Para los socialistas vocacionales, 3: Diferencia entre la Balanza Fiscal y el Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales

Son varias las batallas menos conocidas por la ciudadanía que mantiene el gobierno y Puigdemont para sortear o saltarse la Constitución y las leyes españolas y una de ellas es la famosa Balanza Fiscal que quiere redefinir el independentismo catalán en su favor, naturalmente.

No descubro nada, aunque puede que alguien no lo sepa o lo tenga medio olvidado, que en España somo las personas físicas, cada uno de nosotros de forma individual e independiente, los que pagamos los impuestos estatales. Y lo hacemos en función de nuestros ingresos, básicamente en la declaración a Hacienda de cada año, vivamos donde vivamos. Con la excepción de los empadronados en el País Vasco y Navarra que tienen regímenes fiscales propios

Pero los nacionalistas catalanes, porque ya por entonces, antes de ser claramente independentistas ya lo pretendían, querían hacer ver al Estado que son las comunidades las que pagan los impuestos en una especie de “cuenta de la vieja” que agrupa lo que pagan en cada una de ellas los ciudadanos residentes en las mismas.

Pretensión que ya echó para atrás el Tribunal Constitucional cuando lo “colaron” en su estatuto de autonomía.

Y lo pretendían porque la renta per cápita de los residentes en Cataluña era mayor que la media del total de comunidades y ellos, aprovechando este hecho, defendían que Cataluña aportaba más a la hacienda española y que “era justo” que parte de este importe se les devolviera en forma de inversiones o ayudas de cualquier tipo.

Lo que sería totalmente injusto, aparte de inconstitucional, por razones de sentido común, que se entenderá mejor si pongo un ejemplo a modo de parábola:

Imaginémonos que todos “los ricos” de España deciden residir en la comunidad valenciana. Según el criterio que ellos defienden, el de que son las comunidades y no los individuos los que pagan impuestos, resultaría que nuestra comunidad, que sería la de mayor renta per cápita y refugio de “ricos”, sería la que debería recibir más contrapartidas del Estado por este hecho, en lugar de que esos impuestos se repartan equitativamente entre todas las comunidades para soportar los servicios básicos comunes a todos los españoles reflejados en los Presupuestos Generales de cada año.

Es decir, la comunidad “de los ricos” sería la que más dinero recibe gracias a los impuestos pagados por “sus ricos”.

Otra cosa muy diferente es el Fondo de Garantía de Servicios Públicos Fundamentales, que establece que las comunidades que obtienen más ingresos que la media por impuestos propios o ayudas del estado, están obligadas a ceder parte de esos ingresos al fondo común para que se utilice para ayudar a las que están por debajo de la media.

Ese es el caso de la comunidad de Madrid, que en 2022 aportó el 73 % de lo ingresado en ese fondo, lo “devuelto” al Estado, exactamente 4.259 millones de euros. El resto, hasta un total de 5.852 millones, lo aportaron entre Cataluña y Baleares, las otras comunidades con más ingresos por estos conceptos.

Como debe de ser, porque en España hay regiones favorecidas y otras perjudicadas y es obligación del gobierno equilibrar en lo posible las diferencias.

Los planes del gobierno para “subir nota” en el informe PISA:

El presidente Sánchez anunció ayer una partida para reforzar las asignaturas peor valoradas en el informe PISA: las matemáticas y la comprensión lectora.

Parece que parte del dinero se dedicará a mejorar el nivel de los profesores, no sé de qué forma, a reducir el número de alumnos por aula o quizás a dar clases de refuerzo. Ya lo dirán.

Pero, según mi impresión personal y a la vista de lo que observo en mis nietas, hay mucha más presión en la sintaxis, porque las faltas de ortografía castigan mucho una buena redacción, y menos en obligarles a leer textos determinados y discutirlos luego en clase.

Puede que hable de la prehistoria educativa, pero en mis clases de niño existía algo llamado dictado, que no se si se sigue practicando de la misma forma, durante el cual un alumno leía algo y los demás escribíamos.

El lector era rotatorio, de forma que todos leíamos alguna vez, el maestro recogía nuestros cuadernos para corregir lo escrito y, normalmente, nos hacía preguntas sobre lo dictado.

