Ayer recibimos una visita relámpago de Pedro Sánchez acompañado por varios ministros, que parece que tienen muy poco que hacer, porque forman parte de su séquito permanente en las ocasiones en las que se necesita bombo y platillo, una especie de batucada oficial, cada vez más presente en los telediarios.
Y digo que fue la de un jefe de gobierno sin Estado, porque realmente brilló por su ausencia. Un presidente que se precie hubiera anunciado su visita y, por supuesto, habría invitado a todos sus actos a la máxima autoridad de la comunidad que, de momento y si nadie demuestra lo contrario, es Carlos Mazón.
Por lo que, entre todos la mataron y ella sola se murió, me duele socialmente afirmar, frase usada muy inadecuadamente por el actual presidente, que Valencia le importa muy poco a demasiada gente, hasta el punto de que la están convirtiendo en uno más de los campos de batalla de la maldita guerra política en la que nos han involucrado.
No hubo Estado, no. Todo este tinglado de la antigua y moderna farsa se asemeja a unos Reyes Magos de enero, tres como dice la tradición, que traen regalos a las víctimas de la Dana, muchos de ellos de muy poco contenido, pero dentro de grandes cajas envuelta en brillante papel de celofán y con un lacito verde de falsa esperanza.
Está el pobre Baltasar, el negrito pobre que viene de África, representado por las administraciones locales afectadas, que apenas tienen recursos para tanta desgracia y va mendigando a los otros dos que le cedan parte de su carga.
Luego Gaspar, el de en medio, papel que yo le asigno a Mazón, el presidente de la comunidad, huidizo y disfrazado para que no le reconozcan y que regala lo que puede de lo que posee. Es un rey que, sentimientos aparte, que los tendrá y muchos, tampoco anda demasiado holgado de presentes, entregados en este caso en cajas de cartón envueltas en papel de regalo y con algo de barro en los cantos.
Y, por fin, tenemos al gran Melchor, el del séquito deslumbrante, magníficamente engalanado y con un gran séquito de pajes y guardia armada. El sí, el sí que es poderoso de verdad, porque tiene esa nueva piedra filosofal que es el Boletín Oficial del Estado, que transforma papel en oro, y la nueva vara de Moisés que convierte el gasto en deuda del Estado.
Y que, como el propio Melchor, no siempre nos trae lo que afirma que traerá.
Cada uno de ellos por su lado, porque Melchor, el mayor, el que en la realidad evangélica sí que da ejemplo de generosidad y cordura, en la ficción de enero es el primero en apresurar a sus camellos, seleccionados de entre los de mayor alzada, para que quede claro que nadie como él. El que es <<más que el que más>>
Siento utilizar la imagen de los pobres Reyes Magos que cada año se esfuerzan en traernos ilusiones y presentes, no como sus imitadores, pero insisto en que una visita de un jefe de gobierno que no respeta normas y protocolos no es una visita de Estado.
Es otra más de <<pompa y circunstancia>> por mucho que, como dice, nos traerá muchos regalos, demostrando una gran impostura porque nos regala algo que no aporta él. Es algo que, en mayor o menor medida, pagamos nosotros mismos con nuestros impuestos, los favorecidos por los regalos.
Este es un comentario de reír por no llorar, uno más de los que me apetece escribir a la vista de la falta de ética y de democracia real de este gobierno.
Comentarios que haré mañana, o cuando esté menos indignado, porque lo que no quiero es hacer como el gobierno. Montar un comentario <<ómnibus>> en el que se traten varios temas sin relación entre ellos para confundir al personal, como lo están intentando hoy mismo.
Valencia, 24 de enero de 2025
José Luis Martínez Ángel.