¡Extra homnes!

El Papa Francisco ha muerto hoy, con la Pascua y yo, que he visto a tantos y todos diferentes, desde Pio XII, tengo que meditar que ha supuesto para mí el pontificado del Papa Francisco.

Y, sorprendentemente, me ayudará mucho lo que he escuchado en Televisión Española, en la que, tras algunas condolencias de políticos y famosos, supongo que sinceras todas ellas, he seguido una tertulia a tres en la que, aparte del presentador, ha intervenido Lorenzo Milá, excelente profesional y hombre moderado y de muy buen juicio, que desempeñó en su día con tanta eficacia su labor como titular de un telediario en la 2 de TV que ganaba en calidad al de la 1.

Luego fue corresponsal en Estados Unidos y ahora, desde hace años, en Italia.

Decía que la tertulia la componía el presentador, Lorenzo Milá y varios expertos en temas vaticanos y de la iglesia en general, para nada tertulianos de ocasión, que han desfilado durante el programa y despejado varias de mis dudas.

En primer lugar han reforzado mi idea de que Francisco no ha sido un Papa de titulares y lo han hecho aportado datos fehacientes de como ha conseguido, no solo intentado como se aparenta de cara a la opinión pública, importantísimas reformas en la iglesia actual, desde la profunda reforma del derecho canónigo, con medidas preventivas muy exigentes, por ejemplo, sobre posibles abusos y claras instrucciones de denunciar de inmediato y públicamente cualquier caso que se produjera, la declaración formal, demostrada con hechos propios y decisiones adoptadas, de que la iglesia no es jerarquía, que es sinodal, no en el término que aplica la RAE como asamblea de los obispos, sino de todos, afirmando hasta la saciedad que todos los cristianos son iguales por el simple hecho de estar bautizados y que los títulos y los cargos son meros accidentes.

Sinodal de nuevo concepto: <<Una «Iglesia sinodal» es un concepto en la Iglesia Católica que describe una iglesia participativa, donde todos los miembros, no solo los obispos, tienen una voz en la toma de decisiones y la dirección de la iglesia. Este concepto se basa en la idea de que la Iglesia es el «Pueblo de Dios» en camino, que camina juntos (sinodalidad) hacia el Reino de Dios>>

Hoy he escuchado en una emisora que tuvo que convivir con la corrupción en la iglesia, cuando tampoco es cierto, porque no tuvo que convivir con ella, sino que la atacó con energía llegando a denunciar a un cardenal por su famoso piso en Londres.

Que, defendiendo la doctrina de la iglesia, se declaró incapaz de juzgar a homosexuales o a personas con tendencias sexuales diferentes, que introduzco cambios importantes en la actitud de la iglesia ante separados o divorciados con otras parejas, que condenó ante Trump el maltrato a los inmigrantes, que, pese a su trabajo en la unificación de las iglesias, le dijo al Patriarca Ruso que no se convirtiera en monaguillo de Putin cuando defendió sin reservas su invasión a Ucrania, que ha escrito una encíclica sobre la protección del medio ambiente, una de sus prioridades sociales, para que dejemos a nuestros hijos un mundo mejor, que ha roto barreras sobre el papel de la mujer en las decisiones de la Iglesia, aunque no ha llegado a promover su derecho al orden sacerdotal como hubiera querido, supongo, porque eso, hoy, no depende solo de la voluntad del Papa.

Y que ha acusado a los mandatarios del mundo de permitir que el Mediterráneo y los otros mares se hayan convertido en un cementerio.

Un papa que pedía a los sacerdotes que no aburran a los fieles desde los púlpitos adornando los mensajes evangélicos con lucimientos personales y que salgan a la calle.

Un Papa cruce perfecto entre la eficacia jesuita y la sencillez franciscana, deslenguado en ocasiones, sincero y próximo siempre, que ha lavado durante años los pies de presos italianos en estas fechas y que, en resumen, ha recuperado buena parte de las esencias del Concilio Vaticano II que muchos intentan encubrir con necedades de formas de actuar y tradiciones ya superadas.

Un Papa, en fin, que, como se ha dicho y quizás sea lo que mejor le define, era un pastor con mucho olor a oveja.

Afirmo estas cosas como si fuera una autoridad y lo hago, precisamente, porque no lo soy. Un dos como cristiano en la escala de diez, siendo muy generoso y sin falsa modestia, con grandes dudas y razonable perseverancia, que ha desecado alguna de sus lagunas gracias al ejemplo del Papa que acabamos de perder.

O de ganar. Como creo y espero.

Valencia, 21 de abril de 2025

José Luis Martínez Ángel

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