España en las naciones liberadas por Simón Bolívar.

Para los interesados en leer y no en escuchar lo que dicen otros, recomiendo la biografía de Simón Bolívar publicada en la Real Academia de Historia, único lugar fiable de los que conozco. Reproduzco el último párrafo en el que se puede comprobar que, lejos de lo que parece que ocurrió, el libertador no murió en olor de multitudes y aclamado por los suyos.

Y, por supuesto, nadie paseo su espada por los lugares que había liberado. Todo es un falso “relato”, una posverdad, que, según la RAE es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencia y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”

El edificio pensado por Bolívar concluyó cuando acabó la guerra. Ruptura con Páez, con Santander, con la aristocracia limeña que consiguió la anulación de la Constitución bolivariana. El edificio republicano construido por el Libertador se resquebrajaba. Los intentos por mantenerlo fracasaron en la Convención de Ocaña, donde la oposición que, sin serlo, se llamaba democrática, caracterizaba el otro polo, representado por Bolívar, la dictadura. El pronunciamiento de Bogotá hizo que Bolívar asumiese plenos poderes, prácticamente dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. A ello se añadió la invasión del ejército peruano del general-presidente La Mar; la rebelión del general de su máxima confianza, José María Córdoba, como consecuencia del rencor. Bolívar, ya gravemente enfermo, presentó su dimisión ante el Congreso colombiano e inició su retirada con la idea de hacer un último viaje a Europa, cosa que tampoco pudo cumplir. Acompañado de un reducido número de amigos y ayudantes inició el lento descenso del río Magdalena recibiendo constantemente noticias de la fragmentación de la América española, la muerte de su más directo colaborador en la guerra, el general Sucre, y la disidencia de Venezuela, minaron más, si cabe, su delicada salud. A las doce de la mañana del día 17 de diciembre de 1830 murió en la finca de recreo del hidalgo español Joaquín de Mier en San Pedro Alejandrino, cura de Santa Marta

Biografía completa en

https://dbe.rah.es/biografias/13189/simon-bolivar-y-palacios

Pedro Sánchez, el presidente “yo no he sido” y los incendios forestales.

Pedro Sánchez dixit: “La causa de los terribles incendios que estamos sufriendo es el cambio climático” y con eso, como acostumbra, eludió cualquier cuota de responsabilidad sobre lo que está sucediendo. Simplificaciones tan falsas y groseras, como el decir que Putin es el responsable del aumento del IPC. Sí, pero no.

No hay ninguna duda de que el aumento de las temperaturas facilita mucho la enorme voracidad de los últimos incendios y también es cierto que nuestro presidente no es el responsable de lo que está sucediendo, pero de ahí a asegurar ese “yo no he sido” tan habitual en él, hay todo un trecho de circunstancias, precauciones y obligaciones que es conveniente analizar. Y en este punto me otorgo una cierta autoridad, basada en el hecho de haber pasado muchos años de mi vida en un pueblo de la montaña valenciana, Bocairent, y haber disfrutado mucho, muchísimo de sus llanuras y de sus rincones, de sus zonas de bancales, de sus sendas y caminos, de sus bosques y de su maravilloso monte bajo, de las umbrías y de las rocas.

Autoridad muchísimo menor de la que tienen los que siguen viviendo en ambientes rurales, en este caso los bocairentinos, pero sigo manteniendo ese buen ojo para disfrutar de lo que veo y de reconocer, al mismo tiempo, bellezas y peligros.

Hay una frase, bastante afortunada, que dice que los incendios se apagan en invierno, pero, en mi opinión, muy incompleta, porque los incendios se deben “apagar”, en sus medidas preventivas, todo el año: manteniendo los bosques lo más limpios posibles de maleza, creando cortafuegos reales o teniendo previsto los que convendría establecer sobre la marcha según la zona en que se declaren los incendios y las condiciones medioambientales de viento, humedad y temperatura, controlando las tierras en barbecho porque, si no se limpian de hierbas secas, en lugar de cortafuegos actúan como auténticos regueros de pólvora extendiendo las llamas con suma rapidez de extremo a extremo de los campos, el tener previstos puntos de toma de agua para vehículos aéreos contraincendios, etc.

Y luego, claro está, hay una serie de normas a cumplir o a hacer cumplir, como la prohibición de encender hogueras en el monte, regular el uso de maquinaria agrícola en según que circunstancias, el actuar con severidad sobre los “héroes” de los bosques que los recorren en motos de trial o vehículos todoterreno, sobre los campistas insensatos que dejan basura en el monte, sobre la quema de rastrojos sin autorización ni tomar las debidas precauciones y tantas otras que pueden facilitar el inicio o potenciar  la voracidad de los incendios.

Sin olvidar que, de una vez por todas, se limite esa desproporcionada autoridad otorgada a los ecologistas y su consigna de “dejar en libertad a la naturaleza” que impiden legalmente que se saneen las zonas más peligrosas de los montes, pero que nunca aparecen a la hora de atacar los incendios. La necesidad de organizar los mandos únicos contraincendios o las ayudas entre comunidades, la utilización de drones “oficiales”, pero también de los que son propiedad de particulares autorizados para localizar las zonas “calientes”  o para vigilar a los merodeadores de los montes cuando no hay incendios y, en general, todo lo relacionado con la protección de los montes y la rápida extinción de los incendios que se vayan produciendo.

