Quien se haya interesado algo por la historia de Grecia sabe que fue en Atenas, ciudad-Estado, donde se estableció la primera piedra de lo que llamamos democracia, que, si bien no era universal como ahora, porque solo afectaba a parte de la población, la mayoría, se basaba en un perfecto equilibrio entre deberes y obligaciones, y se protegía con toda una serie de normas que se cumplían a rajatabla, porque también eran muy severas las sanciones a los que se las saltaban.
A diferencia de Esparta, donde se construyó una sociedad piramidal en la que una casta dominante, los <<aristoi>>, <<los mejores>> en términos de nacimiento, rango y nobleza, eran los que dictaban leyes y controlaban la ciudad.
Pero como la raza humana nunca aprende de sus errores, cuando se restauró la democracia como forma de gobierno en muchos lugares del mundo, sus padres refundadores, hombres y mujeres de buena voluntad, no tuvieron la precaución de cerrar cuidadosamente las posibles grietas por las que se colarían, se han colado, todo tipo de indeseables poderosos que, con el pretexto de trabajar para el pueblo, se han aferrado a sus sillones, enriquecido en lo personal y sojuzgado a los pobres inocentes que los votaron.
Y no doy nombres porque son legión
Pero hay una élite especialmente peligrosa, muy dañina, que es la de los malditos tiburones que no necesitan enriquecerse porque ya son los más ricos e influentes de cada nación, que han ocupado puestos de poder en elecciones democráticas o que manejan desde la sombra a los que gobiernan, porque es a ellos a los que deben poder gobernar.
Y, aceptando como axioma lo que parecía evidente por sus efectos, la llegada de Trump al poder ha evidenciado sin ningún género de dudas, que todo lo que suponíamos es una realidad incuestionable.
Tiburones que nadan en manadas de iguales intereses, como son la corte de honor de Trump, dueños y señores de las mayores fortunas del mundo y de un poder real que les confiere el ser los dueños de las mayores empresas de tecnología digital, pero que no tienen inconveniente en aliarse temporalmente con tiburones de otras manadas, el caso de Trump con Putin, porque saben que cuantas más presas acorralen, mayor será el festín general y que siempre tendrán tiempo de morderse entre ellos si llegara el caso.
Porque los tiburones, todos, se disfracen de lo que se disfracen no tienen más ideología que el poder o el ser más ricos que lo eran el día anterior.
Y ahora, sin ninguna duda, las presas son Europa y Ucrania para los dos, Canadá, Franja de Gaza, Panamá y Groenlandia para Trump y no sabemos cuántas más para cada uno del resto de la manada.
¿Qué con ello se resquebrajan fronteras? De eso se trata precisamente. ¿Qué van a debilitar al mundo? No a su mundo de egoísmo y maldades. ¿Qué van a tener que escarbar entre cadáveres y generar muchos más? Casi mejor. Serán cadáveres de intocables, de los que molestan y siempre podrán hacer negocio creando grandes funerarias o cámaras de gas para quemarlos.
Todo lo cual crea una serie de dudas y temores a los muy timoratos, a los absurdos miembros de la Comunidad Europea, que hemos consentido que este ente y cada una de las 27 naciones que la componen se hayan dedicado a la mollicie y al bienestar, sin esfuerzo, mientras Rusia, China, puede que La India y, por supuesto Estados Unidos, se han hecho fuertes y pueden mandarnos al cubo de la basura de la influencia internacional.
Porque, ahora mismo, somo poco más que nada.
Y así hay que agachar las orejas cuando un impresentable, el tal Vance, nos dice lo que tenemos que hacer y nos acusa de no tener libertad de expresión porque, a diferencia de lo que admiten los dueños de las grandes redes de comunicación, nos parece un delito decir que hay que quemar a todos los homosexuales, por ejemplo.
Así que, amigos, ni conocemos el destino final de la OTAN ni tampoco quienes son nuestros amigos y nuestros enemigos.
Lo que es seguro es que llegan tiempos de un empobrecimiento generalizado porque habrá que ampliar los gastos militares y pagar aranceles.
Y que habrá que rezar para que el Gran Dictador, ¡Charles Chaplin fue un visionario! no decida que Ceuta y Melilla son marroquíes, pongo por caso.
Escrito de corrido en Valencia, el 22 de febrero del muy amenazador año 2025
José Luis Martínez Ángel