Eso, añadido a que nosotros, o sacábamos nota o nos examinábamos en septiembre. Y si no aprobábamos no pasábamos de curso. Es decir, nuestra enseñanza estaba basada en los méritos del profesor y el esfuerzo del alumno, muy apoyada por nuestros padres que nunca nos protegían frente al maestro ni cuestionaban sus decisiones. Todo lo contrario, las apoyaban sin preguntar siquiera porque nos habían “castigado” o nos habían puesto una mala nota.

Las matemáticas es un caso diferente y tiene mucho que ver, lo descubrí estando ya en la Armada, con la ilusión que ponga el profesor en hacer llegar a los alumnos las maravillas de una ciencia que casi no tiene fin y que puede responder a casi todas las preguntas.

Yo fui víctima en carne propia, porque me pilló en la época de las distracciones, de que esta asignatura es muy especial y que el profesor tiene mucha más influencia en el éxito que en las otras. Que aquí no vale solo la voluntad del alumno

A mí me parecían un peñazo y el profesor del instituto de Albacete en el que estaba matriculado, pasaba olímpicamente de mí y de los “peores”, recreándose en ayudar mucho más a los más brillantes, con los que se sentía más cómodo.

Y si alguien cree que puede aprender matemática solo memorizando, se estrellará una y mil veces contra el mismo muro.

Hasta, que repito, ya con 18 años, un profesor civil de nuestra escuela de electrónica de Vigo nos vio el pelaje y empezó por ponernos algunos ejemplos simples de lo maravillosas que pueden ser las matemáticas. Y, a partir de ahí, continuó avanzando en la enseñanza teórica, que aplicaba siempre a casos prácticos.

No necesitábamos un gran nivel para entrar en el terreno de la electrónica y de la física, pero si uno adecuado para entender el mundo de los radares, los sonar y de la lógica de la transmisión de las ondas electromagnéticas por nuestros cielos. Y lo consiguió plenamente.

El gran problema es que la propia ley de educación actual, tan focalizada a pasar cursos, no ayuda a que el alumno busque mucho más el adquirir conocimiento y, siento decirlo, no todos los profesores de hoy tienen la vocación de mis maestros, así les llamábamos, teniendo muchas más herramientas y facilidades para enseñar.

La gran mayoría son buenos y se esfuerzan, pero no todos, lo que da más mérito a los vocacionales. El éxito de la formación depende de la propia ley de la enseñanza, que es la que marca las pautas, y del interés del profesor que, francamente, tampoco lo tiene fácil.

Sin contar con que la otra pata del banco, la educación, está en manos de familias que van mucho más aceleradas de lo que iban las nuestras.

Para mayor abundancia y afortunadamente, no teníamos móviles, ni calculadoras, ni “tablets” con las que maleducarnos viendo lo que no debíamos ver, o adquiriendo comportamientos y “valores” que no son, ni mucho menos, los adecuados.

Mis mayores deseos de que el presidente tenga éxito con su propuesta, pero mucho me temo que, si no hay un pacto de gobierno para una Ley de Educación que dure muchos años, que tenga en cuenta las necesidades del futuro y el ambiente desfavorable de hoy, lo va a tener muy, pero que muy crudo.

El Tribunal Supremo no es, ni muy remotamente, un Tribunal de Orden Público

En este “volver a empezar”, manifiestamente a peor, del cada día, se están eliminando algunas de las garantías de igualdad entre los españoles, pero también, curiosamente y de forma subliminal, se está tratando de hacer ver lo que ni es, ni nunca ha sido desde la transición.

Y una de ellas son los famosos Tribunales de Excepción, felizmente prohibidos por el punto 6 del artículo 117 de la Constitución.

Porque si escuchamos a los independentistas, y últimamente también a parte del gobierno, los tribunales absolutamente garantistas españoles, especialmente el Tribunal Supremo, “la bicha” de todos ellos, actúan y han actuado como Tribunales de Excepción, dedicados muy especialmente a acosar a todos ellos, los eternamente inocentes hagan lo que hagan, como lo hacían estos tribunales, especialmente el de Orden Público de la dictadura, cuya misión era la represión de los actos o  las conductas que, bajo el régimen de Franco, eran  consideradas delitos políticos.

Definiciones y opiniones con las que bombardean a la ciudadanía española, que no soportarían ni la más mínima objeción de los juristas europeos porque, siendo nuestra Constitución la más moderna de Europa, es también, como lo es el desarrollo de las leyes que de ella emanan, el más garantista del mundo occidental

No se si estoy exagerando y hay alguno que todavía lo sea más, pero no creo.