Y una medida muy urgente es la necesidad de endurecer de forma significativa las penas a los pirómanos, responsables de gran parte de los incendios, para hacerlas proporcionales a los daños causados en lugar de tratarlos como delincuentes sociales o simples gamberros, a los que se les aplican condenas poco ejemplares.

Podría estar escribiendo mucho tiempo sobre posibles medidas preventivas o las encaminadas a la rápida extinción de los incendios, algunas ya en vigor, pero creo que con este botón de muestra ya es suficiente.

Dicho lo cual, es evidente que las elevadísimas temperaturas de estos días son un gran factor de riesgo y un acelerante para potenciar la gravedad de los incendios, pero de eso a simplificar lo que está sucediendo con un absurdo “la culpa es del cambio climático”, hay mucho, muchísimo que Usted, querido presidente y todas las autoridades de la nación pueden y deben hacer.

Unos lo hacen mejor y otros peor, pero todo lo que se hace o lo que no se hace, como el poner coto a los ecologistas radicales, por ejemplo, es manifiestamente mejorable.

Así que, amigo mío, continúe si quiere visitando zonas quemadas para hacerse fotos abrazando a bomberos, si son bomberas mejor porque proporcionan un plus de ternura a la escena, pero que estas visitas no le distraigan de lo que es su verdadera obligación: hacer cumplir las normas existentes y crear nuevas leyes que mejoren la prevención y la lucha contra los incendios y contra lo o los que los propician o los provocan.

Siempre puede caer un rayo sobre un árbol, por supuesto, pero si no se puede evitar el incendio, necesitamos disponer de mejores armas para acotarlo y extinguirlo con mayor fortuna que en la actualidad.

Y deje en paz al cambio climático, a Putin y a todos esos “yo no he sido” con los que acostumbra a lanzar auténticas cortinas de humo, mucho más en un caso cono el que estoy tratando. Cortinas de humos, de fotos y de vídeos con cara compungida.

Y si quiere mejorar su imagen, que buena falta le hace a juzgar por los resultados de las últimas elecciones, ocupe su tiempo en mejorar el bienestar de los españoles y no lo pierda con estas sandeces. Porque ya nos conocemos y estas maniobras de propaganda barata cuelan cada vez menos entre la ciudadanía.

Por supuesto es bueno que los afectados reciban muestras de afecto del gobierno, pero no en este plan de protector magnánimo que promete ayudas con tanta “letra pequeña” que casi nunca se cumplen o con condiciones tan estrictas que cuesta mucho conseguirlas.

Así que, presidente, menos palabras y más medidas para evitar que suceda lo que está sucediendo.

¿El estado de la nación, o la consumación de una traición a Yolanda Díaz?

No es que sea un gran politólogo ni un adivino de los que estaban de moda hace unos años, pero, conociendo al personaje, es evidente que Pedro Sánchez no dejaría volar demasiado a Yolanda Díaz. Porque su situación es realmente desesperada.

Estoy seguro de que por mucho teatro que hagan en el parlamento, balas incluidas, sus apoyadores oficiales seguirán respaldando las iniciativas del gobierno, aunque en alguna ocasión hagan juegos malabares con los votos necesarios y se turnen en el papel de apoyador bueno, el del “sí” y apoyador malo, el del “no” o la abstención.

Y lo harán porque todos ellos están subidos en lo alto de la misma escalera y agarrados a la misma brocha, en la seguridad de qué si cae Pedro Sánchez, caen todos Y ya me contarán que sería de ellos.

Todos menos el partido-araña, el PNV, el más falaz de todos, porque los demás, aunque los rechacemos,  no nos engañan. Ni lo hacen los independentistas ni tampoco lo hace Bildu que siempre han dicho y siguen declarando los mismos objetivos: conseguir sendas repúblicas independientes. Mientras que estos convenencieros, recogedores de las nueces que otros hacen caer del árbol, son los que derrocaron a Rajoy por un plato de lentejas y están a punto de derrocar a Pedro Sánchez si Feijóo, Dios no lo quiera, les mejora la ración en forma de prebendas y transferencias.

Pero otra cosa es si podría ganar unas elecciones y parece evidente que no. No tendría el voto de ninguno de los partidos que le apoyan ni tampoco el mayoritario de los votantes tradicionales del PSOE, porque muchos de ellos no reconocen la ideología de su partido en las políticas disparatadas de este gobierno.  Ni siquiera creo que pudiera revalidar el título de secretario general, por mucho que mantenga el invento populista de las primarias, porque la “masa” es mucho más manipulable desde los medios que los antiguos compromisarios de las federaciones.

Y se irán a la abstención o a esa nebulosa del “país de nunca jamás” que es la “suma” de Yolanda Díaz. Pero esta, que no representa precisamente el Podemos duro de Pablo Iglesias, sí que podría restar votos del “Sanchismo” de los desengañados de “las mareas” y de los restos de los “hubiéramos podido”. Y llevarse los de los comunistas, o bien directamente o “sumando”, porque ya hace muchos años que a los representantes del antiguo PC lo mismo les da carne que pescado si pueden seguir en el machito manteniendo un mínimo de dignidad en su imagen pública.

