Ayer atendí con interés el programa <<Todo es Mentira>> de Cuatro TV, un programa que, entre bromas y veras descubre mucho de nuestra actualidad política y tuve la paciencia de escuchar la totalidad de la entrevista que Risto Mejide le hizo a Javier Pérez Dolset, un perseguido por la justicia, supuesto paladín defensor de todos nosotros frente a las cloacas del Estado y no sé si presidente o coordinador de una asociación no registrada, dedicada a buscar basura en todos los vertederos de las Fuerzas de Seguridad del Estado, de la judicatura y/o de todo aquel que convenga a sus intereses.
No voy a hacerme eco de lo que allí se dijo, pero daba ganas de llorar al comprobar que un país moderno y con experiencia histórica de grandes catástrofes, como el nuestro, ha sido capaz de tolerar, incluso potenciar, la presencia de personajes podridos, como el canallesco Comisario Villarejo, el tal Pérez Dolset, o la protagonista de la semana, la socialista Leire Díez, sucia donde los haya, antaño figura valorada en el partido, ahora casi desconocida por la cúpula directiva del gobierno.
No quiero entrar en lo que allí se dijo porque no hay por donde cogerlo, pero solo quiero recalcar algo que demuestra la calaña de los personajes: Cuando le preguntaban si había denunciado todas esas causas, dijo que sí, pero que el Supremo no las había atendido y que en este momento <<había pedido entrevistarse>> con un funcionario desconocido para presentar más denuncias y que no le había contestado. Seiscientas veces, dijo textualmente, aunque supongo que era, o una mentira o una exageración.
Y Risto, siempre ágil de reflejos, no le aclaró que, en este país nuestro, las denuncias no se tramitan vía <<un funcionario>>. Basta con presentarlas en un juzgado para que un juez determine si hay causa suficiente para aceptarlas.
Y que si el juez estima que no procede, el denunciante puede recurrir la sentencia a instancias superiores hasta llegar hasta el Supremo. O a la Comunidad Europea.
Supongo que Risto no se lo aclaró porque estaba tratando de tirar de la lengua del que ya de por sí era bastante lenguaraz y, por lo que entendí, nada recomendable.
Todo lo cual saca a la luz de que España, que en su día creo un género literario dedicado a la picaresca, está alimentando algo mucho peor, realmente nocivo: la normalización de la suciedad más abyecta, la que acepta como normal, como bueno en algunos casos, que se escarbe en la basura de la sociedad y en lo más oscuro de las personas.
Sabiendo y aprovechándose de ello, que todos tenemos nuestro lado oscuro y nadie en este mundo, desde el Papa hasta el más virtuoso de los virtuosos, está libre de haber tenido un mal momento, un mal acto, o de haber tomado una mala decisión. Que puede ser una brizna de paja podrida en un pajar sano y bien cuidado, pero que es lo que buscan los malditos husmeadores, sabiendo que ese mal momento puede arruinar toda una vida de buen hacer de la víctima elegida.
Y no hay causa en este mundo a la que deba permitirse triunfar de ese modo.
Y de lo que está ocurriendo son culpables todos, los canallas basureros, los políticos que los alimentan por activa o por pasiva y los periodistas y medios de comunicación que ceden espacio para que los malvados propaguen sus ideas, sino se han creado precisamente para eso, para difundir basura.
Dirán que es libertad de opinión, pero la ética, la estética y la moral, también recomiendan una cierta autocensura si les queda algo de esa pedagogía política y ciudadana que deberían tener los comunicadores.
Ayer, sin ir más lejos, Risto se negó a que se trataran temas personales cuando el entrevistado mencionó algunos vídeos sexuales de alguna de sus víctimas.
Estamos componiendo un Estado en el que se ha aceptado como axioma y a los hechos me remito, que si <<gana la derecha>> se acabó todo el progreso y todas las libertades conseguidas <<por la izquierda>>, que un delincuente como Puigdemont esté condicionando la política de nuestra nación, que un PNV, que siempre se ha beneficiado de las nueces que otros hacen caer de los árboles, pero que no tiene delincuentes entre sus filas, el que tumbó el gobierno de Rajoy alegando la necesidad de eliminar supuestas corrupciones, ¡que declaración tan cínica a la vista de lo que ahora vemos!, esté manteniendo a un gobierno en descomposición, acosado por hechos que, sean o no causa de condena judicial, son merecedores de una condena política sin reservas.
O que se haya dado como <<natural>> que el Ejecutivo haya colonizado sin molestarse en disimularlo y para su protección, al Legislativo y al Constitucional. Y que esté tratando de socavar los cimientos del Judicial intentando aprobar que los jueces puedan ser elegidos a dedo, sin oposiciones, o colocando peones en el Consejo General del Poder Judicial, el que nombra a los jueces que deben cubrir las plazas vacantes, algunas muy estratégicas.
El que nombra embajadores sin preparación alguna como premio a favores recibidos y capaz de tantas anomalías que ya nos parece normal cualquier nueva barbaridad con formato de Decreto Ley.
Estaba conectado Anasagasti, que se apresuró a decir que sí, que existe todo ese mundo sucio que denunciaba Pérez Dolset y, demostrando quién es quién defendiendo valores, puso como ejemplo el Gal.
Ejemplo que contradecía precisamente la sucia propaganda del empresario embaucador, porque, siendo cierto que una parte de los altos responsables del gobierno, algunos con una extraordinaria trayectoria anterior, cruzaron líneas rojas y delinquieron, también lo es, como le recordó Susana Díaz, presente en la tertulia, que el Estado reaccionó como debía y los culpables fueron juzgados y condenados.
Como debe ser. Porque errores pueden cometerse, pero deben sancionarse.
¿Qué puedo decir? No siendo capaz de entender que personas que conozco y de cuyo buen juicio respondo siguen opinando que en política hay buenos y malos, sin añadir el sustantivo <<gestores>> y no se inmutan cuando el gobierno comete verdaderos desafueros democráticos, poco más puedo esperar.
Sabiendo, como se está viendo cada día, que los hay que pelean por resucitar viejos sueños de una izquierda comunista que ya se demostraron nocivos en el pasado. Los que insisten en cambiar la democracia parlamentaria por democracia asamblearia.
O comprobando que un partido como VOX, insensato, prepotente y <<salvapatrias>>, tiene seguidores que se creen poseedores de la verdad revelada, los únicos que saben lo que le conviene a España, a modo y manera de Trump en los Estados Unidos.
No me queda más que refugiarme en mis añoranzas y esperar a que llegue alguien que sea capaz de respetar todas las ideas y de llegar a acuerdos por el interés común, sin permitir ni un solo desliz para conseguir objetivos políticos.
No se si existe, pero quizás sí. Porque, por existir, existen hasta los Reyes Magos.
Valencia, 31 de mayo de 2025
José Luis Martínez Ángel
