La transparencia inocente de José Luis Martínez-Almeida

No tiene nada que ver que sea del PP, porque ejemplares como el del alcalde de Madrid puede que existan en otros partidos, pero el recién casado es uno de los que siempre ha estado en mi microscopio de observar a los políticos, porque esa imagen de “buen chico”, de empollón que difícilmente pierde las formas, que no cae mal a casi nadie, aunque su oposición se vea obligada a sacarle los colores de vez en cuando, que ha sabido consensuar temas con Ciudadanos y otras formaciones cuando ha sido menester, se escapa tanto del perfil del político  al uso, que siempre me ha quedado la duda de si es  lo que parece, o tiene el mejor equipo de asesores de la política española.

Pero José Luis se ha casado, y un acto como ese ha despejado todas mis dudas: Es lo que parece ser, sin imposturas.

Porque el buen alcalde ha llorado en su boda como yo lloré en la mía, ha estado nervioso como yo lo estuve y ha demostrado un afecto a su esposa sin reservas ni concesiones a las cámaras como yo demostré en las mismas circunstancias.

Y es lo que parece, un patoso empollón, sentimental y “buena gente”, porque no hay ningún otro político en España que se preste a hacer el ridículo como él lo hizo para manifestar su amor a su pareja, su agradecimiento a los madrileños curiosos que fueron a verlos entrar y salir de la iglesia y al pueblo de Madrid, marcándose ese chotis que pasará a la historia porque contravino todas las normas de lo que es un buen chotis, que todavía hubiera resultado menos costumbrista y disparatado si su pareja no le hubiera echado un capote digno de Curro Romero en una de sus tardes más inspiradas.

Capote que mereció todo mi reconocimiento a la persona que lo ejecutó, a la que no conocía de nada, que me emocionó porque evidenció una acertada mezcla de ternura y de oportunidad, como convenía al momento y a las circunstancias.

Así que, mi hasta ahora desconocida Teresa Urquijo, ha ganado un admirador y tengo la seguridad de que su matrimonio será próspero y feliz porque eso parece asegurar lo que he visto en los telediarios de estos días.

Gracias, entre otros detalles, a ese chotis que los castizos madrileños bailan en un ladrillo y que Pedro Sánchez y casi todos los demás hubieran bailado en medio.

Pero que requirió media calzada en el caso del poco dotado alcalde de la Villa. Alcalde que fue de improvisación en improvisación bajo la tierna mirada y la sonrisa enamorada de una mujer que, a lo que parece, ejercerá a las mil maravillas su papel de compañera, esposa, amante y paño de lágrimas de su marido. Y que, seguro, merecerá y encontrará la justa correspondencia en su bienintencionado José Luis.

Aunque, a lo visto, será poco de fiar a la hora de cambiar pañales cuando lleguen los niños.

Así que, mis felicitaciones más sinceras, mis mejores deseos de que la vida les depare grandes momentos juntos y mi aplauso como ciudadano a un político que ha practicado la transparencia emocional sin afeites ni imposturas y que ha sabido demostrar su mejor perfil humano, incluso a costa de hacer un aparente ridículo personal que, en el fondo, le dignifica y enaltece.

Una pareja que me devuelve parte de las esperanzas perdidas en los políticos en ejercicio.

Valencia, ocho de abril, de 2024

José Luis Martínez Ángel.