En otro día asentía – disentía con un amigo sobre la conveniencia de conocer la historia, pero no por los motivos que él defendía: aprender de los errores cometidos para no repetirlos.
Porque, nunca, jamás, ningún poderoso de los que manejan el rumbo de la humanidad aprendió de sus antepasados poderosos para no repetir errores, si no era para ver en que se equivocaron los antiguos poderosos para decaer y dejar de ser poderosos, o para no ser más poderosos de lo que fueron.
Jamás.
Comenzando porque la historia real y la escrita o relatada tiene muy poco parecido con lo que sucedió realmente. Yo defiendo que la única verdad es la de tu propia existencia. La que tú has vivido, que podemos llamarla así, o mejor <<experiencia vivida>>.
Y podrás comprobar que tu propia experiencia no coincide en la mayoría de los casos con lo que narran los que dicen que ha pasado mientras tú has vivido. Porque no cuentan lo que pasó, sino lo que querrían que hubiera pasado.
¿Aprender del pasado? A los judíos los masacraron los nazis de Alemania y ahora, el presidente de Israel, Benjamín Netanyahu, está masacrando de forma inmisericorde a los Palestinos, hasta el punto de que pretende un exterminio por fuego o por hambre.
¿Aprender del pasado? La gran mayoría de los comunistas de hoy siguen diciendo que lo que hizo Mao, o Stalin, o Lenin, incluidos los millones de muertos que provocaron, fue bueno para el pueblo y quisieran que se repitiera. No las muertes, claro está, pero si los hechos que las provocaron y que, lamentablemente siguen siendo las mismas, aunque no lo vean: <<políticas represivas, hambrunas causadas por la mala gestión económica y conflictos civiles, todo exacerbado por la falta de libertades individuales y la concentración del poder>>
¿Aprender del pasado? No veo que la gente asociada ideológicamente a los que mataron en el País Vasco en Francia o en el resto de España hayan aprendido nada, excepto a ser más cínicos. No matan, sí, pero siguen protegiendo a los que mataron.
¿Aprender del pasado? ¿Lo ha hecho la extrema derecha, o la extrema izquierda europea? ¿O los republicanos españoles después del gran desastre de la Primera República, o de los errores de la segunda?
Sin ser pesimista, que no lo soy en absoluto, la única historia en la que creo es en mi propia experiencia, lo que conocí en la Dictadura, en la transición y en la democracia española.
Las venturas y desventuras de las naciones europeas, con primeros ministros asesinados incluido, o la estupidez de una Comunidad Europea que, llegado a cierto nivel de bienestar, nos creímos el ombligo del mundo y ejemplo para la humanidad, comprando productos en lugar de fabricarlos o importando alimentos y materias primas en lugar de cultivarlos o buscarlas en nuestras naciones.
Y que parece que está reaccionando gracias a la amenaza real provocado por dos personajes que, junto a Xi Jinping, pretenden ser los más poderosos del mundo, Putin y Trump, cada uno a su manera.
Y así todo. Lo digo desde mi afición a la historia de España, tan interesante y tan falseadas. Porque gran parte de lo escrito ha sido de mano de los escribanos empleados de los poderosos de todos los tiempos y no son más que guiones escritos a honra y gloria de sus señores.
Y es por eso por lo que yo solo creo en mi experiencia y en mi mundo real, en el que puedo confiar, que es en el de mi entorno conocido, el de mi familia, mis amigos, los que fueron compañeros de trabajo o comparten conmigo tareas y actividades de ayuda y solidaridad a terceros. Porque mis historias las suyas, convergen, o han convergido, en muchas ocasiones.
Lo que yo llamo <<mi tribu>>, mi gente conocida, de la que no soy cabeza ni cola, solo miembro.
También conozco a personas que no son de mi tribu que sí que han aprendido de sus errores y han procurado no repetirlos, algunos en el mundo de la empresa y, más frecuentemente, en las relaciones de pareja, incluidos los separados y vueltos a emparejar buscando una segunda oportunidad.
Sigan los demás, románticos o mentirosos, diciendo que hay que conocer la historia para no repetirla. Yo seguiré con mis realidades. Esas que pretendo transmitir con muy pocas esperanzas de que alguien las valore.
Porque la mayoría de mis lectores pensarán que lo que cuento es falso o amañado, como me ocurre a mí con los supuestos historiadores.
Algunos quedan de mucha confianza, los que se queman las pestañas buscando fuentes y contrastan hechos y opiniones, pero es una especie a extinguir, porque lo cómodo es buscar en Google o escuchar al primer tertuliano sabelotodo que se cruce en su camino.
Leer libros gordos de historia con olor a tinta puede que sea tóxico y produzca dolor de cabeza, pero es ahí donde comprobarán lo que digo en el encabezamiento: que tratar de convencer a cada generación de que algún poderoso aprendió para no repetir errores es pura ficción. A no ser corregir errores que les impidan ser poderosos hoy, el 27 de julio de 2025
José Luis Martínez Ángel
P.D:
Repito: no se fíen ni de mí porque, aunque diga que trato de ser sincero, es posible que esté confundido o intente darles gato por liebre.