Rita Maestre, Àgueda Micó y las montañas de petardos.

El otro día leí que Rita Maestre, la portavoz de Más Madrid, dijo que la «mascletà» que se va a disparar en su ciudad es una «montaña de petardos» y una “lamentable idea», «intento absurdo de colocar la atención en ideas y en espectáculos que nadie había pedido en Madrid y que nadie ha echado de menos en Madrid» y a la que suponía serios peligros por la contaminación que produciría y por el riesgo físico a las edificaciones próximas a la zona de fuego.

Lo esperado, siendo quien es y que ideas tiene. Oponerse a todo lo que disponga la alcaldía de la ciudad, sin tener en cuenta otras consideraciones.

Razón por la que no hice ningún comentario sobre el hecho en sí, ni sobre la opinión de la política madrileña que, como dicen los niños “se me importa”

Pero el otro día me encuentro con la sorpresa de que “la portavoz de Compromís en el Congreso, Àgueda Micó, afirmó este martes que la “mascletá” que se celebrará en Madrid el 18 de febrero «solo sirve para quedar bien con el PP de Madrid» y pidió que la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, se centre en los «intereses de los ciudadanos«.

Y, claro, no puedo por menos que extrañarme de que una fuerza política valenciana, que debería defender las costumbres de nuestra región, se meta en camisa de once varas con un comentario que, como en el caso de Maestre, no tiene más objeto que atacar a su alcaldesa.

Y entristecerme porque la política haya llegado a un extremo tan lamentable, aunque parezca un tema menor.

A la señora Maestre le diría que tranquila, que los valencianos llevamos siglos jugando con la pólvora y que, desde hace bastantes años, las “mascletás” de Valencia, como las de otros lugares de la comunidad, se celebran en plazas o recintos cerrados sin que se caigan los edificios ni los vecinos tengan que huir despavoridos por el tremendo ruido del material pirotécnico.

Mas bien, todo lo contrario, suelen invitar a sus amigos o sacar algún rendimiento alquilando balcones a quien quiera sufrir más de cerca la “contaminación” de la pólvora quemada. Y que, de quejarse de algo, lo hacen de que la “mascletá” del día no haya sido “un poco más ruidosa”.

Pero ¿Qué le puedo decir a Àgueda Micó que ella no sepa? Quizás que el acto programado es un acercamiento entre comunidades, siempre deseable, y una oportunidad para abrir un nuevo mercado a la industria pirotécnica en la seguridad de que si se celebra se repetirá, claro que se repetirá.

Es posible que esta inteligente opinadora no haya asistido a ninguna mascletá porque mientras se disparaba estaba trabajando intensamente por los intereses de los valencianos, como ella recomienda a la alcaldesa, pero no me lo creo. Ni de coña.

Lamentar que, ¡maldita sea!, la política intente contaminar algo tan popular, tan del pueblo, como es una buena “mascletá”, a las que, posiblemente, tengamos que calificar como progresistas o de derechas según el ritmo y la intensidad.

¡Váyanse todos y todas a freír espárragos y dejen en paz tradiciones que no les pertenecen! Las fiestas populares, como los idiomas y tantas otras cosas, son propiedad exclusiva de la ciudadanía, de la gente normal, y no tienen ningún derecho a tratar de domesticarlas en su favor.

De potenciarlas, sí. De regular normas que ayuden a proteger a los participantes mientras se celebran, también. Pero “hacerlas suyas”, ni de lejos.

Y si la señora Maestre quiere localizar “montañas de petardos”, haría bien en fijarse en quien ocupa muchos de los sillones de los parlamentos autonómicos o del Parlamento español. Y asegurarle qué si la mascletá se repite en Madrid, como así será, también los vecinos de la zona de fuego invitarán a sus amigos o alquilarás los balcones. Se lo aseguro.

Dejen en paz las “mascletás”, que ya han estropeado demasiadas cosas.

Valencia, 11 de febrero de 2024

José Luis Martínez Ángel.