Que Pedro Sanchez es el gran estratega de la supervivencia es una verdad comprobada con su prolongación en el poder sin mayoría parlamentaria, sin presupuestos y sin fundamento alguno.
Y que está pasando de las elecciones autonómicas y preparando las generales, también.
En las elecciones de 2023 y ante la torpeza del PP y la ayuda de VOX, se sacó el conejo de la <<ultraderecha>> sin densidad de aludir al dóberman y, en esta ocasión, cree haber encontrado la piedra filosofal que le permitirá mantenerse en la Moncloa recuperando el <<no a la guerra>>, que aglutinó a la izquierda radical hace 23 años.
Y, aunque de momento ha conseguido levantar el ánimo de la izquierda a la izquierda del PSOE en todas sus variantes, estoy convencido de que en esta ocasión se ha equivocado de medio a medio porque el enfrentamiento con Trump y el haber hecho suya la frase <<no a la guerra>> son dos pompas de jabón, muy frágiles, que no aguantarán mucho tiempo sin explotar.
El primer soporte, enfrentamiento con Trump, es algo impropio de un presidente de gobierno, porque sabe que enemistarse con Trump es enemistarse con los Estados Unidos y eso puede costar muy caro a la ciudadanía española si el gobierno republicano que preside en este momento semejante loco imprevisible e irracional le da por tocarnos las narices.
Y gente cabreada no vota al presidente de la nación.
En segundo lugar, porque <<no a la guerra>> es un eslogan de calle, válido para la oposición, pero no para un presidente de gobierno, secretario general de un partido que no ha perdido el juicio, aunque funcione en su versión <<sanchismo>>.
Porque los que lanzan eslóganes tan románticos como absurdos, los de la izquierda a la izquierda del PSOE, no se van a conformar con que el presidente lo asuma con cara de convencido y cogerán al toro por los cuernos, en el sentido figurado de la frase, exigiéndole que lo demuestre cancelando el contrato de las bases americanas en España, incluso saliendo de la OTAN.
Cosa que, evidentemente, no va a hacer, por lo que es muy probable que <<la calle>>, aproveche la oportunidad que se le brinda para tratar de fortalecer sus propias filas, muy debilitadas, convierta las cañas en lanzas y se ponga de acuerdo para ir en su contra en las generales.
Porque se lo ha puesto <<a huevo>> regalándoles semejante protagonismo.
Y, que no se confunda. Hoy he visto en un telediario el entusiasmo de Turquía, por poner un caso evidente, en el que una presentadora alababa con entusiasmo al cabecilla del mundo del <<anti- Trumpismo>>, cosa que ha celebrado con júbilo su guardia pretoriana, pero que supone pisar un charco que puede llenarle de barro los zapatos.
Porque Turquía tiene un problema secular y muy importante con los kurdos, que se consideran ciudadanos sin patria, su Kurdistán, y el ataque a Irán, que también tiene su minoría kurda, puede dar alas y también armas, a los kurdos, enemigos de los ayatolás, como lo son de Turquía, porque les niegan el derecho de tener su propia patria.
Patria que, según su reclamación histórica, abarca tierras del sur de Turquía, el norte de Siria, el norte de Irak y el noroeste de Irán, con un total de 392.000 km²
Así que mucho cuidado con los caramelos Turcos, que pueden ser caramelos envenenados.
No tengo idea en que terminará todo esto, porque, en el fondo, estoy convencido de que el único que sabe exactamente lo que quiere es Netanyahu, convencido de que, o destruye Irán, o Irán los destruirá a ellos y que ha manejado a todos los tontos útiles que ha encontrado por el camino, siendo el primero de ellos el muy poderoso Trum, al que tiene liado con los enormes negocios que puede hacer en la Franja de Gaza.
Por cierto, y como curiosidad histórica, los iraníes no son árabes, son persas. Por lo que en este lugar de paso de civilizaciones que son los dos Orientes, el Próximo y el Medio, conviven tres etnias, tres culturas: los turcos, los persas y los árabes.
Y dentro de este último grupo, las dos ramas, los sunitas y los chiitas, enfrentados entre sí y con fracciones muy radicales en sus filas.
Un auténtico polvorín siempre amenazado por las llamas de sus muchos conflictos religiosos, culturales y triviales.
Valencia, 7 de marzo de 2026
José Luis Martínez Ángel