“La ignominia es una ofensa pública que sufre el honor o la dignidad de una persona o un grupo social, es decir deshonor, descrédito de quien ha perdido el respeto de los demás a causa de una probable acción indigna o vergonzosa. Es sinónimo de injuria y vergüenza”.
Nunca he hecho comentarios sobre la famosa ley para la memoria democrática ni tampoco voy a hacerlo ahora. Si que he defendido lo que ya se aprobó hace muchos años, concretamente el 26 de septiembre de 2011 y que se ha ido ampliando en partidas presupuestarias y otras ayudas y también degenerando conceptualmente con acotaciones sobre el tipo de víctimas “preferidas”
Lo que no deja de ser una ignominia, como digo en el encabezamiento.
Porque los asesinados, sea cual fuere el color de su camisa, el tipo de hábito, el uniforme o la toga que vistieran, los que no llevaban ninguna, fueran hombres mujeres o niños, todos los que murieron cuando no debieron morir en cualquier etapa histórica, fuera en una cuneta, en la tapia de una cárcel o de un cementerio, son víctimas, sin distinción de quién los mató y las razones que tuvieron para hacerlo.
Porque ¿Qué diferencia hay entre un fusilado en la posguerra, un asesinado por un grupo de anarquistas, por ETA, en una checa, por el Grapo o por cualquiera que empuñaba el arma asesina?
Las razones, las sinrazones mejor, las argüían y siguen haciéndolo los asesinos. Los muertos, solo pudieron vivir la angustia final de ver que otro ser humano iba a asesinarlos sin comprender porqué lo hacía. Acordándose de sus seres queridos, añorándolos y sufriendo por ellos.
Así pues, lo último que faltaba es que los insensibles, insensatos, manipuladores políticos, me digan a que víctima debo honrar y a cuál no, que asesinatos fueron peores, que asesinados son los “buenos” entre todos los asesinados.
Ahí no me encontrarán la más mínima duda, ni permitiré siquiera que nadie intente convencerme de que sí que hay diferencias.
Continúen pues proporcionando ayudas a los familiares de los que necesitan enterrar a sus seres queridos en un lugar digno, donde puedan ser visitados y recordados
Y caiga lo peor sobre el que intente manipular a los muertos. Siendo lo peor, para mí, que caigan en el olvido electoral y los desalojen de sus salas de consejos de ministros o de sus sillones en las Cámaras.
Diferencias entre verdugos sí, entre víctimas nunca.
Valencia, 5 de abril de 2024
José Luis Martínez Ángel