Las iniciativas de Yolanda Díaz. Yo invito, tú pagas.

La ministra comunista-intervencionista está lanzada en su campaña personal de conseguir titulares después de su reciente fracaso en el Congreso, como subir el salario mínimo un punto más de lo previsto para represaliar a los empresarios rácanos y egoístas que no aceptaron negociar una subida de un cuatro por cien y ahora se tienen que tragar un cinco.

Con la anuencia, más bien el entusiasmo, de sus dos cómplices necesarios, los sindicalistas “perpetuos e inmortales”, en sus cargos, me refiero. Otros que invitan y no pagan.

Y su siguiente propósito es bloquear los ingresos máximos de los altos cargos de bancos y otras grandes empresas privadas. Repito, empresas privadas.

Cosa que solo Chaves y Maduro se atrevieron a abordar, pero, claro, España todavía no es Venezuela, aunque en el aspecto de promulgar leyes al gusto del ejecutivo, por ese camino andamos.

Sin embargo, la idea no es mala. Y para comenzar podría pedir una reducción de los grandes salarios de los altos cargos de la Comunidad Europea, de Nadia Calviño, por ejemplo, que ese sí que es dinero público que pagamos todos según nuestra cuota parte.

O los sueldos y otros cobros en especies de los futuros embajadores nombrados a dedo y sin pertenecer a la carrera diplomática. Que antes, la jubilación de los políticos amortizados era nombrarlos senadores, pero ahora, como la vida se alarga y no se producen vacantes, hay que colocarlos en otros puestos en forma de embajadas, direcciones de empresas oficiales y cargos similares.

O quizás podría investigar si los ingresos en dietas, comisiones, desplazamientos y otras mentirijillas de los parlamentarios se corresponde con la realidad. O si es necesario tanto viaje en Falcon existiendo otras alternativas más baratas y menos contaminantes, sobre todo si la razón del viaje es tan peregrina como muchas de las que estamos conociendo.

Pero eso no lo hará, naturalmente, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. O mejor, dejar de comer “su” trigo.

Porque comunista será, pero de tonta, lo que se dice tonta, no tienen ni un solo pelo de su bonita cabellera.

¡País este!