Parece que la clase política se ha desafiado a un “tú más” en comisiones de investigación que se sabe cómo empiezan, pero no como terminarán. Yo tengo una idea, pero como es pura especulación, me la reservo.
Han empezado por investigar las compras de mascarillas realizadas por todas las administraciones del Estado, nacionales o autonómicas, en la que se buscará la letra pequeña o las circunstancias de cada una de las realizadas en función de quién las compró, a quién, a que precio y quien influyó en la compra. Es un ejercicio de transparencia que aplaudo, solo que el convocarlas en si ya indica que los políticos desconfían de cada uno de los responsables de gestionar y garantizar la limpieza de las compras de la administración, todos nombrados por ellos mismos o bajo su autoridad.
Debería ser un ejercicio honesto, pero ni lo esperen, porque cada partido evidenciará todavía más la putrefacción de una parte de la clase política actual y tratará de ocultar o justificar “lo suyo”, haciendo público con toda la parafernalia disponible lo hecho mal por “los otros”, incluso si solo hay una mínima sombra de sospecha.
Sin que se les caiga la cara de vergüenza ni sufran la condena evangélica por ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio.
Y, por otra parte, se va a investigar la trama Koldo, o Ábalos, o PSOE, según quien la defina. Y de ahí saldrán cómplices, familiares, amigos y todo el que directa o indirectamente se pueda haber beneficiado de la rapiña de un grupo de supuestos servidores públicos que se han enriquecido aprovechando el dolor de la ciudadanía.
Pero, como contraofensiva, los otros sacan día y noche el caso de una responsable pública por tener una pareja que ha tratado de engañar a Hacienda, (él y cinco más de la misma empresa), antes de que lo fueran y con el que parece mantener una relación estable y satisfactoria. Una denuncia más de las “muchas miles” que Hacienda negocia cada año o decide pasar a la fiscalía porque no se llega a un acuerdo de pago.
Y es que ella, pese a ser tan lista, no pidió ver “los papeles” de las propiedades de su pareja y la justificación de cómo había obtenido cada propiedad, antes de darle el “sí”, cosa que sí que hacen el resto de las mujeres de España, mucho más las del bloque de izquierdas.
Por lo que la que acusan de participar a título lucrativo de los beneficios de vivir en el piso de su pareja, supuestamente comprado con dinero defraudado, porque, claro, todo el mundo sabe que, si alguien tiene un piso caro, es porque ha defraudado a Hacienda.
Incluso puede que se establezca en su perjuicio el delito de amor y sexo consentido a título lucrativo, que todo podría darse.
Pero, sabedores de que por ahí no hay juez que pueda imputarla, ni tampoco se justifica una incorreción política, han encontrado la grieta por donde clavar la cuña y es acusarla de mentir, porque en una primera declaración dijo que era Hacienda quien le debía dinero a su pareja. No tengo ni idea de quién le dio esa información ni tampoco quiero saberlo porque, se diga lo que se diga todo serán especulaciones interesadas, ya que la única verdad será la judicial, la que decida el juez que lleva la causa.
Lo que resulta especialmente cómico y cínico viendo los caretos de los y las acusadoras que se han pasado los últimos años mintiendo en todo y en todo momento. Y mentiras muy gordas, como decir que no iban a aprobar la amnistía, por ejemplo y otras cien de menor calado.
Claro que ellos dicen que lo suyo no son mentiras, sino “cambios de opinión”, pero cuando la acosada decidió cambiar su relato apoyando a su pareja, por el de “este es el caso de un particular que no afecta a la Comunidad de Madrid que yo represento”, han saltado a su yugular como lobos gritando “¡Ayuso dimisión!”
¿Qué es eso de cambiar de opinión? Aquí, para los acusadores, no vale lo que se dice ahora. Vale “lo que se dijo cuando se dijo por primera vez”
El problema marginal y añadido para el acusado en esta ocasión, Alberto González Amador, que así es como se llama y no “la pareja de Ayuso”, es que estos casos se suelen resolver con una negociación en la que la parte infractora se declara culpable y negocia con Hacienda la cantidad a pagar para resolver el conflicto, cosa que va a tener muy difícil después de la filtración interesada y estando por medio la ministra Montoro, por lo que, a diferencia de otros particulares, empresas, futbolistas, artistas y profesionales de todo género, puede que Hacienda, que no somos todos ni de coña, no acepte ningún trato para que el caso dure lo que dure la legislatura y se consiga el cobro mediante una sentencia condenatoria, con el valor añadido para el gobierno de la pena de telediario.
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P.D.
Decía que se sabe como se empieza, pero pudiera ser, no lo creo porque todos están en ello, que a alguien se le ocurra crear comisiones para ver cuantos asesores tiene cada cual, si algunos de ellos son amigos, familiares, o compañeros de partido, a cuantos amigos ha invitado el presidente de turno a residencias de Patrimonio Nacional, cuantos ex cargos gubernamentales han sido nombrados presidentes de empresas estatales, embajadores, o delegados en estamentos internacionales, porqué los viajes del presidente son “secretos de Estado” una vez realizados y desaparecido el riesgo de seguridad, o el porqué de esa afición del Falcon a viajar a la República Dominicana.
No creo que lo hagan porque si ocupan todo su tiempo defendiéndose y acusándose, no podrían gobernar.
Aunque, bien mirado, ahora tampoco lo hacen. Destrozar la constitución e inventarse ocurrencias, sí, pero gobernar en el sentido de administrar, organizar y proteger, para eso casi no tienen tiempo. Ni tiempo ni Presupuestos Generales.
Incluso convendría que los aposentados en las bancadas llevaran chalecos identificativos, porque en este momento y con tanto escándalo parlamentario, muchas veces es imposible saber quién es el gobierno y quién la oposición. Porque, invirtiendo los términos, el gobierno ataca más a la oposición que la oposición al gobierno y, como consecuencia, hay veces en las que la oposición parecen ser los gobernantes. Y, para más confusión, dentro del gobierno “oficial”, hay quien hace oposición al propio gobierno.
¡Menos mal que los partidos que apoyan al gobierno lo hacen desinteresadamente, por pura vocación política y amor a la patria, porque de no ser así, diría que estamos al borde del caos institucional!
Valencia, 23 de marzo de 2023
José Luis Martínez Ángel