Así que ha sucedido lo inevitable que ya comentaba como posibilidad el pasado día seis de este mes. La razón del famoso y muy anunciado estado de la nación ha servido, esencialmente, para restar todo lo que había sumado Yolanda Días y presentar a Pedro Sánchez como el nuevo líder de la izquierda, izquierda, no la socialdemocracia anterior, sino de la izquierda más próxima a los postulados del neo comunismo.

Y la prueba del nueve es que todos los “podemitas” de la bancada, más IU, más los otros desgajados de Podemos, casi se han roto las palmas de tanto aplaudir, también la bancada socialista, ya me contarán porqué, mientras la pobre Yolanda “mudaba el semblante” pensado que su gran amigo, su aliado, le estaba robando la merienda y el futuro.

Por cierto. La bancada socialista lo mismo aplaude en pie cuando su presidente se declara líder de la socialdemocracia que cuando, como ahora, se cae de la caballería, ve la luz y amenaza con sacar los hígados a los ricos, a la banca y a las empresas de la energía.

¡Maldita ley electoral que fomenta semejante aborregamiento! En este caso y cuando han sido otros los que gobernaban. Vean la televisión, por favor, y entérense de lo que está ocurriendo en Gran Bretaña.

Valencia, 14 de julio de 2022

La caída de Boris Johnson y la excelente referencia del parlamento británico.

A poco que me conozcan saben que yo soy de la opinión de que el sistema electoral del Reino Unido es el más democrático de los que conozco y en este momento se está demostrando con la dimisión de Boris Johnson de la presidencia de su partido y también la del gobierno, aunque será necesario cumplir el proceso de sustitución que lo retrasará algún tiempo.

Allí como aquí, al presidente lo elige el parlamento, pero hay una pequeña diferencia: cada uno de los parlamentarios británicos ha sido elegido de forma individual en su distrito electoral, haciendo su propia campaña y con el único bagaje de su propio prestigio y de lo que ofrezca a sus electores.

Y es difícil “colar” a gente extraña porque son conocidos por sus votantes y porque saben que va a defender los intereses de su circunscripción. Entre otras cosas porque, si no hacen,  le corren a gorrazos en esas audiencias abiertas obligatorias que tienen en su circunscripción, creo que cada mes e incluso puede que menos tiempo. Naturalmente en la campaña manifiestan si se van a unir a alguno de los partidos representados en la cámara, aunque también pueden hacerlo como libres.

Por lo que ni hay listas cerradas ni tienen ninguna disciplina de voto y cada parlamentario vota libremente según lo que crea más conveniente en cada votación y sin ninguna limitación. Y es por eso por lo que, cuando hay algún presidente que defrauda a una mayoría de los que le eligieron, los de su propio partido, tienen mecanismos para forzarle a rectificar su conducta e incluso para obligarle a dimitir.

Es algo que ya ha ocurrido en otras tres ocasiones anteriores, según creo recordar.

¿Cuál es el resultado de este sistema? Que el mentiroso o traidor a las obligaciones contraídas se va a la calle, pero el partido mantiene el gobierno hasta que se elija a un nuevo líder que, a su vez, será el presidente del gobierno. Y lo será porque será votado como tal por la casi la totalidad de los congresistas de su partido, partido que, en todos estos casos, tiene la mayoría en el parlamento británico.

Y, de esta forma, no hay traumas a nivel nacional, ni nada de nada, porque cambia el presidente, pero no lo comprometido en la campaña electoral que les dio la mayoría. Más bien la política y el partido salen reforzados, porque ha sabido rectificar su propio error al confiar en alguien que no debían.

Y mi envidia es porque si tuviéramos este mismo sistema, y de haber obtenido mayoría en las urnas, que no ha sido el caso, es muy probable que el Partido Socialista hace tiempo que habría defenestrado a Pedro Sánchez por sus mentiras de cada día o por no haber cumplido sus compromisos electorales.

¿Alguna semejanza con lo que tenemos en España? Ninguna. Aquí tenemos una bancada de congresistas aborregados que votan lo que les dice su coordinador levantando los dedos en cada votación, aunque perjudique a la comunidad en la que fueron elegidos.

Sabiendo que si no lo hacen serán sancionados o retirados de sus cargos parlamentarios sin opciones de recurso. Porque, moralmente, el escaño no es suyo ya que han sido elegidos por estar incluidos en la famosa lista y sin ningún mérito propio de cara a la ciudadanía, con el resultado de que la mayoría son auténticos desconocidos para los que los votaron

Legalmente si que es de su propiedad, pero ya sabemos que plantar cara al líder obliga a salir del partido y dejar el escaño o pasar al grupo mixto. Cosa que no ocurre en Gran Bretaña porque, repito, cada uno de ellos es el dueño y señor de su escaño y nadie puede arrebatárselo, salvo escándalo manifiesto o delito previsto en sus leyes.

Es decir, allí son los congresistas los que controlan a su líder y aquí es líder el que actúa como señor de horca y cuchillo, políticamente hablando y decide lo que deben hacer los congresistas y que hacer con ellos si no le obedecen.