Pero los relatos, las posverdades y los eufemismos que de forma tan magistral maneja el gobierno y sus asesores mediáticos, puede que haga dudar de la imparcialidad de nuestra justicia a algunos que no tienen el conocimiento que proporciona el haber vivido los tribunales militares y los especiales, como el Orden Público, hasta llegar a disfrutar de una justicia imparcial y democrática, como lo es el propio Estado español, y es por eso por lo que me permito insistir en que no, que todo ese mensaje de falsedad y victimismo no es más que eso.

Un mensaje de falsedad y victimismo.

Valencia, 22 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel

El Poder Ejecutivo sigue su campaña de acoso al Judicial. La interesada intervención de la ministra Ribera

Ayer mismo, la ministra Teresa Ribera acusó veladamente de prevaricación al juez García Castellón aduciendo que hay jueces que “casualmente” aparecen en escena en “momentos puntuales”. En momentos puntuales de la política y provocados por los propios políticos, por supuesto.

La tal ministra sabe mejor que yo que los tiempos de la justicia son absolutamente independientes de los de la política o de cualquier otra situación temporal que se produzca, de la misma forma que uno no puede dejar de ponerse enfermo, ¡ojalá pudiera! el mismísimo día de su boda.

Con el añadido de que los nefastos políticos que controlan las cúpulas de los partidos, la del PSOE especialmente, hace tiempo, bastantes años, que ocupan todo nuestro tiempo con “momentos puntuales” inacabables porque nos mantienen en un estado de precampaña electoral permanente.

En cuanto al juez señalado, no tengo por costumbre seguir de cerca a ninguno de ellos ni juzgar lo que están haciendo porque confío en nuestra justicia y porque sé que si hay duda en alguna de ellas, tenemos la opción del recurso, pero, gracias a la ministra he seguido sus actuaciones y me encuentro con que no era inoportuno cuando acusaba a parte del PP por “la supuesta operación del Ministerio del Interior para sustraer información al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas” o cuando instruía “causas de corrupción que afectan al PP. Los casos Púnica y Lezo en los que llegaron a estar imputados 4 expresidentes de la comunidad de Madrid. Esperanza Aguirre, Gallardón, Cifuentes e Ignacio González”.

Ni tampoco cuando el hoy todo poderoso Cándido Conde-Pumpido, el “gran señor de la justicia”, el que no duda en corregir sentencias del Supremo sin que hayan sido inconstitucionales y con todas las garantías procesales para los acusados, arremetía duramente contra el PP en momentos especialmente singulares de la política.

Por lo que la intervención de una ministra, Poder Ejecutivo, condicionando las decisiones de un juez, Poder Judicial, no deja de ser un paso más en la estrategia de Pedro Sánchez de anonadar y sojuzgar al citado Poder Judicial español.

Estrategia en la que la tal ministra no deja de ser una “vocero” más, la de turno, siendo como es su cometido ministerial tal lejano a las causas abiertas por los jueces, mucho menos en casos como el que nos ocupa, que no tiene nada que ver con su Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Que sea un guion preparado por Moncloa en el que la han nombrado artista principal, es la única razón plausible para entender que haya amanecido con semejantes declaraciones.

¡País este!

Valencia, 20 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel

Las iniciativas de Yolanda Díaz. Yo invito, tú pagas.

La ministra comunista-intervencionista está lanzada en su campaña personal de conseguir titulares después de su reciente fracaso en el Congreso, como subir el salario mínimo un punto más de lo previsto para represaliar a los empresarios rácanos y egoístas que no aceptaron negociar una subida de un cuatro por cien y ahora se tienen que tragar un cinco.

Con la anuencia, más bien el entusiasmo, de sus dos cómplices necesarios, los sindicalistas “perpetuos e inmortales”, en sus cargos, me refiero. Otros que invitan y no pagan.

Y su siguiente propósito es bloquear los ingresos máximos de los altos cargos de bancos y otras grandes empresas privadas. Repito, empresas privadas.

Cosa que solo Chaves y Maduro se atrevieron a abordar, pero, claro, España todavía no es Venezuela, aunque en el aspecto de promulgar leyes al gusto del ejecutivo, por ese camino andamos.

Sin embargo, la idea no es mala. Y para comenzar podría pedir una reducción de los grandes salarios de los altos cargos de la Comunidad Europea, de Nadia Calviño, por ejemplo, que ese sí que es dinero público que pagamos todos según nuestra cuota parte.

