Estamos avanzando hacia el caos de forma acelerada y hemos llegado a un punto en el que ya no sabemos que está bien o que está mal.
Los poderosos y los que no lo son tanto, invaden otras naciones para secuestrar o asesinar a sus ciudadanos y el derecho internacional ha saltado por los aires. Pero ¿qué podemos hacer?
No tengo ni la más mínima idea, porque las políticas internacionales de las naciones, de España, por ejemplo, hace que tengamos relaciones con muchas otras que violan los derechos humanos por intereses comerciales o estratégicos, <<Amnistía Internacional documentó violaciones de derechos humanos en 155 países durante 2023>>.
Estados Unidos e Israel han matado a la cúpula dirigente en Irán, pero esa cúpula estaba asesinando a iraníes y oprimiendo a las mujeres y a minorías étnicas.
Israel invadió Gaza, pero Hamás había realizado una matanza injustificada financiada por Irán.
El gran problema es que el único organismo mundial que debería intervenir como fuerza disuasoria en estos casos es la ONU, pero la ONU está condicionada por los poderosos que la fundaron, que mantienen el derecho de veto, cuando son los mayores infractores del orden mundial en Ucrania, Irán, Venezuela, Somalia, Palestina y tantas otras naciones.
Está el derecho internacional, pero también y, en mi opinión, muy por encima, los derechos humanos, que no se respetan, repito, en 155 países.
Y nos encontramos con que personas a las que conozco y con capacidad de analizar antes de opinar, lo hacen de forma diferente en casi todos los casos porque en su opinión prima la ideología.
Y es muy lamentable.
Lo mío es muy sencillo como resumen, primero proteger a las personas y luego a las naciones o a los gobiernos de las naciones, pero en el mundo actual es absolutamente imposible mantener este principio, porque las naciones se han autoprotegido y las personas están absolutamente indefensas ante sus tropelías.
Porque los Ayatolás, Trump, Netanyahu, Maduro, Putin, Xi Jinping, Miguel Díaz-Canel, Kim Jong-un, Daniel Ortega y muchos más, son verdaderos enemigos públicos para sus ciudadanos y para otras naciones, pero están acorazados por leyes internacionales que ellos mismos, me refiero a sus naciones, promulgaron.
Solución: no se me ocurre ninguna.
Solo aconsejo que los que somos amigos no caigamos en la trampa de etiquetarlos como buenos y malos, porque todos son malos, nocivos para la humanidad y en el fondo se protegen entre ellos cuando se ven amenazados por tribunales internacionales o por naciones, como las europeas, mucho más avanzadas en derechos humanos, pero sin poder de decisión ni de persuasión.
Lo dicho, estamos llegando al caos mundial.
Valencia, 6 de marzo de 2026
José Luis Martínez Ángel