Razón por la que, desde siempre, he pedido una reforma de nuestra ley electoral. Cosa que no veré porque el tinglado actual interesa a todos, desde VOX hasta el partido más extremo y minoritario de la extrema izquierda.

¡Ojalá lo vean mis nietas!

El presidente que nunca deja de sorprendernos. Los hombres del puro

Franco, que no tenía más ideología que la que consiguió en opa hostil a la Falange Española, a la Comunión Tradicionalista y a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, porque necesitaba “algo” para tener una cierta imagen de gobierno normal, no podía discutir con sus adversarios porque estaban escondidos y porque, ellos sí, tenían ideología y un concepto “normal” de lo social, de lo colectivo.

Y por eso tuvo que englobar a todos sus enemigos en un supuesto contubernio “judeomasónico” que no define nada en concreto, pero que simbolizaba las fuerzas ocultas que se oponían a su gobierno.

En resumen: “judeomasónico” y “contubernista” era todo aquel que no estaba con él.

Pues bien, una vez enterrado Franco en el Pardo, habiéndose amortiguado el tema del Rey emérito que descansa tranquilo en su exilio de oro, el presidente, que ha visto pelar las barbas de su vecino, necesitaba un enemigo al que vencer o que le amenace, y no ha tenido más opción que, rememorando a Franco, inventarse uno imposible de derrotar porque no se trata de un personaje real, visible y reconocible: los “hombres del puro”

Esos que, supuestamente, están detrás de todas las tropelías y negativas de colaboración del Partido Popular, porque comparten con ellos el objetivo de hundir a la nación por la via de desobedecer al presidente.

Es evidente que Pedro Sánchez no es un dictador porque nuestra forma de Estado sigue siendo Monarquía Parlamentaria por mucho que en ocasiones trate de disimularlo, pero no es menos cierto que cada día que pasa, se acrecienta su perfil autocrático. Y, como consecuencia ineludible al resurgimiento del PP, que le ataca con propuestas para consensuar lo que, según ellos, quiere “la gente”,  ha tenido que echar mano de un recurso tan antiguo como el hilo negro para justificar algo tan inocente desde el punto de vista político como el “no te ajunto” de los niños cuando se cabrean entre sí: dividir a los españoles, utilizando a los partidos políticos, en dos bandos irreconciliables: los que están con él  y “arriman el hombro” haga lo que haga y diga lo que diga, y el resto, más de la mitad de los españoles según las últimas encuestas, que se pasan el día conspirando contra él, azuzados por los hombres del puro.

En lo que ha fallado es en no explicarnos quienes son los poderosos, porque poderoso, supongo yo, es el grupo Atresmedia, propietaria de la Sexta, entre otras muchas cadenas y plataformas, o el Grupo Prisa, propietario de la Cadena SER y del diario El País, sin contar con parte del empresariado catalán y o de algunos miembros del INDEX 35, que, por lo que se ve, no son sus enemigos.

Aunque, hablando de poderosos, nadie como él, que es dueño temporal de la nación y dispone de herramientas de propaganda tan potentes como la TVE y todas sus cadenas de radio y televisión, de las encuestas del CIS de Tezanos, del “sí señor” de la presidenta del Congreso, cuando le ordena que haga cosas como cambiar el reglamento de las cortes a su conveniencia, de la fiscalía general del Estado y, en ello estamos, tratando de controlar INTRA y el Instituto Nacional de Estadística para que los datos oficiales de paro, de desempleo, o de inflación, sean como conviene que sean y no cómo son en la realidad.

Sin contar con que, con los apoyos actuales y entre otras cosas, puede promulgar leyes o tomar decisiones de más o menos calidad democrática que nos facilite o nos complique la vida, que puede subir impuestos hasta el punto de asfixiar a la ciudadanía o de comprometer la continuidad de las empresas.

En fin, eso sí que es verdadero poder.

Aunque, y eso no le dejará dormir por su obsesión mini imperialista, todavía no son suyos el Poder Judicial ni el Tribunal Constitucional.

¿Puede haber algún otro más poderoso en España? ¿Cuáles son esos famosos hilos que estarían moviendo?

No sé qué tiene entre manos para su futuro. Unos dicen que un alto cargo en la Comunidad Europea, otros que seguir en la política nacional no se sabe con quién ni para qué, pero, haga lo que haga, ya tiene asignado un título que nadie le quitará: ser el presidente más mentiroso y torticero desde la transición e incluso puede que desde que se conoce el parlamentarismo. Y buenos ejemplares, a fe que los hemos tenido a lo largo de la historia.

En política activa no creo que pueda seguir, porque la gente demanda lo que necesita cada vez más y porque los rescoldos del PSOE moribundo pueden reaccionar en algún momento. Y porque sus fantasías cómico-trágicas son tan infantiles que no le servirán de nada, como no le han servido en Madrid, en Castilla-León ni en Andalucía. Es cierto que falta mucho para las elecciones y que puede ocurrir un “no se qué cosa” que cambie las tendencias y las intenciones de voto, pero, si ocurre, no será nada bueno para el país y casi dará lo mismo quién lo gobierne.

