Esta mañana, “hojeando” lo que tenía atrasado en internet, porque ayer fue un día de descanso, he visto un artículo que me interesaba y, en su interior, un vídeo con cabecera “El Huffpost”, en el que un joven con aire de saberlo todo y de saberlo hasta el último detalle, afirmaba con expresión airada que “vamos a dejarnos de ridiculeces” y, tras unas escenas de muertes y atentados en España, afirmaba que a Miguel Hernández le condenaron a muerte no dándole medicinas para su tuberculosis, enfermedad que, por cierto, arrastraba desde hacía años, posiblemente por su paso por otras prisiones españolas.
Miguel Hernández, extraordinario poeta al que yo he leído mucho, era un hombre de izquierdas que se había significado haciendo propaganda a favor del bando de la república y, terminada la guerra, fue detenido, encarcelado y condenado a muerte.
Se dice, yo no estaba allí, que le dejaron en libertad por la influencia de algunos intelectuales de derechas que eran amigos suyos, con la advertencia de que no fuera a Orihuela porque allí tenía muchos enemigos, algunos, familiares suyos.
Se sigue diciendo que Miguel, que aparte de un grandísimo poeta era muy cabezón, no hizo caso, fue a Orihuela y allí le denunciaron, las malas lenguas dicen que un familiar, y lo volvieron a encarcelar.
Desde luego no murió fusilado en una celda, como ha dicho alguno de los tantos miembros del gobierno que este año celebran el aniversario de la muerte de Franco.
Recomiendo a los que realmente esté interesado por biografías históricas en lugar de actuar como “cuentacuentos” de tan mala calidad, que accedan a la web de la Real Academia de la Historia, de donde he sacado estos fragmentos de la vida de Miguel Hernández, cuyo enlace figura al final del texto
<La finalización de la Guerra Civil en 1939 supuso el inicio de un largo calvario de cárceles para el poeta oriolano. Detenido el 4 de mayo de 1939, cuando intentaba cruzar la frontera portuguesa, fue entregado a la policía española, que le retuvo en Rosal de la Frontera, en la provincia de Huelva, pasando unos días después a la prisión de Sevilla para ser, posteriormente, trasladado a Madrid donde ingresó el 18 de mayo a la prisión situada en la calle Torrijos, actualmente Conde de Peñalver. A pesar de haberse incoado el Sumario 21.001 por el juez especial de Prensa, fue puesto en libertad, de forma imprevista, el 15 de septiembre de 1939, bien por las presiones ejercidas por distintos intelectuales o bien por algún error administrativo. Sin embargo, el 29 del mismo mes volvió a ser detenido cuando se encontraba en Orihuela visitando a su familia.
Tras permanecer dos meses en el penal habilitado en el seminario de su ciudad natal, volvió a ser trasladado a Madrid donde ingresó en la prisión situada en un antiguo convento en la plaza del Conde de Toreno. En esta prisión coincidió con su amigo Antonio Buero Vallejo, quien le realizó un conocido retrato a carboncillo.
El 18 de enero de 1940 se celebró en Madrid el Consejo de Guerra en el que se condenó a Miguel Hernández a pena de muerte “como autor de un delito de adhesión a la rebelión”. Cinco meses después se conmutó la pena capital por la de treinta años y un día de prisión. Desde el 22 de septiembre al 29 de noviembre de 1940 permaneció Miguel Hernández en la prisión provincial de Palencia donde contrajo diversas enfermedades bronquiales y pulmonares. El 29 de noviembre ingresó en el penal de Ocaña, en la provincia de Toledo, para pasar, finalmente, al reformatorio de adultos de Alicante donde ingresó el 29 de junio de 1941>>
<<Tras una larga y dolorosa enfermedad, murió Miguel Hernández en la cárcel de Alicante en la madrugada del día 28 de marzo de 1942 a la edad de treinta y un años, siendo enterrado en el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios de la ciudad alicantina, donde reposa junto a los restos de su esposa Josefina Manresa y su hijo Manuel Miguel.>>
Valencia, 17 de diciembre de 2024
José Luis Martínez Ángel