O los sueldos y otros cobros en especies de los futuros embajadores nombrados a dedo y sin pertenecer a la carrera diplomática. Que antes, la jubilación de los políticos amortizados era nombrarlos senadores, pero ahora, como la vida se alarga y no se producen vacantes, hay que colocarlos en otros puestos en forma de embajadas, direcciones de empresas oficiales y cargos similares.

O quizás podría investigar si los ingresos en dietas, comisiones, desplazamientos y otras mentirijillas de los parlamentarios se corresponde con la realidad. O si es necesario tanto viaje en Falcon existiendo otras alternativas más baratas y menos contaminantes, sobre todo si la razón del viaje es tan peregrina como muchas de las que estamos conociendo.

Pero eso no lo hará, naturalmente, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. O mejor, dejar de comer “su” trigo.

Porque comunista será, pero de tonta, lo que se dice tonta, no tienen ni un solo pelo de su bonita cabellera.

¡País este!

La sabiduría del esfuerzo y la experiencia, versus la ciencia infusa adquirida

Ayer, tras el demoledor informe de los letrados de la comisión de justicia del Congreso, el super ministro y gran muñidor de las consignas y ocurrencias del gobierno, Bolaños, dijo, más o menos y resumiendo, que “era una opinión más”. Y lo dijo por la fuerza de su propia palabra, porque los argumentos que utilizó haciendo mención a un “caso de”, no dejaba de ser tan peregrino e inconsistente como tantos otros que ha presentado este gobierno para justificar sus decisiones políticas.

El informe no es vinculante y podría haberlo ignorado sin más, pero no. No se trata de ignorar, sino de desautorizar.

Porque este gobierno valora de igual forma la palabra del presidente o de cualquier ministro que la de personas con carrera y/o experiencia. ¡Que digo! Insiste en que la palabra de cualquiera de ellos vale más que la del experto más experto de todos los expertos.

Lo que me hace sugerir, por reducción al absurdo, que no deberíamos perder el tiempo en opositar a las universidades, sufrir el coste físico y emocional de concluir una carrera y perder el tiempo en adquirir experiencia jurídica, científica, en economía o en cualquier otra especialidad.

Bastaría con nombrarnos ministros del gobierno o altos cargos de esa maravillosa casta, la política, para adquirir por obra y gracia del “porque lo digo yo” una ciencia infusa que, incluso sin tener acabado el bachillerato, les permite saber más que el más ilustrado de los ilustrados.

Y dar lecciones de economía a los economistas, de leyes a los jueces y fiscales y de cómo administrar empresas sin haberse arriesgado nunca a crear una.

Y, en el caso que nos ocupa, la opinión de los letrados de las Cortes coincide con el 95 % de los profesionales de la carrera judicial, jueces y fiscales, incluidos los “para la democracia”, de los ex miembros del Constitucional y de los constitucionalistas de todas las universidades españolas.

Queda un 5 % que dicen que sí, que la amnistía es posible, incluso lo que se debe hacer, entre los que está Galindo, sacado de la Moncloa para ser nombrado letrado mayor de las Cortes, Gómez-Pumpido, al que ya se le adjetiva como “el Negreira” del Constitucional, con su permanente “siete a cuatro” en favor de lo que le gusta al gobierno o en contra de lo que denuncia la oposición y los muy próximos a Pedro Sánchez, entre ellos, los que más me han defraudado, jueces que en otro tiempo han merecido mi respeto, como Margarita Robles o el propio Marlasca, influidos no sé porqué hechizo secreto y personal de nuestro presidente, que sin duda lo tiene, porque si no fuera así no estaría donde está ni habría conseguido lo que ha conseguido.

¡País este!

Para los socialistas vocacionales – 2: Los Decretos-Ley, los Proyectos de ley y los decretos «ómnibus»

El pasado miércoles, el gobierno de la nación sacó adelante por un voto y con la abstención de Junts, dos de sus tres Decreto-ley. Uno de ellos era el apodado “ómnibus” porque en un mismo decreto incluía reformas en la Justicia y en la Función Pública, la reforma del subsidio por desempleo y el paquete de medidas anticrisis para 2024.

La primera trampa, habitual en el gobierno actual, es utilizar el procedimiento de Decreto-ley en lugar de Proyecto de Ley, porque de esta forma evita los dictámenes preceptivos en cada caso, aunque no sean vinculantes, del Consejo de Estado o del Poder Judicial, y agiliza los tramites cuando tiene prisa, que es casi siempre.