Pero si todo transcurre como parece, ni siquiera le queda el recurso de Zapatero: ser la salsa en todos los platos del neo comunismo mundial, porque su predecesor es un iluminado, un radical convencido, mientras que este presidente que los votos nos han dado, solo es un convenenciero sin moral ni ideología. Un arribista que cuando termine su mandato solo dejará tras de él un desastre económico, una fractura social mucho mayor de la que ya existía y un intento de reescribir la historia desde el sectarismo y la falsedad, que tampoco se mantendrá.

Quizás la sucesora de Zapatero en el otro mundo, el de ultramar, sea Susana Díaz, la que ahora está sumando. Porque ella sí que puede acreditar un comunismo real, aunque con buena imagen física y su punto de glamur. Una neo peronista con pedigree.

Las miserias de nuestra querida Comunidad Valenciana. ¿Podemos caer más bajo?

Cuando conocí a Mónica Oltra, siempre por televisión, me pareció una política con camisetas-eslogan deseosa de prosperar y de hacerlo rápidamente. Recuerdo perfectamente aquel momento glorioso en el que, participando en una manifestación en el Cabañal, hizo todo lo posible para que un policía la golpeara con la porra o, al menos, que la agrediera de alguna forma que le resultara utilizable para montar fotos o vídeos de mujer defensora de derechos de los ciudadanos frente a la policía represora, sino asesina.

La cosa le salió mal porque el policía que tenía enfrente, según se pudo ver en las imágenes mostradas por televisión, se mostró muy profesional y no entró al trapo de las provocaciones. Al final la detuvieron por alteración del orden y desacato a la autoridad, pero fue una detención light, sin morbo ni merecedora de grandes titulares.

Luego muchos vídeos de escraches, muchas camisetas y mucho reclamar justicia popular para gente que tuviera la más mínima sombra de sospecha, pidiendo dimisiones sin cuento a gente como Francisco Camps por los famosos trajes, al que abrieron un montón de causas y del que consiguieron centenares de cabeceras de periódicos y la apertura de varias causas judiciales, aunque resultó absuelto de todas ellas.

Naturalmente sin disculpas de ningún tipo, ni de la prensa ni mucho menos de ella misma, pese a que había arruinado su carrera política. No me extrañaría que en alguna pared de su casa tenga una réplica de la cabeza de Camps como uno de sus trofeos de caza.

Pero ahora, muchos años después, resulta que se ve inmersa en un tristísimo acontecimiento de abuso de menores, protagonizado por el que entonces era su marido y rodeado de una serie de maniobras para que no saliera a la luz, o que, si salía, fuera con todo un montaje de falsedades tratando de intimidar a la víctima o de presentarla como alguien inestable y poco de fiar, que acabaron con la imagen final de verla entrar esposada en el juzgado cuando iba a presentar la denuncia, ante la indignación de la juez de la sala.

Y ahora que han descubierto suficientes indicios para encausarla, repito, pide “justicia democrática”, que debe ser la que no tiene más valor que la palabra de un político de tronío, aunque le hayan pillado con las manos en la masa.

Y ella, que es licenciada en derecho, alega persecuciones, cacerías, mala fe de la fiscal y emplea como argumento a su favor que la misma citación reconoce que no la acusan de delitos concretos, sino de “indicios suficientes”.

Puede que tanto cambiarse de camisetas hizo que olvidara los fundamentos de derecho y no recuerde que todo el mundo tiene la presunción de inocencia, incluso ella que nunca la respetó y que un delito no está constatado hasta que hay un juicio y un juez dicta sentencia. Incluso en los terribles casos en los que se ha pillado a alguien cubierto por la sangre de sus víctimas o abusando sexualmente de ellas.

Pero para que haya un juicio en el que se aclaren los hechos, es necesario que aparezcan sospechas que lo justifiquen. Hasta yo, que soy un simple aficionado, entiendo que un fiscal o un juez no me pueden citar alegando que “he cometido un delito”. Me citan para comprobar si lo he cometido. Así es la ley.

Y la segunda parte es que ha declarado y reiterado que no piensa dimitir porque “no ha cometido ningún delito”, dejando a los pies de los caballos al tan timorato como “honorable” presidente Ximo Puig, el que fue excelente alcalde de Morella y llegó a su nivel de incompetencia cuando le hicieron presidente, y también a nuestra comunidad, que está apareciendo como ejemplo de corrupción y lugar de delincuentes y de encubridores, no por haber robado o malversado, que también de eso tenemos alguna que otra cosita, pero sí de un delito mucho más despreciable, como es haber abusado sexualmente de una menor.

Delito que ha sido cabecera de cartel de la mitad de las ministras actuales y de un montón de plataformas en toda España.

Y ahora todos juegan al escondite, Mónica Oltra diciendo que no dimite, alegando que no hacerlo es un acto de “ética, estética y política”. Ximo Puig que no la cesa y su partido, Compromís, que en realidad es un conglomerado de partiditos, pensado si la quieren o no la quieren, pero amenazado al mismo tiempo con romper la coalición si la cesan.

