He decidido no mostrar ninguna opinión sobre el caso Koldo, o como se llame, entre otras cosas porque ya está en manos de la justicia y la de nuestra nación es muy sólida, profesional y que, de decantar “la vara de la justicia” hacia algún lado, lo hará hacia el de las garantías de los procesados. Como siempre lo ha hecho.
Y siguiendo mi costumbre, cuando, como en este caso, la justicia interviene, ni opino ni discuto sobre las sentencias definitivas de nuestros tribunales.
En una conversación con un juez amigo mío que acabó formando parte del Supremo de la Comunidad Valenciana, le manifesté mí opinión de que debería ser duro estar tan mentalizados a no dejarse influir por presiones internas y externas, porque el 50 % de los procesados, los que perdían los juicios, les tendrían por jueces injustos. Él me corrigió en el sentido de que no, que son bastantes más, porque hay que incluir a buena parte de los que han obtenido una sentencia favorable que también se consideran injustamente tratados, porque la sentencia al condenado, en condenas reales o en indemnizaciones, les parece poco severa.
¿Cómo hay alguien que pueda tener la más mínima duda de que una justicia que ha sentado en el banquillo a miembros de la familia real, o que estando etiquetados como de tal o cual tendencia han metido en la cárcel a políticos de sus supuestas afinidades?
Tampoco pensaba entrar en el tema de la amnistía, porque, en contra de lo que se está queriendo hacer ver, aquí queda mucho trecho por recorrer, ya que una cosa es que se apruebe la ley y otra muy diferente que se pueda aplicar.
Pero resulta que ayer escuché a un exultante Feliz Bolaños felicitándose a sí mismo por el éxito obtenido y tratando de convencerme a mí, como al resto de los mayores de edad entre los 48.085.361españoles registrados en el último censo, (yo soy, seguro, el último, el “uno”), de que, prácticamente, estaba todo hecho y de que esa ley iba a ser la maravilla del mundo mundial, ejemplo de herejes, como tantas otras impulsadas por Zapatero y por el propio Pedro Sánchez que se quedaron en agua de borrajas.
Y lo hizo mintiendo descaradamente y sin ningún tipo de rubor, hasta el punto de que llegó a ofenderme personalmente. Y lo hizo porque entre las varias inteligencias humanas conocidas, “lógico-matemática”, “lingüístico-verbal”, “espacial”, “musical”, “kinestésico-corporal”, “intrapersonal”, “interpersonal” y “naturalista”, es muy posible que muchos millones de españoles, incluso los que carecen de estudios, estemos a un nivel similar al suyo, aunque, como suele demostrar en sus intervenciones, destaque en algunas, como la “lingüístico-verbal”, la que permite encontrar las palabras correctas para expresar lo que quieres decir, que no implica que lo que expresas sea la verdad, ni siquiera lo que realmente sientes.
Yo tengo algunas carencias, lo reconozco, pero es muy probable que en la “lógico-matemática”, la que facilita razonar y cuantificar cosas, y la “interpersonal”, la que permite captar las emociones y los motivos de los demás, llegue, al menos, a la media nacional, como sin duda lo hará el abogado del Banco de España, ahora ministro “cuenta cuentos”, que nos quiere convencer de que en el mar corren las liebres y en el monte las sardinas.
Que uno ha trabajado en una multinacional, entre grandes profesionales y sabe distinguir entre una exposición informativa y otra de puro marketing, la que nos ocupa, en este caso con una evidente carga de impostura.
Concretemos:
Lo único que se consiguió ayer es que el comité de justicia de las Cortes aprobara por mayoría la presentación al pleno de la Ley de Amnistía. Nada más.
A partir de ahora la ley se debatirá, se aprobará por mayoría, pasará al Senado, se volverá a debatir, la mayoría del PP convocará a terceras personas que defenderán la inconstitucional de la ley, se votará en contra y volverá al Congreso, que, siendo el que tiene la última palabra, volverá a aprobarla y el gobierno la publicará en el BOE.
Y en paralelo, me figuro que la oposición presentará un recurso de inconstitucionalidad que, viendo “quien es quien” en este organismo, o apoyarán la ley o, lo más probable para no quedar mal del todo, demorarán tanto la sentencia que puede que cuando la hagan pública tengamos Alzheimer una buena parte de nosotros, Puigdemont se haya jubilado como Molt Honorable President de la Generalitat y Pedro Sánchez tenga su residencia habitual en Marruecos.
