Otra vez, el aldabonazo moral del 11M

Mañana, 11M, es uno de esos días contradictorios. De olvidar, pero también para recordar, porque se cometió el atentado más sangriento de nuestra historia reciente y del que, desde nuestra perspectiva actual, podemos sacar muchas conclusiones, unas positivas y otras negativas.

Y en el que participaron activamente tres colectivos:

Los culpables, terroristas yihadistas que asesinaron a sangre fría a 191 viajeros de los trenes e hirieron a un mínimo de 1.857. No hay idea política, ni religión, ni ningún tipo de interés que pueda justificar una sola muerte, mucho menos cuando se trata de una barbarie de estas dimensiones. Proclaman los musulmanes que Alá es Grande, “Allahu Akbar”, dicen, y no se lo cuestiono, pero, por supuesto, no lo es por cosas como esta. 

Como tampoco nuestro Dios lo es por los abusos o asesinatos que cometieron hace siglos fanáticos de nuestra religión.

Las víctimas: muertos, heridos y familiares de los afectados, que sufrieron en sus carnes o en sus mentes los efectos de la salvajada. Muchos murieron, otros quedaron mutilados y todos sus familiares, todos, se vieron afectados por las pérdidas de sus seres queridos.

Los héroes, bomberos, fuerzas de seguridad, sanitarios, autoridades municipales y los miles de madrileños que se apresuraron a atender como pudieron y supieron a los que estaban necesitados de ayuda. Ciudadanos anónimos que volverían a sus casas agotados, con la ropa ensangrentada y sin entender lo que había sucedido y de donde habían sacado las fuerzas para ayudar a los que pudieron.

Y, al final, la basura. Los representantes de partidos políticos, unos más que otros, pero todos, que se apresuraron a sacar un beneficio político de la desgracia. Que lo hicieron entonces y lo siguen haciendo hoy mismo.

Basura que restó protagonismo a las víctimas, que difuminó la responsabilidad de los asesinos y que empañó el enorme esfuerzo cívico de los que atendieron a los afectados.

No deseo el mal a nadie, pero si se pudiera producir el milagro de que todos los políticos mendaces sufrieran una afonía aguda cuando tratan de engañarnos o sacar provecho de desgracias ajenas, seguro que nosotros, los ciudadanos normales, nos sonreiríamos más unos a otros y podríamos utilizar mejor nuestro tiempo hablando de nuestras zonas comunes en lugar de perderlo discutiendo en maldita sea la hora, quien de ellos tiene más o menos razón, porque, en el fondo, casi ninguno la tiene.

Políticos que han cambiado su responsabilidad de dejar la nación mejor que la encontraron y a los ciudadanos más protegidos de lo que estaban, por la tarea de seguir encuestas y estudiar proyecciones de votos, pasando de una vocación de servicio público a un oficio al que se aferran cueste lo que cueste. Como si les fuera la vida en ello.

Auténticos “chusqueros” de la política, pobladores de listas cerradas en elecciones generales.

Valencia, 10 de marzo de 2024

José Luis Martínez Ángel