Sin olvidar que, si se diera el caso de que Compromís logra convencerla de que dimita, sus posibles sustitutos son como para hacérselo mirar. Uno de ellos es mi admirado Baldoví, el político de talla que en su día, siendo alcalde de Sueca, fue catalogado como “el alcalde más opaco de la Comunitat” (Las Provincias 24 de marzo 2012), cuando el Sindic manifestó que “el incumplimiento reiterado del Ayuntamiento de Sueca en la obligación de presentar la cuenta general desde el ejercicio 2006 es un hecho a destacar».

Y se refiere al mismo Baldoví que ahora calienta asiento en el Congreso, ese político que ha prestado servicios tan destacables a nuestra comunidad y a España vistiendo camisas sin corbata, a pelo, que no deja de ser una imagen sin importancia, pero no casual. La del hombre que está en la lucha diaria, el currante incansable, el que está dispuesto a todo y siempre.

Eso sí, sin mojarse. Lanzando frases estudiadas y bastante simplonas, mezcladas con insultos a la “extrema derecha” o a los enemigos del gobierno al que apoya diga lo que diga o proponga lo que proponga, aunque perjudique a nuestra comunidad con algunas críticas de protocolo, eso sí, pero “a lo que manden”. Incomprensible porque el señor Baldoví, a diferencia de los parlamentarios valencianos, no está obligado por la disciplina de voto.

Así que, queridos amigos, preparémonos para una temporadita en la que nos sacarán las vergüenzas cada día en los informativos y en la que tirios y troyanos del gobierno de la comunidad tendrán como prioridad ver como salen de esta y que excusas encuentran para justificar lo injustificable.

Porque aquí no vale el típico tópico de que la causa de nuestros problemas es “Madrid” y que la solución para nuestra autonomía, o una de ellas, es que descentralicen ministerios y organismos del Estado.

Malo será que la vicepresidenta acabe en la cárcel, cosa que no creo, pero si con alguna inhabilitación si se demuestras los hechos denunciados. Aunque, de momento, no se salga del conocido “yo soy inocente de lo que me acusan”, lo mismo que han declarado el cien por cien de los políticos que ahora están en la cárcel y alguno que otro que realmente no habían cometido delito alguno.

Y que conste, aunque no me crean, que no critico a la señora Oltra por ser de izquierdas ni saco a colación el “caso Camps” porque sea de derechas. Es que las cosas son como son y fueron como fueron.

Con la desesperación, la impotencia, de comprobar que mantener a una persona en un sillón, como es el caso, parece mucho más importante que los intereses de toda una comunidad a la que condenarán al caos y al desgobierno si lo creen conveniente.

Y si le faltaba algo a la gran farsa, hemos podido presenciar el denigrante espectáculo de Compromís en el Botanic, que ha sido la gota que colma el vaso de mi indignación. Yo no se si a Mónica Oltra la declararán culpable o no, pero sí que, sea culpable o inocente, está anteponiendo su maldito ego a mis intereses, a todos nuestros intereses.

Y las explicaciones a los padres se dan en la intimidad, no en ese espectáculo público que me ha aparecido una enorme y mala actuación teatral, por mucho que haya lloriqueado mientas les decía lo buena, lo honrada y lo eficaz que ha sido en su puesto de trabajo.

Que, digo yo, supongo que sus padres ya lo sabrán.

El único que puede romper esta gran farsa es Ximo Puig. Y si con ello sufre ataques por lo que pueda haber hecho su hermano, que los sufra. Y si la coalición tiene que saltar por los aires, que salte.

Porque puede que haya alguna solución temporal de compromiso, y si no la hay, que convoque elecciones. Que cualquier cosa es mejor que permanecer en este estado catatónico que puede acabar de paralizar la poca y mala gestión del gobierno de la comunidad.

Valencia, 18 de junio de 2022

(En este enlace pueden ver lo sucedido esta mañana en el Botanic, vídeos incluidos)

https://www.cuatro.com/cuatroaldia/findesemana/20220618/compromis-apoya-monica-oltra-acto-valencia_18_06788020.html

«Sanchez, ese hombre»

El otro día vi en una emisora de televisión imágenes de nuestro presidente subiendo al AVE y, como no es habitual, me sorprendió muchísimo porque tenía entendido que suele ir en Falcon por fuerza mayor, ya que los transportes públicos le marean. Luego aclararon que eran imágenes de archivo, pero que sí, que Pedro Sánchez había ido a Sevilla a dar un mitin de su partido y que por eso no había podido acudir a los actos del día de las Fuerzas Armadas.

Y que ¡se había desplazado en el AVE!

No me meto en porqué no asistió al día de nuestros ejércitos, que no se pudo celebrar en su formato habitual en los últimos años y en el que se recuerda a los muertos en actos de servicio y se canta el tan emotivo “la suerte no es el final”, pero como soy malpensado por definición pensé que quizás no había ido a Huesca por temor a los abucheos.

¡Pues tampoco!

Resulta que había bloqueado nada menos que dos vagones del AVE porque le estaban grabando para ese tan esperado documental, o película, o serie, o lo que sea, dedicado a hacernos ver que Pedro Sánchez, pensemos lo que pensemos de él, es un hombre de familia, amable, tierno, gran jugador de baloncesto, amigo de sus amigos y de la naturaleza, romántico, y de todo, menos buen presidente del gobierno.

