Aunque él no lo recuerde, el presidente del gobierno tiene como misión fundamental administrar los presupuestos generales, santo y seña de las políticas de cada legislatura, promulgar leyes que actualicen a la nación al ritmo de los tiempos y cumplir y hacer cumplir la Constitución, que es la que marca los límites de su poder real.
También es responsable de la política exterior, pero el sentido común y la tradición democrática supone que esta se debe ver siempre a largo plazo y, en temas importantes, sin comprometer a la nación y con decisiones consensuadas con la oposición.
Así se ha hecho hasta que el PSOE recuperó el poder, muy especialmente en las legislaturas de Pedro Sánchez, en las que ha actuado como caudillo de España, por la gracia de los antiespañoles, comprometiendo a la nación en asuntos especialmente complicados, por acción u omisión, como es bien sabido por los que realmente se enteran de los entresijos de la política nacional.
Y todo esto viene a cuento porque Donald Trump ha sido nombrado presidente de los Estados Unidos, el antiguo <<primo de Zumosol>> que protegía a Europa de los males que le venían por oriente y que ahora, siendo un presidente con ganas de revancha, coincide con Rusia en la obsesión de desmantelar o debilitar a la Comunidad Europea.
Por razones diferentes, porque las del nuevo presidente, como ya evidenció en su anterior legislatura, la ve como un enemigo potencial, un competidor en su afán de controlar el mercado de occidente.
Por lo que, guste o no guste, los intereses de España aconsejan mantener con el nuevo Trump una relación de respeto institucional demostrable, con independencia de las ideas políticas del presidente de nuestra nación.
Otro punto de interés es el apoyo que pueda prestar el nuevo presidente americano a la OTAN, de la que no es especialmente partidario porque cree que Estados Unidos tiene capacidad suficiente para auto defenderse y que, de hecho, solo sirve para proteger a Europa de las amenazas de la Rusia de Putin, con el que Trump mantiene unas excelentes relaciones.
Sabiendo, porque así lo ha manifestado en varias ocasiones, que es partidario de sacar de la OTAN a las naciones que no dediquen un mínimo del 3 % de su presupuesto a mantener esta organización y que ha acusado a España repetidamente de ser la que menos aporta.
Y, sabiendo todo esto, el presidente español ha decidido manifestarse como el líder mundial anti-Trump, aunque no haya mencionado directamente su nombre, porque es la cabeza visible de esa ultraderecha que él combate políticamente, obviando que el presidente, del que tengo una muy mala opinión, malísima, ha sido elegido democráticamente por sus nacionales, ellos sabrán porque, y que ambos tenemos muchos intereses comunes. Muchos más que con esos países u organizaciones que ha decidido apoyar en los últimos tiempos.
Y lo que Pedro Sanchez debería cuidar y ahora compromete, son las relaciones nacionales, nunca las personales, cuando antepone ideologías al interés de su nación.
Veremos en que queda todo esto porque falta mucho por saber. Como, por ejemplo, como utilizará los Estados Unidos su nuevo poder para interferir en las elecciones nacionales de terceros países, por mano de sus asociados, dueños de las grandes tecnológicas, y otros temas de capital importancia, como los posibles aranceles a nuestras exportaciones a los Estados Unidos.
Así que seria muy recomendable, mejor exigible, que nuestro presidente deje su papel de líder mundial del <<anti trumpismo>> y dedique sus esfuerzos a buscar nuestros puntos comunes con los Estados Unidos, que son muchos.
Y también que revise sus recientes amistades y enemistades con terceros países que también son desaconsejables para España.
Si ha ido a China, que es una amenaza para Europa, ¿no puede morderse la lengua para no enfurecer inútilmente a un líder desbocado que se ha metido de hoz y coz en la política internacional y que va a condicionar, sin duda, el futuro inmediato de la humanidad?
Porque las consecuencias de sus deslices no las va a sufrir él, que ya tiene su porvenir personal asegurado continúe o no en la política, sino el pueblo al que representa.
Valencia, 21 de enero de 2024
José Luis Martínez Ángel.
P.D.
Recuerdo otra vez que la ultraderecha no surge por generación espontánea, sino por el fracaso de la izquierda en satisfacer las necesidades actuales de la mayoría de los ciudadanos. Aquí, en Europa y en el resto del mundo