Si alguien tenía dudas de que Pedro Sánchez permanecerá en el gobierno por los siglos de los siglos políticos, a no ser que le afecte alguno de los problemas legales relacionados con su entorno, solo tiene que comprobar lo que ocurrió ayer con la aparición de Puigdemont en el centro de Barcelona.
Aparición pactada, sin ninguna duda, entre Junts y el gobierno, con la colaboración necesaria del gobierno de la Generalitat, porque era imprescindible para salvar la ropa del presidente, gran especialista en poner una vela a Dios y otra al diablo, después de su acuerdo con ERC para hacer ministro a Illa.
Porque este acuerdo necesitaba un desagravio rotundo y visible a Junts en forma de humillación pública del Estado español, conseguido con estos minutos de gloria de Puigdemont y asegurar así el apoyo eterno de esta formación, por mucho que le saquen los colores un día sí y otro también en el Parlamento español.
Porque el que le pongan a parir no es algo que le quite el sueño a Pedro Sánchez, acostumbrado a escuchar de todo y de todos, sin más efecto real que algún que otro apretón de mandíbula.
Así que sería bueno para el PP que dejara de perder el tiempo pidiendo la dimisión de Pedro Sánchez, porque cada vez que lo escucha le da la risa, y dedicarse a potenciar su oferta para las próximas elecciones generales, se produzcan cuando se produzcan. Porque, mientras VOX mantenga las ideas que tiene y haga las tonterías que hace, o consigue la mayoría en solitario, o está condenado a perpetuarse en la oposición.
Y todo ello para descrédito nacional e internacional de las Fuerzas de Seguridad del Estado, víctimas colaterales necesarias en el cambalache, y del Tribunal Supremo, que queda desautorizado para mantener ninguna euroorden para detener al protagonista de la historia, porque los gobiernos europeos nos preguntarán, con toda la razón, porque pedimos que hagan ellos lo que no hizo el gobierno de España, sabiendo como sabían donde y a que hora aparecía en cuerpo presente el ex “molt honorable”, muy venido a menos, pero todavía peso pesado en la política española.
Imagino el cabreo del CNI, al que prohibieron investigar nada relacionado con los independentistas, de los mandos de las Fuerzas de Orden, de todas, y de cualquier persona u organismo relacionado con la seguridad del Estado.
Pero estamos en una nación democrática y el que los componentes de estos cuerpos se vean obligados a tragarse el sapo que les ofrecieron ayer, es la prueba del algodón de que esto, que somos una democracia, es un hecho incuestionable.
En cuanto a los muy locuaces miembros del gobierno y sus acólitos más directos para denunciar cosas de la oposición, ciertas o inventadas, espero que les pase pronto la afonía repentina que están sufriendo, la misma que les impide condenar lo que está ocurriendo en Venezuela, cuando tanto han “largado” sobre Argentina, nación hermana donde no han asesinado a nadie ni metido en la cárcel a la oposición, por muy impresentable que sea su presidente.
Vivir para ver y para oír, o no oír, según convenga.
Valencia, 9 de agosto de 2024
José Luis Martínez Ángel