Las complicaciones de Begoña Gómez

No entiendo al presidente, porque si alguien, él mismo, sus ministros y toda su estructura mediática cree que van a intimidar al juez que está llevando el caso de su mujer, es que no tienen ni idea de lo que es la judicatura ni en el Estado en el que viven.

Podrán dar largas y machacar a la opinión pública con mensajes como el del mismísimo ministro de justicia poniendo a caer de un burro al juez, pero no conseguirán nada, quizás poner en contra a la misma opinión pública que quieren manipular, como tampoco lo consiguieron otros importantes que han pasado por situaciones parecidas.

Todos se declararon inocentes y, casi todos, víctimas de una persecución política, pero los que eran culpables acabaron condenados y los inocentes absueltos o con las causas sobreseídas.

No tengo la más mínima idea de si el juez lleva bien o mal la instrucción, el tiempo y los recursos lo dirán, pero de los que no me fío en absoluto es de los que defienden a ultranza a la mujer del presidente, porque son parte interesada y auténticos maestros en relatos y posverdades.

Pero, como mortal con sentido común, tengo claro que, en este caso concreto, cuanto más se alargue la investigación, más tiempo estará en boca de todos Begoña Gómez, incluida la prensa internacional que cada vez está más interesada en el caso.

Y, visto desde fuera, la estrategia de acogerse a no declarar, por mucho que trate de justificarla el abogado defensor, nunca ha favorecido a encausados inocentes, pero, ellos sabrán.

Lo lamentable de todo este asunto es que, en mi opinión, si la soberbia y el endiosamiento de los implicados no les hubiera nublado el juicio, este asunto se habría acabado hace meses, cuando se levantaron las primeras sospechas, con una declaración de la encausada pidiendo perdón porque “no era consciente” de que esto fuera incorrecto y que pudiera afectar a su marido y que renunciaba a todos sus negocios particulares que tuvieran algo que ver, aunque fuera tangencialmente, con la administración del Estado.

Les habrían dado la vara unos cuantos días en las redes y los medios de comunicación, una semana como máximo y, al ritmo en el que se suceden las noticias, asunto olvidado más allá de algún comentario en el Parlamento sin el menor efecto político porque la afectada “ya había pedido perdón”

No sé cómo acabará todo esto, aunque es evidente que en el punto al que se ha llegado por no haber abortado a su tiempo la causa raíz del problema, cada vez aparecen más asuntos en los que la investigada no debería haberse involucrado, sean o no delitos reales.

Por lo que Begoña Gómez puede salir inocente, pero el daño político que todo lo que está saliendo a la luz está creando a su pareja, el presidente, va a ser muy importante.

Y es que, creerse por encima del bien y del mal y ser “más que el que más”, no es una realidad en una nación como la nuestra, en la que todos somos iguales ante la ley, excepto el jefe del Estado y por razones muy justificadas, ni es un planteamiento que le haya funcionado a nadie.

Valencia, 20 de julio de 2024

José Luis Martínez Ángel