La maldición del gran usurpador que llegó al poder utilizando la democracia

La última maniobra del presidente Sánchez, inaudita, ha sido negociar con Puigdemont, no con el gobierno catalán ni con el Parlamento la <<cesión>> de competencias sobre la inmigración, lo que equivale a cederles tres cosas importantes, el control de las fronteras, el derecho a expulsar a inmigrantes y, como añadido, impedir la posible integración en el Estado español, porque Cataluña lo sigue siendo, a los castellanoparlantes, también a los que hablan otros idiomas, si no aprenden catalán.

No he leído el texto del pacto, ni me interesa, porque tengo las tres versiones:

La de Junts que dicen que el pacto no es una cesión, sino la titularidad completa de estas competencias, la de la portavoz Alegría, la misma que dijo hace poco tiempo que esa competencia es imposible de transferir ni de ceder porque lo impide claramente la Constitución, lo mismo que dijo Marlasca, al que no sé cómo calificar a estas alturas y el propio presidente, al que quizás haya que calificar de una forma más severa que sátrapa e inmoral.

También está la promesa de Feijóo de que esas competencias se recuperarán cuando gobierne, pero me temo que mientras VOX continúe siendo el VOX <<trumpista-comunista>> de la actualidad, muy largo nos lo fía.

Cabe la posibilidad de que la Comunidad Europea reaccione porque Cataluña es frontera de la comunidad y casi seguro que lo hará, pero las cosas de palacio van despacio y la experiencia me dice que cuando el nacionalismo ha hincado el diente en algo, es muy complicado hacer que suelte la presa.

Lo que no se me ocurre es suponer que el equipo de fieles a Sánchez, encabezados por Conde Pumpido que, para nuestro mal, ha ocupado el Constitucional, mueva ni un solo dedo para deshacer semejante desatino. Ni en sueños. Incluso me malicio que ha asesorado al gobierno de como buscar una fórmula de fantasía legal que cuele y les proporcione una coartada. Como siempre han hecho.

¿Y la ciudadanía española? Tranquilos, que esta cesión no va a alterar vuestras vacaciones, ni los tardeos de cerveza ni los fines de semana en Benidorm para los que tengan capacidad económica para hacerlo.

Tranquilos. Podéis seguir igual de anestesiados y con esa retinitis política que os impide ver la gravedad de lo que está pasando. Que nos la están colando poquito a poco para que parezca que no pasa nada.

Lo cierto es que para este viaje no necesitábamos tantas alforjas. Porque en la dictadura, especialmente en el tardo franquismo, también íbamos de vacaciones, tomábamos cervezas, íbamos al fútbol, incluso ya existía el gran Benidorm.

Y entonces, preguntaréis ¿para que sirvió la transición? Y yo, que, fui testigo del antes, el después y lo de en medio, os puedo contestar: En primer lugar, para que los españoles recuperáramos la categoría de ciudadanos, cuando éramos súbditos y para que todos nosotros fuéramos libres e iguales en derechos. También en obligaciones, porque para eso, para regular la vida en libertad y con garantías, se aprobó una Constitución que ahora están destrozando a bocados un puñado de sinvergüenzas que nos están desmontando todos los valores de la democracia.

Porque la otra razón de que fuera muy bueno acabar con la dictadura, que por cierto acabó en la cama, fue para evitar que apellidos poderosos de la política o de las finanzas, se enriquecieran con corrupción o información privilegiada y se repartieran España como si fuera su cortijo y en su beneficio.

Porque ahora, pasados tantos años y después de tantas idas y venidas, tenemos al gran felón, el presidente Sánchez, que compra favores vendiendo lo que es nuestro y que está acabando con la igualdad de los españoles. Eso, si, envuelto en el gran relato de que lo hace por nuestro bien. Como también lo decía Franco.

Todo ello con el beneplácito de su camarilla del PSOE y del gobierno, y apoyado por una bancada socialista de inmorales políticos que vota lo que sea para continuar viviendo de calentar escaños.

O de canallas que se compran propiedades con el sudor de nuestros impuestos, en forma de sobreprecios y comisiones ilegales. Hasta llegar a la vulgaridad de hacer que seamos nosotros los que les paguemos las prostitutas de agenda.

Y mientras, ahí tenemos al presidente luciendo tipo e intentando ser el que líder de lo que no puede liderar. Porque no es un hombre honrado y porque, a nivel internacional, es el gracioso de la pandilla, el gorrón que siempre consigue que sean otros los que paguen las consumiciones.

El que da los abrazos más aparatosos a Zelensky  y se pone el primero a la hora de la foto, pero que, cuando hay que invertir en defensa, está a la cola de Europa porque, haciéndose el super héroe fuera, el que aparenta poder parar al poderoso Trump, es incapaz de gobernar como se debe porque está al servicio de sus socios de gobierno y de los partidos que le apoyan a base de humillaciones y cesiones de potestades del Estado y porque su egolatría le impide hacer lo que debe y siempre han hecho los gobiernos que le precedieron: negociar con la oposición los verdaderos temas de Estado.

Lo siento, pero cada vez tengo más la impresión de estar en manos de un gran usurpador, que ha fagocitado la mayoría de las instituciones del Estado, que está colocando a sus peones en las grandes empresas de la nación y que, si no le paran los que pueden, su propio partido o quizás la justicia, acabará con lo que nos queda de libertad y de igualdad.   

¿Cómo lo hemos permitido? ¿Cómo hemos llegado hasta esta situación?

Valencia, 5 de marzo de 2025, miércoles de ceniza.

José Luis Martínez Ángel.

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