El ministro Óscar Puente y la Calidad Total.

Ayer escuché buena parte de la declaración del ministro Óscar Puente y, viniendo de un entorno empresarial en el que la calidad total y los procesos de trabajo regulaban el día a día de la actividad, algunas de sus afirmaciones contradecían lo que yo y todos mis compañeros en la empresa en la que trabajaba, entendemos como procesos y Calidad Total.

Mi primera impresión y como ocurrió en el caso del apagón, es que su intervención se centró mucho más en lo que Adif había <<hecho bien>> que en el problema en sí, provocado por lo que <<no había hecho>>, construyendo un relato caramente exculpatorio para su persona y su ministerio.

Vano empeño porque la investigación dirá lo que tiene que decir y eso será la verdad de lo ocurrido.

Y también habló de casualidades y fatalidades, definiendo como fatalidad, por ejemplo, que el tren Ave chocara con los últimos vagones del Iryo. Fatalidad, señor ministro, es que un meteorito caiga sobre un tren, pero lo ocurrido en Adamuz, a lo que parece, es por una rotura en la vía y eso, evidentemente, no es una fatalidad, sino la consecuencia de un fallo mecánico del rail, por razones ahora desconocidas.

Y eso, la rotura de un rail, es la causa raíz del problema y lo que hay que averiguar para saber si es debilidad del material, un cálculo erróneo del sufrimiento provocado por el aumento del tráfico rodado, un desnivel del balasto que soporta los rieles y/o falta de calidad en los controles rutinarios que, según dijo, se hacen en tiempo y forma.

Lo demás, incluido el terrible accidente que ha provocado muerte y sufrimiento en tantas familias, solo son las consecuencias.

Dice una leyenda que <<Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo se perdió un jinete, por un jinete se perdió la batalla y por la batalla se perdió el reino>>. Probablemente es falso, una parábola, pero es una forma de explicar la importancia de cuidar los pequeños detalles para evitar males mayores en términos entendibles por la gente normal. 

Un proceso, y los controles preventivos de la red ferroviaria forman parte de un proceso, solo tiene una salida posible y es garantizar el éxito de la tarea propuesta. Y, para lograrlo, los procesos deben ser algo vivo y modificable según varían las condiciones laborales o de mercado.

Y parte de sus modificaciones, siempre importantes, se realizan por sugerencia de los empleados responsables de cumplirlos, que son los que mejor conocen la forma de mejorarlos. Hay otra parte impuesta por el entorno o el mercado, claro que sí, pero la mezcla de ambos <<informadores>> es lo que diferencia un proceso eficaz de otro rutinario y puramente protocolario.

Y me temo que eso es lo que les ocurre en Adif y en el propio ministerio: que repiten una y otra vez los mismos pasos, sin asomarse al mercado o buscar referentes en otros países del mundo más adelantados que nosotros en la alta velocidad, como puede ser China o Japón.

Lo que, en términos de calidad, se llama <<benchmarking >> que es, como digo <<el proceso de gestión que consiste en comparar sistemáticamente los productos, servicios, procesos o estrategias de una empresa con los de organizaciones líderes o referentes en su sector para identificar las mejores prácticas, analizar por qué funcionan y aplicarlas para mejorar el propio rendimiento, eficiencia y competitividad>>

El ministro dijo que incluso <<se había hecho más controles de los previstos>>, lo que supone una aberración en el mundo de la calidad total en el que es mandatorio hacer lo que se debe hacer, ni más, porque puede encarecer innecesariamente el proceso, ni menos, porque pone en peligro el éxito del propio proceso.

En fin, como ejemplo entendible comentaré dos procesos que pongo en mi libro sobre Calidad Total, del que no doy el nombre para que no parezca que este comentario para promocionarlo

El primero, para empezar a hablar de procesos, es uno muy elemental: <<tengo sed, bebo agua, ya no tengo sed, fin del proceso>>, pero es un hecho que con la edad se pierde la sensación de sed, por lo que este proceso hay que mejorarlo para que los que hemos cumplido años no muramos deshidratados.

Añadiríamos: <<tengo sed, bebo agua o han pasado dos horas desde que bebí, ya no tengo sed, fin del proceso>>

Esto es un ejemplo muy burdo del enriquecimiento de un proceso, que no acaba aquí, porque debemos considerar si la sed se sacia solo con agua o hay otros líquidos que también deshidratan y así se buscan otras mejoras hasta hacer que un proceso que empezó con tres líneas, acabe teniendo diez, pero cubre todas las alternativas.

Y luego, cuando se tienen procesos bien cerrados, se puede aplicar las campañas de <<Cero Defectos>>, de las que no voy a hablar ahora porque no viene a cuento.

Y, por fin y muy de pasada, esa desgracia también ha puesto en evidencia la malísima localización de los trenes, basada únicamente en si ocupan o no determinados sectores de las vías, cuando existen sistemas de localización sumamente precisos en el teléfono más elemental y avisos automáticos a la DGT en muchos coches si se produce un accidente con incapacitación de los tripulantes. Y también en las comunicaciones entre el centro de circulación de Adif y los trenes, basada en algún momento en el móvil de un empleado,

En definitiva. Desde mi doble condición de ser descendiente y haberme educado en un mundo de ferroviarios por parte de madre, yo nací en una estación de RENFE y de haber trabajado, como mis antiguos compañeros, en una multinacional que creía en la Calidad Total, no llamaré asesino al ministro, porque no lo es, pero si responsable de una gestión inadecuada que, lamentablemente, ha ocasionado muchos muertos.

Valencia, 24 de enero de 2026

José Luis Martínez Ángel.