Hubo un tiempo en el que en España proliferaban las guerras intestinas por poderes y sucesiones y también crecieron los conflictos entre reinos a tal nivel que se acabó llamando Castilla al antiguo reino de León porque necesitó construir castillos para guardar sus fronteras.
Pero no solo allí, porque en otros lugares y también por las tierras de Levante y muy especialmente en las que transcurren entre Bocairent y Villena, se establecieron límites entre Castilla y Aragón con una línea de castillos que avanza por Banyeres, Benejama, Biar y Campo de Mirra.
Y fue precisamente allí, en un lugar junto al actual Campo de Mirra, donde, en este mismo més de marzo de 1244, se firmó un pacto de paz, <<el tratado de Almizra>>, entre Jaime I de Aragón y el infante Alfonso de Castilla, futuro rey Alfonso X el Sabio, en el que también se pactaron las zonas de expansión de ambos reinos.
Era la Edad Media con sus egoísmos, las ansias de poder de los monarcas y la brutalidad con la que se despreciaba los intereses de los ciudadanos, entonces súbditos, de las tierras españolas.
Pues bien, en este mismo mes, pero en el Siglo XXI, se repita la historia y casi en las mismas circunstancias de soberbia y desprecio a los <<inferiores>>, parece que Putin y Trump han firmado otro pacto, no sé si el de Arabia Saudí, o de otro lugar secreto, por el que se reparten, no ya pedazos de naciones, sino casi continentes enteros. Y posiblemente el espacio exterior.
Porque viendo las noticias de hoy mismo, está claro que Trump ve con buenos ojos la posibilidad de una derrota sin condiciones de Ucrania, la invadida por Rusia, poniéndola en manos de Putin, no sin antes cobrarse hasta el último dólar de las ayudas prestadas a la nación arrasada, en forma de tierras raras y no sabemos que más botines de guerra (el <<oro de Moscú>> de nuestra guerra civil), con un posible desmantelamiento de la OTAN para dejar camino libre al expansionismo ruso, mientras que Putin no hace ascos a que los Estados Unidos invadan Groenlandia (¿cómo va a defender Europa a Dinamarca sin el apoyo de la Alianza Atlántica y contra la invasión de los propios Estados Unidos?) ni a las amenazas del gran dictador americano sobre Canadá, Panamá y otros territorios, los que se le antoje, del resto del mundo occidental.
Y en medio de todo este desastre, la mitad de los españoles seguimos discutiendo rearme sí, rearme no, priorizando la reserva de vacaciones y los tardeos, mientras la otra mitad sigue ingeniándoselas para sobrevivir.
Ayer, en unas entrevistas de calle televisadas por una emisora privada, una parte, minoritaria pero significativa, opinaba que esto nos pillaba muy lejos y hubo quien dijo literalmente que no había ninguna prisa, que no teníamos que agobiarnos ni recortar nada porque si llegaba el momento de un conflicto bélico, <<ya haríamos algo>>
Los poderosos se reparten otra vez y a su antojo el mundo conocido, mientras los ahora ciudadanos decidimos que canción mandaremos a Eurovisión.
Y ante tanta ignorancia de la realidad de nuestra ciudadanía, casi me estoy temiendo que <<nos están dando algo>> en el agua potable, o como sea, para atrofiarnos el cerebro.
Valencia, 28 de marzo de 2025
Luis Martínez Ángel.