Curioso el análisis que hacen los apegados a Pedro Sánchez sobre los comentarios de Felipe González referidos a la situación del PSOE en este año de gracia, más bien de desgracia si nos referimos a la política y los políticos que dirigen los destinos de la nación. Esta misma mañana he escuchado decir a una tertuliana de la SER que son <<berrinches de viejos>>
Porque, cuando dice que este PSOE que nos gobiernan no le representa y que, siendo consecuente con sus ideas, votará en blanco porque no puede votar al sanchismo ni a nadie que no sea socialista, no dice nada que no tenga mucho sentido.
Ya que la sigla PSOE, tal como la utiliza el grupo dominante en este momento en el partido, no deja de ser una bandera de conveniencia para confundir a incautos.
Aclaro para los menos rodados en nuestro sistema electoral, que no votar es perder una ocasión de opinar, pero votar en blanco es una manifestación democrática que significa <<quiero votar, pero nadie de los que se presentan merece mi voto>>
Y, cuando le dicen que porqué no abandona el PSOE, contesta de forma inteligente, planteando una cuestión absolutamente lógica e irrefutable: yo no soy el que tiene que abandonar al PSOE, son los que lo están destrozando los que tienen que hacerlo.
Porque, en eso tiene razón, utilizar la sigla PSOE para identificar a los que gobiernan, no deja de ser un auténtico fraude ético. Haciendo historia, la razón fundamental que tuvo Pablo Iglesias y sus compañeros de aventura para fundar el partido socialista en Casa Labra en el año 1879, fue, en esencia, <<ser la voz política del movimiento obrero>>, entonces maltratado por las leyes y los patronos.
Afortunadamente, aunque queden temas por resolver, hoy no existe la explotación laboral, al menos en el mundo occidental, pero ese grito de entonces equivale en este momento a seguir luchando por la igualdad de todos los seres humanos y en todos los ámbitos. Todo lo contrario de lo que está haciendo un gobierno que no tiene más objetivo que mantener a Pedro Sánchez en el poder, aunque para ello tenga que pactar con quien nunca pactarían los fundadores, o provocar desigualdades entre españoles cuando ya se había conseguido una igualdad razonable en España.
Y esa, y no otra, es la razón de ser de un Partido Socialista que recuperó protagonismo en Suresnes en 1974, capitaneado por Felipe González, un abogado laboralista joven y comprometido, cuando Nicolás Redondo Urbieta, el que debió ser el líder natural, renunció a la Secretaría General del partido y prefirió dedicar el resto de su vida a defender a los trabajadores desde el mundo sindical.
Y, a propósito de pactos, Felipe González afirmó que nunca pactaría con VOX, pero mucho menos con Bildu. Creo que fue otra afirmación muy puesta en razón, porque VOX es un auténtico cáncer para la estabilidad política y un freno para los avances sociales, pero Bildu es la voz, más o menos directa, de los asesinos de ETA. Los que todavía tienen más de trescientos asesinatos sin resolver, mientras la negociación del PSOE con Bildu y el PNV está poniendo en la calle a muchos de los asesinos, que nunca pidieron perdón y se sienten orgullosos de sus <<hazañas>>.
¿Por qué tienen que dejar el PSOE personajes históricos como Felipe González, Nicolás Herrero y otros que no han hecho nada por perjudicarlo y mucho por defenderlo?
Lo único que pueden echarles en cara es no haber evolucionado, pero, claro, si la evolución esperada es la que ha tomado el PSOE actual, es hacer trampas en el solitario.
Postulado que puede defender la guardia pretoriana de un presidente, seguramente presionada por el propio presidente y/o por los miles de cargos políticos nombrados a dedo que deberían dejar sus asientos si se produce un cambio de gobierno.
Y mientras los demás discuten si son galgos o podencos, un Pedro Sánchez impasible el ademán y gran estratega, aunque sea para mal, permanece ajeno a las sucesivas derrotas en las elecciones autonómicas, lanzando al matadero a ministras y ministros que se dejan sacrificar porque, según cree, lo que está ocurriendo, un PP necesitado de VOX, favorece a su gran argumento para las próximas elecciones generales.
El mismo que utilizó en las del 23 de julio de 2023: <<yo soy la única solución para salvar a España de la ultraderecha que arrasará con todo lo conseguido hasta ahora>>
Valencia, 11 de febrero de 2026
P.D. Cada vez, gracias <<al relato>> es más cierto que <<por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará, por el monte, las sardinas…>>