Yo soy partidario del libre mercado y de la privatización de las empresas públicas, porque cuando la política se mezcla con los negocios, siempre ganan los políticos y pierden las empresas, como se demostró cuando se privatizó la propia Telefónica, AENA, y tantas otras que, a partir de ese momento, ganaron muchísimo en rentabilidad y resultados, hasta el punto de hacerlas muy apetecibles para capitales extranjeros.
Y, desde este punto de vista, no me gusta que Arabia Saudí sea accionista mayoritaria de una empresa estratégica española, como es Telefónica, por lo que tengo serias dudas de si es o no conveniente la intervención del Estado como comprador intermediario de algo que no paga el propio Estado, sino todos nosotros que somos los que aportamos lo fondos para la operación, de la misma forma que lo hicimos cuando se rescataron Cajas de Ahorros tras el descalabro que supuso la “entrada” de políticos en sus consejos de administración.
Dicho lo cual, tengo la seguridad de que esta operación, aparentemente impoluta, va a favorecer la entrada de consejeros sugeridos por el PSOE, como haría el PP si estuviera en su lugar.
Y no me extrañaría que algún día, el todopoderoso Bolaños o la “casi” todopoderosa María Jesús Montero pudieran imprimir tarjetas de visita con el cargo de presidente/a de Telefónica. Y si no, al tiempo.
Y hasta la mismísima Yolanda Díaz, la que nunca se resigna a ser menos que el que más. Cosas más gordas hemos visto, como los nombramientos de los últimos embajadores, absolutamente desconocedores del oficio, teniendo como tenemos excelentes diplomados en la muy prestigiosa y prestigiada carrera diplomática.
Porque esto, que puede ser conveniente, también es una excelente oportunidad de recuperar el antiguo INI del franquismo, ahora SEPI, en el que figuraban empresas dirigidas por personajes muy afines al régimen, tuvieran o no la preparación suficiente para hacerlo. Porque no es la primera empresa “estratégica” recientemente participada por iniciativa de este gobierno.
Así pues, me quedo con la duda de la necesidad, pese a mi convencimiento en el libre capital, y con la seguridad de que lo que me temo sobre las puertas giratorias ocurrirá, como ya ha ocurrido en la dictadura y en los diversos gobiernos del PSOE y del PP en la historia más reciente.
Como decía mi abuela Valentina, “que sea para bien, y si no que no llegue”.
Valencia, 20 de diciembre de 2023
José Luis Martínez Ángel