El deseado, pero casi imposible reconocimiento de Palestina

La “guerra” de Israel contra Hamas que tantos sufrimientos está provocando en la Franja de Gaza y otros lugares de Palestina focaliza la atención mundial y cada cual propone su solución, la del reconocimiento del estado de Palestina es la más generalizada, pero casi nadie es consciente de que, en este momento, es muy difícil, casi imposible, abordar esa solución sin provocar los mismos enfrentamientos, sino unos mayores, que los actuales.

Por lo que yo, que estoy de acuerdo en que la declaración oficial del Estado de Palestina sería muy de justicia, creo que abordar formalmente el tema en la sede de las Naciones Unidas daría pie a un conflicto político social que se enquistaría durante muchos años, como tantos otros, entre los que está y como ejemplo, aunque no tenga la misma repercusión internacional, el conflicto del Sahara.

Por lo que, otra vez, los políticos de todo género, incluido el actual secretario general de Naciones Unidas y nuestro propio presidente del gobierno, en su nuevo papel de paladín mundial de la causa, intentan convencernos de que un tema tan complejo como este tiene una solución muy sencilla. Y a eso se le llama populismo.

O, siendo indulgente con algunos, el maravilloso mundo de las utopías

Antecedentes:

El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión declara la independencia del nuevo estado de Israel frente a la oposición de muchos países, los árabes principalmente, y el beneplácito de Naciones Unidas.

Hasta ese momento ya se habían desplazado a ese territorio judíos de todas partes del mundo, cuando Palestina no era una nación, sino una zona geográfica que en tiempos pertenecía al imperio Otomano. Migración consentida y justificada por muchos, porque se trataba de judíos que huían de la persecución generalizada desde siglos, recordemos que los expulsamos de España, y muy especialmente por el nacismo de aquellos tiempos.

Y lo hicieron en esa localización porque, según sus tradiciones, era “la tierra prometida”, generando un conflicto con parte de la población palestina de la zona.

Este país se considera la tierra prometida y sagrada de los judíos creyentes. Su conexión con estas tierras está descrita en la Torá, el libro sagrado de la religión judía. Además, numerosos judíos consideran al país como un lugar seguro. Desean alejarse del antisemitismo que han padecido durante siglos en Europa. A lo largo de muchos años, los judíos europeos han emigrado a Palestina. Aunque no lo hicieron en forma pacífica, pues hubo enfrentamientos entre los judíos y los árabes que habitan en esas tierras y las tropas de Gran Bretaña, que gobernaron el país desde 1917.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el anhelo de muchos judíos es abandonar Europa y emigran a Palestina. Gran Bretaña no lo permite y envía a los inmigrantes judíos de regreso o los encierra en campos.

En 1947, las Naciones Unidas acuerdan dividir el territorio Palestino entre los judíos y los árabes. Muchísimos árabes, así como organizaciones judías no están de acuerdo con esto y la lucha que se desata a continuación es ganada por los judíos

Este es el reparto inicial de los territorios:

Lo que no dejaba de ser una insensatez de origen porque, como se puede comprobar, el estado de Israel, en azul, tenía una conexión directa en todo su territorio, aunque fuera realmente atípica, mientras que la supuesta Palestina se componía de tres territorios totalmente separados entre sí: La zona norte, la de Gaza al sudeste y la Cisjordania, al este, fronteriza con Jordania.

Pero Israel expandió su territorio desde el primer momento aprovechando la poca consistencia territorial de la Palestina de entonces hasta configurar estos territorios

Por lo que, si ahora se decide aprobar el estado Palestino, ¿Cuáles serían sus fronteras territoriales?

¿Qué ocurriría con los judíos que, con razón o sin ella han ocupado territorios que no eran suyos?

En cualquier caso ¿es viable establecer como estado único a territorios separados entre sí geográficamente?

¿Hay alguna posibilidad de acuerdo entre las partes teniendo como uno de los interlocutores a Hamas y sabiendo que Irán tiene como objetivo que Israel desaparezca como nación de la faz de la tierra?

Estas y otras muchas son las cuestiones que hay que resolver antes de decidir alegremente el reconocimiento de Palestina como nación. Porque tratar de marcar fronteras desde la ONU sin el consenso previo de los interesados, como ocurría en África hace más de dos siglos, sería dejar a las partes interesadas en una guerra sin fin hasta la exterminación de una de las dos naciones.

Y todos los que, “sabiendo más que nadie” de la prensa, las tertulias o las plataformas públicas, aportan soluciones sencillas a un problema tan complejo, como ocurre con nuestro presidente, solo están ayudando a que se eternicen aún más las posiciones de los realmente interesados en la solución

Los mayores recordamos la esperanza que supuso la concesión del Nobel de la Paz, también el Príncipe de Asturias, a Yasser Arafat, líder de la Organización de la Liberación de Palestina (OLP) y a Isaac Rabin, primer ministro israelí, por los “acuerdos de Oslo”, en los que se comprometían a poner fin a las hostilidades y a aprobar concesiones importantes por ambas partes.

Esperanza que se truncó por el asesinato de Isaac Rabin a manos de un ultranacionalista judío. Y es que la historia golpea con la fuerza de los hechos los castillos de naipes de los “solucionadores” mediáticos a un problema tan complejo como difícil de solucionar.

Algunos enlaces:

David Ben-Gurion lee la Declaración de Independencia de Israel en el Museo de Tel Aviv el 14 de mayo de 1948.

https://www.annefrank.org/es/timeline/183/la-fundacion-del-estado-de-israel/#:~:text=El%2014%20de%20mayo%20de,gran%20apoyo%20de%20otros%20pa%C3%ADses.

Concesión del Príncipe de Asturias a Isaac Rabin y Yasser Arafat en 1994:

Valencia, 13 de abril de 2024

José Luis Martínez Ángel