Ana Belén excelente cantante, especialmente por su sensibilidad, intérprete aceptable y, seguro, buena gente.

Pero la ideología es la ideología y la pasión es la pasión, factores que nublan la inteligencia del más pintado. Ocurre con la política y ocurre con el futbol, donde un obispo puede ponerse en pie y llamar cabrón al árbitro que había pitado una falta muy dudosa contra el Valencia, yo lo he visto hace muchos años, o una persona inteligente y con formación puede decir las cosas que vemos o escuchamos cada día en televisión o en las tertulias radiofónicas.

Y así, cuando Évole le sacó la muleta “antiayuso”, entró como un Miura comparando la libertad proclamada en los derechos del hombre con el tomarse unas cañas.

Y en el colmo del cabreo ideológico, hizo la gran repregunta: «¿¡El comunismo aquí en España a ti te ha hecho algo malo!?».

Pregunta que tiene una contestación muy sencilla: No.

Entre otras cosas, supongo, porque no ha tenido la oportunidad, ya que nunca consiguió el poder. Y porque nuestros comunistas, lo que nos ha llegado aquí, ha sido un Eurocomunismo edulcorado que nunca llegará a mayores por mucho que lo intente nuestra Yolanda Díaz, porque en una sociedad democrática como la nuestra, el comunismo, como VOX, son ideologías legales en sí, pero solo actúan como refugio de nostálgicos de uno u otro signo que nunca alcanzarán el poder.

Pero, querida amiga, la historia es la historia y no hay una sola nación en el mundo en la que, gobernando el comunismo, los ciudadanos no hayan sufrido purgas y represalias que han costado la vida a muchos millones de ciudadanos. Ni uno.

Y si hablamos de libertades públicas, ni la de tomarse una cerveza en la terraza de un bar.

Y, aún hoy, en la Rusia de Putin, oficialmente democrática, pero con muchos “tics” del antiguo comunismo, sus detractores, sus enemigos políticos, se caen accidentalmente desde balcones y ventanas o se envenenan con venenos sofisticados que no se encuentran en el chino de la esquina.

También en España tenemos memoria relativamente reciente, ahora medio enterrada, de hechos cometidos por los comunistas durante nuestra maldita guerra civil, porque eran los más represores del bando republicano. Los que dirigían checas, como nuestro blanqueado Santiago Carrillo, o sacaban de sus casas a ciudadanos para asesinarlos en alguna cuneta.

Que también los había en el otro bando, claro que sí y ya lo sé, pero ahora hablamos de actos realizados por comunistas con nombres y apellidos.

Si bien es de justicia aclarar que nuestros comunistas de la transición, los modelo Marcelino Camacho, eran auténticos idealistas incapaces de matar una mosca, que entendieron que había que poner pie en pared con el pasado y abrirse a nuevos horizontes.

Así que, amiga mía, si España fuera comunista es muy posible que usted viviera bien, no estoy seguro porque se rebelaría contra injusticias manifiestas, pero tenga la seguridad de que yo no.

No sé qué habría sido de mí, pero nada bueno, seguro. Al menos en cuanto a poder opinar con la libertad con que lo hago ahora sin temor a represalias.

Valencia, 7 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel