Me gustaría saber que piensan de sí mimos algunos de los ministros cuando se ven en la tele, porque, por poca cultura que tengan y creo que tienen mucha, se verán ridículos haciendo lo que hacen y diciendo lo que dicen sobre las cosas de la nación o en defensa de lo indefendible.
Por que tendrán hijos o nietos a los que educar y sería terrible que lo hicieran transmitiéndoles esos perfiles públicos, sean reales o impostados.
A no ser y no lo creo, que hayan nacido para odiar.
Y así nos encontramos con un ministro de Justicia que se manifiesta en contra de actuaciones judiciales, o una ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, casi nada, defendiendo a muerte a José María Ángel, falsificador de un título, funcionario del máximo nivel, casado con otra funcionaria del mismo nivel que falseó su currículum y que, por tanto, han estado desempeñando cargos y cobrando sueldos que nunca les han correspondido.
Y le defiende argumentando que es un gran político y que para serlo lo importante no es tener títulos, sino hojas de servicio.
De locos. Porque el resumen del resumen es que, para demasiados políticos y de todos los partidos, unos más, otros menos, todo es perdonable si el infractor <<es de los míos>>.
Asombroso, porque, aunque todos sabemos que el ministerio de Diana Morant es uno de los <<María>> del gobierno, absolutamente prescindible pese a la longitud del título, la ministra no debería ser, como Yolanda Díaz, una <<buscatitulares>>, no creo que lo sea, porque tiene un buen historial, primero en la empresa privada y luego en el PSPV-PSOE, partido en el que escaló puestos y ganó prestigio hasta llegar a ser durante varios años alcaldesa de Gandía, desbancado al PP y con una gestión destacada en una ciudad que no es cualquier cosa, ni por, el número de habitantes, ni por su importancia como centro turístico.
Pero ha llegado a la Moncloa y, como tantos otros, ha sufrido los efectos de ese virus que debe estar alojado en ese lugar desde el Covid-19, porque se ha convertido en una mujer mediocre y bastante arrabalera cuando actúa como aspirante a presidenta de la Generalitat.
Virus que, o les proporciona unas dotes excelentes para fingir que son groseros, verdaderos impresentables, o les produce una mutación genética que les impide reconocer a <<los otros>>, a la oposición, como de su misma especie, alterando gravemente las leyes de Mendel y convirtiéndoles en verdaderos odiadores sin gracia ni sentido.
Visto lo visto, yo recomendaría una revisión de los genotipos de los políticos que pasan, han pasado o pasarán por la Moncloa.
Valencia, 2 de agosto de 2025
José Luis Martínez Ángel