El buen juicio de los votantes de Castilla y León.

Se ha celebrado las elecciones en Castilla-León y los votantes de esas tierras de dispersión, pan y vino, han demostrado saber lo que se jugaban. Y lo han hecho con un mensaje claro y aceptando algunas responsabilidades.

La primera, renovar la confianza a un gobernante conocido, pese a que gobernar siempre <<quema>>, porque el que lo hace tiene que tomar decisiones no siempre cómodas para sus propios votantes.

La segunda es decirle a VOX que ya está bien de chulear por la política manteniendo esa postura egoísta de ser la eterna oposición del PP, también del PSOE, sin mancharse los pies en el barro de los pactos de legislatura o formando parte de gobiernos autonómicos.

Y la tercera es sacar de su parlamento a los partidos que están a la izquierda de la izquierda, con sus egoísmos, cambios de nombres y falta del más mínimo fundamento en estos días del siglo XXI.

Los que todavía creen que la izquierda extrema resurgirá si se unen los Podemos, Sumar, los de Rufián y toda esa caterva de siglas que, en el fondo, tiene algo en común: estar totalmente desfasados e incapacitados para ofrecer algo viable que garantice el bienestar de los españoles.

Los aplaudidos por los << Barden>> de turno, viejunos y casposos, que, en este caso, aprovecha la gala de los Oscar para ejercer su papel de comunista millonario, luciendo pegatinas de lo que sea.

Gente de fachada, como los antiguos de <<la ceja>>, especie casi en extinción, que viven su fama, su posición social y su falta de problemas reales desde sus escenarios, sus platós, o cobrando subvenciones inmerecidas. Eso sí, presumiendo de su democracia, la progresista, la buena, mientras levantan barreras entre españoles.

Los <<firma manifiestos>> pomposos y casi obscenos por la falta de compromiso real de los firmantes, bien vestidos, bien comidos y, en más de un caso, bien apoyados por este gobierno que nos desgobierna.

O como nuestra flamante vicepresidenta, la de los éxitos que se estudian en todas las universidades del mundo, alcanzando el culmen de su carrera política acudiendo a la fiesta más cutre del mundo, los Oscar, siendo como es ministra del gobierno de España y comunista de nombre, que no de áticos oficiales y viajes de lujo en primera clase.

La que pone a parir a los empresarios españoles o trata de torpedear el mundo que crea empleo proponiendo que <<sus sindicalistas>> ocupen puestos en los consejos de administración sin tener más bagaje que haber portado pancartas cuando el calendario de la izquierda lo requería.

La siempre acompañada por ese dúo de pseudo sindicalistas de tarjeta de visita, que no de resultados reales y presume de logros que no ha conseguido.

La que va a Hollywood con la coartada de que lo hace para apoyar a una película española y no a lucir palmito y buscar protagonismo mientras sus correligionarios se dejaban las últimas plumas en unas elecciones autonómicas. La que ha conseguido y debemos alegrarnos, que Podemos primero y Sumar después, desaparezcan de las zonas de influencia social y política española. Alegrarme, corrijo, porque defienden valores trasnochados que, en mi opinión y después de vivir muchos años, creo que no tiene cabida en el mundo actual y que no pueden tener arraigo sin exclusiones y crispación.

En fin. Contento porque se ha parado a VOX, no en favor del PP, sino de la democracia.

Y porque el PP, un gran mérito, siga siendo el único partido de centro derecha de Europa que está frenando a la extrema derecha.

Pero triste, repito, por el espectáculo que están dando esos progres ricos que continúan firmando manifiesto y llevando pegatinas en las solapas, tan necias como fuera de lugar.

Porque <<no a la guerra>>, claro que sí, todos lo firmaríamos. Pero espero que ese diálogo interminable que reclama la izquierda con los monstruos poderosos que controlan y destrozan al mundo, lo mantengan ellos mismos, bajando de sus carrozas mediáticas y vayan a Irán, China, Rusia o Estados Unidos a convencerlos de que dejen de armar terroristas, expandirse impunemente violando fronteras, leyes internacionales y derechos de sus ciudadanos.

O apresarlos y matarlos.

Los animo a que vayan en la seguridad de que ellos, los que parecen ser los únicos que odian la guerra, saben cómo evitarla.

<<Vivan las cadenas>> gritaban los absolutistas del siglo XIX. <<Vivan las barreras>>, gritan los absolutistas de signo contrario de nuestros tiempos. Los que quieren que el gobierno esté por encima de la corona, de la Constitución y de las instituciones.

Y los castellanoleoneses han sabido lanzar un grito más actual y refrescante: <<viva la democracia real>>

 Valencia, 17 de marzo de 2026

José Luis Martínez Ángel