Begoña Gómez y las exageraciones interesadas del presidente del gobierno de España.

Nunca he opinado sobre las actividades de Begoña Gómez, más allá de comentar la necesidad de definir el papel de las parejas de los presidentes de turno. A mi no me gusta que intervenga directa o indirectamente en negocios con empresas que reciben subvenciones del gobierno, pero no hay nada que lo impida, por lo que no observo ninguna responsabilidad penal que, de haberla, resolverían los tribunales, en los que confío plenamente.

Repito: en este asunto ni entro, ni salgo. Soy un simple observador.

Otra cosa muy diferente es la reacción del gobierno de la nación, no solo del presidente, ante el comentario del muy deslenguado mandatario de Argentina. Porque me parece absolutamente desmedido llamar a consulta a embajadores y amenazar con no sé qué represalias que, inevitablemente, afectarían a las relaciones de dos naciones hermanas, España y Argentina y a los intereses de las empresas y los ciudadanos de los dos países.

Y lo digo por dos razones:

Begoña Gómez no es miembro del gobierno ni ocupa ningún cargo en el Estado español. Es pues una ciudadana particular, pareja del presidente, y la ofensa merece, seguro, una nota de queja del propio presidente, pero nada más, porque se trata de una civil que ayer pudo ser pareja de otro ciudadano, que no es el caso, o mañana puede separarse de Pedro Sánchez, cosa que tampoco parece probable en absoluto.

Una nota de marido ofendido sí, una queja oficial, por supuesto. Una reacción de Estado ¿A que santo?

La segunda es que los altos cargos del Estado, como es el caso del más importante, nuestro Rey, ha sido directamente insultado por los presidentes de Venezuela y Méjico, entre otros, sin que se haya producido más reacción que un tímido “eso no se hace”, en forma de queja oficial o similares y sin ninguna otra decisión que afecte a nuestra política exterior, porque Maduro o el resto de presidentes desaparecerán algún día, como pueden romperse la relaciones de los presidentes, pero las naciones y sus intereses comunes trascienden a lo que solo son anécdotas puntuales desde el punto de vista de la política y de la historia

Como ocurrirá con el propio presidente Milei, a quién Dios guarde tantos años en la presidencia de Argentina como quieran sus electores, que ellos sabrán.

Y digo más: todos, absolutamente todos los que forman parte del gobierno, menos el PSOE, o le apoyan en el Parlamento, han ofendido gravemente a nuestro jefe de Estado, o quemado la bandera española sin que nuestro presidente haya movido ni una pestaña.

¿Es acaso la esposa del presidente, de este o de cualquier otro, más importante que el Rey de España?

Visto lo cual, no puedo por menos que llegar a la conclusión de que la desaforada reacción del gobierno en pleno no es más que otra de las muchas estrategias mentirosas organizadas por el equipo de marketing de la Moncloa para ganar votos en las europeas y tomar el pelo a los españoles. Lo que resultaría extremadamente grave porque supondría arriesgar el futuro estatus de dos naciones para sacar unos votos más en unas elecciones.

Y, en este caso, con la inestimable ayuda de VOX, partido que nunca gobernará ni, posiblemente tendrá una influencia fundamental en los gobiernos a la vista de cómo planifica sus estrategias, pero que sigue siendo el banderín de enganche de la oposición del gobierno, el ejemplo de lo peor, para poder afirmar que el PP “es lo mismo que ellos”.

Otra vez una pinza magistralmente urdida por el gobierno, formada por “la derechita cobarde”, en boca de VOX y “el PP ha comprado las ideas de VOX”, según el mensaje del PSOE.

La gran pregunta es ¿tiene el presidente del gobierno la autoridad suficiente para tomar una decisión como la que ha tomado, llamar a consultas a un embajador porque el presidente de una nación amiga, en un mitin, menciona a alguien de su familia? Francamente no lo creo, pero dirán, como suelen hacer para engañar a la ciudadanía, que la Constitución no lo prohíbe expresamente.

Porque, que no nos engañen, el presidente argentino no ha “ofendido a España”. De ninguna manera. Ha ofendido, eso sí, a la esposa de Pedro Sánchez, pero suponer que Begoña Gómez “es España” es mucho más rocambolesco que suponer que nuestro presidente es quien tiene la autoridad total del Estado. Ni él ni ninguno

Como “no ha prohibido expresamente” las decisiones personales de un presidente que se cree Estado, como el cambio de la postura española sobre el Sahara y otras similares.

El tiempo pasará y, yo no lo veré, pero Pedro Sánchez, Abascal y todos los que ahora son o quieren ser algo basándose en lo que dicen y no en lo que hacen para respetar su cargo y a quienes los eligieron, pasarán a ser breves reseñas juzgadas por la historia, mientras que España seguirá siendo la nación grande en cultura, historia y tradiciones que siempre fue.

Porque, por mucho que se empeñen, no podrán destruirla.

Valencia, 21 de mayo de 2024

José Luis Martínez Ángel

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