Ayer vi el partido de la selección femenina de fútbol, los veo todos y no hay duda de que fue un auténtico desastre, no solo por el resultado, sino por la desorganización en el campo y el mal juego de la mayoría de sus titulares, muy especialmente las de la línea defensiva.
Y ahora, claro está, se pedirán cabezas.
La primera la de la seleccionadora, Montse Tomás, por haber alineado o no a determinadas jugadoras, o por no haber sabido inculcar contra Brasil ese espíritu de competición que las ha caracterizado.
Y luego a las jugadoras, algunas de las cuales estuvieron sorprendentemente ausentes. Las zagueras por su falta de coordinación y de intensidad en el juego y las delanteras porque cayeron en el fácil recurso de “tener el balón” cuando, en la mayoría de los casos, no garantiza la victoria.
Timoratas en el “uno a uno” y lentas en pasar el balón a una compañera, lo que provocó muchas pérdidas de balón no vistas en otros partidos.
Hechos y actitudes que, en mi opinión de aficionado que ha visto muchos partidos a lo largo de su vida, solo reflejaba un total agotamiento físico y mental.
Esa es la verdad, perdiendo como perdieron o, aunque hubieran ganado por cinco a cero.
¿La verdad? Tampoco toda. Porque la causa raíz de lo que está pasando es que todo este tinglado del futbol se ha convertido en una máquina corrupta de hacer dinero y quemar a profesionales, hombres y mujeres.
Montse Tomás ha llegado aquí después de recomponer una selección que estaba destrozada por la corrupción de la Federación y, porque no decirlo, por el exceso de protagonismo de algunas jugadoras que creyeron estar por encima de la propia selección nacional.
Y lo ha hecho con trabajo y paciencia. Mucho trabajo, mucha paciencia. Y haciendo oídos sordos a los que, desde fuera, se consideraron dueños y señores de la selección, o dueñas y señoras.
Y a las jugadoras ¿Qué se les puede reprochar? Jugaron el mundial recién salidas de ligas femeninas de mucha exigencia y, como resultaron ganadoras, disputaron todos los partidos, que fueron muchos.
Y, a poco de terminar el mundial, la mayoría fueron seleccionadas para las Olimpiadas de París. Y, si alguien las ha seguido como yo, vería que en los primeros partidos de la nueva convocatoria aparecían con un estado físico lamentable y claramente descoordinadas.
Pero Montse Tomás, otra vez con trabajo y paciencia, consiguió recomponer a duras penas un equipo que, falto del buen juego del mundial, gano partidos con remontadas de veinte minutos. Por pundonor.
Hasta que anteayer, se mostró que esto no puede continuar en manos de unos y otros, muy poco amante del deporte y grandes recaudadores de dinero. Y no hablo solo de la FIFA, también del organismo olímpico.
Así que, por mi parte, habiendo pasado lo que sucedió anteayer y pase lo que pase en el futuro, un gran aplauso para Montse Tomás y para la mayoría de las plantillas del mundial y de la olimpiada. Algún run, run queda por parte de poquísimas jugadoras, pero, al final, triunfará en el futbol femenino lo que sucede en el masculino: que los jugadores, todos, agradecen ser convocados y forman piña sintiéndose miembros de un colectivo con objetivos muy claros y libres de interferencias exteriores o caudillismos interiores.
Porque en la selección masculina actual, manda el seleccionador y los capitanes del equipo. Y punto en boca.
Espero un poco de comprensión para estas jugadoras que, tras los sucesivos esfuerzos tendrán que reincorporarse, casi de inmediato, a sus clubs ya sus ligas exigentes.
Y, por favor, repito que es urgente y necesario que alguien ponga fin a este despropósito que ha cambiado un deporte tan aceptado por la población de todos los países, en una máquina de hacer dinero y de quemar a los verdaderos protagonistas.
Suerte para el próximo partido y un “telebeso” sincero para la seleccionadora, para el equipo técnico y para todas las jugadoras. Se lo merecen
Valencia, 7 de agosto d 2024
José Luis Martínez Ángel