No soy francés ni entiendo la razón de que esa nación, la que tuvo fama de ser “de asilo”, tenga tantos problemas raciales con franceses de tercera generación de origen africano que no han sido capaces de integrarse, o que la extrema derecha esté creciendo hasta el punto de que haya sido mayoría en las elecciones de este fin de semana.
Puedo dar mi opinión, eso sí, de lo que está ocurriendo en España y no estaría de más que tratemos de escarmentar en cabeza ajena. Nunca ha ocurrido, pero ¡quién sabe!
Y es que, en España, como en la mayoría de las naciones de la Comunidad Europea, lo que ahora llaman extrema derecha, metiendo en el mismo saco a Le Pen, a Giorgia Meloni, a Abascal y a los partidos similares de otras naciones, están cogiendo fuerza en detrimento de partidos de centro, menos, y de la extrema izquierda, más.
¿Y por qué les votan? Ya he dado mi opinión muchas otras veces: porque los partidos de izquierda no han sabido adaptarse al cambio de los tiempos y no aportan las soluciones que los ciudadanos necesitan en la actualidad.
Hablando de España, tenemos un PSOE en decadencia, casi desaparecido como tal en favor de un bloque parecido al que se formó en el tercer bienio de la Segunda República, llamado entonces Frente Popular, y formaciones como Podemos, IU o Sumar, en plena fase de desaparición porque, o no ofrecen soluciones, o porque las que ofrecen se basan en el gasto público y carecen de consistencia.
Y, claro, que en la segunda década del siglo XXI la gran izquierda, encabezada por el PSOE, aporte soluciones de la tercera década del siglo XX, sabiendo que fracasaron, es para hacérselo mirar.
Y aquí, por mucho que el relato interesado diga lo contrario, es la izquierda la que alimenta a VOX, mientras que el PP está actuando como dique de contención porque, de momento, está planteando medidas razonables y, en principio, entendibles y posibles de llevar a la práctica si alguna vez gobiernan.
Y eso se está demostrando en las comunidades en las que ya lo hacen, donde los lobos no van por las calles robando derechos a las mujeres, protegiendo a los maltratadores, persiguiendo a los homosexuales, ni nada que se le parezca. Y la prueba de que su mensaje se entiende mejor en todas ellas, es que han conseguido aumentar el número de sus votantes, muchos de ellos procedentes de Ciudadanos, pero también de VOX y del PSOE
Y eso es lo que muchos están reclamando, algo nuevo, algo de esperanza, posibilidad de que se retire los privilegios a quien no los merece, de que, apoyando el turismo, se regule para que no arrolle el bienestar, la tranquilidad y las posibilidades de encontrar una vivienda digna a los nativos, que se deje de demonizar a la patronal, única que crea empleo productivo, o que se recupere la independencia de los tres poderes del Estado.
Y cosas concretas, tangibles, como que se endurezcan las leyes “anti ocupa”, por poner un ejemplo palmario, o que se encuentre soluciones para ese 26 % de ciudadanos que están al borde de la pobreza por mucho que la macroeconomía, las de las bolsas y las multinacionales, vayan “como un cohete”.
Y muchas otras decisiones similares.
Y también necesitamos un partido de centro izquierda fuerte, como lo era el PSOE, para tener una alternativa si el PP gobierna y no cumple lo que prometió.
Porque la democracia consiste en eso, en poder votar libremente al que crees que te ofrece mejores garantías y en disponer de una alternativa si no cumple lo prometido.
No es, para nada, que nos tengan distraídos con lo que dice Bolaños o Cuca Gamarra, lo borde que es o no es el presidente y como le contesta Feijòo, como dogmatiza Patxi López, como organiza Puigdemont la política española, o que hace o deja de hacer el cuñado de no sé quién, o la pareja de no sé quién otro, mientras, aprovechando esas cortinas de humo, se anulan valores y se ataca los cimientos de nuestra democracia tergiversando el espíritu, y en algunos casos, la letra de nuestra Constitución.
Que no es eso. Que no.
Que la Política, en mayúscula, la buena, es algo que está en paradero desconocido desde hace años en esta España nuestra. Y sería bueno que la encontráramos y la pusiéramos en su justo lugar
Valencia, 1 de julio de 2024
José Luis Martínez Ángel
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P.D.
Artículo 97 de la Constitución:
El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes.