Pedro Sánchez vuelve a hacerlo.

Es cierto que los telediarios solo ofrecen fragmentos de lo que dicen los políticos en los mítines, pero a juzgar por lo que vi en los noticieros de ayer, parece que Pedro Sánchez va a repetir el error de las pasadas elecciones autonómicas, en las que arrasó el PP porque, cuando intervino, que fue bastante y en detrimento de los candidatos de cada lugar, solo hablaba de él o de sus aspiraciones a nivel nacional.

Así ayer, en Barcelona, habló de los fangos, los jueces corruptos, los periodistas falaces que solo viven para inventarse bulos y perjudicar a su mujer y cosas similares, con lo cual eclipsó claramente al candidato, Salvador Illa, que, por cierto, dijo en varios medios que si ganaba podría pactar con Junts.

Mientras, los otros candidatos hablan de Cataluña y de lo que quieren para Cataluña. Quieren lo que a mi no me gusta, pero ellos hablan de temas catalanes con propuestas concretas, sacudiéndose cualquier subordinación a los intereses de la nación.

Insisto en que no me gusta el fondo, pero eso es lo que se espera de una campaña autonómica.

Y es que Pedro Sánchez sigue erre que erre con sus relatos y sus historias hiperbólicas de hombre metafísicamente intocable.

Y que, después de encapullarse durante unos días en busca de una supuesta metamorfosis, en lugar de una mariposa salió un Sánchez más Sánchez que nunca y bastante más radical de lo que ya era. El que formó el capullo amagando con dejar el cargo por presiones insoportables sobre su persona y la de su esposa y acaba de anunciar que está dispuesto a repetir como candidato en las elecciones de 2027.

Él sabrá lo que hace en lo personal y lo que está haciendo con el PSOE, del que es secretario general, pero mientras, el enfrentamiento sigue y sigue.

Lo cierto es que, pese a su engallamiento, da la impresión de una cierta debilidad en lo político y en lo personal, un evidente desconcierto, porque escuchando lo que decía y a los asistentes coreando “sí se puede”, solo le falta dejarse coleta, porque su mensaje es cada vez más el de Pablo Iglesias.

Porque la realidad es que, por mucho que el ministro Puente diga que Pedro Sánchez es “el puto amo”, coincido con los que piensan que no es él quien controla la situación y la deriva de la política nacional.

Que el “puto amo” real, el que maneja los hilos de la política nacional de España, sigue siendo el tal Puigdemont.

Valencia, 23 de mayo de 2024

José Luis Martínez Ángel.