Sin tener en cuenta que la Constitución, en su artículo 86, dice:

  1. En caso de extraordinaria y urgente necesidad, el Gobierno podrá dictar disposiciones legislativas provisionales que tomarán la forma de Decretos-leyes y que no podrán afectar al ordenamiento de las instituciones básicas del Estado, a los derechos, deberes y libertades de los ciudadanos regulados en el Título I, al régimen de las Comunidades Autónomas ni al Derecho electoral general.
  2. Los Decretos-leyes deberán ser inmediatamente sometidos a debate y votación de totalidad al Congreso de los Diputados, convocado al efecto si no estuviere reunido, en el plazo de los treinta días siguientes a su promulgación. El Congreso habrá de pronunciarse expresamente dentro de dicho plazo sobre su convalidación o derogación, para lo cual el reglamento establecerá un procedimiento especial y sumario.
  3. Durante el plazo establecido en el apartado anterior, las Cortes podrán tramitarlos como proyectos de ley por el procedimiento de urgencia.

Cosa que no ha sucedido, el “tramitarlos como proyectos de ley por el procedimiento de urgencia”, en buena parte de los que ha sacado adelante, que todavía duermen el sueño de los justos esperando el mejor momento para debatirlos en el Congreso.

De esta forma se actúa esperando a que su Decreto-ley sea de uso común y, por tanto, irreversible. Como ocurrió con el arbitrario cierre de las Cortes durante la infección de Coronavirus, que fue declarado inconstitucional cuando ya había pasado la pandemia.

La segunda, también habitual y extremadamente impresentable, es utilizar el truco de incluir en un mismo paquete, el que se debe aprobar o rechazar como un todo, asuntos sin ninguna relación entre ellos.

En el caso que nos ocupa, por ejemplo, si cada uno de los Decreto-ley se hubiera presentado por separado, una mayoría de la cámara habría aprobado algunos de ellos sin ningún problema, la mayoría de los “los sociales” y, posiblemente, rechazado los referentes a Justicia y Función Pública porque son especialmente delicados y, en algún caso, rozan o superan los límites de lo constitucional.

Técnica, la de las “propuestas ómnibus”, que jamás ha utilizado el PSOE cuando estaba en el gobierno. Siempre presentaban y defendían las propuestas por separado para que se pudieran votar libremente y sin ningún tipo de malentendido.

Pero de esta forma, la mecánica habitual del PSOE actual es sencilla y torticera, porque gane o pierda las votaciones, el relato del gobierno siempre es el mismo: quien no apoya lo propuesto es un enemigo de los trabajadores porque les niega las medidas anticrisis, por ejemplo. Es un truco sucio, un auténtico chantaje político repetido constantemente, pero que les funciona.

Porque si algo hacen bien, muy bien, es manipular con descaro la opinión pública.

Para los socialistas vocacionales:

Desde que está en el poder, Pedro Sánchez ha tomado muchas iniciativas, sociales unas, políticas otras y una mezcla de ambas cosas en algunas ocasiones. Iniciativas que, en algunos casos, han llegado al límite de lo que permite la Constitución, incluso con riesgo de transgredirla buscando dudosas interpretaciones, como ocurre con la ley de amnistía que quiere sacar adelante.

Entiendo que los socialistas votan al PSOE, estén de acuerdo con el presidente o no, por dos razones:

Los de “toda la vida” porque se trata de su partido y, salvo que les rompan por completo los esquemas y se refugien en la abstención, como está ocurriendo muchas veces, seguirán haciéndolo.

Y la otra, que nunca entenderé, por el radicalismo de aprobar “lo que sea” con tal de que nunca llegue a gobernar el PP, aduciendo amenazas simples y tercermundistas, como la del eterno “Dóberman” que nos devoraría a todos, o al menos a las mujeres, a los homosexuales y a la media España “de izquierdas”. Un “que viene el coco”, que no cuadra en absoluto con el nivel cultural esperado de los ciudadanos de la España del Siglo XXI.

Al primer argumento, el de la fidelidad a las siglas, tendremos que convenir que, con las políticas de los últimos años, el PSOE ha perdido muchos escaños a nivel nacional y ha sido desplazado de la gran mayoría de las autonomías, por lo que no veo que beneficios está aportando el liderazgo de Pedro Sánchez a un partido histórico y con vocación de gobierno.

