Uno de los fenómenos de los últimos tiempos es la proliferación de tertulianos sabelotodo que lo mismo dogmatizan sobre ciencia que sobre religión. Y con la misma contundencia y presunción de sabiduría.
Y uno de ellos es Gonzalo Miró, me refiero al personaje y no a la persona, de cortos estudios y mucha seguridad en sí mismo, que no ha heredado la discreción de su madre, Pilar Miró, personaje importante en el mundo cultural de su época.
Yo soy de seguir a pocos y entre ellos no está Gonzalo, pero cada día, todos los días, me aparece algún titular con sus intervenciones y el de hoy es especialmente curioso, porque parece que ha dicho, refiriéndose a Alberto Núñez Feijóo, <<¿qué sabrá él para estar al frente de correos?>>
Hombre, seguro que no sabe nada de canales de distribución de correspondencia ni tampoco sería un buen cartero, pero quizás, digo quizás, su experiencia en la administración del Estado y su capacidad de gestión evidente cuando le nombraron para ese puesto le serviría para algo.
Y es que los que nunca ha trabajo en empresas privadas, creen que para dirigirlas deben ser expertos en el producto que venden o fabrican, por lo que un ingeniero industrial no es el indicado para dirigir una azulejera, pongo por caso, cuando lo que realmente se necesita es estar capacitado en gestión y tener un perfil alto para coordinar la empresa y delegar funciones en un buen equipo, entre los que suelen estar los expertos en el producto.
Yo he trabajado en una empresa de marketing muy importante que disponía de excelentes equipos y que, al margen de la administración y otras funciones necesarias, basaba su negocio en dos colectivos concretos y fundamentales: los comerciales, que los vendían y el servicio de postventa que los mantenía y reparaba.
Y recuerdo que, en una comida cordial a dos con el primer el director general de la empresa, inglés de nacimiento y siendo yo uno de los responsables del servicio técnico, me preguntó si le contrataría como técnico. Y, naturalmente, le dije que no.
Fingió estar decepcionado y me comentó su frustración de que, siendo el que tenía más poder en la empresa, no podría ser técnico, ni comercial porque nunca había vendido nada.
Fue un director genial que, para venir a España, pidió la excedencia en la marina de guerra británica porque ser marino era su profesión y comandante de buques su experiencia.
Y por eso, los directores de la corporación, ingleses, le contrataron como director general de una empresa sin tener ninguna experiencia en el producto ni en el mercado español.
Porque sabían que un comandante de barco debe tener dotes de mando, capacidad de organización y de reacción, con mucha serenidad, en situaciones complicadas, coordinar a los oficiales especialistas de barco y tener motivada a la tripulación.
Seguro que también habría servido para dirigir Correos.
Valencia, 25 de julio de 205
José Luis Martínez Ángel