Hoy es el día en el que, cargados de cinismo, todo el mundo desea, yo también, un feliz año a nuestros familiares y amigos.
Pero ¿un feliz 2025, para quién? Desde luego no para los que están enterrados en fango en los muchísimos campos de refugiados a lo largo de todo el mundo, ni para los habitantes del Líbano, de la Franja de Gaza, del mismo Israel, siempre amenazados por tierra y aire, ni para los de Ucrania, víctimas de la invasión fallida de un dictador, ni a los de Siria, que han salido de una dictadura terrible y ahora están sumidos en la incertidumbre, ni tampoco para las mujeres de Pakistán, o para los habitantes de tantos países de nuestra América hermana que se han visto obligados a dejar haciendas, negocios y familias para buscar algo mejor en Europa y, especialmente, en nuestra España.
Ni para los damnificados por la terrible Dana que ha asolado los municipios del sur de la ciudad de Valencia.
Ni para los muy olvidados de algunos países africanos que sufren la opresión insufrible de Yihadistas, tiranos locales, derrocadores de tiranos, del expolio de las naciones occidentales, ahora desplazadas por China y Rusia, mientras sus ciudadanos mueren atravesando desiertos o en las aguas del Atlántico o del Mediterráneo.
Nos deseamos feliz año en una Europa confusa que no sabe que hacer consigo misma ni con los demás, amenazados por el loco poder de un Trump que cabalgará por el mundo sin salir de su Estados Unidos de los disparates, buscando extrañas alianzas y perjudicando todo lo que pueda a nuestra Comunidad Europea, a la que pretende destruir, porque quiere ser el gran controlador de los mercados del mundo.
O, sin ir más lejos, comenzando el año en una España dividida, en la que tener ideas políticas puede ser una amenaza real, como hace muchos años, en donde el gobierno y la oposición solo se hablan para insultarse, con un presidente de gobierno empeñado en mantenerse en el poder cueste lo que cueste, incluido alterando leyes y rodeando la Constitución con interpretaciones absurdas para favorecer a los independentistas o a sus compañeros de partido juzgados y condenados por el Tribunal Superior.
Gobierno que presume de los buenos resultados de la economía, lo que es cierto si se mide en términos “macro”, porque no hay un solo español que no haya perdido poder adquisitivo en los últimos años si vive de un salario o de una pensión, donde la vivienda es un bien inalcanzable para los más jóvenes o donde, a falta de ideas, se necesita resucitar periódicamente a un dictador al que no ha conocido la mitad de la población.
O donde la propia democracia está sufriendo graves daños por la proliferación de neo dictadores y dictadorzuelos que consiguieron el poder gracias a la propia democracia y que han utilizado todo tipo de artimañas para perpetuarse en el.
Feliz año ¿para quién, si los cuatro Jinetes del Apocalipsis, siguen arrasando la tierra con sus banderas de poder guerra, hambre y muerte?
Dónde ningún poderoso del mundo es capaz de renunciar a algo de su poder para invertir los términos y tratar de que la humanidad sea un poco más justa de lo que es ahora.
Por favor. No olvidemos que hoy, el primer día del año 2025, el de la alta tecnología, de la inteligencia artificial y de las macroeconomías, mucha gente en el mundo sería feliz pudiendo recoger la comida que nosotros, los del “primer” mundo, tiramos a la basura.
No obstante, os deseo un feliz año próximo. Buscar la felicidad en los que os son prójimos, pero tratad de renunciar a un poco de lo mucho que tenemos para proteger a nuestro medio ambiente y para favorecer a los muchos seres humanos que pasan hambre, frio y todo tipo de calamidades en muchos lugares del mundo.
Siento amargaros el día, pero es lo que siento, desde Valencia, este 1 de enero de 2025
José Luis Martínez Ángel