Pero claro y eso lo distingo sin malicia, una cosa es el hombre y otra cosa el presidente. ¿O lo distingo con malicia?

Porque resulta que, desde la dictadura, no recuerdo a ningún presidente que se haya atrevido a hacer cosa semejante. En la dictadura sí, porque José Luis Sáenz de Heredia nos deleitó con aquel “Franco ese hombre” en el que nos demostraba que detrás de la fachada color kaky de Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios, el que tomó decisiones durísimas por lo que el entendía como el “bien de España”, había un hombre sencillo y romántico, también amante de su familia y de la naturaleza, incapaz de viajar sin la compañía del brazo incorrupto de Santa Teresa.

De vez en cuando veíamos a Felipe González con sus bonsáis o a otros presidentes practicando alguna afición o en su entorno familiar, pero siempre eran “cositas” cortas sin mayor trascendencia. Esto no. Esto, a juzgar por lo que se filtra, va a ser algo sonado.

Confieso sinceramente que estoy intrigado por lo que vamos a ver, aunque me asaltan algunos temores.

Por ejemplo:

Hace unos meses, el presidente realizó algunos viajes al extranjero no se sabe muy bien para que y, al parecer, con muy escasos resultados. Pero ahora dicen, desconozco si será verdad, que en esas ocasiones le acompañaba un equipo que rodaba imágenes para ese “lo que sea”.

Y, sigo fabulando. Si es como lo cuentan, lo único que se podría pretender es presentar la imagen de un presidente de prestigio que busca atraer negocios para España con “sus” contactos internacionales y hablando un excelente inglés, cosa que es cierta.

Pero no puede ser verdad porque no lo creo tan insensato, ya que, de ser así, sería fácilmente acusado de prevaricación por utilizar fondos del Estado para un fin particular, sin contar con que, mientras estaba “por ahí” rodando escenas espectaculares, no desarrollaba correctamente sus obligaciones como presidente del gobierno.

Es muy probable que, efectivamente, sean informaciones falsas, pero lo que es evidente y muy difícil de entender, es que Pedro Sánchez se haya prestado o haya promovido, algo tan burdo y triste como un “lo que sea” a su honra y gloria.

Un “Sánchez, ese hombre”

Pero estamos en un país disparatado donde se ha emitido con cierto éxito una serie sobre “la Veneno”, con todos mis respetos para esa mujer que tomó las decisiones que quiso tomar y que le supusieron ventajas e inconvenientes, y en el que se dijo que iban a rodar una serie sobre un famoso artista de porno, seguramente por los muchos valores que aportaba sobre el anti machismo, el respeto a la mujer y la defensa a la dignidad que se merece.

En fin. Como peor no podemos estar, solo podemos mejorar en sensatez y buenas costumbres.

¡O no!

Valencia, 31 de mayo de 2022

País de miserias, o las miserias de este país. Juan Carlos I

Como no entiendo nada, voy a escribir lo que pienso y luego intentaré comprender lo que escribo.

Tenemos a un ciudadano, Juan Carlos de Borbón, el que fue Juanito para los íntimos, que cometió errores importantes, mucho más importantes teniendo en cuenta su relevancia nacional y por los que tuvo que abdicar, dar cuentas a Hacienda, tener que salir del país para no perjudicar la imagen de la monarquía y sufrir penas de telediario y persecuciones sin cuento por parte de gente interesada en amplificar lo que había hecho para favorecer objetivos políticos o, simplemente, para tratar de conseguir tiradas de prensa, carnaza para las tertulias radiotelevisivas u horas de emisión en las cadenas de televisión. Es decir: intereses espurios y/o negocio.

Y no me refiero a lo que fue noticia, que debía difundirse, sino a las especulaciones y juicios de valor de personas interesadas o, simplemente, deseosas de obtener notoriedad ante según que audiencias.

Pero también existe, sigue existiendo, la figura de Juan Carlos I, anterior Jefe del Estado, que ha prestado servicios impagables a España en la gestión de la transición y en otras muchas ocasiones en las que ha actuado como moderador de tensiones, freno de intentos de golpe de Estado o impulsor de iniciativas positivas para la nación. Y que supo actuar por todo el mundo como la imagen de la España nueva, moderna y dinámica, que fue modelo por la forma de pasar de una dictadura a una democracia.

La primera y más poderosa “marca España” que abrió muchas puertas que teníamos cerradas y nos facilitó muchas posibilidades impensables muy poco antes.

No digo que fuera el único motor de la transición, ni tampoco el que consiguió cambiar la imagen de España en el exterior, pero afirmo y no me equivoco, que sin él nunca hubiéramos conseguido la democracia de una forma tan natural como la conseguimos. Sin ninguna duda.

Porque Juan Carlos estuvo desde el principio en el grupo que preparó la transición durante años y, siendo ya Jefe del Estado, el que destituyó a Arias Navarro, incapaz de avanzar en la reforma necesaria, y nombró en su lugar a Adolfo Suarez, otra pieza importante de la transición, aunque se incorporó al grupo muchos años después.