Porque es de una certeza irrefutable, los hechos lo demuestran sin ningún género de dudas, que el PSOE ha perdido y Pedro Sánchez, el actual presidente, ha ganado en lo personal porque sigue en la Moncloa. Y muchas, muchísimas dudas sobre lo que vamos a ganar los ciudadanos, incluidos los propios socialistas.

En cuanto al segundo argumento, el del Dóberman, ni tengo argumentos para demostrar lo absurdo del planteamiento, ni los encontraría por mucho que los buscara.

Estoy escuchando al presidente lamentarse en todos los foros de que en Europa estén cada vez más fuertes los partidos de ultraderecha, entre los que está VOX, pero no los conservadores europeos, PP incluido, porque este partido no lo es por mucho que lo repitan en “el relato” machacón de cada día.

Relato que consiste en culpar al PP de algo tangencial cada vez que los desnortados de VOX cometen algún error, como si este partido tuviera la obligación de desmarcarse cada día y a cada hora de los deslices de un partido que no es el suyo. “El PP es culpable por no condenar…” frase habitual en ruedas de prensa y declaraciones de ministros.

(A modo de inciso, lo que no acabo de entender es porqué el PP entra al trapo con tanta facilidad y no manda a freír espárragos a unos y a otros. Puede que no gobierne nunca, o si, pero se liberaría de una carga que no le corresponde. Porque, por mucho que insistan los de VOX, son ellos los que necesitan al PP para llegar a tener alguna influencia en la política española y no al contrario.)

En todo caso, los voceros habituales y sus guionistas omiten el análisis necesario de la “causa-raíz” de este fenómeno, porque estas cosas no nacen por generación espontánea ni como consecuencia de una maldición bíblica.

Ocurre porque los antiguos partidos socialdemócratas se han radicalizado, como lo ha hecho el PSOE español por mor de sus alianzas, o, como decía, no están adaptándose a las demandas actuales de sus votantes.

Y, en nuestro caso, ya en mi bachillerato de la posguerra, cuando Don Fidel nos explicaba las leyes de Newton, descubrimos que la tercera decía: “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto

El comunismo histórico desapareció porque, ausencias de libertad ciudadana y otras lindezas al margen, no supo evolucionar para aportar soluciones a los problemas del mundo moderno, y ahora está ocurriendo lo mismo con el socialismo tradicional, que está cambiando políticas sociales por radicalismo.

Lo que les está convirtiendo en algo residual, como indica su pérdida de poder y de influencia en los países de la Europa occidental.

Acción – reacción. ¿O alguien cree que los ciudadanos votan a radicales “porque sí”, sin más?

El lema del “mayo francés” era “la imaginación al poder”. Imaginación y soluciones reales es lo que está faltando en este momento en el gobierno español, que está “casi pretendiendo” que el Estado se convierta en una gigantesca alcaldía de Marinaleda, en el que el dinero lo tenga el gobierno y lo reparta como estime conveniente, en buena parte de forma clientelar e ideologizada.

Eso, ni funcionó en Marinaleda, ni funcionara en esta España europea.

Lo único que están consiguiendo es aumentar el desconcierto y la aparición de antiguos bloques, como los que provocó el “frente popular” del tercer bienio de la Republica. Y, como prueba de toda esta sinrazón, la última noticia es que se haya alumbrado un nuevo partido, Izquierda Española, que pretende recuperar lo esencial del PSOE histórico. Algo que, en mi opinión, no pasará de ser otro intento fallido, porque el único capacitado para hacerlo es el propio PSOE y su actual ejecutiva no está por la labor.

Lo que nos faltaba para fraccionar todavía más a la izquierda moderada española. La que necesitamos como alternativa a los conservadores si alguna vez llegan al gobierno

Y la culpa de que todo esto ocurra, siento decirlo, es de los socialistas vocacionales que no han querido o no han podido frenar las derivas de su secretario general, el gran timador que acabará haciendo desaparecer al PSOE por las mismas razones que en otros tiempos desapareció el PC: radicalismo e inoperancia.

Los que han consentido que se cambie la figura del antiguo compromisario por el timo de las primarias, opiniones mucho más manipulables, y que las federaciones hayan perdido casi toda su capacidad de influir en los órganos nacionales del partido.

Ellos sabrán, pero yo también me siento perjudicado, porque la democracia necesita alternancias claras por las que decidirse y ahora no las tenemos.

Y está es una de las cosas que no podemos pedir a los Reyes Magos.

Valencia, 4 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel