Para los socialistas vocacionales:

Desde que está en el poder, Pedro Sánchez ha tomado muchas iniciativas, sociales unas, políticas otras y una mezcla de ambas cosas en algunas ocasiones. Iniciativas que, en algunos casos, han llegado al límite de lo que permite la Constitución, incluso con riesgo de transgredirla buscando dudosas interpretaciones, como ocurre con la ley de amnistía que quiere sacar adelante.

Entiendo que los socialistas votan al PSOE, estén de acuerdo con el presidente o no, por dos razones:

Los de “toda la vida” porque se trata de su partido y, salvo que les rompan por completo los esquemas y se refugien en la abstención, como está ocurriendo muchas veces, seguirán haciéndolo.

Y la otra, que nunca entenderé, por el radicalismo de aprobar “lo que sea” con tal de que nunca llegue a gobernar el PP, aduciendo amenazas simples y tercermundistas, como la del eterno “Dóberman” que nos devoraría a todos, o al menos a las mujeres, a los homosexuales y a la media España “de izquierdas”. Un “que viene el coco”, que no cuadra en absoluto con el nivel cultural esperado de los ciudadanos de la España del Siglo XXI.

Al primer argumento, el de la fidelidad a las siglas, tendremos que convenir que, con las políticas de los últimos años, el PSOE ha perdido muchos escaños a nivel nacional y ha sido desplazado de la gran mayoría de las autonomías, por lo que no veo que beneficios está aportando el liderazgo de Pedro Sánchez a un partido histórico y con vocación de gobierno.

Porque es de una certeza irrefutable, los hechos lo demuestran sin ningún género de dudas, que el PSOE ha perdido y Pedro Sánchez, el actual presidente, ha ganado en lo personal porque sigue en la Moncloa. Y muchas, muchísimas dudas sobre lo que vamos a ganar los ciudadanos, incluidos los propios socialistas.

En cuanto al segundo argumento, el del Dóberman, ni tengo argumentos para demostrar lo absurdo del planteamiento, ni los encontraría por mucho que los buscara.

Estoy escuchando al presidente lamentarse en todos los foros de que en Europa estén cada vez más fuertes los partidos de ultraderecha, entre los que está VOX, pero no los conservadores europeos, PP incluido, porque este partido no lo es por mucho que lo repitan en “el relato” machacón de cada día.

Relato que consiste en culpar al PP de algo tangencial cada vez que los desnortados de VOX cometen algún error, como si este partido tuviera la obligación de desmarcarse cada día y a cada hora de los deslices de un partido que no es el suyo. “El PP es culpable por no condenar…” frase habitual en ruedas de prensa y declaraciones de ministros.

(A modo de inciso, lo que no acabo de entender es porqué el PP entra al trapo con tanta facilidad y no manda a freír espárragos a unos y a otros. Puede que no gobierne nunca, o si, pero se liberaría de una carga que no le corresponde. Porque, por mucho que insistan los de VOX, son ellos los que necesitan al PP para llegar a tener alguna influencia en la política española y no al contrario.)

En todo caso, los voceros habituales y sus guionistas omiten el análisis necesario de la “causa-raíz” de este fenómeno, porque estas cosas no nacen por generación espontánea ni como consecuencia de una maldición bíblica.

Ocurre porque los antiguos partidos socialdemócratas se han radicalizado, como lo ha hecho el PSOE español por mor de sus alianzas, o, como decía, no están adaptándose a las demandas actuales de sus votantes.

Y, en nuestro caso, ya en mi bachillerato de la posguerra, cuando Don Fidel nos explicaba las leyes de Newton, descubrimos que la tercera decía: “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto

El comunismo histórico desapareció porque, ausencias de libertad ciudadana y otras lindezas al margen, no supo evolucionar para aportar soluciones a los problemas del mundo moderno, y ahora está ocurriendo lo mismo con el socialismo tradicional, que está cambiando políticas sociales por radicalismo.

Lo que les está convirtiendo en algo residual, como indica su pérdida de poder y de influencia en los países de la Europa occidental.

Acción – reacción. ¿O alguien cree que los ciudadanos votan a radicales “porque sí”, sin más?

El lema del “mayo francés” era “la imaginación al poder”. Imaginación y soluciones reales es lo que está faltando en este momento en el gobierno español, que está “casi pretendiendo” que el Estado se convierta en una gigantesca alcaldía de Marinaleda, en el que el dinero lo tenga el gobierno y lo reparta como estime conveniente, en buena parte de forma clientelar e ideologizada.

Eso, ni funcionó en Marinaleda, ni funcionara en esta España europea.

Lo único que están consiguiendo es aumentar el desconcierto y la aparición de antiguos bloques, como los que provocó el “frente popular” del tercer bienio de la Republica. Y, como prueba de toda esta sinrazón, la última noticia es que se haya alumbrado un nuevo partido, Izquierda Española, que pretende recuperar lo esencial del PSOE histórico. Algo que, en mi opinión, no pasará de ser otro intento fallido, porque el único capacitado para hacerlo es el propio PSOE y su actual ejecutiva no está por la labor.

Lo que nos faltaba para fraccionar todavía más a la izquierda moderada española. La que necesitamos como alternativa a los conservadores si alguna vez llegan al gobierno

Y la culpa de que todo esto ocurra, siento decirlo, es de los socialistas vocacionales que no han querido o no han podido frenar las derivas de su secretario general, el gran timador que acabará haciendo desaparecer al PSOE por las mismas razones que en otros tiempos desapareció el PC: radicalismo e inoperancia.

Los que han consentido que se cambie la figura del antiguo compromisario por el timo de las primarias, opiniones mucho más manipulables, y que las federaciones hayan perdido casi toda su capacidad de influir en los órganos nacionales del partido.

Ellos sabrán, pero yo también me siento perjudicado, porque la democracia necesita alternancias claras por las que decidirse y ahora no las tenemos.

Y está es una de las cosas que no podemos pedir a los Reyes Magos.

Valencia, 4 de enero de 2024

José Luis Martínez Ángel