Y también es previsible que organizaciones de profesionales de la justicia, antiguos jefes de gobierno y políticos de toda condición manifiesten su desacuerdo con la ley. Declaraciones que no pasarán de ser testimoniales, porque en ningún caso serán condicionantes.
Y quizás, supongo que sí, el Supremo presentará una cuestión prejudicial a los tribunales europeos, que, no estoy seguro, podría paralizar la entrada en vigor de la ley hasta que el tribunal sujeto de la reclamación dicte sentencia.
En cuanto a las mil mentiras de Bolaños, las más importantes fueron las que aseguraron la falsa complacencia de la Comisión de Venecia y su comparativa de nuestro caso con otros muchos países, sin especificar si se refería a países europeos y con regímenes totalmente democráticos, cosa que no es así. Ni de lejos.
Porque hablar de “otros países” sin aclarar que entre los 61 citados están los 27 de la Unión Europea, nuestra referencia real y otros como Argelia, Brasil, Chile, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Israel, Kazajistán, Kosovo, Kirguizistán, Marruecos, México, Perú y Túnez es hacer trampas en el solitario, en este caso en el circunloquio, porque cuando dice que “la medida es comparativa a la de muchos otros países” puede que se refiere, seguramente será así, a los 14 extracomunitarios, muchos de ellos de dudosa calidad democrática.
Y lo peor es su afirmación rotunda, categórica, incuestionable, enfática en la expresión oral y el lenguaje corporal, de que el Consejo de Venecia avala la ley de amnistía y la considera totalmente constitucional, hecho que no valora en ningún momento porque no puede hacerlo. Si es constitucional o no, es algo que tiene que decidir el país afectado, nunca un tercero, por voz de sus organismos legales, en este caso el Supremo y, como última instancia en caso de recurso, el Constitucional.
Leyendo el texto aludido son muchísimas las dudas que plantea y que no voy a citar aquí para no alargar el texto. Texto que corresponde a un borrador que llegó a manos del gobierno español, como es preceptivo en estos casos, por si tenían que hacer alguna consideración, que nunca deberían de haber filtrado a la prensa porque es confidencial.
Con el agravante de que el texto estudiado por la Comisión de Venecia no es el mismo que se votó en la de justicia porque ha sufrido modificaciones, algunas de calado, aunque a la SER de Àngels Barceló le parezcan menudencias.
Así que, amigo Bolaño, menos lobos y más comedimiento.
Aunque, pese a todo lo escrito y siendo malicioso como soy en bastantes ocasiones, me temo que el ministro de justicia no trataba de engañarme a mí, sino a los “beneficiados” por la ley.
Y me explico:
El hecho de que la ley llegue al pleno de las Cortes, en el que saldrá adelante, supone que los “beneficiados” aprobarán los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán a pleno antes de que terminen los plazos legales para que la Ley de Amnistía aparezca en el BOE.
Y no me puedo creer que con el gran equipo de juristas que asesora al presidente, no tenga serias dudas, casi certeza, de que la ley aprobada en el Congreso será inviable según las leyes españolas.
Pero, con los presupuestos aprobados, Pedro Sánchez se garantizaría una legislatura de largo recorrido. El que le pongan a caer de un burro en cada sesión si algo sale mal y Puigdemont tiene que seguir en Waterloo es lo de menos. Ya lo hace ahora la oposición y parte de sus apoyadores y no le causa ningún problema. Más bien parece que “le pone”.
“Ande yo caliente y ríase la gente”, dice el refrán. En este caso, las palabras correctas no serías “y ríase”, sino “e insúlteme”, pero, como digo, su historia dice que al sujeto de los odios le ha importado un pito lo que digan de él y siempre tiene el recurso de no estar presente en la cámara por “razones de agenda”.
Es muy posible que hoy me haya levantado especialmente malicioso, con mi “inteligencia intrapersonal” algo alterada, pero ¡quién sabe! Cosas más raras hemos visto y oido.
Valencia, 8 de marzo de 2024
José Luis Martínez Ángel