Sánchez manifestó ayer su impaciencia para que llegara el domingo y derrotar a Feijóo. No con estas palabras, pero más o menos. Y eso es parte aceptable de una campaña electoral para la Comunidad Europea, en la que no se ha hablado prácticamente nada de la Comunidad Europea.
No se ha dicho que el futuro de España, su prosperidad, depende en un altísimo porcentaje de la Comunidad, porque es la que en este momento está fijando la política monetaria de todos sus estados miembros y las de medio ambiente, agricultura, pesca y otras que son fundamentales para el desarrollo español, entre las que está fijar un marco jurídico mínimo, imprescindible, para todos los europeos.
Y sin embargo parece que nadie está interesado en hacer ver que una altísima abstención, como la que es habitual en estas elecciones, es un auténtico suicidio a medio plazo.
Campaña que, para colmo del cinismo y de la tergiversación de valores, ha acabado planteándose como un plebiscito sobre la figura de Begoña Gómez, como si fuera ella la piedra angular de España, de nuestro futuro y de nuestro bienestar.
“Free Bego”, decían las pulseras que se ofrecían como “merchandising” en los mítines, como si la libertad de esta nueva Eva Perón, Evita para los argentinos y los íntimos, la potestad de hacer cuanto quiera, fuera un derecho adquirido cuando compraron el nuevo colchón para su cama en la Moncloa.
¿Libertada para qué? Porque la pareja del presidente es tan libre como yo para opinar, manifestarse, reunirse o ejercer cualquiera de las libertades garantizadas por la Constitución. Y que, estando investigada, sigue siendo tan libre como yo y está amparada por una legislación ejemplar para su situación actual como es la nuestra.
Yo creo que el diseñador de la pulsera no estaba muy ducho en el idioma inglés y equivocó el lema que le pedía ese grupo de poder que, como suelo decir, utiliza las siglas del PSOE como coartada. Porque en realidad, el mensaje que quiere transmitir los ideólogos de la campaña es “Impunity Bego”, impunidad para hacer lo que quiera con su vida y sus manejos profesionales, que para eso es la esposa de Pedro Sánchez, el todopoderoso.
Una especie de Carmen Polo de Franco que, según la leyenda de la época, aterrorizaba a los propietarios de las joyerías cuando la veían entrar porque era norma no escrita que no le pasaran las facturas de lo comprado. Eran “regalos voluntarios”, se decía.
Seguramente son habladurías, como también puede que lo sean las supuestas andanzas irregulares de “la presidenta”, título otorgado por el muy clarividente Patxi López, no sé si delictivas porque eso lo tiene que decidir un juez, pero sí confusas.
Porque “algo tendrá el agua cuando la bendicen” sabiendo que la Politécnica está investigando si es cierto que Begoña Gómez ha registrado como suyo un software propiedad de la universidad y que han anunciado que su famosa cátedra no se renovará el próximo curso.
Y ayer, en el colmo de la desfachatez y del “todo vale porque podemos hacerlo”, Francina Armengol, la presidenta del Congreso, la que actúa como delegada del gobierno en el parlamento, se atrevió a pedir el voto para el PSOE, llamémosle así, durante su intervención en la comisión de investigación a la que había sido citada.
Supongo que este vídeo le parecerá bien a muchos ciudadanos y avergonzará a otros, como me avergüenza a mí. Pero lo reproduzco porque, al verlo, todos, absolutamente todos, recapacitemos sobre lo que está pasando y si este es el estado que queremos y que construimos, con muchísima ilusión, en 1975.
Voten a quien quieran, pero vayan a votar, que nos va mucho en ello,
https://youtu.be/2rK35HPuMU4
Valencia, 8 de junio de 2024
José Luis Martínez Ángel