La extraña posición de los periodistas en las causas procesales.

Se dictó sentencia sobre el ex Fiscal General del Estado y ayer se publicó el texto completo en el que se relata sus motivaciones y no tengo nada que decir, como nunca he hecho cuando se trata de resoluciones judiciales, porque creo en nuestra judicatura y respeto sus resoluciones sin mirar el supuesto color de la toga de los jueces.

Y me refiero exclusivamente a los tribunales del Poder Judicial, compuesto por profesionales elegidos por otros profesionales y no tanto al Constitucional, que pueden no ser jueces y son elegidos por partidos políticos y a alguna otra entidad responsables de fiscalizar, dependiente de los mismos políticos que los han nombrado para que los fiscalicen.

Pero en el texto hay algo que me ha llamado la atención porqué es un tema que ya comenté hace algunos años y que ahora se ha producido en el Tribunal Superior.

Todos los que tenemos algún interés por nuestra justicia sabemos que los encausados tienen derecho a mentir en favor de su defensa, al contrario de los testigos, que tiene la obligación ineludible de decir la verdad, so pena de ser encausados si se descubre alguna falsedad en sus declaraciones.

Menos los periodistas.

Porque tienen el privilegio, y son los únicos, de testificar sin que se pueda comprobar la veracidad de lo que declaran porque tienen el derecho de proteger sus fuentes.

Y así, la sentencia ayer publicada, dice, más o menos que, aunque sus declaraciones tienen cierta solvencia, no se puede demostrar que sean ciertas porque es imposible ir más allá de su palabra y son contradictorias con las de otros testigos.

 Y siendo esto cierto en este y en todos los juicios, ¿qué objeto tiene citar como testigos a periodistas?

Sé que los llaman las defensas o las acusaciones a su conveniencia, pero lo sensato sería que los jueces no los aceptaran como testigos, a no ser que, previamente a su declaración, se mostraran conformes en declarar las fuentes de su información sí el tribunal lo estima conveniente.

Cosa que nunca aceptarán, porque quedarías como <<poco de fiar>> para sus futuros informadores.

En fin, es una opinión que no nos llevará a ninguna parte porque tengo opinión, pero no poder para cambiar una situación absolutamente kafkiana ya que, como dice Mota en sus parodias, si hay que ir se va, pero <<total p’a que>>

Valencia, 10 de diciembre de 2025

José Luis Martínez Ángel.

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