Pues bien. Llegados a este punto resulta que grupos y partidos supuestamente poseedores de la verdad y la rectitud, entre ellos muchos miembros del gobierno, que nunca, nunca, hicieron nada por su país y que fueron votados, si, pero gracias a que lo permitió una Constitución redactada y aprobada por sus padres o sus abuelos, se consideran moralmente capacitados para decir, entre otras cosas, que el Rey Juan Carlos I no puede alojarse en la Zarzuela.

Personajes como un tal Baldoví al que no se le conocen hazañas, ni grandes ni pequeñas, pero que ha sabido culebrear hábilmente para vivir a costa del erario público, sin más méritos que soltar de vez en cuando una frase supuestamente ingeniosa para destacar que él no es como los demás, siendo “los demás” los votantes de partidos de centro o de derecha, incluso el mismo Rey Emérito. Y seguramente es cierto que no es como los demás, porque, a diferencia de la mayoría de los españoles, siempre ha vivido de la sopa boba y con privilegios que yo nunca he tenido.

Y me centro en él porque se ha permitido decir de alguien que llenará muchísimas más páginas de la historia de España por lo que ha hecho bien que las que él llenará, si es que hay alguien fuera de su familia que le recuerde dentro de treinta años, que el Rey Emérito “tiene más cara que espalda”.

Pues bien, es por esto por lo que pongo al señor Baldoví como representación de todos estos ilustrados que pontifican, teniendo como tienen becas cobradas y no trabajadas, asalariados sin dar de alta en la Seguridad Social, cobros por trabajos confusos o no realizados, másteres no acreditados, o sentencias por sedición y malversación de fondos, entre otras anomalías ética y/o legales.

Pero ha sido tal la degradación ética y política de este país, que la palabra de cualquiera de estos impresentables parece tener más peso que los deseos del Rey, al que odian, y que son los que deben decidir si un padre puede o no pernoctar en la vivienda de su hijo, por muy Patrimonio Nacional que sea.

Una noticia de prensa del 24 de marzo de 2012, concretamente de Las Provincias, decía:

El Ayuntamiento de Sueca es, de largo, el más opaco de la Comunitat Valenciana. El municipio que durante la legislatura pasada gobernó el actual diputado nacional de Compromís, Joan Baldoví, no ha entregado en tiempo y forma sus cuentas a la Sindicatura de Comptes desde 2006. Una etapa que coincide fundamentalmente con el mandato de Baldoví en el Consistorio, que fue alcalde gracias al pacto que alcanzó con PSPV e Iniciativa (antes Esquerra Unida).

Estoy seguro de que al final volverá la cordura y todo esto, como tantas campañas de “paja en el ojo ajeno” que han promovido desde que no tienen otros argumentos, les saldrá mal, como ocurrió en las últimas elecciones de la Comunidad de Madrid. Pero mientras siguen envenenando la convivencia de los españoles y tratando de lesionar la institución monárquica, que es la cabeza actual del Estado Español.

Ellos alegan que la Zarzuela es Patrimonio Nacional, como si no lo fueran las residencias donde pasa sus vacaciones nuestro presidente y en las que invita a sus amigos personales cuando le parece, La diferencia es que eso, a quién invita o deja de invitar, que en mi opinión es un tema menor,  es “secreto de Estado”.

En la Zarzuela residen funcionarios y empleados y, sobre todo, por mucho Patrimonio Nacional que sea, es la residencia oficial, “la casa”, de los Reyes de España. Y los Reyes, como hijos que son, tienen derecho a invitar a sus padres, aunque uno de ellos fuera el mismísimo Al Capone si hubiera redimido sus penas. Tanto más cuando el suyo no tiene ninguna causa pendiente y ha regularizado sus cuentas con Hacienda.

Y mientras la portavoz del gobierno dice con esa sonrisa suya tan impostada que el que se quede allí o no es cosa de la Casa Real, el periódico oficial del gobierno, El País, publica hoy que es el gobierno el que impide que Juan Carlos I duerma en casa de sus hijos, aunque a ellos les parezca bien.

Sabiendo como saben que la Casa Real no puede rebatir ninguna información, porque su papel institucional se lo prohíbe, y que no debe provocar conflictos con el gobierno de turno porque las dos instituciones deberían estar muy por encima de los cotilleos, las zancadillas y los personalismos autocráticos. Y una de ellas sí que lo está. ¿Adivinan cuál?

Seguro que a estas horas alguien estará fletando autobuses y preparando pancartas para protestar por la visita del Rey Emérito a Sanxenxo (¿Cómo tiene el cuajo de ir a una regata, con todo lo que ha hecho?), pero me temo que van a hacer el más espantoso de los ridículos porque en España, afortunadamente, hay mucha gente sensata y agradecida que sabe separar las preñadas de las paridas, o dicho con más finura, distinguir entre churras y merinas.

Desde mi condena por todo lo que ha hecho mal en lo personal, mi agradecimiento al que fue Jefe del Estado por todo lo que hizo por mí y por la nación en la que vivo. Y en la que también vivía cuando en España la forma de Estado era una dictadura y ya había gente trabajando para que dejara de serlo.

Valencia, 18 de mayo de 2022