Este domingo parece posible, yo no me lo acabo de creer, la caída de un régimen corrupto, criminal, que ha provocado una huida masiva de sus ciudadanos y que campa por sus respetos sobre vidas y haciendas del país, al que ha llevado casi a la miseria.
Encabezado, al menos en las formas, por Maduro, un espécimen político al que hablan los pajaritos, puesto a conveniencia de militares y narcotraficantes, comunista declarado que ha amenazado con un baño de sangre en su país si no gana las elecciones.
Unas elecciones en las que ha inhabilitado por quince años a la cabeza visible de la oposición, la valiente Maria Corina, que no puede figurar en las listas, pero que acompaña en la campaña a Edmundo González Urrutia, al que ha cedido la candidatura a la presidencia.
Unas elecciones en las que no podrán votar los muchos millones de venezolanos residentes en tantos países del mundo y en el que no se ha permitido la libre presencia de observadores de otras naciones.
Pero, cómo no, allí estará, protagonista como siempre, el gran demócrata español, el expresidente Zapatero, valedor de miserables, gran aconsejador en nuestras campañas electorales y supuesto inspirador de la política de Pedro Sánchez.
Digo “supuesto” porque siempre he pensado que nuestro presidente le utiliza, como hace con todos sus colaboradores, porque Zapatero mantiene “caliente” a esa parte del electorado que traga con todo lo que le echen, por mucho que lo que propugna se contradice con lo que está pasando en el mundo.
Representante español en el Grupo Puebla, un supuesto “espacio de reflexión e intercambio político, que trabaja por el desarrollo integral de los pueblos latinoamericanos” controlado por dirigentes de naciones a las que han llevado a la ruina y con integrantes de tanta solvencia y solidez política, como nuestras españolas Yolanda Díaz e Irene Montero.
Por mis actividades sociales yo tengo contacto con muchos venezolanos, como también con los de otras naciones de centro y Sudamérica. Nunca les he preguntado por su ideología política, pero todos ellos lamentan haberse visto obligados a dejar su tierra, la de sus raíces y en la que siguen residiendo muchos de sus familiares y amigos.
Y, prácticamente todos, sueñan con el día en el que podrán volver poque su nación ha recuperado un mínimo de normalidad social.
Que así sea.
Valencia, 26 de julio de 2024
José Luis Martínez Ángel